"Mi Embrión Vieron Tus Ojos": Reflexiones sobre la Vida Humana desde la Concepción

La discusión sobre la eticidad, despenalización y eventual legalización del aborto ha estado en el centro del debate social durante muchos años. Desde una perspectiva cristiana, se defiende la vida humana, tanto nacida como no nacida, basándose en el valor intrínseco de las personas, el cual es absoluto y universal. Este valor se anida sustancialmente en cada ser humano, lo que lleva a la pregunta: ¿Este valor connatural también lo posee el ser humano aún no nacido? ¿Tiene un valor cualitativamente menor el que está por nacer? ¿Vale la vida del no nacido?

En la raíz del argumento pro-aborto, subyace la idea de que no se está destruyendo a alguien, sino algo. En esencia, este reduccionismo se basa en que el no nacido tiene un valor distinto, en realidad menor, e incluso inexistente. Sin embargo, no hay validez alguna en esta disminución existencial. La mujer es el único nido perfecto donde se puede formar un ser poseedor de un derecho absoluto, universal e inamovible: “el derecho a vivir”.

La Soberanía del Cuerpo y la Vida del No Nacido

El argumento típico pro-aborto de "Quiero tener la soberana libertad de decidir qué hago con mi cuerpo" plantea preguntas fundamentales: ¿El ser humano que se forma dentro de una mujer es una parte de su cuerpo, como para tener la plena potestad de dejarlo formarse o destruirlo? ¿Sería el feto una realidad biológica tan propia de su cuerpo que podría deshacerse como se deshace de sus amígdalas?

Desde una perspectiva interdisciplinaria que combina la teología y nociones biológicas, no se puede dar validez a la retórica que presenta al feto como un mero sistema biológico o un aditamento del cuerpo de la mujer. No es una célula simple; es más que eso. Es vida formándose dentro de una vida, una expresión de la providencia de Dios.

esquema de un embrión dentro del útero materno

Es necesario deconstruir la idea que señala que el aborto es una decisión soberana que no afectaría a otro ser. Si bien es cierto que es una decisión, nunca tiene un efecto singular, ya que compromete el destino de otro de manera definitoria. La decisión afecta a dos seres, y uno de ellos no tiene la mínima oportunidad de objetar dicha medida. Por lo tanto, no es solo cuestión de su cuerpo y una decisión singular; tiene que ver con su cuerpo y lo que se anida existencialmente en ella. Esta idea legitimadora sobre la soberanía está animada por el reduccionismo naturalista que considera al embrión como un simple sistema biológico del cuerpo de la madre, incluso un "parásito benigno" demasiado primitivo para ser considerado un ser humano. Sin embargo, el nuevo ser no es un simple sistema, sino una existencia humana animada desde un perfecto dinamismo de supervivencia.

Casos Excepcionales y el Aborto Terapéutico

Los dos argumentos principales para justificar el aborto son los casos de violación, incesto y los riesgos para la vida. La violación en todas sus formas es un acto reprobable y el peligro de vida, como en el embarazo ectópico, es una situación muy demoledora. Sin embargo, estos argumentos, aunque recurrentes en el debate, representan un porcentaje muy pequeño de los abortos realizados. La mayoría de los abortos se llevan a cabo para no "arruinar la vida social".

En cuanto al aborto terapéutico, se realiza cuando el embarazo pone en peligro la vida y la salud de la mujer. Si bien se entiende el peligro para la vida de una mujer ante un embarazo con complicaciones vitales, la ambigüedad del término "salud" en este contexto es problemática. ¿A qué salud se refiere? ¿Física, emocional, preocupación social, estética, económica o religiosa? La verdad es que el aborto terapéutico, debido a la ambigüedad del término "salud", no tiene ninguna restricción.

El Valor Inherente del Embrión y la Bioética

Una pregunta frecuente es si existen principios taxativos para estimar un valor inherente en el embrión. No porque el cigoto no sea embrión y el embrión feto debe apreciarse con valores menores. El aborto representa uno de los grandes desafíos pastorales y requiere habilidad para enfrentar los casos de posaborto, encaminando a las personas hacia una confrontación horizontal con su historia y las causas que las llevaron al aborto. Este es un proceso difícil pero necesario, que debe ir acompañado de una notable compasión hacia el dolor y la culpabilidad.

