La asfixia perinatal se define como la agresión producida al feto o al recién nacido alrededor del momento del nacimiento por la falta de oxígeno y/o de una perfusión tisular adecuada. Esta condición implica una interrupción del intercambio gaseoso, manifestándose como hipoxemia, hipercapnia y acidosis láctica.
Fundamentos fisiopatológicos
El intercambio materno-fetal ocurre principalmente a través de la placenta. Cualquier alteración en este órgano, o en la circulación materna y fetal, puede trastornar el transporte de oxígeno hacia las células fetales. La gravedad de la asfixia está estrechamente relacionada con el grado de insuficiencia respiratoria placentaria.
La carencia de oxígeno provoca que la cobertura energética del feto dependa de la glucólisis anaerobia, un mecanismo poco eficiente que incrementa los niveles de lactato. Mientras que en condiciones normales se generan 38 moles de ATP por cada mol de glucosa, en la vía anaerobia solo se producen 2 moles, lo que compromete la estabilidad celular.

Encefalopatía Hipóxico-Isquémica (EHI)
Cuando el episodio de hipoxia-isquemia es suficientemente grave para dañar el cerebro, el recién nacido presenta una encefalopatía hipóxico-isquémica (EHI). Este cuadro clínico se caracteriza por disfunción neurológica significativa durante la primera semana de vida.
Clasificación y pronóstico
- EHI moderada: Presenta un riesgo de muerte del 10%. Entre los supervivientes, un 30-40% pueden desarrollar discapacidad permanente.
- EHI grave: El riesgo de mortalidad asciende al 60%, y la mayoría de los supervivientes presentan secuelas permanentes, siendo la parálisis cerebral la más frecuente.
El daño gangliotalámico determina, en gran medida, el pronóstico motor. Los niños con este tipo de lesión tienen una alta probabilidad de desarrollar parálisis cerebral discinética, a menudo acompañada de alteraciones oromotoras que dificultan la alimentación y el lenguaje.
Manifestaciones clínicas y abordaje neonatal
Los neonatos afectados pueden presentar alteraciones multisistémicas, incluyendo repercusiones cardíacas (hipotensión), renales (anuria), hepáticas y gastrointestinales. La valoración inicial se realiza mediante la puntuación de Apgar, que, aunque no predice la salud a largo plazo, es un indicador fundamental de la necesidad de asistencia inmediata tras el parto.
Manejo clínico y terapéutico
En casos de EHI moderada o grave, la hipotermia terapéutica durante 72 horas es el estándar de tratamiento, ya que permite reducir el daño neurológico. Durante este periodo, es crucial evitar la hipertermia, controlando estrictamente la temperatura corporal.
Rehabilitación y alimentación
Debido a que estos recién nacidos pueden presentar un patrón de succión-deglución alterado, la fisioterapia orofacial juega un papel vital. Los ejercicios de estimulación oral, realizados por profesionales, buscan coordinar la succión con la respiración. Asimismo, la osteopatía pediátrica puede ser de utilidad para tratar las tensiones craneales derivadas del paso por el canal del parto.
| Sistema | Signos de afectación por asfixia |
|---|---|
| Cerebral | Letargo, convulsiones, coma |
| Cardiovascular | Bradicardia, hipotensión, palidez |
| Respiratorio | Dificultad respiratoria, hipoxia |
| Renal | Oliguria/Anuria |
La lactancia materna es fundamental, incluso durante el tratamiento. Se recomienda la extracción de leche materna para mantener la estimulación y, en cuanto el estado del bebé lo permita, iniciar la lactancia directa o diferida utilizando técnicas de apoyo como la posición "balón de rugby" o la técnica DanCer para facilitar el agarre y la estabilidad de la mandíbula.
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