“Ser comadrona es como la esencia de la vida”. Así define su profesión la enfermera Lee en la serie de la cadena inglesa BBC Llama a la comadrona. Esta esencia, según el personaje, la constituyen los “momentos de dolor y alegría” que acompañan el alumbramiento y ocurren en presencia de una partera. No hay discusión sobre que la matrona “es una figura insustituible en los partos normales”, como afirma Lola Ruiz, matrona, profesora de la Universidad de Alcalá de Henares y miembro del Observatorio de Violencia Obstétrica.
Historia y Evolución del Oficio de Comadrona
Orígenes Antropológicos: El Parto Humano como Evento Social
El oficio de la partería va unido íntimamente a nuestra especie y se remonta mucho más atrás de lo que comúnmente se piensa. Las antropólogas Werida Trevathan y Karen Rorenberg sostienen que esta, y no la prostitución, es la profesión más antigua del mundo. Según sus investigaciones, “el ser humano desarrolla una conducta única en relación con el parto. Al contrario que el resto de los primates, que eligen la soledad para dar a luz, las madres humanas buscan activamente ayuda en el parto. Así surgió un modelo de parto en el que una matrona es fundamental”.
El gran tamaño del cerebro humano y el bipedismo dificultan a la mujer parir por sí misma de forma segura. Para esquivar las trampas de nuestro intrincado canal del parto, con un ángulo recto incluido, el bebé nace mirando hacia el coxis materno. Por ello, “la madre no puede ayudar a salir al bebé sin doblarle hacia atrás la columna vertebral, y tampoco puede desenrollar el cordón umbilical ni limpiar la boca del recién nacido”, explicaban las antropólogas en su estudio Birth, obstetrics and human evolution.
Para el paleobiólogo Juan Luis Arsuaga, el dolor del parto es inherente a la evolución de la especie. Otro problema del Homo sapiens es el tamaño de su cráneo: “Somos cabezones y esto provoca un parto más ajustado. No sucede así en otros primates, como los chimpancés, cuyo parto es muy simple porque son muy grandes y el cuerpo crece más deprisa que la cabeza”. Desde que Lucy, nuestra madre Australopithecus, se puso de pie, se modificó el canal del parto. “En el resto de los primates es recto, pero en las humanas el útero y la vagina forman un ángulo de 90 grados. Ser cabezones, además de condenar a las madres a parirnos con dolor, nos obliga a nacer desvalidos. Esta debilidad alarga la crianza, lo que quizá propició la menopausia”.

La Matrona en la Antigüedad Clásica
Prohibición y Superación: El Caso de Agnódice
Al comienzo de la humanidad, unos 40.000 a.C., se tienen datos que indican que el parto era atendido por el marido; sin embargo, ya en el año 6000 a.C., se empieza a considerar la ayuda al nacimiento como un "arte" y algunas mujeres van tomando mayor experiencia que otras, por lo que son requeridas con más frecuencia durante el trabajo de parto. La primera descripción de un parto normal fue hecha por Hipócrates (460-377 a.C.), en su libro Naturaleza del Niño. Él consideró que el parto comenzaba cuando el feto tenía hambre y rompía la bolsa de las aguas con movimientos de sus manos y pies. A lo largo de la historia otros grandes médicos y ginecólogos, como Galeno, Mauriceau o Schroeder, también expusieron diferentes teorías de porqué comenzaba el parto.
Sin embargo, el estudio de la medicina estaba vedado a las mujeres que no podían convertirse en especialistas para curar enfermedades. En las fábulas de Higino se cuenta la historia de Agnódice, una muchacha que decidió hacerse pasar por un hombre para aprender el arte de la medicina y empezar a curar a mujeres que lo necesitaban. El pudor hacía que ninguna mujer aprendiera el arte de la medicina, hasta que una mujer, con un tumor en su vientre, acudió a Agnódice. Al ser acusada, Agnódice se levantó la túnica ante los hombres y mostró que era mujer. En ese momento los médicos empezaron a acusarla con más fuerza.

El Rol de la Obstetrix en Roma: Funciones y Responsabilidades
Los romanos favorecieron la entrada de la mujer en la medicina y la práctica de la ginecología y la obstetricia estuvo casi exclusivamente reservada a las mujeres, las cuales se encargaban de cuidar la salud de las embarazadas, de las parturientas y de cualquier mujer que sufriera una enfermedad sexual o ginecológica.
La obstetrix, partera, comadrona o matrona, se encargaba de atender a la parturienta en el momento del alumbramiento, ayudaba al bebé a nacer, cortaba el cordón umbilical, extraía la placenta, examinaba al recién nacido para comprobar sus posibilidades de vivir y ayudaba a limpiarlo y envolverlo en sus ropas.

