Melilla, ciudad autónoma situada en el continente africano, es un territorio caracterizado por su riqueza cultural y sus profundos contrastes. Históricamente, ha servido como un puente entre Europa y África, albergando una convivencia singular entre las culturas cristiana, musulmana, hebrea e hindú. Esta multiculturalidad, hoy consolidada, es un reflejo de una sociedad abierta y respetuosa que sorprende a quienes visitan este enclave español.

El papel de la matrona en la sociedad melillense
La Asociación Española de Matronas (AEC) ha defendido históricamente que "donde haya una mujer debe haber una matrona". En Melilla, esta labor ha sido fundamental para la salud femenina y el bienestar de las familias. Entre las profesionales más destacadas de la ciudad se encuentra Dolores Sáez Manzano, conocida popularmente como "Loli, la matrona de Melilla".
La trayectoria de Loli es un ejemplo de vocación temprana. Desde su infancia en el barrio Del Real, sentía una inclinación natural hacia el cuidado de la vida, jugando con muñecas a representar partos. Su formación profesional estuvo marcada por la superación de las barreras de la época, ya que en la década de los 60 Melilla aún no disponía de una Escuela de Enfermería propia.
La formación en Málaga durante los años 60
Para cursar sus estudios, Loli tuvo que trasladarse a Málaga, cruzando el Mediterráneo en una travesía que, en aquel entonces, duraba ocho horas. Esta etapa formativa, iniciada en 1964, fue un periodo de gran exigencia:
- Disciplina y rigor: Las alumnas constituían gran parte de la fuerza laboral de los hospitales, enfrentándose a carencias materiales que suplían con ingenio.
- Crecimiento personal: A pesar de la dureza del trabajo y la añoranza por dejar a su familia a los 17 años, las estudiantes forjaron vínculos inquebrantables.
- Adaptación: La falta de recursos en la España de la época permitió a estas enfermeras valorar y adaptarse rápidamente a las innovaciones tecnológicas que llegarían más tarde.

Desafíos profesionales en la Melilla de la posguerra
Tras finalizar su especialización, Loli regresó a Melilla para incorporarse al antiguo Hospital de Cruz Roja. Este edificio, cargado de historia tras su reconversión hospitalaria después del Desastre de Annual, fue el escenario donde ejerció su labor solitaria durante un periodo inicial difícil.
Condiciones de trabajo y retos únicos
En aquellos años, la escasez de recursos técnicos era la norma. Loli recuerda cómo su labor se desarrollaba sin ecografías y sin la presencia física constante de un tocólogo, dependiendo únicamente del estetóscopo y el reloj. Además de la atención clínica, la ubicación fronteriza de la ciudad añadió una faceta inesperada a su trabajo:
Debido a la problemática del tráfico de drogas en la frontera, las autoridades requirieron la colaboración de las matronas en el puerto y aeropuerto. Loli y sus compañeras recibieron instrucción en radiología para apoyar a la Guardia Civil en labores de detección, una responsabilidad insólita pero necesaria para la salud pública de la época.
| Reto | Descripción |
|---|---|
| Falta de personal | Loli fue la única matrona durante año y medio, asumiendo guardias de 24, 48 o hasta 72 horas. |
| Aislamiento geográfico | La dificultad de acceso a la ciudad complicaba la contratación de nuevas profesionales. |
| Contexto social | Las normas de la época dificultaban el trabajo de las mujeres casadas, un obstáculo que Loli tuvo que sortear. |
Cómo han evolucionado las matronas hasta hoy | Jornada Hablemos de Matronas
Compromiso colegial y reconocimiento institucional
Más allá de la asistencia directa, Loli Sáez destacó por su inquietud constante por impulsar la profesión. Como Vocal Matrona en la Junta del Colegio de Enfermería, se esforzó por:
- Fomentar el intercambio de conocimientos con colegas de otras comunidades autónomas.
- Impulsar cursos de Educación para la Salud para la población melillense.
- Promover la modernización de los recursos colegiales para atender la alta demanda formativa.
En la actualidad, su trayectoria ha sido reconocida por la Asamblea de Melilla, aprobando el nombramiento de una calle en su honor en el barrio de la Libertad. Este gesto reconoce no solo su profesionalidad, sino también su humanidad, habiendo ayudado a nacer a numerosas generaciones de melillenses y siendo una figura clave en la creación del Centro Integral de la Mujer en el año 2000.