La placenta es un órgano único, maravilloso y mágico que se forma en el cuerpo durante el embarazo, desempeñando un papel fundamental para el desarrollo fetal. Es una estructura transitoria y efímera, con una duración determinada, ya que una vez que nace el bebé, la placenta pierde su utilidad, se desprende del útero y es expulsada.
Actúa como pulmones, riñones y escudo para el feto, además de producir hormonas esenciales para la gestación. Es conocida como el "árbol de la vida" porque crece echando raíces en el útero materno, y tiene un aspecto muy similar al de un árbol.
Formación y Desarrollo de la Placenta
La placenta comienza a formarse alrededor de la segunda semana de embarazo, específicamente a partir del quinto o sexto día después de la fecundación, cuando el trofoblasto entra en contacto con el endometrio. Durante este proceso, el trofoblasto se diferencia en citotrofoblasto (interno y mitótico) y sincitiotrofoblasto (externo y multinucleado).
El sincitiotrofoblasto invade y prolifera en el endometrio, formando lagunas trofoblásticas, que son una red compleja de vasos sanguíneos vitales para el intercambio de sustancias. La placenta continúa desarrollándose hasta la semana 20, aunque no deja de crecer hasta el final de la gestación. Se adhiere a la pared uterina para fusionar sus vasos sanguíneos y conectar el sistema circulatorio de la madre con el del bebé.
Una vez completada la implantación embrionaria, los vasos sanguíneos de la madre quedan conectados con el sincitiotrofoblasto. Esta unión de vasos entre el embrión, la madre y el sincitiotrofoblasto da lugar a una estructura llamada corion. El corion, junto con la pared mucosa del útero, formará la placenta, estableciendo así una circulación útero-placentaria gracias a la formación de vellosidades profundas que se ramifican.

Componentes de la Placenta
La placenta está compuesta por dos partes principales:
- Parte fetal (corion frondoso): Formada por múltiples vellosidades coriales, es responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna.
- Parte materna (decidua basal): Procede de la transformación de la mucosa uterina y proporciona el sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo placentario.
Anatomía y Características Físicas
Al final del embarazo, la placenta tiene una forma circular, pesa aproximadamente entre 500 y 1500 gramos y mide alrededor de 20-22 cm de diámetro, con un grosor de 2,5 cm. Al observar una placenta, se pueden distinguir dos caras diferenciadas:
- Cara materna: Es la superficie unida al útero. Tiene un aspecto rugoso debido a la separación del útero después del nacimiento del bebé y está dividida en regiones llamadas cotiledones.
- Cara fetal: Es una superficie brillante y lisa, cubierta por las membranas de la bolsa amniótica, donde se visualizan los vasos sanguíneos y donde está insertado el cordón umbilical.
La placenta está dividida en cotiledones por tabiques placentarios y contiene aproximadamente 150 ml de sangre. La superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales es considerable, lo que facilita el intercambio de sustancias.

Funciones Clave de la Placenta
La placenta tiene múltiples funciones vitales y es esencial para el correcto desarrollo del embrión y el feto:
1. Intercambio de Nutrientes y Gases
La placenta es el órgano a través del cual el bebé obtiene el oxígeno y los nutrientes necesarios para vivir y crecer en el útero. No existe un intercambio directo de sangre entre la madre y el embrión; todo se realiza a través del corion y el cordón umbilical mediante difusión. La fina capa de tejido entre la sangre materna en el lago venoso y la sangre fetal en las vellosidades coriales permite el paso de oxígeno, glucosa y otros elementos.
En dirección materno-fetal, la sangre rica en oxígeno y nutrientes circula a través de la vena umbilical para el desarrollo del feto. En dirección feto-materna, la sangre rica en dióxido de carbono y productos de desecho circula a través de las dos arterias umbilicales para ser eliminados por la madre. La placenta se encarga de eliminar catabolitos como dióxido de carbono, urea y bilirrubina.
2. Producción Hormonal
La placenta segrega sus propias hormonas, fundamentales para que la gestación se desarrolle de forma adecuada, afectando tanto a la madre como al feto. A nivel endocrino, la placenta elabora hormonas polipeptídicas y esteroideas.
