Cómo lidiar con padres emocionalmente inmaduros

Si alguna vez viste el programa de televisión "Todos quieren a Raymond", conoces a una madre emocionalmente inmadura. Marie, la madre de Raymond, constantemente manipulaba a sus hijos, los controlaba y creía tener la razón. "Nunca pudo procesar sus sentimientos con sinceridad, ya que carecía de empatía", dijo la Doctora Urszula Kotlow, psiquiatra de Banner Health. Lo que Marie dice y hace en la comedia puede resultar gracioso. Pero si creciste con un padre emocionalmente inmaduro, inaccesible o abusivo, probablemente te resultó frustrante o incluso tóxico.

La Dra. Kotlow explicó más sobre el comportamiento emocionalmente inmaduro en los padres y cómo afecta a los hijos adultos. Los padres emocionalmente inmaduros pueden asumir algunas de las responsabilidades adultas de la paternidad. Probablemente te proporcionaron un hogar, ropa, comida y educación. Se aseguraron de que fueras a la escuela, a tus entrenamientos de fútbol, a tus clases de baile o a cualquier otro lugar donde tuvieras que estar. Te cuidaron cuando estabas enfermo o herido. Pero no pueden comprender sus propias emociones, por lo que no pueden comprender las emociones de los demás, incluidas las de sus hijos. Carecen de empatía, por lo que no pueden ponerse en su lugar. "Por mucho que lo intentes, no logras que un padre emocionalmente inmaduro comprenda cómo te sientes. Esto genera una enorme frustración", dijo el Dr. Kotlow.

Ilustración de una familia donde un padre parece absorto en sí mismo mientras el niño intenta llamar su atención.

Los padres emocionalmente inmaduros a menudo utilizan mecanismos de defensa primitivos cuando se sienten incómodos o inseguros:

  • Negación: negarse a reconocer o creer que existe un problema.
  • Proyección: colocar sus propias faltas en otras personas.
  • Identificación proyectiva: no ser conscientes de sus propias emociones negativas y luego preguntarse por qué sus hijos están frustrados o enojados.

Señales de un padre emocionalmente inmaduro

Los padres emocionalmente inmaduros tienden a culpar a los demás y no se responsabilizan de sus propios defectos. Pueden ser:

  • Defensivos
  • Ensimismados
  • Grandiosos
  • Con derecho
  • Narcisistas
  • Incapaces de respetar los límites
  • Falta de integridad
  • Intrusos
  • Controladores

Cómo puede afectarte crecer con padres emocionalmente inmaduros

Tener una infancia con este tipo de padre o madre te enseñó que tus necesidades y emociones no importan. Así, de adulto, es probable que cuestiones tus pensamientos y perspectivas, dudes de ti mismo y tengas baja autoestima. Puedes sentirte ignorado, incomprendido, no querido, menospreciado o trivializado. Puede que te resulte difícil comprender tus necesidades o comunicar cómo te sientes. Es posible que tengas una fuerte necesidad de consuelo y validación de los demás para sentirte bien contigo mismo. También podrías sentirte enojado por no poder tener una conversación abierta y directa con tu padre o madre.

"Las defensas primitivas de los padres emocionalmente inmaduros no permiten conversaciones sinceras. Carecen de la autoconciencia y la capacidad emocional necesarias para entablar este tipo de conversaciones", afirmó el Dr. Kotlow. Cuando intentas hablar honestamente con tus padres, es posible que digan cosas como:

  • Eso no es verdad.
  • Nunca te digo qué hacer.
  • Sólo tú puedes culparte a ti mismo.
  • He hecho lo mejor que he podido como padre.
  • Deberías estar agradecido por cómo te crie.

Padres Emocionalmente Inmaduros

¿Cómo podemos compensar los efectos de tener padres emocionalmente inmaduros?

