La infección por Helicobacter pylori (Hp) en la edad pediátrica constituye un reto constante en la práctica clínica actual. Esta bacteria, un microorganismo microaerófilo gramnegativo, coloniza el estómago humano y es la principal causa de gastritis crónica. Aunque su prevalencia ha disminuido significativamente en los países desarrollados, sigue siendo un problema de salud pública global que se adquiere mayoritariamente durante la infancia y persiste, de no tratarse, hasta la edad adulta.

Epidemiología y mecanismos de transmisión
La prevalencia de la infección es notablemente heterogénea. Mientras que en países industrializados es baja, en naciones en vías de desarrollo, comunidades de inmigrantes o medios socioeconómicamente desfavorecidos, las tasas son significativamente superiores. Se estima que en Europa la prevalencia media en niños oscila entre el 5% y el 15%, mientras que en la península ibérica se sitúa cerca del 20% en edad escolar, con una tendencia al incremento a medida que avanza la edad del niño.
La transmisión ocurre predominantemente de persona a persona, siendo la vía intrafamiliar la más frecuente (especialmente de padres a hijos y entre hermanos). Las principales vías de contagio identificadas son:
- Oro-oral: A través de la saliva o contacto directo.
- Feco-oral: Mediante la ingesta de agua o alimentos contaminados.
La bacteria utiliza su ureasa para neutralizar el pH gástrico y adhesinas específicas para anclarse al epitelio, permitiendo su supervivencia a largo plazo.
Patogenia y respuesta inflamatoria
La acción patógena de H. pylori está mediada por factores de virulencia, entre los que destacan la citotoxina vacuolizante VacA y la proteína CagA. Estos factores inducen la apoptosis celular y son determinantes en la progresión hacia gastritis crónica activa, úlcera péptica o, a largo plazo, carcinoma gástrico.
A diferencia de los adultos, los niños presentan una inflamación gástrica generalmente más leve, con un infiltrado donde predominan los linfocitos y células plasmáticas. Aunque la enfermedad ulcerosa es menos frecuente en la infancia, es una complicación seria cuando aparece, presentándose principalmente en adolescentes.
Clínica y manifestaciones
La infección por H. pylori en niños es, en la mayoría de los casos, asintomática. No existe una relación causal probada entre esta bacteria y el dolor abdominal crónico de características funcionales. Los síntomas, cuando ocurren, son inespecíficos e incluyen:
- Dolor epigástrico (ardor en la boca del estómago).
- Náuseas, vómitos y sensación de plenitud.
- Falta de apetito y pérdida de peso.

Manifestaciones extradigestivas
Se ha debatido ampliamente la relación de la bacteria con patologías fuera del tracto digestivo:
- Anemia ferropénica refractaria: Debe considerarse el diagnóstico de H. pylori cuando otras causas han sido descartadas.
- Púrpura trombocitopénica idiopática (PTI): Aunque anteriormente se consideraba una indicación de estudio, las guías actuales han reevaluado su relevancia.
- Crecimiento: No hay evidencia concluyente que vincule directamente la infección con el retraso de talla.
Protocolo diagnóstico
Las guías internacionales (ESPGHAN/NASPGHAN) recomiendan priorizar la búsqueda de la causa orgánica de los síntomas mediante endoscopia superior, reservando los métodos no invasivos (como el test del aliento con urea 13C o la detección de antígenos en heces) únicamente para el control de la erradicación.
| Método | Uso principal |
|---|---|
| Endoscopia + Biopsia | Diagnóstico inicial (permite cultivo y antibiograma). |
| Test del aliento (13C) | Control de erradicación (no invasivo). |
| Antígeno en heces | Monitorización de la respuesta al tratamiento. |
Para un diagnóstico preciso, se deben tomar al menos **seis biopsias** (dos de antro y dos de cuerpo para histología; una de cada zona para cultivo). Es fundamental suspender el uso de antibióticos 4 semanas antes y de inhibidores de la bomba de protones (IBP) 2 semanas antes de cualquier prueba diagnóstica.
Tratamiento y erradicación
El tratamiento debe ser siempre dirigido y basado en el antibiograma, debido al aumento global de las resistencias a antibióticos como la claritromicina. La terapia de primera línea consiste en la combinación de un IBP (a dosis altas) con dos antibióticos (como amoxicilina y metronidazol) durante 14 días.
Proceso de Atención del Paciente Pediátrico en Sala de Operaciones - Telecapacitación INSN
La adherencia estricta al tratamiento es el factor más determinante para lograr tasas de erradicación superiores al 90%. Tras finalizar el tratamiento, se recomienda confirmar la erradicación mediante un test no invasivo entre las 6 y 8 semanas posteriores.
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