La Narrativa del Embrión "Diseñado" y las Consecuencias

Consideremos una narrativa hipotética de un embrión concebido artificialmente y seleccionado para un propósito específico. Antes de ser implantado en el útero de la madre, fue observado en estado embrionario, junto a otros "hermanos", también fecundados artificialmente. Estos hermanos, a pesar de estar sanos y llenos de vida, fueron eliminados. La justificación de esta "matanza microscópica" se basaba en la posibilidad de que el embrión seleccionado, al tener ciertas características genéticas, sus células del cordón umbilical pudieran utilizarse para curar a un hermano enfermo que no respondía a otros tratamientos. El embrión fue implantado y siguió su desarrollo, monitoreado por escáner. Se observó el rápido desarrollo de la cabeza, extremidades y el latido del corazón.

Tanto el científico como los padres estaban ofuscados. El científico, embriagado por el avance científico, olvidó el mandamiento "No matarás" e incluso su juramento hipocrático. Los padres, con la mente puesta en la futura sanidad del hijo mayor, se convencieron de que un fin tan hermoso justificaba cualquier medio, incluso la muerte de inocentes.

Implicaciones éticas de la Manipulación Genética en la salud y el medio ambiente 🌳🍎

El día del parto llegó, y el proceso de selección embrionaria fue un éxito. El nombre y la imagen del científico aparecieron en todos los medios, celebrando la proeza científica, mientras se omitían cuidadosamente los "daños colaterales" de la muerte de los otros embriones. La sociedad, embaucada, aplaudió entusiasmada el éxito. Nadie se atrevió a llamar públicamente "asesino" al científico. Lo importante era que el experimento abría la esperanza para que muchos otros niños pudieran beneficiarse de este avance. Gracias a esta técnica reproductiva, el hermano enfermo creció físicamente sano, para alegría de sus padres y familiares. Sin embargo, psicológicamente, los genes del embrión "salvador" no le sirvieron de mucho. Mientras que el embrión "salvador" llegó a ser un ciudadano deseoso de mejorar la sociedad, el hermano "salvado" se adentró por los tortuosos caminos de la violencia y el terrorismo.

Esta narrativa invita a reflexionar sobre las consecuencias de la manipulación de la vida y la "salvación" de unos a costa de la "destrucción" de otros. El orgullo científico puede impedir reconocer la responsabilidad en el origen de tales hechos. Sin embargo, hay otros aún más culpables: aquellos "maestros" que propugnan un humanismo a ultranza, haciendo de los intereses del hombre el centro de todo, negando su condición de criaturas y considerándose dueños absolutos de la Creación.

"Mi Embrión Vieron Tus Ojos": La Perspectiva Bíblica

El Salmista dijo a Dios: "Mi embrión vieron tus ojos" (Salmo 139:16). Él era consciente de que Dios, mediante su omnisciencia, puede ver las más diminutas células en la oscuridad del claustro materno. La capacidad de ver el embrión humano, incluso mediante instrumentos científicos, debería llevarnos a alabar la maravilla de la vida, en lugar de ensoberbecernos y querer ocupar el lugar que solo a Dios le corresponde, creyéndonos con derecho a manipular, disponer o eliminar la vida.

ilustración de David escribiendo los Salmos

La Biblia define el comienzo de la vida humana en el Salmo 139:13-16, donde David escribe: "Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. El salmista usa letras poéticas para notar que Dios crea la vida en el vientre, lo que significa que tenemos vida antes del nacimiento. En el lado negativo, todas las personas también son pecadoras desde el momento de la concepción: "He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre." (Salmo 51:5). Esta es la doctrina del pecado original, la enseñanza de que los humanos nacen con una naturaleza pecaminosa.

