La Matrona de Calahorra: Símbolo de Lealtad y Resistencia

La historia de Calahorra, antigua Calagurris, está profundamente marcada por relatos de heroísmo, resistencia y una inquebrantable lealtad, especialmente durante los turbulentos tiempos del Imperio Romano. Estas narraciones han cimentado la identidad de la ciudad a lo largo de los siglos, dando lugar a figuras legendarias y monumentos conmemorativos.

Calahorra Antigua: Un Legado de Heroísmo

La lealtad y el valor de los soldados calagurritanos son ejemplificados por figuras como Bebricio, un soldado calagurritano famoso por su heroicidad y compromiso. Este personaje es un símbolo de la fidelidad que caracterizaba a los habitantes de la ciudad.

El municipio sufrió un tremendo asedio en el año 71 A. C., durante las guerras civiles de Roma. En este contexto, habiendo sido debilitadas las fuerzas del ejército de Sertorio en las comarcas de Valencia, este decidió retirarse a Calahorra para rehacer sus tropas. Afranio, teniente de Pompeyo, tras la resistencia que mostraban los calagurritanos, decidió cercar la ciudad. Antiguos historiadores como Juvenal mencionaron que Calahorra fue: “pueblo noble e igual a Sagunto en fidelidad y valor”.

Mapa antiguo de Calahorra o Hispania Romana con ubicación de Calagurris

La Leyenda de la Matrona Calagurritana y la "Fames Calagurritana"

Derivada de esta historia de resistencia y sacrificio, emerge la figura central de La Matrona. Su estatua, erigida en 1878, representa la célebre fames calagurritana (hambre calagurritana), un episodio que subraya la tenacidad de la ciudad.

La leyenda cuenta que fue una romana que luchó heroicamente contra las tropas de Pompeyo y el general Afranio. Una vez que se quedó sola en la ciudad, por las noches hacía fuego en las cocinas de las casas para que los asediadores pensaran que estaban habitadas y así les infundiera pavor, simulando que Calahorra aún estaba poblada y resistía. Tal fue su importancia, que la Matrona era la protagonista del escudo romano y sello de Calahorra del siglo XVI.

El Monumento a la Matrona: Un Homenaje Histórico

En 1878 se inauguró en la plaza del Raso el monumento de la Matrona, obra del escultor bilbaíno Adolfo de Aréizaga. Esta escultura fue inspirada en la histórica fames calagurritana.

El escultor tomó como modelo una pintura que existió en uno de los torreones del Raso, conocido como de la Matrona o de doña Juana. Esta pintura, que era propiedad municipal, fue enajenada a un particular, el cual en compensación entregó seis mil reales que se destinarían a la escultura de La Matrona. En la actualidad, el paseo del Mercadal exhibe una escultura que simboliza la lealtad y el valor de aquella mujer, que porta un brazo humano en la mano izquierda, un elemento iconográfico de gran fuerza.

Fotografía de la escultura de la Matrona de Calahorra

Otros Mártires y Leyendas de Calahorra

Además de la Matrona, otras historias y narraciones fantásticas brotan en torno a distintas construcciones y personajes ilustres de Calahorra, enriqueciendo su patrimonio cultural.

Entre ellos destacan Emeterio y Celedonio, dos soldados romanos nacidos en Calagurris en el siglo II. Pertenecieron a la legión VII Gemina, donde prestaban servicio como portadores de los estandartes. La tradición nos narra que, hacia el año 300 D. C., un 3 de marzo, fueron conducidos a las afueras de la ciudad junto al río Cidacos, donde fueron degollados a sus orillas. Las actas del doble martirio fueron mandadas destruir por Diocleciano, pero la voz de la tradición fue la encargada de transmitir la historia de los santos mártires de Calahorra. La tradición popular continúa narrando que, en ese mismo emplazamiento, se erigió la catedral de Santa María, como símbolo de veneración a estos mártires, reconocidos hoy como patronos de la capital riojabajeña.

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