Historia de las Matronas: Evolución y Reconocimiento Profesional

A lo largo de la historia de la Enfermería, las matronas han sido indispensables para mantener la salud. Su participación comenzó ante una explosión de determinadas enfermedades infecto-contagiosas.

Ilustración histórica de matronas atendiendo un parto en la antigüedad.

Los Orígenes Femeninos del Arte de Cuidar

La figura de las matronas es y ha sido de mujeres expertas. Desde la antigüedad, la mujer ha hecho uso de la naturaleza, ha usado el agua para la higiene, las pieles para el abrigo, las plantas y el aceite para la alimentación y, por último, y más importante, las manos, elemento fundamental para transmitir bienestar. Los cuidados se entremezclaban con actividades rituales, y con el trascurso del tiempo dieron lugar a diferentes disciplinas. Por ello, durante el transcurso de toda la historia de la humanidad, el arte de cuidar se ha atribuido a la mujer.

La figura de la matrona parece ser una persona experimentada en la asistencia de los partos. De hecho, parecen adquirir un papel fundamental y de amplio reconocimiento dentro de las civilizaciones antiguas, como por ejemplo, en la egipcia, donde además la profesión de comadrona era reconocida como ocupación femenina. No obstante, en la Grecia Clásica, el oficio pasa de un elevado estatus a una merma en su posición social.

En las épocas nombradas, las mujeres sólo podían ser examinadas ginecológicamente por otra mujer, la más sublime conocedora del cuerpo femenino gracias a la observación y experiencias transmitidas entre generaciones. Las mujeres eran sublevadas a la figura masculina en todos sus aspectos, tanto física como psíquicamente, ya que la mujer era considerada persona impura. El parto pasa a la categoría de contaminante, por ello se separaba del padre en el momento del alumbramiento. Estos aspectos dotan a la mujer como única figura presente en el parto, ya que se pueden mover sin riesgo entre lo impuro, lo sagrado y la muerte, puesto que los hombres no podrían realizarlo sin prejuicios. La bibliografía encontrada en la época sobre temas de partos y ginecología, los autores son todos de género masculino.

En zonas rurales, muchas veces, la matrona constituía la única figura accesible en términos de salud, a pesar de que sus conocimientos fueran escasos o limitados en la Alta y Baja Edad Media. En la Edad Media también hay una fuerte influencia de la religión cristiana y en el momento de atender al acto de partear, es costumbre la búsqueda de un santo o virgen para proporcionar protección, así como amuletos o sortilegios.

Ilustración de manuscrito medieval con referencias a prácticas de cuidado y protección durante el parto.

La Influencia Religiosa y la Prohibición de Conocimientos

Posteriormente, sus actividades fueron progresivamente prohibidas puesto que no eran licenciadas, y fueron expropiándose del hacer femenino. En contraposición, tampoco se les permitía acceder al conocimiento científico y a los saberes médicos. También empezaron a considerar brujas a las comadronas, fruto de la fabricación de ungüentos y pociones mágicas, y consecuencia del temor a que pudieran asumir las mismas responsabilidades, por eso aún eran más alejadas de los estudios.

Los Manuales de Matronas Europeas (Siglos XVII-XVIII) y el Origen de Cuidados Humanizados

Los manuales escritos por matronas europeas entre 1609 y 1710 marcan un hito en el origen de los cuidados humanizados en el embarazo. El objetivo principal de estos escritos era analizar los cuidados administrados por matronas a mujeres en su embarazo en el siglo XVII, transmitidos a través de manuales escritos por las mismas parteras.

La metodología empleada fue cualitativa, desde la hermenéutica y la historia cultural a través de técnicas etnográfico-narrativas mediante la lectura de cinco manuales (1609-1710). Los textos fueron categorizados siguiendo el modelo dialéctico de construcción-deconstrucción.