Puedes intentar desarrollar un desapego sano mientras mantienes tu amor por tu padre o madre. "El objetivo para ti, como hijo o hija adulta, es esforzarte por alcanzar el bienestar mental, utilizando tu inteligencia emocional y autoconciencia para comprender mejor a tu padre o madre emocionalmente inmaduro", afirmó el Dr. Kotlow.

Probablemente atravesarás un proceso de duelo al aceptar que tu padre o madre es incapaz de validar psicológica y emocionalmente tu experiencia emocional. La terapia puede ayudarte a procesar tus sentimientos de pérdida, dolor e ira, y a aprender habilidades de comunicación y autoconservación. Puede ayudarte a reconocer que tus padres experimentaron dificultades en su infancia que los incapacitaron para sentir empatía y despertaron sus defensas primitivas. Y podrías llegar a comprender que el amor de tus padres pudo haber sido la razón por la que te convertiste en un adulto con empatía, incluso si tus padres son incapaces de sentirla.

La terapia puede ayudarte a aportar comprensión, paciencia, amabilidad y compasión a tus interacciones con tus padres. Hasta cierto punto, se suele considerar a un padre emocionalmente inmaduro como la causa de la infelicidad ajena. Sin embargo, estos padres no comprenden que fueron sus propias relaciones tóxicas las que frenaron su desarrollo emocional y los incapacitaron para comprender que hay algo malo en su forma de relacionarse con los demás, dijo el Dr. Kotlow.

No importa la edad de tu padre o madre, emocionalmente tiene la edad de un niño pequeño. La terapia puede ayudarte a comprender que, en etapas cruciales de su desarrollo, tu padre o madre no tuvo la oportunidad de convertirse en una persona capaz de empatía y conciencia emocional. "Es como si tu padre o madre tuviera dificultades para caminar debido a una deformidad congénita y esperas que corra un maratón. Luego, cuando se niega a correr, lo ves como un rechazo en lugar de una falta de capacidad", dijo el Dr. Kotlow.

El resultado final

Si creciste con padres emocionalmente inmaduros, tus emociones no fueron comprendidas ni valoradas de niño. Por lo tanto, podrías tener dificultades para comprender y expresar tus sentimientos como adulto. Además, podrías tener dificultades para tener conversaciones abiertas y honestas con tus padres. Puede ser útil reconocer que la turbulencia en la infancia de tus padres les impidió madurar emocionalmente. Un terapeuta puede ayudarte a procesar los desafíos de crecer con un padre emocionalmente inmaduro.

La regulación emocional es el proceso por el cual experimentamos una emoción, nos permitimos vivir todas las sensaciones que trae consigo, las dejamos pasar por nuestro cuerpo, sentimos, respiramos, nos conectamos con las sensaciones y volvemos a nosotros para poder continuar. De manera que, aprendimos «por nuestra cuenta» diferentes mecanismos/estrategias con las que devolver el equilibrio a nuestro organismo y lidiar con nuestro mundo emocional; influidos, por supuesto, por la forma en la que lo hacían los adultos que nos rodeaban. Hoy, como adultos, podemos desaprender aquello que aprendimos. Desaprender no es lo contrario de aprender, tiene más que ver con replantearse lo ya aprendido, con mirarlo de otra forma y desde otro lugar. Debemos aprender a conectar con nuestro cuerpo, con nuestras sensaciones para desde ahí aprender a permitirnos sentir las emociones y a devolvernos la calma sin necesidad de acudir a viejos estímulos externos.

Infografía comparando padres emocionalmente maduros e inmaduros.

Los padres emocionalmente inmaduros están demasiado cegados por el ego. Todo lo hacen sobre ellos. Miran a sus hijos, pero no los ven. Les hablan, pero no se comunican. Los oyen, pero no los escuchan. Los tocan, pero no los sienten. Los quieren, pero no los aman. Y, en definitiva, interactúan con ellos, pero no mantienen una relación profunda ni verdadera. Se quedan en la superficie. Por eso no tienen ni idea de lo que a sus hijos les pasa por dentro. Ni tampoco saben qué es lo que verdaderamente necesitan. Están completamente perdidos. Y es que una cosa es tener hijos y otra muy distinta, ser madre o padre.

