La influencia de la dieta materna en la leche humana

La leche materna es reconocida como el alimento óptimo para recién nacidos y lactantes, proveyendo todos los nutrientes esenciales para su desarrollo. Durante el embarazo, el organismo materno acumula reservas nutritivas que son utilizadas posteriormente para la producción de leche. Esta capacidad de movilización de reservas explica por qué mujeres con alimentación deficiente pueden producir leche de calidad similar a la de mujeres bien nutridas.

Esquema de las glándulas mamarias y el proceso de producción de leche materna

La lactancia plantea necesidades nutricionales especiales para la madre, principalmente debido a la pérdida de nutrientes a través de la leche. Sin embargo, la regulación de la producción de leche depende principalmente de la demanda del lactante, siendo la ingesta dietética y el estado nutricional materno factores secundarios. Todas las madres, salvo casos extremos de desnutrición, producen leche en cantidades adecuadas. A pesar de esto, se recomienda una alimentación saludable no solo por la calidad de la leche, sino también por la salud de la propia madre (Bravi 2021).

Composición de la leche materna y la dieta

Aunque la dieta de la madre generalmente no influye de forma significativa en la concentración de macronutrientes en la leche materna (Keikha 2017, Tian 2019), sí se ha evidenciado una correlación entre la ingesta de ciertos ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 por parte de la madre lactante y su concentración en la leche (Tian 2019, Bzikowska 2017).

Variabilidad de los nutrientes en la leche materna

  • El contenido de grasa en la leche materna puede variar con la dieta.
  • El contenido de hidratos de carbono, proteína, calcio y hierro tiende a ser bastante constante, incluso si la madre ingiere poca cantidad de estos en su dieta.
  • Si la dieta materna es deficiente en vitaminas hidrosolubles y vitaminas A y D, la leche puede contener menos de estos nutrientes.

La concentración de vitaminas hidrosolubles en la leche materna depende mucho de su ingesta, mientras que las vitaminas liposolubles dependen fundamentalmente de las reservas maternas, aunque su nivel puede aumentar con el aporte exógeno.

Requerimientos nutricionales durante la lactancia

Las necesidades nutricionales durante la lactancia son considerablemente mayores que durante el embarazo. En los primeros 4-6 meses de vida, el niño duplica el peso alcanzado durante los 9 meses de gestación. La leche producida en los primeros 4 meses de lactancia representa un cúmulo de energía aproximadamente equivalente al gasto energético total de la gestación.

Calorías

El consumo calórico materno recomendado durante la lactancia es de 2.300-2.500 calorías al día para alimentar a un hijo y de 2.600-3.000 calorías para la lactancia de gemelos. Un tercio del gasto extra (±150 kcal/día) proviene de la movilización de las reservas maternas. Se desaconsejan las dietas para adelgazar que aporten menos de 1.800 kcal diarias, ya que ingestas inferiores a 1.500 kcal/día pueden producir fatiga y disminuir el volumen de leche. Si se desea perder peso más rápidamente, se recomienda combinar la restricción dietética con el ejercicio físico.

Proteínas

El aumento de las necesidades de proteínas es mínimo en comparación con el de las calorías. Sin embargo, si el consumo de energía es bajo, la proteína se utiliza para la producción de energía. Los requisitos adicionales pueden ser satisfechos por alimentos ricos en proteínas. Si no se ingiere una cantidad suficiente de proteínas, la concentración de caseína en la leche puede ser insuficiente, un componente nutricional importante para la absorción de calcio y fosfato y funciones inmunomoduladoras. La ingesta de proteínas derivadas del pescado durante la lactancia parece tener efectos favorecedores sobre la regulación y la sensibilidad a la insulina a largo plazo.

Hidratos de carbono

La lactosa es el hidrato de carbono predominante en la leche materna, esencial para la nutrición del cerebro del niño. Aunque su concentración es menos variable, la producción total se reduce en madres con desnutrición grave.

