La Matrona Francesa: Pioneras en el Arte de Parir

A lo largo de la historia, numerosas mujeres han contribuido significativamente al avance de la ciencia médica y han despejado dudas en diversas disciplinas, especialmente en el arte de parir. En este contexto, la figura de la matrona es fundamental, ya que ha concentrado una pluralidad de saberes y prácticas en un espacio predominantemente femenino, a menudo sin el debido reconocimiento de la historiografía obstétrica y profesional.

Hasta el siglo XVIII, la matronería era un oficio de mujeres basado en un conocimiento empírico transmitido de unas a otras, o mediante vínculos contractuales. Las matronas eran las únicas profesionales reconocidas por el Estado para asistir partos. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII, los cirujanos comenzaron a transformar la partería en un saber quirúrgico y avanzaron considerablemente en el monopolio de su práctica, a pesar de la notable pericia que aún ejercían las matronas.

Louise Bourgeois: La Matrona Real y Autora Precursora

Una de las figuras más destacadas en la transmisión de conocimientos sobre el parto fue Louise Bourgeois (1563-1636), una matrona parisina. Nació en 1563 en una zona rural a las afueras de París, en el barrio de Faubourg Saint-Germain, en el seno de la burguesía francesa, lo que le permitió recibir una buena educación. En 1584 se casó con el cirujano Martín Boursier, ayudante de Ambroise Paré, jefe de cirugía del hospital Hôtel Dieu de París. Es muy probable que Louise adquiriera sus primeros conocimientos de medicina y cirugía de su marido.

Con 24 años, Louise ya había tenido tres hijos, y en 1593 ya ejercía como partera en París, donde su fama comenzó a extenderse. Durante años, las parteras habían ejercido acreditadas por una licencia expedida por las universidades. Sin embargo, a finales del siglo XVI, tanto médicos como parteras vieron la necesidad de exigir algún tipo de instrucción formal. Los reglamentos de París de 1560 y el curso de estudio ideado por los cirujanos del Hôtel Dieu se convirtieron en el modelo seguido en toda Francia y, posteriormente, en toda Europa. Louise obtuvo tanto la licencia como el diploma para practicar legalmente su profesión en 1598, para lo cual tuvo que examinarse realizando dos operaciones y dos partos.

La Partera de la Reina de Francia

En 1601, la profesionalidad de Louise llegó a oídos de la reina de Francia, María de Médicis. Un año antes, María se había casado con Enrique IV y esperaban su primer hijo. La reina impuso la elección de Louise Bourgeois a su marido, quien había elegido a Madame Dupuis como partera real. María había oído las experiencias de las damas de la corte con Louise y su excelente reputación fue la razón por la que fue llamada a palacio. Durante nueve años, Louise asistió los seis partos de la reina, incluido el nacimiento del futuro Luis XIII.

"Observaciones Diversas": Un Tratado Fundamental de Obstetricia

Louise Bourgeois no pasó a la historia solo por ser una partera real. En 1609, decidió plasmar sus conocimientos por escrito y publicó su obra "Observaciones diversas sobre la esterilidad, el aborto, la fertilidad, el parto y enfermedades de la mujer y los recién nacidos". Este libro se convirtió en un auténtico tratado de obstetricia, donde plasmó su experiencia de casi 2000 partos en 50 capítulos con explicaciones que, en muchos aspectos, siguen siendo vigentes. Sus "Observaciones" fueron ampliamente difundidas por toda Europa y se convirtieron en un texto imprescindible para la práctica de la obstetricia en su época.

La publicación de estos tratados, en su mayoría textos divulgativos de educación médica, permitió que estas voces femeninas se posicionaran en el ámbito público, dando a conocer sus logros científicos, destrezas y habilidades, y desafiando abiertamente las concepciones dominantes de la época.

Angélique Marguerite du Coudray: La "Matrona del Rey" y Pionera Pedagógica

Retrato calcográfico de Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray

En el siglo XVIII, Francia enfrentaba una alarmante tasa de mortalidad materna e infantil. En 1759, Luis XV, preocupado por la despoblación del país y la merma de su ejército tras la Guerra de los Siete Años, decidió tomar una medida inusual: encomendar el futuro del reino a una matrona. La elegida fue Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray (1712-1794), ya famosa en París por su pericia.