Sorano de Éfeso y la Formación de la Comadrona
El médico griego Sorano de Éfeso, quien vivió en el siglo II d.C., fue fundamental en la definición de la figura profesional de la comadrona. En su obra Ginecología (I, 3), describe las cualidades ideales de una matrona:
- Debe ser alfabetizada para poder comprender la teoría de su profesión.
- Debe tener una inteligencia que le permita seguir fácilmente lo que se dice y lo que sucede.
- Debe poseer una memoria (para hacer uso de lo que se ha aprendido).
- Debe ser amante del trabajo (quien desea adquirir tan vasto conocimiento necesita ser paciente).
- Debe ser seria, pero no para hacer el mal.
- Debe tener las manos suaves, las uñas cortas y el tacto por la dureza de sus visitas profesionales.
- Debe ser sobria.
- Debe tener dedos finos y largos. Son necesarios para tocar una inflamación profunda sin causar mucho dolor.
- Debe ser honesta y modesta en su trabajo.
Es destacable el intento de Sorano por favorecer la instrucción de las comadronas, incrementando de esta manera, en línea con los nuevos conocimientos adquiridos por la Medicina en este periodo, su preparación. Sus enseñanzas siguieron vigentes durante el milenio siguiente. Se dice que las obstetrices estudiaban medicina, bajo la tutela de una médica capacitada y que en la Roma helenizada había una clase de obstetrix de acuerdo con Sorano, que eran expertas en la teoría y en la práctica de su arte, iatromaia.
Sorano además advierte de que debía haber al menos tres mujeres ayudando a la comadrona en el alumbramiento. Estas ayudantes debían haber tenido experiencia con partos. Aconsejaba que una se sentara al lado de la comadrona y otra en los lados, siendo preferible un taburete. Para lubricar, recomendaba aceite de oliva virgen que no se haya utilizado para cocinar, pues su olor causará menos temor. También recomendaba que, tras el parto, cuando la placenta estaba todavía unida al ombligo, la comadrona debería entregar al recién nacido, ya cubierto, a una ayudante y entonces meter su mano moviéndola a lo largo del cordón umbilical y tirar de la placenta con movimientos suaves al ritmo de las contracciones uterinas, sin brusquedad ni rasgándola. También aconsejaba cortar primero el cordón solo en caso de que tardase mucho en extraer la placenta, para extraer con suavidad la placenta sin rasgarla.

En caso de complicación en el parto, principalmente por la posición del feto, Sorano advertía que la comadrona debería introducir su mano izquierda untada de aceite y con las uñas cortas y al palpar la dilatación debería intentar agarrar el feto con firmeza y ponerlo de cara a la salida, lo que debería hacerse al mismo tiempo que la parturienta debería asumir la postura correcta para cada caso. Si el parto no progresaba o se tenía el convencimiento de que el niño había muerto, se hacía necesario tomar otras medidas, como realizar una embriotomía para poder salvar a la madre. Así, por ejemplo, para Tertuliano, un padre de la Iglesia que vivió en el siglo II d.C., tal acción, solo en caso de absoluta necesidad, se justifica cuando la imposibilidad del parto amenaza la vida de la madre y para evitar el sufrimiento del niño en vida.

En la cultura romana el parto y los aspectos ginecológicos y reproductivos en general se adscribían al ámbito doméstico y privado y, por tanto, eran relativos al mundo femenino. Por lo tanto, el consejo de las mujeres consideradas expertas en el tema, como las obstetrices, eran escuchadas, aunque también se tenía en cuenta la opinión de los médicos que se reconocían como profesionales en la materia.

Aspectos Legales y Sociales: El Custos Ventris y las Acusaciones
Aunque la obstetrix o comadrona romana tenía como principal función ayudar a parir a las mujeres que atendía, también se ocupaba de administrar preparados para provocar abortos o lograr la fertilidad, y se consideraba su papel como esencial para comprobar posibles embarazos engañosos, presentándola como una figura profesional a la que se recurría, en calidad de experta, en casos en los que el nacimiento de un niño pudiera tener consecuencias legales relacionadas con las herencias y el derecho de sucesión. Especialmente debían examinar a la mujer que negaba estar embarazada del hombre del que se había divorciado.
Los derechos del padre en la legislación romana se tenían de tal forma en cuenta que apareció una figura, la del custos ventris, dedicada a vigilar que los embarazos y partos problemáticos cumpliesen la legalidad. El Digesto indicaba la obligación de la mujer de anunciar al marido del que se hubiera divorciado un posible embarazo. Si bien no estaba obligada a ello si el hijo no fuera de su antiguo marido, este podía, en cualquier caso, mandar observadores. En caso de que la mujer se negara, y negara el embarazo, podía ocurrir que el padre se negara a reconocer al hijo sin ser penalizado. Si el marido insistía, podía llegar a obligar legalmente a que la mujer fuera examinada por tres comadronas (elegidas por el pretor y no por ninguna de las partes implicadas), aunque la ley advertía al marido que esto suponía poner en juego el honor familiar por ambas partes. Si, al menos, dos de las comadronas declaraban que estaba embarazada, se nombraba un guardián, el custos ventris, para evitar que la mujer abortase, se deshiciese del niño o lo cambiase en el parto.