Los resultados principales obtenidos fueron la identificación de cuidados impregnados en creencias populares y el modo en que estos evolucionaron hacia la ciencia a través del diagnóstico, consejos higiénico-dietéticos, controles antenatales y atención a patologías. Se concluyó que las matronas del siglo XVII se cohesionaron gracias al elemento estructural de los manuales en torno a valores de respeto a la fisiología de las mujeres, sentando las bases de una partería humanizada que les otorga identidad como colectivo profesional.

Los derechos reproductivos de las mujeres abarcan no solamente el derecho a decidir en temas de reproducción, sino el garantizar la atención sanitaria prenatal y postnatal apropiada. Acorde a este pensamiento, ya las matronas europeas del siglo XVII velaron por la salud reproductiva de las mujeres de su tiempo durante la gestación a modo de preludio de la actual preocupación en el control de los embarazos.

Aunque en la Temprana Edad Moderna europea el embarazo y su control no se planificaba y asistía sistemáticamente por las matronas, en algunas ocasiones éstas conocían a sus gestantes antes del parto, les aplicaron cuidados y eran avisadas por las mujeres si presentaban patologías gestacionales. Desde esta perspectiva, los primeros manuales escritos por las propias matronas europeas (1609-1710) nos descubren un conocimiento amplio sobre el periodo gestacional y cómo se movieron entre pensamientos y creencias populares hasta acercarse a planteamientos científicos más actuales en lo que a gestación se refiere.

Desde estos conocimientos, las matronas del siglo XVII se presentan como el germen de un movimiento humanizador en la administración de cuidados en el embarazo, parto y puerperio, en un momento de lucha por el dominio y asistencia a las mujeres con los varones médicos y cirujanos, que introducen ciencia y control sobre las matronas a través de la docencia y adquieren notoriedad social a través del uso de instrumentos como el fórceps.

Estas matronas del siglo XVII europeo vivirán una ambivalencia en cuanto a estos sabios doctores; por un lado desean ser formadas por ellos y por otro desean, por encima de todo, asegurar su permanencia en la asistencia a los partos y para ello no dudan en atacarse mutuamente a través de los textos. Estas matronas imprimen con su trabajo y sus escritos una manera de cuidar a las mujeres en el embarazo basada en el respeto a la fisiología de las mujeres, lo que las distanció de la práctica asistencial de los varones e hizo que su legado perdure a través de los siglos.

A lo largo de la historia poco se escribe de las matronas. Se las ha mostrado como pobres e ignorantes. Además, la contribución de las matronas europeas occidentales a través de sus escritos entre los siglos XVII y XVIII fue escasa pero de inmensa relevancia en su reinterpretación. Así, entre una generalidad muy diversificada de matronas, un grupo de matronas de la élite, formadas y experimentadas, aparecen por medio de la escritura de sus manuales en la asistencia al embarazo a modo de conciencia crítica profesional y establecen la base de unos cuidados que serán guía para las posteriores generaciones de matronas que aspiran a proporcionar cuidados humanizados a las gestantes.

Portada de un manual de matronas del siglo XVII.

Metodología de Estudio de los Manuales

La metodología empleada en el estudio de estos manuales fue cualitativa, apoyándose en el paradigma hermenéutico y la historia cultural. Se utilizaron técnicas etnográfico-narrativas para el análisis de cinco de los primeros manuales (1609-1710): cuatro escritos por matronas y uno escrito por un cirujano-obstetra. Estos textos fueron categorizados y estructurados a través del modelo dialéctico de construcción-deconstrucción, identificando la influencia de las creencias populares sobre los cuidados en la gestación y la ruptura con la superstición por parte de las mismas matronas.

