La baja fecundidad en España es un tema complejo de gran relevancia social y actualidad. Los últimos datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística corroboran la continuación del descenso de la fecundidad, con un notable 20% menos de nacimientos en 2023 en comparación con el inicio del siglo XXI. Analizando esta tendencia desde una perspectiva de género, parece evidente que una parte de este descenso está relacionada con los avances en materia de igualdad, que han permitido a las mujeres tener un mayor control sobre sus decisiones reproductivas.
A partir de la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres en España, se establecieron requerimientos específicos para los estudios cuantitativos, incluyendo la necesidad de considerar la variable sexo, crear indicadores para detectar desigualdades, ampliar muestras, explotar datos sobre la vida de hombres y mujeres, y revisar definiciones y estadísticas para evitar estereotipos negativos. La aplicación de la perspectiva de género a las encuestas y los datos estadísticos, partiendo del género como componente de la identidad individual y social, y como principio organizador de la estructura social, requiere la consideración de los sistemas de género.

El Enfoque de Género en las Encuestas de Fecundidad
La incorporación del enfoque de género en los diseños cuantitativos de investigación en salud supuso el desarrollo de guías metodológicas para su aplicación, así como publicaciones sobre sesgos de género en encuestas nacionales de salud. En relación con la vida sexual y reproductiva, el Instituto Nacional de Estadística (INE) en España ha realizado cuatro encuestas de fecundidad en 1977, 1985, 1999 y 2018. La Encuesta de Fecundidad 2018 introdujo cambios con respecto a estudios anteriores para favorecer la inclusión de la perspectiva de género, incorporando datos sobre las trayectorias educativas y laborales de las mujeres e incluyendo por primera vez a los hombres dentro de la población de estudio. Sin embargo, hasta la fecha, no hay constancia de estudios de evaluación o medición del impacto, rigor metodológico o adecuación teórico-conceptual de la Encuesta de Fecundidad 2018 desde una perspectiva de género.
La aplicación de la perspectiva de género a la Encuesta de Fecundidad del INE se considera especialmente pertinente dentro de los sistemas de género, dada su importancia como punto de convergencia entre lo social y lo biológico, lo público y lo privado. Diversos autores han señalado la relación problemática entre la fecundidad y la equidad de género promovida por las instituciones sociales occidentales.
Metodología del Análisis
El análisis de la Encuesta de Fecundidad 2018 se sustentó en una doble visión epistemológica. Desde el empirismo feminista, se revisó el cuestionario para detectar y corregir posibles sesgos metodológicos. Desde la epistemología del punto de vista feminista, reconociendo que la ciencia no es ajena a las relaciones de poder, se analizaron los sesgos teóricos de género.
El diseño cualitativo se basó en un análisis de contenido del cuestionario empleado en la Encuesta de Fecundidad 2018, utilizando recomendaciones y guías metodológicas para estadísticas con perspectiva de género, y comparándolo con el cuestionario de la Generations and Gender Survey. Este análisis fue realizado para identificar los factores determinantes de la fecundidad y proporcionar información sobre los cambios en las estructuras familiares, las relaciones de pareja y las relaciones con hijas e hijos. Las categorías de análisis principales fueron: lenguaje, división sexual del trabajo y fecundidad. Para el análisis del lenguaje, se consideró la existencia de sesgos de género cuando se observó un tratamiento discriminatorio de uno de los sexos respecto al otro. En el análisis centrado en la división sexual del trabajo, se consideraron las dimensiones propuestas en la Guía de estadísticas de salud con enfoque de género. El apartado de fecundidad del cuestionario se analizó incorporando variables emergentes relacionadas específicamente con los sesgos de género.
Sesgos de Género Identificados en la Encuesta de Fecundidad 2018
El cuestionario de la Encuesta de Fecundidad 2018, aunque emplea algunos términos inclusivos, mantiene el uso del masculino como genérico, reproduce estereotipos de género y engloba binomios masculino-femenino en un concepto único.
Sesgos en el Lenguaje
- A lo largo del cuestionario, el uso del masculino es predominante. Términos como «entrevistado», «entrevistador», «padres», «hijos» y «niños» son empleados en la ficha técnica y en bloques como Hogar, Padres e Hijos.
- El cuestionario engloba en conceptos únicos los binomios masculino/femenino en opciones de respuesta a preguntas como el aumento de la duración del permiso de maternidad/paternidad o la flexibilidad en el horario de trabajo para los padres/madres con niños pequeños.
- La pregunta sobre situación profesional utiliza los términos masculinos «empleador» o «empresario sin asalariados», aunque contempla ambos sexos para «asalariado/a del sector público y sector privado» y «trabajador/a independiente».