Nacida en Clermont-Ferrand, Auvernia, en una familia vinculada al mundo médico, Angélique se formó como "sage-femme jurée" (matrona jurada y diplomada) en prestigiosas instituciones como la maternidad de Port-Royal y la Confrérie de Saint-Côme (la cofradía de los cirujanos), obteniendo su título oficial en 1739. Desde joven, entendió la necesidad de dominar su campo mejor que nadie para obtener legitimidad en un mundo dominado por cirujanos varones.

Un Problema Nacional y una Solución Real

A mediados del siglo XVIII, una de cada diez mujeres embarazadas perdía la vida en el parto, y la mortalidad infantil era altísima, especialmente en las zonas rurales. Los cirujanos, alegando invasión de competencias, se resistían a la formación de nuevas parteras, a pesar de que la práctica de la medicina había estado históricamente reservada a los hombres, con excepciones como la atención a parturientas. Las creencias populares y supersticiones sobre el parto, como que la leche materna era sangre menstrual o la obligación de las mujeres de mantener la ropa durante el parto, contribuían a esta trágica situación. Du Coudray comprendió que el problema no era la ignorancia de las comadronas, sino la falta de acceso a una formación clara, práctica y respetuosa con su realidad.

Con un sueldo de alto funcionario, un carruaje oficial y una carta firmada por el rey Luis XV, Angélique du Coudray se convirtió en la "partera nacional" de Francia. Durante un cuarto de siglo, recorrió casi 40 ciudades y las zonas más rurales de Francia, instruyendo a miles de mujeres campesinas y parteras.

La "Máquina": Un Maniquí Revolucionario

Ilustración de Madame du Coudray utilizando su maniquí obstétrico

Preocupada por el desconocimiento y el analfabetismo de muchas parteras, y la imposibilidad de que accedieran a instrucción más allá de la empírica, Du Coudray ideó una herramienta pedagógica revolucionaria: la "máquina". Este maniquí obstétrico, precursor de los simuladores actuales, era un modelo anatómico de tela, piel y esponja, relleno de algodón y con una pelvis real de cadáver de mujer joven. Reproducía la parte inferior del cuerpo de una mujer, incluyendo la pelvis, el útero, el orificio, los ligamentos, la vagina, la vejiga y el recto.

A este artilugio se sumaba una muñeca de tamaño real de un recién nacido, con su cordón umbilical y placenta, que podía ser introducida en el útero tantas veces como fuera necesario para simular y contrastar diferentes tipos de partos. También contaba con muñecos para explicar el nacimiento de gemelos y fetos prematuros. Este invento permitía entrenar gestos y movimientos correctos, reconocer partos complicados y evitar maniobras brutales que generaban alta mortalidad.

The Machine That Saved Lives

Du Coudray no creó este maniquí de la nada, sino que transformó modelos previos en algo mucho más táctil, resistente y pedagógico. Añadió detalles realistas, como mezclas de telas que simulaban sangre y líquido, y perfeccionó sus "máquinas" a medida que avanzaban sus cursos itinerantes. Su invento fue clave para concienciar a la sociedad francesa sobre la importancia de la higiene, los cuidados y la lucha contra la mortalidad infantil.

La "Escuela sobre Ruedas": Veinticinco Años de Docencia Itinerante

Con el encargo real, Angélique du Coudray inició un despliegue logístico monumental. Durante veinticinco años, recorrió Francia, pasando por al menos 40 ciudades y un sinfín de pueblos. Al llegar a una localidad, el párroco anunciaba la llegada de la "gran maestra del arte de los partos", se reclutaba a parteras locales y mujeres jóvenes interesadas, y se organizaban cursos intensivos de dos meses, con horarios adaptados al trabajo doméstico. Se calcula que formó directamente a más de 5.000 parteras, aunque otras estimaciones sugieren hasta 10.000 estudiantes, incluyendo matronas y cirujanos, en unas 70 localidades.

