La pitahaya, también conocida como fruta del dragón, es un cultivo tropical originario de Centroamérica que ha ganado popularidad por su perfil nutricional y atractivo visual. Es un cactus trepador que necesita condiciones climáticas específicas para su óptimo crecimiento y una buena producción de frutos. Como en la mayoría de los cultivos, la fertilización de la pitahaya es una práctica fundamental para promover el adecuado desarrollo y evitar la disminución de su productividad.
Factores Clave para el Cultivo de Pitahaya
El cultivo de pitahaya en España mantiene un crecimiento sostenido, impulsado por una demanda interna en constante aumento. La consolidación de la pitahaya en España es un fenómeno de reciente implantación, pero de rápido desarrollo. En apenas tres años, el cultivo ha experimentado un crecimiento del 205 %, pasando de ser una curiosidad agrícola a una realidad comercial capaz de abastecer el 78 % del mercado nacional. La estrategia de los productores españoles se centra en la diferenciación por calidad, frescura y sostenibilidad.
Las condiciones ambientales son determinantes para el cultivo de la pitahaya. Se desarrolla de manera óptima en climas cálidos a subhúmedos, con un rango de temperatura ideal que oscila entre 16 °C y 25 °C. Aunque puede tolerar picos puntuales de hasta 40 °C, temperaturas inferiores a 10 °C detienen el crecimiento de la planta y pueden dañarla de forma irreversible, lo que explica la necesidad de cultivos protegidos en zonas menos cálidas. La alta luminosidad es un limitante para la fotosíntesis y la brotación floral, pero la exposición directa y prolongada al sol puede provocar quemaduras en los cladodios. La pitahaya (Hylocereus spp) es una fruta con un alto valor nutricional.
La pitahaya es una planta perenne de carácter epífito o terrestre, de porte trepador, que puede alcanzar los 10 metros de longitud. Su sistema radicular es dual: presenta raíces primarias superficiales para la absorción de nutrientes y raíces secundarias o adventicias, desarrolladas en la parte aérea, que cumplen una función de sostén. La planta se caracteriza por sus tallos de forma triangular, ondulados, de color verde o verde glauco. En este sentido, la pitahaya amarilla (Hylocereus megalanthus o Selenicereus megalanthus) es notablemente más resistente, dulce y mejor valorada por los consumidores que las variedades de pulpa roja. Cada variedad tiene necesidades y características de crecimiento ligeramente distintas, aunque todas comparten ciertos requerimientos básicos.
Requerimientos del Suelo y el Riego
Aunque la pitahaya es una planta rústica que se adapta a terrenos secos y pobres, una producción intensiva de alto rendimiento requiere suelos franco-arenosos con buen drenaje, ya que la planta es extremadamente sensible al encharcamiento y la pudrición de las raíces. Es preferible que el suelo sea arenoso y difícil de inundar. La pitahaya crece bien en suelos ligeramente ácidos, con un pH entre 6.0 y 7.0.
En cuanto al riego, aunque la planta es muy eficiente en el uso del agua (consumiendo hasta un 30 % menos que cultivos tradicionales como el tomate), es un factor a controlar. Es una planta que no requiere de abundante agua. Se deben dar riegos moderados durante los primeros dos años de la plantación para promover su desarrollo, posteriormente se recomienda regar especialmente durante la floración. Regar en épocas de sequía podría disminuir la floración, por lo que el riego ideal para este cultivo sería por medio de un sistema de goteo, con el fin de aprovechar el recurso hídrico, garantizar la uniformidad del crecimiento, desarrollo y producción del cultivo.

Principios Generales de Fertilización de la Pitahaya
El éxito de la fertilización en la pitahaya se basa en un conocimiento profundo de las necesidades nutricionales del cultivo, las cuales varían según su etapa fenológica. Un plan de abonado preciso debe basarse en análisis previos de suelo y foliares, ya que todo proceso de fertilización en cultivos en suelo debe ir acompañado de un análisis del suelo y del agua de riego. Antes de que toda finca de producción comercial de fruta del dragón inicie la preparación del terreno, es necesario realizar previamente un análisis de suelo para tener los datos específicos de los nutrientes del suelo que existen y los que faltan para el requerimiento de nutrientes de la planta.
La pitahaya es más exigente en potasio (K) y nitrógeno (N) que en fósforo (P). Se ha determinado que las plantas tienen mejor respuesta al N y al K que al P, y que el K es el elemento más requerido en mayor cantidad durante la producción. El sistema radicular de esta planta frutal se centra en la absorción externa y puede digerir rápidamente incluso la cantidad más pequeña de nutrientes. Para obtener los mejores resultados de rendimiento y calidad, las plantas necesitan dosis de 450:350:300 (N-P₂O₅-K₂O) gramos.
Fertilización por Etapas Fenológicas
- Preparación del terreno: Durante la preparación del terreno antes de su plantación, es interesante la incorporación de materia orgánica descompuesta en la siembra, ya que la planta responde muy bien a este aporte.
- Desarrollo Vegetativo: En las primeras etapas del crecimiento, y durante el desarrollo vegetativo, el nitrógeno es fundamental para estimular el desarrollo de las raíces y el crecimiento vegetativo de los tallos. En esta etapa, el objetivo principal es estimular el crecimiento de los tallos.
- Floración y Fructificación: Posteriormente, durante la floración y la fructificación, los requerimientos de fósforo y potasio aumentan significativamente. Cuando la planta comience la formación de flores y frutos, el mayor número de nutrientes se requerirá, por lo que se recomienda aplicar fórmulas con mayor contenido de K en estas etapas. Cuando el cultivo presente una producción constante y simultánea de flores y frutos, debe haber una mayor aportación de potasio.
