Maternidades Lesbianas: Experiencias y Perspectivas

La maternidad lesbiana ha emergido como un tema de creciente relevancia social e investigadora en los últimos años. Este artículo se propone explorar las diversas facetas de estas maternidades, definiéndolas como aquellas que se desarrollan en el contexto de un proyecto de pareja afectivo-sexual entre dos mujeres, donde ambas deciden ser madres de forma conjunta y comparten esta decisión desde el inicio, independientemente de la vía de acceso a la maternidad (adopción o gestación) y del reconocimiento jurídico de ambas.

Quedan fuera de esta definición, y por ende de este análisis, las familias recompuestas o aquellos casos en los que una mujer incorpora un hijo o hija a una nueva formación familiar, donde el origen de la maternidad no fue una decisión de pareja. Las maternidades lesbianas son de interés no solo por su importancia cuantitativa, sino también por su carácter propositivo, al incorporar nuevas formas de comprender la institución familiar y las figuras parentales, recreando vínculos y promoviendo cambios normativos.

El acercamiento a la maternidad lesbiana no se limita a los estudios LGTB, sino que busca comprender proyectos de maternidad que divergen del modelo tradicional y que se realizan en el seno de formaciones familiares distintas a la familia nuclear. El análisis de estos modelos de maternidad es crucial, ya que actúan como referentes en la definición de estilos de vida y en la asunción de roles maternales, ofreciendo un marco normativo y pautas de proceder ante diversas situaciones sociales.

Desde una perspectiva feminista, que critica el confinamiento de las mujeres en el ámbito reproductivo y la dificultad de asumir la reproducción humana como tarea colectiva, el estudio de las alternativas al modelo de maternidad heredado se vuelve fundamental. La multiplicación de opciones en cuanto a formaciones familiares se debe, en parte, a la autonomía económica y la igualdad jurídica de las mujeres, la introducción del divorcio, el desarrollo de tecnologías reproductivas y la flexibilización de la moral sexual.

Un interrogante clave es si el modelo familiar y la forma de acceso a la parentalidad influyen en el ejercicio de la maternidad y el tipo de rol maternal que se desarrolla. La historiografía social sitúa el surgimiento del "amor maternal" a mediados del siglo XVIII, vinculado a la creación de los estados modernos. En esta época, se produjeron transformaciones significativas en el cuidado y educación de los niños, reflejo de cambios ideológicos más amplios sobre la familia, la pareja y la división entre esferas pública y privada.

En este contexto, se gestó el "mito del instinto maternal", un amor espontáneo y biológicamente determinado. Sin embargo, este amor instintivo no garantizaba una crianza adecuada, y a partir del siglo XIX, los consejos médicos y pedagógicos guiaron a las mujeres en una crianza cada vez más dirigida por expertos. Las madres, consideradas excesivamente emocionales, debían ser guiadas por diversas especialidades, convirtiéndose en "madres por profesión" además de "madres por naturaleza". La infancia se consolidó como el periodo determinante de la vida, exigiendo la dedicación exclusiva e individualizada de la madre.

Este proceso culminó en la "ideología de la maternidad intensiva", imperante en la sociedad contemporánea. Las maternidades lesbianas, en contraste con este modelo, representan una ruptura con el principio de complementariedad de los sexos y los roles genéricos predeterminados. Decidir conjuntamente ser madres de un mismo hijo o hija convierte la ausencia de padre no en una carencia, sino en una propuesta, exigiendo una reorganización de los roles parentales tradicionales y la convicción de que romper con el modelo heredado es posible y deseable.

La práctica familiar cotidiana en estas parejas, a menudo de forma consciente, desdibuja la estricta división de géneros y las funciones, emociones o actividades asociadas a cada uno. Las maternidades lesbianas se consideran un "modelo emergente", constructos con entidad y peso referencial que incorporan nuevos significados, valores, éticas y relaciones. Aunque a veces minoritarios e invisibilizados, estos modelos tienen la capacidad de impregnar la sociedad y promover el cambio social e individual, especialmente cuando las personas actúan con intencionalidad de cambio.