Debido a su ignorancia e inconsciencia, este tipo de progenitores piensa que sus retoños son una extensión de sí mismos. Se creen que por el hecho de ser sus padres tienen derecho a hacer lo que quieran con sus hijos. A su vez, les suelen insistir una y otra vez en que se «porten bien». Es decir, que hagan exactamente lo que a ellos les conviene en todo momento. Tienden a elogiar su obediencia y a censurar su rebeldía.

Muchas veces, los padres emocionalmente inmaduros son distantes, pasotas y ausentes. Es como si la maternidad no fuera con ellos. En otros casos, son muy rígidos y sobreprotectores con sus hijos, tienen muy poca paciencia y nula tolerancia a la frustración. E incluso los hay que esperan que sus retoños sean mucho más maduros de lo que les es posible para su edad, exigiéndoles ciertas actitudes que éstos todavía no les pueden dar. La paradoja es que todos ellos -que sí son adultos- siguen manifestando rabietas y pataletas infantiles cuando sus hijos no les hacen caso. Este tipo de madres y padres no sabe regular sus propias emociones. Principalmente porque están bastante descentrados y desequilibrados.

La forma más común en la que estos progenitores maltratan psicológicamente a su prole es mediante los gritos y las broncas, o evitando pasar tiempo con ellos. Y suelen justificar sus conductas neuróticas alegando que son provocadas por el comportamiento inadecuado de sus hijos. Actuando de este modo hacen sentir a sus retoños que nada de lo que dicen y hacen está bien. Otro rasgo muy común de los padres emocionalmente inmaduros es que utilizan la manipulación y el chantaje emocional para controlar y someter a sus hijos. Entre otras atrocidades, les culpan de su sufrimiento y les hacen sentir que son responsables de su felicidad. También los sobreprotegen en exceso para volverlos totalmente dependientes, intentando así que no los abandonen cuando vuelen del nido. Curiosamente suelen tener siempre un hijo preferido -el cual va alternando-, que es aquel con el que no están peleados en un momento dado. No es casualidad que en todas las familias disfuncionales exista un trasfondo de competencia y rivalidad entre los hijos, quienes sienten que necesitan luchar por el amor de sus padres.

Los cuatro tipos de padres emocionalmente inmaduros

La psicóloga clínica y autora superventas, la Dra. Lindsay C. Gibson, identificó cuatro categorías principales de padres emocionalmente inmaduros, cada una con características y efectos particulares en los hijos:

Padres emocionales

Estos padres se rigen por sus estados de ánimo y reacciones, convirtiéndose en el eje emocional del hogar. La familia suele adaptarse para evitar alterarlos, lo que genera en los hijos una vigilancia constante y agotadora. La Dra. Gibson señaló que este tipo de padres pueden ser volátiles o incluso violentos, y que la dinámica familiar gira en torno a regular sus emociones. Tratan las pequeñas adversidades como si fueran el fin del mundo y suelen tener conductas rencorosas hacia los demás. Llevan la cuenta de las ofensas que les hacen y en la familia clasifican a las personas en dos tipos: salvadores y traidores. También se caracterizan por conductas de tipo manipulativo y controlan a los demás mediante tácticas emocionales. Es el grupo más infantil de los cuatro tipos. A esta clase de padres da la impresión de que es necesario vigilarles constantemente además tratarles con sumo cuidado. La vida familiar gira en torno a sus cambios de humor. Se aflijen por cualquier cosa y la familia entera se apresura a calmarlos ya que cuando se derrumban, arrastran consigo a los demás, especialmente a los hijos e hijas que son capaces de experimentar su desesperación, su odio o su ira en toda su magnitud. Para los niños es muy alarmante ver perder el control a alguien a quien quieren. En este tipo de padres es muy frecuente además la presencia de amenazas de suicidio. Frases como “debería quitarme de en medio” o “mejor estar muerta/o”, son especialmente aterradoras para los hijos que se sienten en la abrumadora obligación de intentar mantener a sus progenitores con vida, pero sin saber muy bien qué hacer. A los padres del tipo emocional les cuesta mucho tolerar el estrés y las emociones fuertes. Sus estados de ánimo fluctuantes y sus reacciones instantáneas exageradas los convierten en personas poco fiables y con las que no se puede contar. A pesar de esto, ellos desempeñan casi siempre el papel de seres indefensos y considerándose a sí mismos víctimas.