Varios otros pasajes bíblicos se refieren a los niños por nacer de la misma manera que a los niños fuera del vientre. Por ejemplo, a Juan el Bautista se le llama "bebé", usando la misma palabra griega para un niño pequeño, mientras todavía está en el vientre (Lucas 1:41-44). Otro ejemplo se encuentra en el anuncio del nacimiento de Sansón. El Ángel del Señor le dijo a la madre de Sansón: “Y ahora, te ruego que no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda. Isaías 49:1 añade: “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces? Acuérdate que como a barro me diste forma; ¿Y en polvo me has de volver? Dios está claramente involucrado en la creación y desarrollo de una persona desde las primeras etapas de formación en el vientre.

El Cuidado Soberano de Dios

El Salmo 139:16 es una hermosa declaración del conocimiento íntimo y el cuidado soberano de Dios sobre nuestras vidas: "Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos". Aquí, David expresa la participación de Dios en nuestra creación y propósito. La frase "Tus ojos vieron mi embrión" enfatiza la omnisciencia de Dios. Dios nos ve y nos conoce antes de que nuestros cuerpos se formen. Su capacidad para ver nuestro embrión confirma Su presencia en los primeros momentos de nuestras vidas. Su visión se extiende a todas las etapas de nuestra existencia, incluida la prenatal. ¡Esta es una verdad maravillosa!

El hecho de que Dios vea nuestro embrión también revela Su intencionalidad al crearnos. El Salmo 139:13 dice: "Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre". Hacer o entrelazar es un proceso deliberado; ningún aspecto de nuestra formación es accidental. Dios diseña nuestros cuerpos, y también diseña nuestros talentos, dones y propósitos. En Efesios 2:10, Pablo escribe: "Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas".

Dios es soberano sobre cada momento de la existencia. "todos los días que me fueron dados", dice David, "fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos" (Salmo 139:16). La soberanía de Dios es un recordatorio reconfortante. Incluso en tiempos inciertos y difíciles, Él tiene el control. "La mente del hombre planea su camino", escribe Salomón, "pero el Señor dirige sus pasos" (Proverbios 16:9). Dios dirige nuestras vidas porque se preocupa por nosotros. ¡Es increíble que el Creador del universo esté íntimamente involucrado en nuestras vidas! Jesús dice: "hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados" (Mateo 10:30). No somos ignorados, sino que estamos bajo el cuidado atento de aquel que vio nuestro embrión. Él velará por nosotros hasta que exhalemos nuestro último aliento: "El Señor te protegerá de todo mal; Él guardará tu alma.

Saber que Dios ve nuestro embrión cambia la forma en que nos vemos a nosotros mismos y a los demás. La vida es sagrada y debemos honrarla. Dios ve, conoce y ama a todos. En el Salmo 139, David describe a Dios cuando formaba su pequeño cuerpo en la oscuridad del vientre de su madre. Dios diseñó la persona que David iba a ser y la hizo existir según el plan que había preestablecido. En este salmo, el escritor empleó la curiosa metáfora de un diario donde el Señor, en primer lugar, escribió Su plan y luego lo cristalizó mediante la obra de Sus manos llevada a cabo en el vientre: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas obras que fueron luego formadas» (v. 16). Dicho de otro modo, el amor del Padre celestial formó a David y lo convirtió en una creación única. Fue el producto del corazón y de la mano inventiva de Dios. Esta misma verdad se aplica a ti.

Ante esta realidad, debemos tener una actitud en favor de la vida en el sentido más puro que pueda existir. Debemos respetar y valorar la vida de todo ser humano: los nacidos y los que aún están en el vientre de la madre; los niños preciosos y los ancianos cansados; los ejecutivos acaudalados y los financieramente desposeídos. Cada persona es un producto exclusivo del genio de nuestro Creador.

Las palabras de Juan Pablo II iluminan el estudio del Profesor Núñez de Castro sobre las traducciones del verso 16 del Salmo 139 que encabeza los números 58-63 de la Encíclica Evangelium vitae, en los que se condena precisamente el aborto: “El hombre desde el seno materno pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que le ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto de mañana, cuya vocación está ya escrita en el libro de la vida”.