La diversidad de modelos de maternidad amplía el concepto y lo saca de su definición unívoca ligada a la pareja heterosexual y roles complementarios. La maternidad lesbiana y la homoparentalidad en general están intrínsecamente ligadas a las leyes que las posibilitan, limitan y perfilan. En España, la Ley de Reproducción Asistida de 1988 abrió la posibilidad de concebir un bebé sin padre, marcando un hito.

A finales de los ochenta y principios de los noventa, la maternidad lesbiana era escasamente tratada en ámbitos académicos y militantes. El debate sobre familia y homosexualidad estaba ausente en la agenda política. El trabajo pionero de Kath Weston en 1991, "Families we choose: lesbians, gays, kinship", contrapuso la familia biogenética a las nuevas formaciones familiares creadas en torno a la ayuda mutua, aunque su reivindicación de familia no se centraba en la reproducción ni en los vínculos de filiación, sino en la red de cuidados y solidaridad.

La maternidad lesbiana continuaba siendo un oxímoron, una contradicción: por un lado, la imposibilidad aparente de tener hijos sin relaciones sexuales con hombres, y por otro, la concepción de homosexualidad y maternidad como identidades contrapuestas. Lewin denunció cómo la acusación de lesbianismo se usaba para despojar a mujeres divorciadas de la tutela de sus hijos al vincularse con una nueva pareja femenina.

A principios de los años 2000, la maternidad lesbiana irrumpe como fenómeno en España, una década después de la ley que la favorecía. La inseminación con donante anónimo se vuelve más accesible, despertando interés en las características de este nuevo modelo familiar. La investigación se enfoca en los procesos de socialización intrafamiliar, la distribución de roles parentales y cómo estos reproducen o reinventan los roles tradicionales.

Se plantea la cuestión de si el vínculo biológico de una madre influye en la adopción de roles maternales más tradicionales y si la ausencia del par padre-madre como relación paradigmática en Occidente tiene incidencia en el desarrollo y socialización de los niños. Las maternidades lesbianas ofrecen la oportunidad de reconocer una experiencia peculiar dentro de la diversidad maternal, caracterizada por la presencia de dos mujeres y la ausencia de padre en la convivencia cotidiana y como figura parental.

Las maternidades lesbianas implican una visibilidad del lesbianismo, incluso para aquellas mujeres que preferían mantener su relación en privado. La maternidad activa nuevas relaciones en su entorno social y familiar, convirtiéndose en una reclamación política. Esto se manifiesta en la vida cotidiana, en las relaciones con la escuela, amistades o comerciantes, y de forma especialmente interesante en la interpelación a las familias de origen para reconocer a los niños y niñas.

Ilustración de dos madres con sus hijos pequeños, representando la diversidad familiar y la maternidad compartida.

Experiencia de Lactancia en Parejas Lesbianas

La lactancia compartida en parejas de mujeres homosexuales es una posibilidad real. Cualquier mujer puede amamantar a un retoño a partir de la lactancia inducida, creando un vínculo especial con el pequeño o apoyando a la otra madre, especialmente en casos de partos múltiples. Este proceso requiere una fuerte motivación, esfuerzo y supervisión especializada.

Tras el parto, la producción de leche se desencadena por hormonas y succión. En el caso de la madre no gestante interesada en amamantar, se requiere un tratamiento para inducir la producción de leche, que no es un proceso rápido y exige paciencia y consciencia. El primer factor de éxito es el fuerte deseo de la madre no gestante de amamantar, además de considerar sus antecedentes médicos.

La inducción farmacológica, que utiliza medicamentos y estimulación del pecho, es efectiva y suele recomendarse para madres adoptivas de bebés menores de seis meses. El uso de galactogogos (plantas y hierbas) puede complementar el proceso, pero la estimulación de la glándula y la extracción de leche, preferiblemente con un sacaleches eléctrico, son las medidas más efectivas para estimular la producción.