Lípidos

Los lípidos proporcionan la fracción más importante de calorías en la leche materna y son los componentes más variables en contenido y calidad. La desnutrición materna se relaciona con niveles más bajos de lípidos. El ácido docosahexaenoico (DHA) es un nutriente esencial para el desarrollo óptimo del cerebro, la retina y el oído, y su aporte a través de la dieta es necesario debido a su biosíntesis endógena limitada. El contenido de colesterol es muy variable y guarda relación con el tiempo de lactancia, la edad de la madre, la alimentación, la estación del año y el lugar de residencia.

Se recomienda el consumo de una a dos raciones de pescado de mar por semana, incluyendo pescados grasos o azules de pequeño tamaño como las sardinas, para no superar la ingesta tolerable de contaminantes ambientales. El consumo de algunas especies de gran tamaño, como el pez espada y el atún, debe ser reducido por su posible alto contenido en mercurio.

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Agua y Sal

El agua representa entre el 85 y el 95% del volumen total de la leche. La creencia popular de que aumentar el consumo de agua incrementa la producción de leche ha sido desmentida por diversos estudios. No se ha demostrado relación entre el consumo de sal durante la lactancia y la concentración de sodio en la leche materna; sin embargo, se recomienda tomar poca sal y siempre enriquecida con yodo (sal yodada).

Vitaminas y Minerales específicos

Vitaminas liposolubles

  • Vitamina A: Implicada en reacciones fotoquímicas de la retina, es antioxidante y antiinfecciosa. Su contenido en la leche disminuye con la progresión de la lactancia. En países en vías de desarrollo, se recomienda una única dosis de suplemento de 200.000 UI de vitamina A después del parto.
  • Vitamina D: Su deficiencia es frecuente en mujeres embarazadas y lactantes. Su paso a la leche es pobre, por lo que se recomienda suplementar a todos los lactantes menores de un año alimentados al pecho con 400 UI/día de vitamina D, iniciando su administración en los primeros días de vida.
  • Vitamina E: Su concentración en la leche materna es sensible a la ingesta materna, por lo que se debe revisar la alimentación y considerar suplementos si es inadecuada.
  • Vitamina K: Producida por bacterias intestinales y presente en la dieta. Si la dieta es adecuada, la madre lactante no precisa suplemento. Se recomienda la administración de 1 mg de vitamina K IM a los recién nacidos para prevenir la enfermedad hemorrágica.

Vitaminas hidrosolubles

La concentración de vitaminas como la tiamina (B1), riboflavina (B2), vitamina B6 y B12 en la leche depende en gran medida de su nivel en la madre, por lo que una deficiencia materna puede condicionar una deficiencia en el lactante. Se recomienda un aumento de la ingesta de estas vitaminas durante la lactancia.

  • Las mujeres vegetarianas requieren suplementarse con vitamina B12, dado que su leche tiene niveles bajos de esta vitamina (Specker 1990).
  • El yodo y la vitamina D son dos déficits importantes a nivel mundial. La falta de yodo puede provocar alteraciones en la tiroides y disminuir el desarrollo cerebral.
Tabla con las vitaminas y minerales esenciales para la madre lactante

Alimentos adecuados y recomendaciones generales

Una dieta saludable durante la lactancia debe ser variada y equilibrada, incluyendo una mezcla adecuada de hidratos de carbono, proteínas y grasas. Esto aportará energía para producir leche y promoverá que el cuerpo reciba los nutrientes esenciales. Es normal que las madres lactantes experimenten un aumento del hambre, y se aconseja consumir pequeñas cantidades de alimentos de forma frecuente para mantener los niveles energéticos constantes.

Alimentos aconsejados:

  • Cereales y legumbres: Pan integral, arroz y lentejas, por su aporte en proteínas, calcio y hierro.
  • Frutas y verduras: Consumir siempre frescos, son la principal fuente de vitaminas y minerales.
  • Carne: La carne de vacuno es rica en proteínas y ácido fólico (vitamina B9). Se recomiendan 2-3 veces por semana para carnes rojas, y más frecuencia para carnes blancas y huevos.
  • Pescado: Fuente clave de proteínas y ácidos omega-3 (DHA), cruciales para el desarrollo del sistema nervioso.
  • Lácteos: Fundamental incrementar su consumo para garantizar un aporte adecuado de calcio (leche, queso, yogur), preferiblemente desnatados.
  • Grasas saludables: Aceite de oliva, aceite de girasol, mantequilla o margarina, que aportan omega-3, omega-6 y vitaminas A y D.

