La atención médica de alta calidad es un derecho de todos los niños. Como padres, es fundamental estar informados sobre las pautas de tratamiento basadas en evidencia científica para garantizar el bienestar de los hijos. La mayoría de las enfermedades infecciosas en la infancia son autolimitadas, pero es crucial saber cuándo consultar al pediatra.
Infecciones comunes y pautas de tratamiento
Es normal que los bebés y niños pequeños, especialmente quienes asisten a guarderías o tienen hermanos mayores, presenten de 6 a 8 infecciones respiratorias al año. A continuación, se describen las patologías más frecuentes:
- Dolor de garganta: La mayoría son virales y no requieren antibióticos. La faringitis estreptocócica debe confirmarse mediante una prueba rápida o cultivo antes de recetar antibióticos.
- Dolor de oído (Otitis): Puede ser causado por virus o bacterias. El examen físico del pediatra es esencial para determinar si se necesita un tratamiento antibiótico.
- Infección de vías urinarias (IVU): Se requiere una muestra de orina para diagnóstico y tratamiento específico según la bacteria detectada.
- Infecciones respiratorias (Bronquitis y Bronquiolitis): Generalmente son de origen viral. El tratamiento se centra en el confort del niño y la vigilancia de signos de dificultad respiratoria.
- Resfriado común: Provocado por virus; los antibióticos no son efectivos. La mucosidad nasal verde no es indicativo de infección bacteriana.
- Sinusitis bacteriana: Se sospecha si los síntomas de resfriado persisten más de diez días con fiebre o secreción espesa.

Manejo del dolor y precauciones
Para aliviar el dolor o la fiebre, se recomienda el uso de acetaminofén o ibuprofeno, ajustando siempre la dosis según el peso del niño. Es imperativo no administrar nunca codeína ni analgésicos narcóticos a niños, debido a los riesgos de complicaciones respiratorias graves.
Infecciones recurrentes e inmunodeficiencias
Aunque la mayoría de los niños con infecciones frecuentes son sanos, existen situaciones que requieren una evaluación más profunda para descartar una inmunodeficiencia primaria (IDP). Los signos de alerta incluyen:
- Infecciones que no responden al tratamiento estándar.
- Retraso en el crecimiento o desarrollo.
- Antecedentes familiares de enfermedades autoinmunes o consanguinidad.
- Infecciones graves en órganos internos o causadas por microorganismos oportunistas.

Medidas preventivas y fortalecimiento inmunológico
Para ayudar al sistema inmunitario del niño, se pueden considerar factores como una adecuada nutrición y, en ciertos casos, el uso de probióticos para mejorar la microbiota intestinal tras procesos infecciosos. Además, el mantenimiento estricto del calendario de vacunación es la medida preventiva más segura y eficaz disponible.
Recomendaciones clave:
- Higiene: El lavado de manos frecuente es la herramienta más sencilla y poderosa contra el contagio.
- Consulta al pediatra: Evite acudir a clínicas de atención urgente sin experiencia pediátrica previa para menores de 2 años. Su pediatra de cabecera conoce la historia clínica de su hijo y es quien mejor puede orientar el manejo.
- Uso prudente de antibióticos: El uso inadecuado genera resistencias antimicrobianas. Confíe siempre en el diagnóstico médico antes de insistir en un tratamiento antibiótico.
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