La leche producida por la madre no gestante es de calidad. Aunque no se produce calostro inicialmente, las primeras gotas se consideran leche madura. La leche materna se adapta al crecimiento del bebé, y si es necesario que el bebé tome el pecho en los primeros días, la leche de la madre no gestante será la más adecuada. La cantidad de leche producida puede variar, y es normal ganar peso y no tener la menstruación durante el proceso de inducción, especialmente si se utilizan tratamientos hormonales.

El bebé puede establecer un apego muy positivo con la madre no gestante, incluso si inicialmente mama de la madre gestante. La inducción a la lactancia materna en parejas de madres es una opción valiosa a planificar antes o durante la gestación, permitiendo a ambas compartir la experiencia de amamantar con todos sus beneficios.

Infografía detallando el proceso de lactancia inducida y sus beneficios para las madres no gestantes.

El Parentesco de Leche en el Islam

El concepto de parentesco de leche, o "rida'a", es una parte integral de la tradición islámica, reconocido en el Corán y considerado como un vínculo que puede prohibir el matrimonio. Este parentesco se establece cuando dos personas son amamantadas por la misma mujer, considerándose hermanos y, por ende, su unión matrimonial está prohibida.

El Corán, texto sagrado del Islam, menciona el parentesco de leche. Según el profesor Mohammed Dahiri, el Islam reconoce tres tipos de parentesco: consanguinidad (nasab), afinidad (musahara) y parentesco de leche (rida'a). Dos personas sin vínculo de sangre que comparten la misma madre lactante son consideradas hermanas.

Los hadices, relatos sobre la vida del profeta Mahoma, sirven como guía para los musulmanes. Un hadiz relata cómo el profeta ordenó a un hombre divorciarse de su esposa si ella afirmaba haber amamantado a ambos, incluso si él dudaba de su palabra. Sin embargo, los juristas sunitas han hecho difícil probar la existencia del parentesco de leche para proteger los lazos conyugales.

En el siglo XXI, el parentesco de leche sigue existiendo. Se han documentado casos de parejas marroquíes que descubrieron ser hermanos de leche tras años de matrimonio, lo que llevó a un dictamen de separación en lugar de divorcio, al considerar el matrimonio inválido desde su inicio.

Existen divergencias entre las cuatro escuelas jurídicas sunitas sobre cómo se establece el parentesco de leche:

  • La malikí, hanafí y hanbalí coinciden en que el matrimonio está prohibido incluso con una sola toma de leche.
  • La escuela safií establece que deben ser más de cinco tomas repartidas en los dos primeros años de vida.

La importancia de la leche en el Islam va más allá de su valor nutricional. Se debate si la leche es una transformación del semen en el cuerpo, lo que explicaría por qué los niños amamantados por la misma madre se consideran hermanos al compartir la misma "sustancia germinadora". Esta visión monogenista atribuye la creación del feto y la vida al hombre a través del semen.

La ciencia biológica también ha participado en el debate, sugiriendo que la leche materna podría implicar la transmisión de material genético, llevando a compartir epigenotipos similares. Sin embargo, el parentesco de leche no se considera equivalente a la consanguinidad en términos de obligaciones económicas o derechos de herencia.

El parentesco de leche ha reflejado la importancia del cuidado infantil como una tarea compartida. En zonas apartadas, amigas o vecinas ofrecían su leche a bebés cuyas madres no podían amamantarlos por motivos biológicos o médicos, y donde no existía acceso a fórmula. Este acto era visto como un favor social y religioso, una manifestación de aprecio y hospitalidad.

La práctica del parentesco de leche ha disminuido en las últimas décadas debido a la leche de fórmula, la urbanización y la migración. El anonimato de la donación de leche en bancos de leche en países no musulmanes genera preocupación por la posibilidad de matrimonios no deseados entre parientes de leche no reconocidos. Esto ha llevado a un recelo entre las fuentes islámicas hacia estos bancos, aunque Irán, un país de mayoría chiita, cuenta con bancos de leche materna que aplican condiciones específicas para evitar la formación de parentesco de leche.

El lesbianismo a través de la historia

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