Pérdida de peso durante la lactancia

La lactancia puede ayudar a la mujer a perder peso debido al consumo energético. Sin embargo, no se aconseja realizar ningún tipo de dieta restrictiva para adelgazar, especialmente si la ingesta calórica es menor a 1800 kcal/día o si la restricción es abrupta, ya que podría relacionarse con una menor producción de leche. Un estudio no observó problemas en lactantes cuyas madres consumieron 500 mg diarios de cafeína durante 5 días (Ryu 1985). La combinación de una dieta equilibrada de 1800 calorías con ejercicio aeróbico moderado es considerada segura para la pérdida de 1.5-2 kilos al mes (Ares 2016, Amorim 2013, Dewey 1998).

Influencia en el sabor de la leche y alergias

Algunos alimentos, especialmente verduras como cítricos, coliflor, espárragos, alcachofas, cebollas, rábanos, pimientos crudos, ajos, puerros y comida picante, pueden afectar las características organolépticas y digestivas de la leche materna. Si el bebé muestra rechazo o irritación, la madre deberá observar y, si es necesario, eliminar temporalmente ciertos alimentos de su dieta. No obstante, si el bebé no responde mal a estos productos, no es necesario dejar de tomarlos, ya que la exposición a diferentes sabores a través de la leche materna puede ser beneficiosa para la futura aceptación de alimentos sólidos.

La lactancia materna disminuye los riesgos del lactante de padecer enfermedades alérgicas como el asma, dermatitis atópica y alergias alimentarias (Bener 2007, Oddy 2017, Elbert 2017). Las proteínas de la dieta se digieren en el intestino, y el riesgo de alergia por ingesta directa de fórmula o alimentos complementarios es mucho mayor que en lactantes amamantados. La proctocolitis hemorrágica del lactante es una reacción alérgica tardía frecuente, usualmente por la proteína de la leche de vaca. En estos casos, se debe excluir la leche y sus derivados de la dieta materna. Si no hay mejoría, se deben excluir otros alimentos como soja, huevo, maíz o trigo.

Alimentos y sustancias a limitar o evitar

Pescados de gran tamaño

Pescados como el atún rojo, el cazón o el pez espada pueden contener altos niveles de mercurio. La OMS no los recomienda para mujeres embarazadas, madres lactantes o niños menores de un año. Se sugiere limitar el consumo de atún albacore, filetes de atún y peces de agua fresca a no más de 6 onzas.

Cafeína

La cafeína puede pasar a la leche materna y causar insomnio, nerviosismo e irritabilidad en el bebé. Se recomienda moderar su consumo a no más de dos o tres tazas (16 a 24 onzas) de bebidas con cafeína al día. Es aconsejable optar por café descafeinado.

Alcohol

No existe un nivel de alcohol en la leche materna que se considere seguro para un bebé. El alcohol es perjudicial para el desarrollo neurológico del bebé y no se recomienda su consumo durante la lactancia. En caso de ingerir alcohol, se debe esperar unas 2-3 horas por una cerveza de 5% de graduación, 5 onzas de vino de 11% o 1.5 onzas de bebidas espirituosas de 40% para que se elimine completamente de la leche antes de amamantar. Extraer leche antes de beber alcohol puede ser una opción.

Medicamentos y otras sustancias

Hay que tener especial cuidado con los medicamentos, incluidos algunos antitusivos, corticoides y ciertos antibióticos, ya que pueden pasar a la leche y provocar efectos nocivos en el recién nacido. Siempre se debe consultar al médico antes de tomar cualquier fármaco. El consumo excesivo de alcohol o cualquier tipo de droga o medicamento recreativo no aprobado por el pediatra puede causar daños graves al bebé.

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Hidratación durante la lactancia

Mantener una correcta y adecuada hidratación es crucial, ya que la leche materna está compuesta por un 85-90% de agua. Se aconseja tomar al menos 2 litros (8 vasos) de agua diarios, además del agua obtenida de frutas y verduras. El consumo de infusiones, zumos naturales, caldos y sopas puede complementar la ingesta de líquidos.

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