Su método pedagógico era innovador: como muchas alumnas eran analfabetas, los manuales, ilustraciones y, sobre todo, la "máquina", se convirtieron en su vocabulario visual para entender la anatomía y la fisiología del parto. Los cursos incluían lecciones prácticas y teóricas sobre anatomía y fisiología del aparato reproductor femenino, evolución del parto natural, diagnóstico de partos normales y complicados, signos de muerte fetal, aborto, y cuidados a las parturientas. Sus clases eran tan dignas como las de un profesor de obstetricia, y en ellas se podían ver juntas a parteras y cirujanos, una práctica inusual pero que buscaba reducir el índice de mortalidad en los nacimientos.

El Manual "Abrégé de l'art des accouchemens"

En 1759, Du Coudray publicó su obra "Abrégé de l'art des accouchemens: dans lequel on donne les préceptes nécessaires pour le mettre heureusement en pratique" (Compendio del arte de los partos). Este texto, articulado en treinta y ocho capítulos a modo de lecciones y con láminas explicativas a color, estaba diseñado para instruir a mujeres con escasos conocimientos en temas como la anatomía y fisiología del aparato reproductor femenino, la evolución del parto natural, el diagnóstico de parto normal y complicado, los signos de muerte fetal, el aborto y los cuidados a las parturientas. La obra finaliza con doce observaciones sobre casos clínicos singulares. Se conservan dos ejemplares de la sexta edición de 1785 en la Biblioteca Histórica, con un retrato calcográfico de la autora y 26 figuras explicativas sobre el parto.

El libro de Du Coudray fue diseñado para ser simple, directo y visual, con láminas en color que mostraban posiciones fetales, maniobras y pasos del parto de forma casi infográfica. Ella insistía en la importancia de consolar a la mujer durante el parto con dulzura, serenidad, amabilidad y fortaleza física, evitando susurros que pudieran preocuparla y hablándole de gratitud.

Reconocimiento y Oposición

El método de Du Coudray logró la aprobación de la Academia de Cirugía, aunque no fue aceptado en Montpellier, donde había una Universidad, ni en Alsacia, donde funcionaba una Escuela de comadronas. En estas instituciones académicas, la instrucción de las matronas se apoyaba en una formación teórica y de base científica, en contraste con la prioridad de la técnica adquirida fuera del entorno institucional. La historia de Du Coudray es un ejemplo de cómo las matronas, a pesar de su superioridad en habilidades manuales necesarias para el parto, eran a menudo consideradas profesionales marginales por la comunidad médica.

A pesar de la fuerte oposición de los cirujanos varones, quienes consideraban que las parteras invadían sus competencias, la fama de Du Coudray se consolidó. Según Nina Gelbart, autora de "The King’s Midwife", Du Coudray no se definía como feminista, sino que prefería considerarse "prácticamente un hombre más", trabajando dentro del "status quo" y cultivando alianzas con cirujanos poderosos. Sin embargo, su labor exigiendo reconocimiento para las parteras y formando a miles de mujeres en un campo que les era negado, demuestra un feminismo práctico y pionero.

Legado y Olvido

El impacto de Du Coudray se reflejó en una disminución significativa de la mortalidad materna e infantil en las provincias que visitó. Las parteras formadas por ella sabían detectar antes los partos complicados, evitaban maniobras peligrosas y aplicaban nociones de higiene y cuidado que, aunque hoy parecen básicas, eran revolucionarias en su momento. Investigaciones posteriores del Estado confirmaron los excelentes resultados de su intervención.

Angélique du Coudray murió en 1794, con aproximadamente 75-80 años, en plena Revolución Francesa. Con la época del Terror, los títulos se anularon, las estructuras médicas se reorganizaron y la educación de las matronas dejó de ser una prioridad política. Su sobrina presentó una memoria a la Asamblea Nacional para recordar la importancia de la labor de su tía, pero, a pesar de que una investigación oficial confirmó la eficacia del sistema de Du Coudray, los reconocimientos y las reformas solicitadas nunca llegaron. Esto llevó a un período de deterioro de las condiciones sanitarias, empobrecimiento del Estado y la supresión de ayudas para la actividad de las matronas.

Hoy, Angélique du Coudray es reconocida como la madre de la simulación obstétrica. Su "máquina" fue el antepasado directo de los sofisticados maniquíes actuales, y sus cursos itinerantes anticiparon la idea de que la medicina pública debía llegar a todos los rincones del país. Su historia es un ejemplo de cómo una mujer, con ciencia, política, ambición y estrategia, logró transformar un mundo adverso y dignificar el "arte de dar la vida".