- Hormonas polipeptídicas:
- Gonadotropina coriónica humana (hCG): Se produce desde la formación del corion hasta aproximadamente la semana 12 y se utiliza en las pruebas de embarazo.
- Lactógeno placentario humano (hPL): Promueve el crecimiento del feto, la lactancia y la producción de prolactina, causando cambios somáticos como el aumento del tamaño de las mamas.
- Hormonas esteroideas:
- Progesterona: Inicialmente secretada por el cuerpo lúteo del ovario y, a partir del segundo mes, por la placenta, aumentando su producción durante todo el embarazo. Es crucial para el mantenimiento de la gestación.
- Estrógenos: Su producción también aumenta durante el embarazo.
Además, la placenta secreta relaxina, GnRH, TRH, inhibina y otros factores de crecimiento esenciales para el metabolismo del bebé y la madre.
3. Barrera Protectora e Inmunológica
La placenta actúa como una barrera que protege al bebé de tóxicos e infecciones, impidiendo el paso de moléculas de gran tamaño como proteínas, virus y bacterias. Esto contribuye a mantener el ambiente intrauterino libre de infecciones. Sin embargo, no es capaz de filtrarlo todo, y tóxicos como el tabaco, el alcohol o algunos medicamentos pueden atravesarla y afectar al feto. Algunos anticuerpos maternos sí pueden atravesar la barrera placentaria, proporcionando inmunidad al feto.
El Cordón Umbilical
La placenta está conectada al bebé por el cordón umbilical, formado por dos arterias y una vena, rodeadas y protegidas por la gelatina de Wharton. Las dos arterias salen del feto en dirección a la placenta, y la vena va de la placenta hacia el feto. El pedículo de fijación es la estructura que conecta el embrión con la envoltura trofoblástica y que posteriormente se convierte en el cordón umbilical. Este sistema de transporte, junto con la placenta, permite el intercambio de sustancias y la eliminación de desechos durante el desarrollo fetal.
Localización de la Placenta
La placenta se forma en el interior del útero y está unida a su pared, brindando oxígeno y nutrientes al feto en crecimiento y eliminando los productos de desecho de su sangre. Casi siempre se adhiere a la parte superior, lateral, delantera o trasera del útero. Aunque puede situarse en la cara anterior o posterior, nunca debe taponar el cuello uterino, que es por donde nace el bebé.
Complicaciones y Afecciones Placentarias
Un mal funcionamiento o desarrollo de la placenta puede dar lugar a patologías que afectan a la madre y/o al bebé. Diversos factores pueden influir en la salud de la placenta, incluyendo la edad de la persona embarazada (mayor riesgo después de los 40), la ruptura de la fuente antes del trabajo de parto, presión arterial alta, embarazos múltiples, afecciones relacionadas con la coagulación, cirugías uterinas previas, consumo de sustancias adictivas (tabaco, cocaína) y lesiones abdominales.

1. Desprendimiento de la Placenta (Abruptio Placentae)
Ocurre cuando la placenta se desprende parcial o totalmente de la pared interna del útero antes del parto. Esto puede privar al bebé de suficiente oxígeno y nutrientes, y causar sangrado vaginal intenso y dolor de espalda o abdominal en la madre. Puede requerir un parto prematuro de emergencia.
2. Placenta Previa
Se presenta cuando la placenta cubre el cuello del útero de forma parcial o total. Es más común al principio del embarazo y a menudo mejora a medida que el útero se expande (migración placentaria). Sin embargo, si persiste en las etapas tardías, puede causar sangrado vaginal intenso y generalmente requiere una cesárea. La relación de la placenta con el orificio interno del cuello uterino solo puede determinarse con certeza después de la semana 28.
3. Placenta Adherida (Placenta Accreta, Increta, Percreta)
En estos casos, la placenta permanece unida firmemente al útero después del parto, ya que sus vasos sanguíneos y otras partes han crecido excesivamente en la pared uterina.
- Placenta Accreta: La placenta se adhiere firmemente a la pared uterina.
- Placenta Increta: La placenta invade profundamente los músculos del útero.
- Placenta Percreta: La placenta crece a través de la pared uterina, pudiendo extenderse a órganos cercanos como la vejiga.
Estas afecciones pueden causar una hemorragia grave durante el parto y, a menudo, requieren una cesárea seguida de una histerectomía (extirpación del útero) para controlar la pérdida de sangre y evitar complicaciones.