Implicaciones éticas de la Manipulación Genética en la salud y el medio ambiente 🌳🍎

Núñez de Castro, I. (2007). "Tus ojos veían mi embrión": Nota sobre la traducción del versículo 16 del salmo 139. Proyección. Teología Y Mundo Actual, (225), 113-125.

La Maternidad como Consagración a Dios

Existe una reivindicación de la maternidad como un acto de consagración a Dios, para la operación del milagro de la vida y para la expresión del propósito divino en los hijos. Se cuenta el caso de una madre creyente a quien, años después de tener su último hijo, le diagnosticaron un cáncer uterino. Los médicos plantearon varias vías para abordar el problema, y la más viable para su salud fue la extracción total del útero. La situación se volvió angustiante cuando, en medio del proceso, los médicos se dieron cuenta de que estaba embarazada. Sin embargo, para sorpresa de todos, ocurrió un hecho maravilloso: el bebé comenzó a crecer, y a medida que crecía en el útero, el cáncer fue desapareciendo hasta llegar a una completa normalidad. La vida que se gestó allí fue más poderosa que la muerte amenazante.

foto de una madre embarazada con un aura de paz

Los cristianos sabemos que la gestación es más que solo un simple acto de la naturaleza. Dios está presente en cada concepción. El misterio de una vida que se gesta no está oculto a los ojos de Dios y tampoco a la operación de su poder. En las Escrituras, todas las mujeres que fueron estériles oraron a Dios con fe y concibieron hijos. Dios mismo es quien nos ha formado en el vientre de nuestra madre: “Porque tú formaste mis entrañas; tu me hiciste en el vientre de mi madre … mi embrión vieron tus ojos” (Salmo 139:13). Dios nos ha escogido desde antes de la fundación del mundo, para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo (Efesios 1:4-5).

Por esta causa, valoramos la maternidad y dignificamos a quienes en un acto de amor consagran sus vientres como una ofrenda y sacrificio a Dios. “Pues todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crónicas 29:14). Así, los padres cristianos tenemos todo el derecho a esperar que el Espíritu Santo, que opera en nosotros la filiación de hijos de Dios, pueda posesionarse completamente de la vida que se está gestando en el vientre. Esta es, sin duda, la esperanza más valiosa de la maternidad.

Llenos del Espíritu Santo desde el Vientre Materno

En cuanto a la gestación y el nacimiento, Lucas, “el médico amado”, registra detalles no capturados en los otros evangelios en relación al embarazo de María y Elizabeth. Conocemos las circunstancias generales de la vida del Señor y también de Juan el Bautista aun antes de que fueron concebidos.

Merece especial atención la vida de Juan a partir de una declaración del Señor que involucra a todos los hijos del Reino: “Os digo que entre los nacidos de mujer no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él” (Lucas 7:28). La verdad que se nos revela aquí es de un valor incalculable para una madre creyente. La realidad de que ella pueda llevar en su vientre la bendición de Dios es vigente y real. Si de Juan -el último profeta del Antiguo Pacto- se dijeron estas palabras, ¿cuánto más pueden ser llenos del Espíritu Santo desde el vientre materno los hijos de aquellos que gozan de la gracia del Nuevo Pacto? Si nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19), ¿no lo será también el hijo que se gesta en el vientre? ¡Aleluya! Nuestros hijos pueden ser llenos del Espíritu de Cristo aún desde su concepción. ¡Qué gloriosa verdad, qué bendita gracia!

ilustración de Juan el Bautista en el vientre de Elizabeth

A Zacarías se le dice: “No temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1:15).

Principios de un Niño Gestado y Nacido bajo Bendición

Consideremos lo que dice el ángel acerca de Juan el Bautista, para extraer los principios de un niño gestado y nacido bajo estas condiciones.