Virginie Messager: La Menopausia en Manos de una Matrona

En un ámbito distinto pero igualmente crucial para la salud femenina, surge la figura de Virginie Messager, una matrona francesa, autora del primer manual redactado por una matrona sobre la menopausia. Este hecho destaca la labor histórica de las matronas en el cuidado ginecológico, más allá de su rol obstétrico mejor identificado.

La Menopausia: De Enfermedad a Fenómeno Natural

Desde tiempos remotos, la pérdida de la menstruación y los cambios asociados a ella han sido documentados, desde los papiros egipcios que denominaban a las mujeres menopáusicas "mujeres blancas", hasta inclusiones en tratados médicos y la Biblia. Sin embargo, hasta el siglo XIX, la menopausia era considerada una enfermedad, a menudo con la connotación peyorativa de ser una "enfermedad de mujeres". La teoría misógina de Aristóteles sobre la inferioridad femenina contribuyó a que un evento natural fuera, durante siglos, un proceso socialmente construido y estigmatizado.

Durante siglos, la falta de interés médico en la menopausia fue evidente. No fue hasta los siglos XVIII-XIX que comenzó a haber un incipiente interés, y en los años 40 del siglo XX, la menopausia se estableció como una subespecialidad dentro de la ginecología, enfocándose en su impacto fisiológico y las opciones terapéuticas. Las mujeres menopáusicas eran señaladas, arrinconadas y tratadas despectivamente, identificadas en el arte, la literatura y el imaginario colectivo como "secas, decrépitas o marchitas". La definición actual de menopausia es el cese de la función ovárica, con pérdida de la producción de hormonas reproductivas y pérdida irreversible de la fertilidad, considerándose un acontecimiento biológico natural en la vida de la mujer.

La teoría biologicista y evolucionista de la menopausia, con figuras como August Weissmann y George C. Williams, así como la "hipótesis de la abuela" de Kristen Hawkes, han contribuido a una comprensión más profunda de este proceso, destacando su rol en la perpetuación de la especie y la reducción de riesgos en embarazos tardíos. Actualmente, gracias al desarrollo cultural y una mayor esperanza de vida, la menopausia ha dejado de ser un estigma, permitiendo a las mujeres disfrutar plenamente de esta etapa de sus vidas.

El "Guide pratique de l’âge critique" de Messager

El primer libro francés dedicado íntegramente a la menopausia fue "Conseils aux femmes de quarante ans" (1787) de Jean-Baptiste Jeannet des Longrois, un texto catastrofista y misógino que sentó un precedente para una serie de publicaciones dirigidas a mujeres, con el objetivo de ofrecer prescripciones higiénicas para superar este período, a menudo descrito como "edad crítica". No fue hasta principios del siglo XIX cuando Charles Pierre Louis de Gardanne acuñó el término "menopausia".

En este contexto, la obra de Virginie Messager, "Guide pratique de l’âge critique, ou Conseils aux femmes sur les maladies qui peuvent les attaquer à cette époque de leur vie, suivis de réflexions et d’observaciones sur les maladies laiteusas" (Guía práctica de la edad crítica o Consejos a las mujeres sobre las enfermedades que les pueden atacar en esta época de su vida, seguida de reflexiones y de observaciones sobre las enfermedades lácteas), representa un hito. Su manual fue el primero redactado por una matrona sobre la menopausia, destacando su acción precursora en la consideración y el cuidado de este período en las mujeres.

Messager, basándose en los conocimientos médicos de la época, expone sin sutilezas la sintomatología desfavorable y las condiciones inherentes a la edad de las mujeres menopáusicas. Establece las características distintivas de estas enfermedades y las que afectan específicamente a los órganos reproductivos, al tiempo que indica cómo combatirlas y prevenirlas. Pone un énfasis especial en las alteraciones de la esfera emocional, como la "languidez y el sufrimiento", que indudablemente condicionan la vida de las mujeres en esta etapa. La labor de Messager pone en valor el rol histórico de las matronas en el cuidado ginecológico, además del obstétrico, resaltando su contribución al bienestar integral de la mujer.

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