La afirmación de que las vacunas contienen tejido de fetos abortados ha sido una fuente recurrente de desinformación, generando dudas y reticencia en la población. Es fundamental aclarar que ninguna vacuna aprobada en Europa o Estados Unidos contiene células o tejido de fetos abortados. Esta afirmación es engañosa y tergiversa el uso de las líneas celulares en la investigación y producción de vacunas.
¿Las vacunas contienen tejido fetal? Clarificando la desinformación
La afirmación de Robert F. Kennedy Jr.
Robert F. Kennedy Jr. afirmó en una entrevista el 30 de abril en la cadena estadounidense News Nation (minuto 1:19), que la vacuna triple vírica (que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola) contiene “restos de fetos abortados”. Esto es ENGAÑOSO. Ni esta ni ninguna otra vacuna aprobada en Europa o Estados Unidos contiene células de fetos abortados.
Diferencia clave: Líneas celulares vs. tejido fetal
La vacuna triple vírica, como otros medicamentos y vacunas, emplea una línea celular -un tipo de células de laboratorio que se replican continuamente- derivada de un feto abortado legalmente en los años 60 para producir alguno de sus componentes. Las líneas celulares de origen fetal remoto no son lo mismo que el tejido fetal. Estas líneas celulares se mantienen por un periodo de vida indefinido. Las células actuales tienen miles de generaciones de distancia del tejido fetal original.
Una línea celular podría compararse con "sacarle una copia, a la copia de una fotocopia". Bajo condiciones controladas, este proceso se puede repetir una y otra vez, de manera prácticamente infinita. Estas células ya no tienen ninguna relación con su origen, porque han sido clonadas repetidamente durante décadas.

Además, es importante recalcar que estas células de la línea celular no llegan a ser parte de la vacuna, es decir, a las personas no se les inyecta tejido humano o fetal.
Origen y uso de las líneas celulares en vacunas
Las líneas celulares se han utilizado ampliamente en la investigación biomédica y en el desarrollo de vacunas debido a su capacidad para sustentar el crecimiento de muchos virus humanos y su estabilidad en cultivo. Sus usos más comunes son la obtención de proteínas y la replicación de virus.
Líneas celulares históricas: WI-38 y MRC-5
Las principales cepas involucradas en la producción de vacunas son WI-38 y MRC-5. La línea celular WI-38 se obtuvo en el Wistar Institute de Filadelfia, Pensilvania, en 1962, a partir de tejido pulmonar de un feto abortado voluntariamente y legalmente en Suecia. La línea MRC-5 proviene de un laboratorio del Consejo de Investigación Médica (Medical Research Council) en Londres, Inglaterra, desarrollada en 1966 a partir de tejido pulmonar de un feto de 14 semanas.
Estas líneas celulares tienen una vida indefinida, lo que significa que nunca se utilizan nuevos fetos abortados. Los procesos de purificación durante la producción de vacunas dan como resultado que no se incluya tejido fetal en la versión final de las vacunas. Las células que han llegado a nuestros días y que emplea la industria en los procesos de desarrollo y fabricación de viales ya no tienen relación alguna con esos fetos, pues han sido clonadas y multiplicadas repetidamente durante décadas.
Muchas vacunas vivas atenuadas comunes se fabrican mediante el cultivo de los virus necesarios en estas células fibroblásticas de origen embriofetal. Entre ellas se incluyen:
- Vacuna triple vírica (sarampión, paperas, rubéola, como MMR II y PROQUAD en EE.UU. o PRIORIX en España)
- Vacuna contra la rubéola (componente de la triple vírica)
- Vacuna contra la varicela
- Vacuna contra la hepatitis A
- Vacuna contra el herpes zóster
- Vacuna contra la rabia
- Vacuna contra la poliomelitis
La línea MRC-5, utilizada en las formulaciones de la triple vírica, de hecho, también se emplea para diagnosticar patologías causadas por virus, entre otras enfermedades infecciosas.

Líneas celulares en vacunas contra la COVID-19
Las líneas celulares provenientes de fetos abortados también se utilizaron en el desarrollo de algunas vacunas contra la COVID-19. Es crucial entender que, si bien se usaron en las etapas de investigación, desarrollo o producción, ninguna de estas vacunas contiene células o tejido fetal en el producto final.
- Pfizer/BioNTech y Moderna (vacunas de ARNm): Utilizaron la línea celular conocida como HEK 293 en pruebas de confirmación, ya sea para demostrar cómo una célula podría tomar el ARNm y producir la proteína de la espícula del SARS-CoV-2 o para caracterizar la proteína de la espícula. Las células HEK-293T son células de riñón embrionario humano, derivadas de células aisladas de un feto abortado legalmente en 1973 en Holanda. Ninguna de las dos vacunas se produce usando cultivos de células fetales directamente en el proceso final.
- AstraZeneca/Oxford (vacuna de vector viral): También utilizó la línea HEK 293 en la etapa de producción. Los creadores de esta vacuna utilizan esa línea celular como una incubadora en la que se reproduce un virus modificado, que luego se incluye en la vacuna. Las células HEK 293 que sirven de incubadora son removidas del virus y no llegan a ser parte de la vacuna.