Las fuentes primarias analizadas incluyeron:

  • "Observations diverses sur la Sterilite, perte de fruict, foecondité, accouchements et maladies et des femmes et enfants nouveaux naiz" escrito por Louise Bourgeois en 1609 (edición 1630).
  • "The Midwives Book or the whole Art of Midwifery discovered" de Jane Sharp publicado en 1671.
  • "The Court Midwife" de 1690 por Justine Siegemund.
  • "Instruction familière et très facile, faite par questions et réponses touchant toutes les choses principales qu'une sage-femme doit scavoir pour l'exercice de son art" elaborado en 1677 y publicado en 1710 por Marguerite La Marche.

Para la triangulación de los datos se analizó un quinto manual escrito por el cirujano obstetra Francoise Mauriceau en 1668, "Traité des Maladies des Femmes Grosses et Accouchées" (edición 1727 traducida al inglés por Hugh Chamberlen con el título Diseases of Women with Child and in Chil-bed).

Resultados y Discusión: Cuidados y Diagnósticos en la Gestación

La lectura de los manuales reveló un inmenso acervo de saberes de las matronas en torno al periodo gestacional. En primer lugar, introdujeron una idea pionera: los cuidados pre-gestacionales. A través de ellos, se ejercía una labor de promoción de la salud mediante la transmisión de medidas preventivas y educación para la salud en ejercicios, tóxicos, actividad laboral y nutrición. En este sentido, Sharp resaltó la importancia de los hábitos de vida y aconsejó para la consecución de embarazos saludables: "Una buena dieta moderadamente tomada y conveniente trabajo y ejercicio del cuerpo".

Por otro lado, no se puede obviar la carga de mitos y pensamientos arraigados en la cultura popular que recogen los manuales relacionados con la gestación, en especial en lo que concierne a la formación del feto en el vientre de la madre. Este proceso embriológico se describió con una mezcla de ciencia y magia, en el que el útero de las mujeres podía engendrar monstruos. Este era un pensamiento estrictamente científico; el mismo Ambroise Paré habla en el siglo XVI en sus manuales de la formación de monstruos y acompaña de ilustraciones sus imaginativas teorías.

Otro de los intereses de las matronas fue el diagnóstico temprano de la gestación. Lo que en la actualidad es algo sencillo, en el siglo XVII era una cuestión compleja y de importancia suprema. Existía un diagnóstico de la gestación que podríamos denominar pre-analítico, como el descrito en los manuales: "si mantienes su agua (orina) tres días cerrada en un vaso, y luego la cuelas a través de una tela de lino fino, encontrarás gusanos vivos en el paño".

Sin embargo, el diagnóstico de la gestación era fundamentalmente clínico, ya que conocían bien las modificaciones generales y locales en los organismos y los signos de presunción del embarazo, como son la amenorrea o las alteraciones neurovegetativas tales como las náuseas, vómitos y otras alteraciones digestivas, como: "la pérdida del apetito, y el disgusto por la carne ordinaria, (...) y por último el deseo de cosas extrañas". Esta última afirmación podría coincidir con lo que hoy se denomina pica, trastorno alimentario que inclina a la mujer a comer sustancias no comestibles como el yeso, la tiza o la tierra, entre otras. Es frecuente la asociación de la pica con el embarazo, y se liga a un estado nutricional carencial de hierro. Por otro lado, en los documentos de los siglos XVI y XVII la pica es frecuentemente descrita por su asociación a una patología endémica de la época, la clorosis, que afectaba fundamentalmente a mujeres.

Siguiendo con los signos de presunción del embarazo, las matronas hablaban de otros muchos como la pesadez de estómago, el insomnio, el estreñimiento y los calambres: "Algunas mujeres son atormentadas grandemente de gotas y calambres durante su embarazo." Por otro lado, serían los movimientos fetales los que, siendo signos de presunción de gestación, serían más específicos, considerando siempre la subjetividad en la percepción de la madre: "Otras no tienen la paciencia de esperar a sentir los movimientos de sus hijos, y son tocadas por las parteras...".