Si uno o dos de tus padres son emocionales, es probable que tú como persona adulta te comportes de manera excesivamente complaciente, ya que has aprendido a someterte a los deseos de los demás. Has crecido en un constante estado de alerta dentro de un clima emocional tormentoso y cambiante, por lo que permaneces siempre atenta, cuidadosa, pendiente de los sentimientos y estados de ánimo de los demás, por desgracia, a menudo, en detrimento propio.

Padres impulsados

Los padres impulsados viven siempre con una meta en mente, bien para ellos o para sus hijos. Se desviven por perfeccionarlo todo, incluidas las personas que hay a su alrededor. Rara vez pasan el tiempo suficiente con los demás para sentir verdadera conexión, y son controladores, entrometidos, siendo siempre ellos quienes deciden cómo todo el mundo en la familia debe llevar su vida. Los padres impulsados pueden dar la imagen de vivir entregados en cuerpo y alma a las vidas de sus hijos, y muestran una gran entrega a la hora de cuidarlos, por lo que es difícil percibir su inmadurez, su egocentrismo. Pues porque siempre creen conocer perfectamente a los demás, lo que piensan, lo que quieren, lo que les conviene y además dan por hecho que es lo mismo que ellos piensan, quieren o creen que es correcto. El narcisismo, pues, se manifestaría en esa convicción de saber siempre qué es lo mejor para los demás. Por eso su frecuente interferencia en las vidas de sus hijos es legendaria. Lograr lo que se han propuesto tiene prioridad sobre los sentimientos de los demás, incluido sus hijos. Esto es debido a que, por lo general, estas personas se criaron en un ambiente de privación emocional, y es por ello que son muy independientes, ya que aprendieron a arreglárselas solas en lugar de esperar a que se les diera comprensión y apoyo. Salieron adelante gracias a sus propios esfuerzos, y están orgullosos de su independencia. Tal vez ese sea el motivo de que en su interior resida el miedo a que sus hijos vayan a abochornarlos no triunfando en la vida, por eso se entrometen constantemente y dictan cuál es la mejor manera de proceder para ellos. Por desgracia, no son capaces de ofrecer a sus hijos la aceptación incondicional que les daría una base segura desde la que salir al mundo y lograr sus objetivos. Se lo propongan o no, los padres impulsados hacen que sus hijos se sientan constantemente evaluados, por eso en la edad adulta suelen ser personas con problemas de iniciativa o de autocontrol, desmotivadas e incluso propensas a la depresión.