Un equilibrio recomendado base desde la siembra está en 1 - 1,5 - 0,6, a concentraciones de 0,1 gramo por litro. En el segundo año, generalmente las plantas de pitahaya inician la producción, por lo que se sugiere aplicar fertilizantes con niveles similares de N-K-P por planta e ir aumentando el aporte de K.
Aplicación de Macronutrientes
La fertilización de la pitahaya se basa principalmente en la aplicación de los tres macronutrientes esenciales: nitrógeno, fósforo y potasio. Si no se alcanzan los nutrientes necesarios, pueden producirse problemas en el peso, la forma y la calidad de los frutos.
El esquema de aplicación del tratamiento de 450:350:300 (N-P₂O₅-K₂O) gramos es dividirlo en cuatro dosis por cada pilar que tenga cuatro plantas, distribuyendo el total de N-P₂O₅-K₂O de la siguiente manera:
- Antes de la floración: 10% de N, 10% de P₂O₅, 30% de K₂O.
- En el cuajado del fruto: 20% de N, 40% de P₂O₅, 25% de K₂O.
- En la cosecha: 30% de N, 20% de P₂O₅, 30% de K₂O.
- Dos meses después de la cosecha: 40% de N, 30% de P₂O₅, 15% de K₂O.
Micronutrientes
Con relación a la nutrición de microelementos, se ha demostrado que la pitahaya es una planta eficiente en la absorción de elementos menores y microelementos. Se ha reportado que el boro (B) y el zinc (Zn) inducen un mayor número de frutos, al igual que su peso y tamaño. Se pueden aplicar calcio y micronutrientes para potenciar el crecimiento y la firmeza de la fruta.

Métodos de Aplicación y Fertilización Orgánica
Como se ha avanzado, el riego localizado junto con la fertirrigación, es la técnica más eficiente en el cultivo de la pitahaya. Una vez cubiertas las necesidades nutricionales básicas, la nutrición especializada en las fases críticas del cultivo es la que marca la diferencia en el aumento de producción y rentabilidad del cultivo.
Toda aplicación de fertilizantes granulados debe realizarse rodeando el tallo, en forma de anillo, a una distancia de 15 cm y hasta 60 cm de diámetro en plantas adultas, esto debido a que la pitahaya posee un sistema de raíces delgadas y superficiales que su principal función es la absorción. Antes de aplicar los nutrientes, se debe remover la tierra y formar una pequeña zanja alrededor del tallo, con una profundidad de 5 cm y un ancho de 20 cm. En terrenos con pendiente, la zanja debe tener una profundidad de 10 cm. Otros aspectos importantes a considerar durante esta labor es la humedad del suelo, que debe ser alta y la necesidad de cubrir el fertilizante con tierra para evitar su volatilización o arrastre por efecto de la lluvia o el riego.
Abonos Orgánicos y Bioestimulantes
Los abonos orgánicos tienen varios efectos benéficos en el suelo de las plantaciones de pitahaya, entre ellas; mejoran la textura, aumentan la capacidad de retención de agua, ayudan a lograr una mejor aireación, regulan el pH, además permiten la disponibilidad de ciertos elementos y favorecen algunas reacciones químicas y la vida microbiológica del suelo. Se han encontrado reportes que indican que la pitahaya responde favorablemente a la aplicación de enmiendas o abonos orgánicos como estiércoles de ganado vacuno, porcino, caprino y gallinaza. Se puede aumentar 250 g en cada año, hasta estabilizarse en el séptimo año a 2 kg por planta. Además de la fertilización química, se recomienda aplicar humus de lombriz o composta de forma regular, realizando cuatro aplicaciones anuales de 2.5 kg cada una. La etiqueta ecológica es ahora tendencia, la fruta del dragón puede competir en el mercado, ya que puede cultivarse de forma ecológica sin aplicar fertilizantes ni pesticidas inorgánicos. Podrían aplicarse abonos orgánicos, como estiércol bovino o avícola, o compost bien descompuesto.
Hay una creencia popular sobre las cactáceas que afirma que estas no requieren ser muy fertilizadas dada su rusticidad. Sin embargo, el cultivo de pitaya va a agradecer el aporte de productos bioestimulantes mejorando su producción y/o calidad. Un ejemplo sería, la aplicación de un bioestimulante enraizante de alta eficacia que va a mejorar el establecimiento del cultivo. El uso de activadores metabólicos ayudará a prevenir o superar los efectos negativos del estrés hídrico. Otro ejemplo es el uso de inductores fisiológicos para mejorar las diferentes fases del cultivo, como el uso de inductores de floración y cuajado de frutos.
Recomendaciones Específicas por Regiones
Las recomendaciones de fertilización pueden variar según la región y las prácticas locales:
- Hawái: 180-230 g (0,4-0,5 lb) por planta de mezcla 16-16-16 NPK cada 4-6 meses. También se utiliza calcio de cáscara de huevo pura triturada (90% de calcio, 6% de magnesio y 1% de fósforo).
- Filipinas: Aplicación de fertilizante combinado completo (14-14-14) y orgánico cada 3 meses en la medida de lo posible o cada seis meses. Se sugiere una dosis de 2 kg (4,4 lb) de orgánico más 25 g (0,056 lb) de urea más 75 g (0,17 lb) de un fertilizante completo por planta.
Los productos complementarios de la fertilización básica (NPK) no poseen plazo de seguridad y no generan residuos. Los programas de aplicaciones pueden variar en función de las condiciones del lugar, cultivo o climatología. Es importante contactar con un departamento agronómico para una recomendación personalizada.
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