Las matronas sabían que las madres sentirán a sus hijos tras los cuatro primeros meses y que lo harán antes las multíparas, tal y como afirmó Mauriceau. Sin embargo, el texto de Bourgeois tradujo algo más: la capacidad de las matronas, a través del tacto vaginal, de percibir o no un embarazo a través de signos uterinos y cervicales, aunque ellas mismas reconocieran la dificultad del diagnóstico. También sabían de los cambios locales en las mamas que, asociados más adelante a la salida de calostro, serían signos de probabilidad de embarazo: "Sus pechos se hinchan, crecen se ponen duros y dolorosos".

Y con todos estos signos, las matronas tenían el reto de distinguir las gestaciones verdaderas de las falsas que pueden generar síntomas similares, como en las molas y algunas patologías ginecológicas, que cursan con amenorreas secundarias. Las mismas matronas afirmaron en los manuales que estas normas para el reconocimiento de la gestación eran demasiado genéricas y, por lo tanto, muy engañosas. Es obvio que el signo que se considera de certeza hoy para el diagnóstico de la gestación es la auscultación del latido fetal, lo que en el siglo XVII resultaba del todo imposible, ya que el primer instrumento utilizado para tal fin fue el estetoscopio ideado por el francés Adolfo Pinard en 1895.

La dificultad en el diagnóstico gestacional fue abordada también por el texto de Mauriceau, que no dudó en realzar el estereotipo de matrona ignorante en toda su obra. Él recomendó en este sentido: "Como la prudencia es necesaria para permitir a un Cirujano o Partera asegurar a una mujer que está embarazada o no y de una verdadera o falsa Concepción (...)".

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Promoción de Embarazos Saludables y la Sexualidad Gestacional

Las matronas, desde sus manuales, también promovieron embarazos saludables fomentando el autocuidado y el mantenimiento de la salud. En este sentido, sabían de la relación de la buena alimentación de la madre con la salud del hijo. De ahí las recomendaciones alimentarias de Bourgeois en el tratamiento de las anemias para "recobrar la sangre": "(...) huevos bien frescos por la mañana (...) buenos consomés (...) de capón y ternera jugo de cordero (...) pichón, perdiz, codorniz, cordero (...)".

En este punto, vuelven a coincidir matronas y cirujanos; ambos recomendaron dietas equilibradas en contenido y calidad de los alimentos, además de moderación con el vino, el sueño, el ejercicio y el trabajo.

En cuanto a las relaciones sexuales durante la gestación, no eran en general bien vistas por las matronas. Sharp afirmó que es fisiológico la disminución del deseo sexual en la gestante: "Ella no tiene grandes deseos de copular, durante algún tiempo ella será feliz o triste de repente sin ninguna causa manifiesta". De este modo, cirujanos y matronas coincidieron en una idea algo restrictiva de la sexualidad en la gestación.

Por otro lado, las matronas hablaron de la labilidad emocional de la gestante, abordando los aspectos psicológicos y no solo físicos de la gestación, otorgándole un carácter holístico a sus cuidados. A pesar de no evidenciar una dinámica asistencial gestacional tipo como en la actualidad por parte de las matronas, Siegemund es la que más claramente le explicó a su alumna la manera en que ella, antes de atender un parto, controlaba y exploraba a las mujeres que reclamaban su asistencia. De este modo, afirmaba que podía diagnosticar antes del parto activo aquellos partos distócicos tan temidos por matronas y mujeres a través de la palpación abdominal y el tacto vaginal: "Porque yo había observado previamente que cuando los niños no se encuentran acostados en la postura ...".

Las Matronas en la Guerra Civil Española y la Represión Franquista

Durante la Guerra Civil española, muchas mujeres fueron perseguidas debido a su labor profesional antes o durante la guerra. El caso más conocido es el de las maestras republicanas. Sin embargo, se ha estudiado el caso de las matronas, un grupo de mujeres bastante desconocido, cuya investigación ha dado lugar a artículos y libros.