Padres pasivos

Los padres pasivos son partidarios de intervenir lo mínimo posible y evitan por tanto enfrentarse a nada que pueda causarles malestar. Dicho con otras palabras: son personas que no saben gestionar las emociones incómodas. En apariencias son menos dañinos que los otros tres tipos, pero su comportamiento tiene también sus particulares efectos negativos. Los padres pasivos se resignan con pasividad ante las personalidades dominantes y a menudo tienen parejas más vehementes, aunque igual de inmaduras. Su negligencia les hace llegar a permitir abusos y desprecios en su presencia mientras miran a otro lado. Su mecanismo de defensa en estos casos, suele ser restarle importancia a los problemas y consentir. Pueden llegar a salir bien parados si se comparan con los otros tres tipos de padres emocionalmente inmaduros, ya que parecen tener una mejor disposición hacia sus hijos. Su forma de ser, tranquila y con frecuencia juguetona, los convierte en personas mucho más queridas para sus hijos que los casos restantes. Los problemas llegan cuando la intensidad de una situación conflictiva crece. Se retraen emocionalmente y se esconden, no siendo capaces de ser asertivos ni de poner límites. Cuando eres criado por un progenitor pasivo, la herida más aguda que puedes sentir es la del abandono, ya que en situaciones en las que no podemos protegernos a nosotros mismos cuando somos niños, es necesario que al menos uno de los dos padres ejerza de valedor, protector. Los padres pasivos son famosos por hacer caso omiso de situaciones familiares que sean perjudiciales para sus hijos, dejándoles que se arreglen solos.

Padres rechazantes

A los padres rechazantes no les gusta la intimidad emocional y tienen muy claro que no quieren que sus hijos les molesten. Su tolerancia con las necesidades de los demás es prácticamente nula y sus interacciones consisten en dar órdenes, enfurecerse o aislarse de la vida familiar. Es posible que algunos de los tipos más leves participen en actividades familiares estereotipadas, pero demuestran poca cercanía o verdadera participación. En general, quieren que se les deje en paz y dedicarse únicamente a lo que les interesa (trabajo, aficiones, vida propia, etc.). Los hijos de este tipo de padres tienen la sensación de que sus progenitores estarían en la gloria si ellos no existieran. Cuando reciben negativas a sus demandas, aprenden a que no se debe hablar, molestar o pedir nada a sus padres. Los progenitores rechazantes son los que menos empatía muestran de los cuatro tipos. Algunas conductas típicas de este estilo pueden ser el silencio, la evitación del contacto ocular, o el uso de una mirada hostil que incite a sus hijos a alejarse. Pueden ser personas autoritarias, que demuestran constantemente que son ellos los que mandan en la casa, quienes ponen las normas que han de ser seguidas y respetadas. Los hijos de padres rechazantes se sienten una molestia dentro de casi cualquier situación social, como si hubiera que pedir disculpas por existir.

Ilustración de una persona adulta mirando un álbum de fotos familiares con expresión de tristeza.

La "fantasía de sanación" describe la esperanza persistente de que, con el tiempo o bajo ciertas circunstancias, los padres cambiarán y ofrecerán el amor y la validación emocional que no brindaron en la infancia. Esta expectativa puede dificultar el proceso de sanación, ya que mantiene a la persona anclada en una realidad distorsionada y retrasa la aceptación de los límites reales de la relación parental. Reconocer la imposibilidad de cambiar a los padres y aceptar la pérdida de lo que no se recibió genera un proceso de duelo. Es importante validar el dolor y la tristeza asociados a esta toma de conciencia, ya que solo así es posible construir una nueva relación consigo mismo basada en la autoempatía y el autocuidado.

La psicóloga Lindsay C. Gibson sugiere preguntas como “¿Qué desearía haber hecho hoy?” o “¿Qué podría hacer diferente la próxima vez?” para fomentar la autoobservación y el cambio gradual. La autoempatía, tratarse con compasión, aceptando las propias limitaciones y reconociendo que el valor personal no depende de la aprobación ajena, es fundamental. La conexión con uno mismo, manteniendo un diálogo interno y prácticas que ayuden a no disociarse en presencia de personas difíciles, como ejercicios de conciencia corporal, también es clave.

La Dra. Gibson animó a los oyentes a confiar en su capacidad para reconocer relaciones sanas y a priorizar su propio bienestar emocional. Durante la crianza de un bebé, los padres son el referente más importante del menor. Los niños aprenden y dependen de sus progenitores -así como de otros cuidadores-, pero si bien los adultos suelen generar expectativas sobre el óptimo desarrollo de sus hijos, algunos desconocen la mejor manera de cuidarlos y se perfilan como padres emocionalmente inmaduros.

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