4. Placenta Retenida
Ocurre si la placenta no se expulsa en los 30 minutos posteriores al parto vaginal. Puede deberse a que la placenta queda atrapada detrás de un cuello uterino parcialmente cerrado o a que sigue unida a la pared uterina. Si no se trata, puede causar infección grave o hemorragia potencialmente mortal. El tratamiento puede incluir medicamentos o extracción manual.
Síntomas de Problemas Placentarios
Es importante contactar a un profesional de atención médica si se experimentan los siguientes síntomas durante el embarazo:
- Sangrado vaginal, especialmente si es abundante.
- Dolor en la zona del estómago o abdomen.
- Dolor de espalda.
- Contracciones uterinas (contracción y relajación de los músculos del útero).
Prevención y Cuidado de la Placenta
Aunque la mayoría de los problemas placentarios no se pueden prevenir directamente, se pueden tomar medidas para aumentar las probabilidades de un embarazo sano:
- Asistir a todos los controles de rutina del embarazo.
- Controlar afecciones preexistentes como la presión arterial alta.
- No fumar ni consumir drogas.
- Discutir con el profesional de atención médica los riesgos de una cesárea planificada, si aplica.
- Informar al médico sobre cualquier cirugía uterina previa.
- Si hubo problemas placentarios en un embarazo anterior, hablar con el profesional de atención médica sobre formas de disminuir el riesgo en futuros embarazos.
A medida que se acerca la fecha del parto, es normal que la placenta comience a envejecer. Aunque esto no significa que deje de funcionar, a partir de la semana 40 se realizan controles más exhaustivos, como la ecografía Doppler de las arterias umbilicales, para asegurar que el flujo sanguíneo, nutrientes y oxígeno lleguen adecuadamente al bebé.
Expulsión de la Placenta (Alumbramiento)
Si el parto es vaginal, la placenta se expulsa poco después del nacimiento del bebé, en la tercera etapa del trabajo de parto, conocida como alumbramiento. Este proceso puede ocurrir entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más.
Para facilitar la expulsión, el profesional de atención médica puede administrar una inyección de oxitocina (Pitocin) para estimular las contracciones uterinas y disminuir el sangrado posparto. También puede masajear la parte baja del abdomen o pedir a la madre que puje. Es fundamental asegurarse de que la placenta se expulse completamente para evitar complicaciones como hemorragias o infecciones. Si el parto es por cesárea, el profesional extraerá la placenta del útero durante el procedimiento.
Una vez expulsada, el profesional de atención médica revisará la placenta para asegurarse de que esté intacta. Cualquier parte que haya quedado dentro del útero debe extraerse para evitar hemorragias e infecciones.

Investigación Actual sobre la Placenta
Actualmente, hay un creciente interés en el estudio de la placenta. Investigaciones recientes están revelando que una disfunción placentaria no solo está ligada a patologías como la preeclampsia o la prematuridad, sino también al desarrollo del cerebro fetal y al riesgo de sufrir enfermedades psiquiátricas futuras, como trastornos del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o esquizofrenia.
La función placentaria se evalúa mediante medidas fisiológicas (flujo sanguíneo con ultrasonidos) y medidas anatómicas, histológicas o moleculares. Entre las moleculares, destacan el epigenoma y el transcriptoma de la placenta, que informan sobre la activación de genes y vías biológicas durante el embarazo. En estudios de cohortes de nacimiento, se recolectan placentas para analizar marcadores epigenéticos como la metilación del ADN y el perfil de ARNs pequeños no codificantes, la longitud de los telómeros y el contenido de ADN mitocondrial. Estos datos permiten desvelar mecanismos biológicos asociados a la exposición ambiental, como la contaminación atmosférica o el consumo de tabaco.
Recientemente, se ha descubierto que los ARNs pequeños producidos por la placenta se liberan a la circulación materna y pueden detectarse en muestras de plasma o suero desde el primer trimestre del embarazo, lo que podría permitir el desarrollo de marcadores tempranos para predecir el riesgo de patologías reproductivas. Además, estudios han demostrado la presencia de partículas de carbón activo y nanoplásticos derivados de la contaminación atmosférica en la placenta, resaltando su función de barrera.