Encargadas de cuidar de la salud femenina, su trabajo habitual consistía en atender partos a domicilio. También jugaron un papel fundamental para la puesta en marcha del Seguro de Maternidad durante la Segunda República. Las matronas eran bastante diferentes de la mayoría de mujeres de su época: tenían una mayor libertad de movimientos porque los partos podían suceder a cualquier hora del día o de la noche, y contaban con una formación superior a la media.

Fueron las primeras que pudieron matricularse en la universidad desde 1845, lo que les permitió aprovechar los nuevos puestos laborales que trajo la Segunda República. Se incorporaron a puestos muy diferentes de los habituales: algunas como funcionarias de prisiones, otras en diversos puestos de las facultades de Medicina y muchas en el recién aprobado Seguro Obligatorio de Maternidad. Sus ingresos las liberaban de depender económicamente de un varón. Muchas matronas eran solteras, y otras aprovecharon las nuevas leyes republicanas para divorciarse.

Fueron pioneras al fundar los primeros colegios profesionales exclusivamente femeninos a finales del siglo XIX, que dirigían ellas mismas. Contaban con líderes y secciones sindicales dentro de sindicatos mayoritarios, y probablemente estaban entre las pocas mujeres que podían negociar sus propias condiciones de trabajo. Durante la guerra, muchas matronas fueron movilizadas y tuvieron cargos militares en el ejército republicano. Otras, a pesar de las dificultades, pudieron seguir con su actividad habitual. Algunas fueron asesinadas por uno u otro ejército.

Tras finalizar la guerra, cientos de matronas fueron represaliadas. Sus conocimientos sobre la anatomía y fisiología femenina las convertían en sospechosas para el régimen, sospechosas de provocar abortos y de difundir prácticas anticonceptivas. En general, las matronas se alejaban mucho del modelo de mujer al que aspiraba el franquismo.

Algunas pudieron huir al exilio, teniendo que dejar a sus seres queridos atrás e iniciar una nueva etapa en sus países de acogida. Otras muchas fueron detenidas y encarceladas mientras esperaban un juicio sin garantías. Algunas murieron durante la espera debido a las torturas recibidas. Las más afortunadas fueron absueltas, pero el resto tuvo condenas que oscilaron entre la pena de muerte y los tres años de prisión.

La mayoría de las matronas encarceladas fueron destinadas a las enfermerías de la prisión, siendo testigos involuntarios de las violaciones y torturas cometidas contra sus compañeras de presidio. Su utilidad dentro de prisión también jugó en su contra, ya que en muchos casos se les denegó la conmutación de la pena original en los sucesivos indultos para descongestionar las cárceles. Salir de prisión tampoco representaba un futuro esperanzador, pues la dictadura se había encargado de embargar sus bienes. Algunas sufrieron destierro o no les fue permitido volver a trabajar. Unas pocas participaron en la resistencia política durante los largos años de la dictadura.

Fotografía de archivo de matronas en una consulta durante la posguerra.

El Legado de las Matronas y su Lucha por el Reconocimiento

La profesión de matrona, a lo largo de la historia, ha sufrido grandes cambios, todos ellos motivados por la situación social del momento. Durante muchos años fueron consideradas un grupo social de mucho prestigio, con importantes competencias en la atención y cuidado de las mujeres. Sin embargo, con el paso de los años y debido a múltiples factores, se fue limitando el campo de actuación de las matronas y perdieron gran parte de su autonomía y reconocimiento social.

La figura de la matrona es una profesión ancestral basada en el amor, pero que ha enfrentado numerosos desafíos a lo largo del tiempo. Para evitar su extinción como profesión, es necesario un cambio total en la forma en que las matronas se ven condicionadas a considerarse a sí mismas. Se requiere un liderazgo fuerte que tenga una visión no comprometida de las comadronas como profesionales independientes.

La historia de las matronas es un testimonio de resiliencia, conocimiento y dedicación al cuidado de la salud femenina, cuyo legado continúa evolucionando y buscando el reconocimiento que merece.

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