La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Pediatría, especialmente en niños entre los 3 y 36 meses. Aunque en la mayoría de los casos se trata de cuadros autolimitados de origen viral, la persistencia o recurrencia de la temperatura elevada requiere una evaluación estructurada para distinguir entre procesos benignos y patologías subyacentes que necesiten tratamiento específico.
Definiciones clave en los cuadros febriles
Para abordar correctamente un cuadro de fiebre, es esencial diferenciar entre las distintas entidades clínicas:
- Fiebre de origen desconocido (FOD): Se define como fiebre superior a 38°C durante más de 8 días sin diagnóstico aparente tras una evaluación inicial exhaustiva.
- Fiebre sin foco: Entidad en la que la duración es inferior a una semana y no se aprecia un origen claro tras una anamnesis y exploración meticulosas.
- Fiebre recurrente o periódica: Se caracteriza por episodios de fiebre de duración variable que se alternan con intervalos de apirexia (ausencia de fiebre) de al menos 2 semanas.

Causas principales de fiebre recurrente y prolongada
La etiología de los síndromes febriles prolongados varía significativamente según la edad del paciente y la duración del cuadro. En términos generales, las causas se agrupan en:
1. Infecciones
Constituyen la causa más frecuente de fiebre en niños. En inmunocompetentes, destacan infecciones por el virus de Epstein-Barr (VEB). Otras causas importantes incluyen la enfermedad por arañazo de gato (B. henselae), la tuberculosis miliar, la fiebre tifoidea y la malaria en áreas endémicas o tras viajes. Las infecciones bacterianas graves, como la neumonía o infecciones del tracto urinario, deben descartarse siempre.
2. Enfermedades autoinflamatorias y síndromes periódicos
Son trastornos hereditarios o adquiridos caracterizados por una respuesta disregulada de la inmunidad innata. Destacan:
- Síndrome PFAPA: (Fiebre periódica, estomatitis aftosa, faringitis y adenitis). Es el tipo de fiebre recurrente más común en la infancia. Suele presentarse antes de los 5 años, con episodios de fiebre alta que duran de 3 a 6 días.
- Fiebre Mediterránea Familiar: Se hereda de forma autosómica recesiva y cursa con ataques de fiebre y serositis. El diagnóstico es clínico, apoyado por la etnia del paciente y estudios genéticos.
3. Otras etiologías
Incluyen la artritis idiopática juvenil (forma sistémica), enfermedades neoplásicas (leucemias y linfomas) y cuadros metabólicos o autoinmunes.

Abordaje diagnóstico
La realización de una historia clínica exhaustiva y una exploración física minuciosa aporta datos suficientes para llegar al diagnóstico en la mayor parte de los casos. Aspectos fundamentales incluyen:
- Calendario de fiebre: Permite precisar el día de inicio, la persistencia y el patrón (intermitente, remitente, mantenido o recurrente).
- Exploración física sistemática: Evaluar piel (exantemas), ojos (conjuntivitis), orofaringe, abdomen (hepatoesplenomegalia) y sistema musculoesquelético.
- Antecedentes: Viajes internacionales, contacto con animales y antecedentes familiares de autoinmunidad.
Señales de alerta y cuándo acudir al médico
La fiebre no siempre indica gravedad, pero ciertas señales requieren una evaluación médica inmediata:
- Lactantes menores de 3 a 6 meses con fiebre.
- Niños menores de 2 años con fiebre persistente de más de 24-48 horas.
- Dificultad respiratoria, somnolencia, signos de deshidratación o presencia de petequias (manchas rojas en la piel que no desaparecen al estirar la piel).
- Niño decaído o irritable a pesar de la administración de antitérmicos.
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Tratamiento y manejo
El tratamiento empírico con antibióticos en pacientes con buen estado general no está indicado, ya que puede enmascarar o retrasar el diagnóstico etiológico. En casos como el síndrome PFAPA, el uso de corticosteroides puede acortar drásticamente la duración de los episodios. El manejo general debe enfocarse en mantener una hidratación adecuada y el confort del niño bajo supervisión del pediatra.