Sesgos en la División Sexual del Trabajo Doméstico y de Cuidados
La Encuesta identifica de manera limitada la división sexual del trabajo doméstico y de cuidados, y no permite identificar situaciones de doble jornada. No aborda la complejidad ni el impacto de esta división.
- En relación con el trabajo doméstico, las preguntas sobre la satisfacción con el reparto de las tareas domésticas entre los miembros del hogar no recogen información sobre el sexo de la pareja ni la perspectiva de las parejas no convivientes.
- El trabajo de cuidados se circunscribe exclusivamente a las tareas de cuidado directo de niños y niñas. Las opciones de respuesta sobre quiénes asumen «principalmente» los cuidados infantiles se agrupan en categorías no segregadas por sexo, como «abuelos» o «niños».
- No se recoge información sobre el número de horas en la frecuencia semanal de externalización de cuidados, y la primera opción de respuesta es «niñera».
- El cuestionario no refleja el reparto del tiempo entre trabajo productivo/reproductivo, estudios, formación, ocio y descanso. Las dimensiones del trabajo remunerado, doméstico y de cuidados se exploran por separado y sin incluir el porcentaje de dedicación.
- El bloque sobre estudios no recoge la modalidad ni la duración de la formación, ni su impacto en la vida laboral y familiar.
- El cuestionario no identifica la segregación horizontal y vertical en el ámbito laboral.
- No se distingue entre el acceso y el control de los recursos: los ingresos mensuales netos no identifican las aportaciones por sexo ni el porcentaje dentro del hogar.

Sesgos en el Contenido Específico sobre Fecundidad
- Se refleja una visión normalizada e idealizada sobre el hecho de tener descendencia.
- En preguntas sobre por qué no se han tenido hijos o por qué el número de hijos no coincide con el deseado, las opciones de respuesta priorizan los factores externos (vivienda, trabajo) y minimizan la agencia de las personas en la decisión.
- La pregunta para hombres sobre el embarazo actual de su pareja parte de una visión biológica de la paternidad, sin explorar otros procesos (adopción, semen de donante), aunque sí la relación con técnicas de reproducción asistida.
- La pregunta sobre la razón por la que no se han sometido a tratamientos de reproducción asistida no contempla la no elección de los mismos como una decisión voluntaria y desproblematizada. La inclusión de la opción «Prefiero tener hijos por adopción o gestación subrogada» aúna un proceso social y uno biológico, siendo la gestación subrogada ilegal en España.
- La información sobre la experiencia previa de embarazos y abortos se incluye solo en el cuestionario para mujeres, y no como un condicionante para futuros embarazos.
El Impacto de la Desigualdad de Género en el Empleo y la Fecundidad
El reparto de tiempos está influido por los roles de género y se convierte en un hándicap continuo para el empleo de las mujeres. A ellas se les asocia la etiqueta de menos disponibles y la consideración de mayor riesgo relacionado tanto con la maternidad como con las actividades de maternaje. La mayor dedicación de las mujeres al cuidado infantil durante los primeros años tras el nacimiento de un hijo/a, sobre todo mientras no se da la escolarización, y la falta de políticas públicas eficientes para atender la responsabilidad social de los tiempos y necesidades de cuidado, son factores explicativos de la penalización sobre el empleo femenino.
El efecto de los estereotipos asociados a la maternidad -patriarcal- se traslada directamente a las tasas de empleo femenino, en forma de reducción de horas de trabajo remunerado. Esto origina una penalización que se inicia con la pérdida de ingresos durante el período de interrupción laboral, así como la profundización de la brecha salarial durante toda la vida laboral. Las consecuencias son la consiguiente merma de derechos económicos futuros, como menores prestaciones económicas contributivas (la brecha de género de las pensiones en España era del 34% en 2014) y la mayor incidencia del riesgo de pobreza -monetaria y de tiempo- sobre las mujeres. En España, las mujeres dedican 20 horas semanales a las actividades domésticas (los hombres, 11 horas) y 38 horas al cuidado de menores (los hombres, 23 horas); el 84,5% de las mujeres dedican al menos 1 hora a las tareas domésticas (frente al 41,9% de los hombres) y el 25% de ellas no pueden tener un trabajo remunerado por realizar cuidados informales (el 3% de los hombres).
El empleo de las mujeres puede actuar como elemento facilitador del desarrollo demográfico, especialmente cuando se dan otros factores que inciden en la igualdad de género. Algunos de los más relevantes son:
- Efecto sustitución del salario de las mujeres: Que la decisión de ser o no ser madre no suponga asumir una pérdida monetaria que acentúe el riesgo de pobreza relativa o las subsuma en una involución de dependencia económica.