- Johnson & Johnson/Janssen (vacuna de vector viral): Utilizó la línea celular PER.C6 para la producción de vacunas. Esta línea celular proviene de un tejido tomado de un aborto electivo ocurrido en 1985. El adenovirus que sirve de vector se vuelve incapaz de replicarse al reemplazar dos genes necesarios para la reproducción; la línea celular PER.C6 se modificó para incluir el gen que se eliminó del adenovirus, permitiendo la producción de grandes cantidades de virus. Las células de la línea PER.C6 también son removidas y tampoco llegan a ser un ingrediente de la vacuna.
En resumen, aunque las células que dieron origen a las líneas celulares WI-38, MRC-5, HEK 293 y PER.C6 fueron extraídas originalmente de fetos abortados, las células que han llegado a nuestros días y que emplea la industria en los procesos de desarrollo y fabricación de viales ya no tienen relación alguna con esos fetos, pues han sido clonadas y multiplicadas repetidamente durante décadas. Ninguna de las líneas celulares que se usaron en las vacunas contra la COVID-19 provienen de un aborto reciente.
Postura ética y religiosa sobre las líneas celulares
La Iglesia Católica y la moralidad de las vacunas
Parte de la reticencia a las vacunas contra el COVID-19 y otras surge de creencias religiosas profundamente arraigadas, especialmente en credos que se oponen al aborto, como los católicos romanos. La Iglesia católica ha llamado a elegir unas vacunas sobre otras, en base a su posición en contra del aborto, aunque su mensaje ha sido matizado y busca un equilibrio entre las consideraciones éticas y el bien común.
Al momento de evaluar la moralidad de una vacuna, la Iglesia católica tiene en cuenta qué tan directa es su conexión con un aborto versus la urgencia de vacunarse para lograr el bien común. En diciembre de 2020, la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano publicó un comunicado en el que indicó a sus fieles que "cuando no haya vacunas de covid-19 éticamente irreprochables...es moralmente aceptable recibir vacunas de covid-19 que hayan utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción". Sin embargo, el mensaje advierte que esto no implica una aprobación moral del uso de dichas líneas celulares.
Más recientemente, la Arquidiócesis de Nueva Orleans, en Estados Unidos, afirmó que las vacunas de Pfizer y Moderna son "moralmente aceptables" porque su conexión con el aborto es "extremadamente remota", al usarse líneas celulares derivadas de un aborto solo en las etapas de prueba, no en la fabricación. En cambio, considera que la vacuna de Janssen/Johnson & Johnson está "moralmente comprometida", ya que usa líneas celulares derivadas de un aborto en el desarrollo, la producción y las pruebas.
La Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. ha planteado una posición similar, añadiendo que la vacuna de AstraZeneca también está "más comprometida moralmente" que las de Pfizer y Moderna. Han aconsejado elegir la vacuna con “la menor conexión con líneas celulares derivadas del aborto” si es posible.
Justificación científica del uso de líneas celulares humanas
Mientras la visión de la Iglesia es que las líneas celulares tienen una conexión con el aborto, aunque sea remota e indirecta, los expertos justifican que utilizar líneas celulares tiene varias ventajas. Gracias a las líneas celulares se pueden hacer controles de calidad, obtener producciones más grandes, y desarrollar vacunas más seguras y efectivas.
La razón por la que se utilizan líneas celulares de origen fetal humano es que en esta etapa del desarrollo "las células crecen bastante bien en cultivos de laboratorio, la instrucción que tienen básicamente es crecer y multiplicarse, y no están contaminadas". Cuando las células están más adultas y diferenciadas van perdiendo su capacidad de regenerarse. Si la vacuna está pensada para usarse en humanos, tiene sentido desarrollarla con líneas celulares humanas. "Es un método probado, ya sabemos que funcionan, la calidad es buena y consistente".
Hay quienes hacen llamados para que se desarrollen métodos alternativos a las líneas celulares, pero otros no lo creen necesario, argumentando que no es necesario "reinventar la rueda" cuando los métodos actuales son probados y eficaces. Los expertos subrayan que el beneficio y la urgencia de las vacunas superan la conexión remota con eventos de hace décadas.
Desmintiendo otros mitos relacionados
El ADN fetal y la disforia de género
Una absurda falacia difundida en las redes sociales combina tres temas no relacionados que han causado oleadas de desinformación: la identidad transgénero, la vacunación y el aborto. Influyentes conservadores antivacunas han difundido la falsedad de que las vacunas infantiles causan disforia de género en los jóvenes porque las vacunas contienen ADN de fetos abortados que tal vez eran del sexo opuesto al receptor de la vacuna. Esto es falso.
Expertos en vacunas y pediatría califican esta aseveración como "ridícula". Las vacunas no provocan disforia de género y no contienen ADN que afecte el desarrollo de la persona que la recibe. Las personas ingieren ADN ajeno todo el tiempo (por ejemplo, al comer carne) y esto no altera su naturaleza.