  • Respuesta a la Oración y Voluntad Divina: “No temas, tu oración ha sido oída y tu mujer Elizabeth te dará a luz un hijo…” Israel estaba bajo la opresión del yugo romano, de modo que mientras Zacarías ofrecía el incienso en el altar, el pueblo pedía por su liberación. Por su parte, tal vez Zacarías, ya viejo, se atrevió a presentar por última vez, casi sin fe, la oración que por tanto tiempo pronunció junto a su esposa: “Señor, danos un hijo”. Y Dios respondió. Fue tan sorpresiva la respuesta que Zacarías quedó perplejo. Elizabeth era estéril, y ambos eran de edad avanzada. No tenían nada más en qué confiar, excepto en Dios (Lucas 1:6). Así, pues, los hijos no vienen por nuestra virilidad, nuestra fecundidad, sino por voluntad divina.
  • Respetar el Deseo Divino: “…Y llamarás su nombre Juan.” A cada hijo se le ha concedido una gracia particular, diseñada en la eternidad, implantada en la gestación y lista para desarrollarse en el nacimiento. Zacarías se atrevió a ir contra toda una tradición familiar judía al ponerle como nombre Juan, afirmando en su corazón el camino que Dios había trazado para ese hijo. Así también, los padres cristianos debemos tener la firme determinación de respetar el deseo divino, creer en la operación del Espíritu Santo en la vida de nuestros hijos y criarlos en la disciplina y amonestación del Señor.
  • Un Motivo de Gozo: “Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento…” La presión que ejerce hoy el mundo sobre las personas genera angustia ante la llegada de un hijo. El énfasis hedonista en la independencia hace que los hijos sean una carga difícil de sobrellevar. La presión socioeconómica dificulta la llegada de los hijos; muchos padres cristianos están presos de un estilo de vida mundanal y egoísta. Es preciso que la presencia de Dios por su Espíritu posesione la vida de los niños aún antes de nacer. El fruto del Espíritu es gozo. La conciencia de la operación de Dios en la llegada de un hijo a un matrimonio cristiano, cualquiera sean las circunstancias, provocará una explosión de júbilo que no es producto de una actividad del alma, sino del mismo espíritu. El vínculo de Juan el Bautista con la redención en Cristo hizo que muchos se regocijaran con su nacimiento. Así, nuestros hijos nacen íntimamente ligados a la obra redentora de Cristo, teniendo todas las posibilidades de permanecer en la fe, asumiendo su profesión como hijos de Dios. Es claro que aquellos que asumen la fe obtienen las promesas, involucrando a todos los de su casa. Es falsa la idea de que nuestros hijos tienen que conocer primero el mundo y sus afanes para luego venir a la fe. Muchos padres cristianos, por no apropiarse de las promesas de Dios, se han debilitado, siendo permisivos con sus hijos, consintiéndoles caprichos que les llevan cada vez más lejos de Cristo, obteniendo como consecuencia solo desazón y tristeza. La equívoca premisa que aquí se esconde está en pensar que la acción del pecado es más poderosa que la acción del Espíritu Santo. Tenemos todo a nuestro favor para que nuestros hijos crezcan y se desarrollen en la gracia. Sin duda, esto es motivo de gozo.
  • Grande a los Ojos de Dios: “…porque será grande delante de Dios…” Esto es glorioso, el ser grande a los ojos de Dios. Puede ser que nuestros hijos no lleguen a la estatura que el mundo exige, que no lleguen a ser personas de renombre, pero serán grandes delante de Dios. La vida de Juan el Bautista fue absolutamente atípica. Su vestido, su comida, el lugar donde moraba, no eran cosas que se pudiesen envidiar, pero de él dijo el Señor: “Entre los nacidos de mujer no hay mayor profeta que Juan el Bautista”. ¡Qué importa no ser grande ante el mundo, si somos grandes a los ojos de Dios!
  • Consagración: “No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.” Esta restricción nos revela la esencia del carácter del Espíritu Santo en la consagración de los hijos al propósito divino. Para Juan significó un voto que cumplió todos los días de su vida. Para nuestros hijos implica el ser consagrados a la vida de Cristo que crece en ellos. El Espíritu Santo se encargará de guiarlos, tomando lo de Cristo y haciéndolo saber tanto a nosotros los padres como a nuestros hijos. La voluntad de Dios es que ninguno de los suyos se pierda, y todos crezcan conformados a la imagen del Hijo.

Desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios (Salmo 22:10). Esta verdad fundamental subraya la presencia y el cuidado divino desde los primeros momentos de la existencia humana.

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