- Existencia de servicios de cuidado y atención infantil (childcare) suficientes y accesibles: A mayor precio de los servicios de cuidado, menor acceso y participación, y menor es también la probabilidad de que influya positivamente alentando nuevos nacimientos.
- Disponibilidad de tiempos para el cuidado, la crianza, el desarrollo profesional y emocional.
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Políticas Familiares y Desafíos Futuros
La investigación destaca el papel de las políticas familiares como herramientas con potencial para mitigar la brecha de fecundidad, definiéndolas como el conjunto de recursos públicos que ayudan a las familias a sobrellevar el costo económico de la crianza y a conciliar la vida laboral con la familiar. El Índice de Políticas Familiares (IPF), que mide el compromiso político y público con las familias, ha mostrado una tendencia de crecimiento en las últimas dos décadas, pero España sigue rezagada con respecto a otros países europeos, especialmente los escandinavos.
Uno de los subíndices del IPF es la provisión de recursos educativos, como las escuelas infantiles, esenciales para la conciliación y la igualdad de género. En España, la cobertura de plazas en escuelas infantiles públicas ha crecido, pero sigue siendo insuficiente, alcanzando solo el 23% en 2020. Esta falta obliga a muchas familias a recurrir a la familia extensa o a alternativas costosas, perpetuando desigualdades sociales y de género. Por su parte, el subíndice de permisos parentales en España ha mejorado, equiparando en 2021 los permisos destinados a padres y madres en un total de 16 semanas para cada uno.
Sin embargo, la investigación proyecta un futuro con escenarios alarmantes, en los que las políticas familiares, en su actual configuración, resultan insuficientes para estimular la fecundidad e, incluso, para mantener los bajos niveles actuales. Esta tendencia indica que revertir el reciente descenso de la fecundidad requiere de soluciones colectivas que vayan más allá de las políticas públicas dirigidas a las familias, con políticas que incluyan perspectivas de género y de cohesión social y compromisos sostenidos en el tiempo, frente a los modelos erráticos observados hasta ahora.
Necesidad de Mejorar la Sensibilidad de Género en Estudios y Políticas
Aunque la inclusión de una muestra de hombres en la Encuesta de Fecundidad 2018 supone un avance importante, el cuestionario mantiene desigualdades y sesgos de género en el estudio de la fecundidad. Presenta una visión jerarquizada de las formas de maternidad y paternidad, con preferencia de la biológica, y no profundiza en sus dimensiones socioculturales, como la adopción. En cuanto a las técnicas de reproducción asistida, se invisibilizan las consecuencias de los tratamientos en el cuerpo y la salud de las mujeres, así como las posibles dificultades de tipo administrativo y asistencial.
La decisión de tener descendencia no solo depende de las circunstancias previas, sino también del impacto posterior en la vida de las personas. Las tasas de natalidad aumentan en los países con estructuras sociales y familiares más igualitarias, por lo que es imprescindible valorar estos aspectos al describir la fecundidad. Es preciso mejorar la sensibilidad de género en estas encuestas y profundizar en los elementos diferenciales generadores de desigualdades y sesgos de género. Esto requiere indagar en los valores y las expectativas de las mujeres y los hombres sobre tener hijos/as, y visibilizar la diversidad de las relaciones de pareja y la construcción de maternidades y paternidades.
Se debe emplear un lenguaje inclusivo, evitar los estereotipos de género e identificar el impacto diferencial para la salud de las mujeres en el proceso de embarazo y crianza. Desde el enfoque feminista de sostenibilidad de la vida, situar el trabajo de cuidados como eje central de la reproducción social y a esta como aspecto fundamental del sistema socioeconómico, ayudaría a cuestionar la epistemología heteropatriarcal y a reducir la ceguera de género, poniendo la atención en las desigualdades del ámbito reproductivo y laboral, donde la brecha salarial en España se sitúa en un 17,8%.
El análisis comparado del sistema de permisos por nacimiento -maternidad, paternidad y parental- en 27 países europeos permite profundizar en la potencialidad para transformar los desequilibrios de género. Esta potencialidad género-transformativa alcanza su máximo nivel en los permisos iguales, intransferibles y bien remunerados (100% del salario); algo que se sigue resistiendo en el ámbito europeo, donde la mayoría de los países continúan desarrollando un enfoque maternalista, con escasa capacidad transformadora de las normas sociales de género implícita en la configuración actual de los sistemas de permisos por nacimiento. La igualdad de género en capital humano es también un indicador importante del desarrollo económico y está estrechamente ligada a las tasas de fecundidad y la transición demográfica.
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