Desde la época de la Roma arcaica existía la idea de que los que se ocupaban de la medicina no eran gente de fiar y, especialmente, las comadronas a las que solía acusarse de incompetencia, de superchería, de administrar sustancias abortivas prohibidas, de traficar con niños, etc.
Percepción Social y Estatus Económico
Las obstetrices ocupaban un espacio social bajo desde el punto de vista económico, y según se deduce de las inscripciones,
La historia y evolución de la partería: de la antigüedad a la era moderna
“Ser comadrona es como la esencia de la vida”. Así define su profesión la enfermera Lee en la serie Llama a la comadrona. Esta esencia, según el personaje, la constituyen los “momentos de dolor y alegría” que acompañan el alumbramiento en presencia de una partera. No hay discusión sobre que la matrona es una figura insustituible en los partos normales, un oficio unido íntimamente a nuestra especie desde sus albores.

El origen antropológico de la partería
La partería se remonta a épocas inmemoriales. Las antropólogas Werida Trevathan y Karen Rorenberg sostienen que esta es la profesión más antigua del mundo. El ser humano desarrolla una conducta única en relación con el parto: al contrario que el resto de los primates, que eligen la soledad, las madres humanas buscan activamente ayuda. Esto se debe a razones anatómicas; el gran tamaño del cerebro humano y el bipedismo dificultan que la mujer pueda parir por sí misma de forma segura. Debido a un canal de parto intrincado, el bebé nace mirando hacia el coxis, imposibilitando que la madre pueda ayudar a salir al bebé sin maniobras externas que solo una matrona puede ejecutar.
La figura de la matrona en Roma y la Antigüedad
En la cultura romana, el parto y los aspectos ginecológicos se adscribían al ámbito doméstico y femenino. La obstetrix era la profesional encargada de atender a la parturienta: ayudaba al bebé a nacer, cortaba el cordón umbilical, extraía la placenta y examinaba al recién nacido. A pesar de su importancia, su estatus social solía ser bajo, siendo muchas de ellas esclavas o libertas.
Destaca el papel de Sorano de Éfeso, quien en su tratado Ginecología fomentó la instrucción técnica de las comadronas, estableciendo normas para el tacto y la extracción placentaria. En este periodo también surgieron figuras como Agnódice, quien, según la tradición, se disfrazó de hombre para aprender medicina y romper las barreras que prohibían a las mujeres ejercer esta profesión.

Tradiciones, magia y medicina popular
En diversas culturas rurales, la asistencia al parto ha sido un maridaje entre la ciencia empírica y la superstición. Históricamente, las comadronas empleaban oraciones, amuletos y técnicas tradicionales para acelerar el parto o detener hemorragias. Aunque la ciencia moderna ha sustituido muchas de estas prácticas, las parteras empíricas fueron durante siglos el único soporte disponible en zonas sin servicios sanitarios, demostrando una pericia técnica basada en la transmisión oral de conocimientos generacionales.
La matrona en la actualidad: retos y controversias
Tras siglos de evolución, la matrona continúa desempeñando un papel básico en la supervivencia humana. La presencia de una profesional cualificada supone, en muchos entornos, la diferencia entre la vida y la muerte. En países con menos recursos, intervenciones lideradas por matronas han logrado reducir la mortalidad materna de forma drástica.
Funciones integrales y derechos de la mujer
En los países desarrollados, la labor de la matrona es integral, abarcando desde la preparación al parto hasta el asesoramiento en la lactancia. Sin embargo, el sector enfrenta desafíos significativos:
- Violencia obstétrica: La lucha por el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y el lugar de su parto.
- Desequilibrio asistencial: En países como España, se denuncia la excesiva medicalización y la falta de matronas, lo que deriva en tasas elevadas de cesáreas y episiotomías.
- Surgimiento de las doulas: Existe una polémica sobre el rol de las doulas como apoyo emocional frente al papel estrictamente sanitario de la matrona.
El trabajo de las matronas - informe Salamanca
Conclusión sobre el futuro de la profesión
El oficio de la matrona, ya sea ejercido por mujeres u hombres, sigue siendo imprescindible. La evolución del Homo sapiens nos ha condenado a un parto difícil, pero también nos ha dotado de la capacidad de cooperación necesaria para superar ese trance. La historia de las "comadronas", desde la Antigüedad hasta el Siglo de Oro -cuando se las representaba en el arte, como en la obra de Artemisia Gentileschi sobre el nacimiento de San Juan-, confirma que esta figura seguirá siendo el pilar fundamental para salvaguardar la salud femenina y el inicio de la vida durante muchas eras más.