Los fragmentos del ADN residual presente en las vacunas se miden en picogramos, que son billonésimas de un gramo, es decir, "cantidades infinitesimalmente pequeñas". No hay hebras completas de ADN en las vacunas, solamente fragmentos minúsculos. Y, aun si hubiese hebras completas, el ADN ajeno no podría acceder al núcleo de las células del receptor, donde reside el ADN de esa persona. Una vez que se cultiva el virus para usar en una vacuna, este se procesa y purifica antes de que vaya al público. "La vacuna derivada es altamente purificada antes de administrarla a humanos".
La disforia de género puede empezar en la infancia para quienes son transgénero. Su causa no está completamente establecida, pero investigaciones recientes sugieren que puede deberse mayormente a la exposición a ciertas hormonas antes del nacimiento, así como a algunos factores genéticos y neurobiológicos. "No hay evidencia científica de que agregar algo a alguien después del nacimiento pueda ‘causar’ que se vuelvan transgénero”. La identidad de género se desarrolla en el útero, principalmente influenciada por perfiles hormonales prenatales.

La idea de que el ADN ajeno pueda causar disforia de género es "bastante escandalosa", similar a los argumentos que se esgrimían para prohibir donaciones biológicas por miedo a la "contaminación".
Otros ingredientes de las vacunas: seguridad y propósito
Además de los antígenos (virus inactivados, atenuados o subunidades, o bacterias parciales), las vacunas contienen otros componentes, todos ellos estudiados y seguros en las cantidades utilizadas. Estos incluyen adyuvantes (para mejorar la respuesta inmunitaria), aditivos (para mantener la eficacia durante el almacenamiento) y cantidades residuales minúsculas del proceso de producción.
- Formaldehído: Se utiliza para depurar toxinas o inactivar virus. La cantidad que puede quedar es segura, mucho menor a la que el organismo produce naturalmente o se consume en alimentos como manzanas.
- Antibióticos (neomicina, polimixina B, estreptomicina): Se usan para prevenir la contaminación bacteriana durante la fabricación y se reducen a cantidades muy pequeñas o indetectables en el producto final.
- Proteína de huevo: Algunas vacunas (gripe, fiebre amarilla) se elaboran a partir de huevos, pero las cantidades son mínimas. Incluso personas con alergia grave al huevo pueden recibir la vacuna de la gripe. Las vacunas contra el sarampión y las paperas se elaboran en cultivos de células embrionarias de pollo, no en huevos, y no suelen provocar reacciones.
- Gelatina: Algunas vacunas la contienen como estabilizador contra la liofilización o el calor.
- Aluminio: Pequeñas cantidades de sales de aluminio se usan en algunas vacunas (DTaP, antineumocócica, VPH, hepatitis B y A, Hib, antimeningocócica) para aumentar la respuesta inmunitaria. El aluminio se encuentra naturalmente en el suelo, agua y alimentos, y décadas de investigación confirman la seguridad de las cantidades en vacunas.
- Timerosal/Mercurio: El timerosal es un conservante que contiene etilmercurio, un tipo de mercurio diferente al metilmercurio (en ciertos pescados) y no tóxico. Fue removido de las vacunas para niños en Estados Unidos hace más de 20 años. La ciencia no respalda ningún vínculo entre el timerosal en las vacunas y el autismo.
Las cantidades de cada aditivo utilizadas en las vacunas son muy pequeñas, y estamos expuestos a niveles mucho más altos de estos químicos en nuestras vidas cotidianas. Estos componentes son esenciales para hacer las vacunas más seguras y eficaces.
El impacto de la desinformación antivacunas
Los movimientos antivacunas han existido desde la primera vacuna, la de la viruela de Edward Jenner, hace más de 200 años. Recientemente, en plena pandemia por el nuevo coronavirus, se ha podido asistir a varias intervenciones de personajes con influencia social dirigidas tanto contra las vacunas en desarrollo frente a la COVID-19 como a las demás vacunaciones ya en uso. Estas posiciones, aunque a menudo carecen de base científica, han demostrado una gran capacidad de difusión e interacción con amplias capas de la sociedad, generando dudas y preocupaciones legítimas sobre la seguridad y necesidad de las vacunas.
Actualmente, en Estados Unidos existen brotes de enfermedades prevenibles con vacunas, como el sarampión, registrando, a 8 de mayo, un total de 1.001 casos confirmados desde principios de año, centrados en 14 brotes, según datos de los CDC, con 3 muertes confirmadas. En España también ha habido cierto aumento de casos de sarampión, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones (CAV).
Lanzamiento de la Campaña "Las Vacunas Salvan Vidas" 2026
Es peligroso fomentar ideas contra la vacunación, porque eso desincentiva a que la gente se vacune. La comunidad científica insiste en que la mejor vacuna es la que cada quien pueda ponerse primero, y que la vacunación es una herramienta crucial para la salud pública y el bien común, protegiendo tanto al individuo como a la comunidad.