Biografía y trayectoria profesional de Felisa Vázquez Gómez

La incorporación de la mujer al mercado laboral ha sido un camino largo, progresivo y no exento de dificultades. Posiblemente, la presencia y el asentamiento de la mujer en el mundo intelectual ha sido incluso más complicado. Gracias al Real Decreto del 8 de marzo de 1910, la educación superior se abrió a personas de ambos sexos, permitiendo así el acceso de las mujeres no solo a la educación y formación, sino también al desempeño de puestos cualificados. Antes de este decreto, la presencia de la mujer en la universidad española era escasa, con excepciones notables como Luisa de Medrano, Francisca de Nebrija o Beatriz Galindo a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, y más tarde Concepción Arenal, María Helena Maseras o Matilde Padrós en el siglo XIX.

Esta incorporación de la mujer al mercado laboral y a profesiones cualificadas ha sido objeto de numerosos estudios desde múltiples perspectivas. Por ejemplo, son destacables los trabajos de Consuelo Flecha García (2013, 2010 y 1995) y el que realizó con Ana Guil Bozal (2015) sobre la situación de las mujeres en los inicios desde un punto de vista global. En el ámbito de las ciencias, sobresalen los trabajos de Carmen Magallón Pórtoles (2004) y María Jesús Santesmases (2000), que ilustran la integración femenina en este campo. El presente trabajo se enfoca en la correlación temporal entre la aparición de mujeres en profesiones cualificadas y su reflejo en el Diccionario de la lengua española (DLE) de la Real Academia.

No se abordará el androcentrismo o sexismo lingüístico, un tema ya tratado por especialistas, sino que se estudiará la rapidez con la que las profesiones cualificadas desempeñadas por mujeres se han incorporado al DLE, aspecto sobre el que no existen estudios específicos. Para la muestra de estudio, se seleccionaron profesiones que requieren un título de enseñanza superior. El punto de partida son las profesiones cualificadas incluidas en la última edición del DLE, y a partir de ahí se realizó una búsqueda regresiva en el NTLLE para determinar en qué edición se incluye la forma femenina. No obstante, delimitar las profesiones en el Diccionario es complejo, ya que muchas se incluyen como adjetivos sin información de género. En total, se analizaron 61 profesiones. La investigación se centró en dos direcciones: la búsqueda de mujeres pioneras en cada disciplina y la generalización de la presencia femenina en ellas.

El objetivo no es una lista exhaustiva de pioneras, sino aproximar la profesión a personas concretas. En cuanto al momento de la generalización del desempeño profesional por parte de las mujeres y su inclusión en el DLE, tampoco es sencillo, ya que una voz se incorpora al DLE no con su primera documentación, sino cuando su uso se ha generalizado. A partir de la promulgación del Real Decreto del 8 de marzo de 1910, la mujer tuvo acceso a la enseñanza superior y, por ende, a profesiones cualificadas. Durante ese mismo curso, el 0,17% del alumnado universitario eran mujeres. A partir de la segunda década del siglo XX, el número de mujeres que accedieron a la enseñanza superior creció gradualmente, alcanzando un 5,3% en el curso 1929-1930. Dado que las carreras superiores duraban en promedio cuatro, cinco o incluso seis años, la incorporación generalizada de la mujer a puestos cualificados se produjo a partir de finales de los años 70. Dos ediciones del DLE abarcan esta época: 1970 y 1984. La edición de 1984, preparada durante varios años, es la que debería reflejar principalmente esta incorporación.

La mujer en el ámbito académico y docente

Es oportuno comenzar con el término "académico, -a". En el Diccionario de Autoridades, la voz "académico" se incluyó como sustantivo masculino con el significado de "El que es del número de la Academia, y está admitido por el director, o Presidente y la Junta, y reputado por uno de los individuos que la componen". En la edición de 1780, este significado cambió a "Usado como sustantivo. El individuo de alguna Academia", sin referencia al género; la referencia al masculino y al femenino apareció ya en 1803. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1979 para que Carmen Conde se convirtiera en la primera mujer académica de número.

Gráfico que muestre la evolución porcentual de mujeres en la educación superior en España desde principios del siglo XX.

Para obtener un título universitario, es necesaria la licenciatura o el grado. El mayor grado académico es el de doctor, -a. Históricamente, entre 1882 y 1896, cinco mujeres en España obtuvieron el título de doctoras (Flecha, 1995, p. 86); de ellas, tres en Medicina y dos en Filosofía y Letras. La Academia ya recogía en su edición de 1843 "doctor, -a" como sustantivo masculino y femenino, con el significado de "el que ha recibido solemnemente en una universidad el último y más preeminente de todos los grados", posiblemente influenciado por María Isidra de Guzmán y de la Cerda, más conocida como María de Guzmán, quien en 1785, a los 16 años, recibió el título de doctora por la Universidad de Alcalá (Flecha, 1995, p. 87).

El primer paso para desempeñar cualquier profesión es la formación, y las mujeres han sido fundamentales como formadoras. La voz "maestra" se encuentra en el Diccionario de Autoridades como una entrada aparte de "maestro", definida como "La mujer que enseña a hacer labor a las niñas", mientras que el masculino significaba "El que sabe y enseña cualquier Arte o Ciencia".

La mujer en el profesorado universitario

La incorporación progresiva de la mujer al profesorado universitario comienza en el primer tercio del siglo XX (Flecha, 2010 y 2013). Sin embargo, es esencial mencionar la labor de dos pioneras del siglo XVI: Luisa de Medrano (1484-1527) en la Universidad de Salamanca, posiblemente en sustitución de Antonio de Nebrija, y Francisca de Nebrija, hija del eminente gramático, quien colaboraba y sustituía a su padre en la Universidad de Alcalá de Henares. A partir de entonces, hubo que esperar hasta 1918, año en que Luisa Cuesta Gutiérrez (1892-1962) se incorporó como profesora auxiliar interina en la Universidad de Valladolid. Durante el curso 1928-1929, el porcentaje de profesorado femenino era del 0,6%; en el curso 1990-1991, las mujeres que impartían docencia en licenciaturas constituían el 25%, y en 2017-2018, esta cifra ascendió al 41,8% según el INE.

Aun así, la presencia de la mujer no es homogénea en todas las instancias. En el grado máximo de catedrático, la primera mujer en obtener una cátedra en España por oposición fue en 1953 la teresiana Ángeles Galino Carrillo (1915-2014) en la Universidad Complutense de Madrid, por Historia de la Pedagogía. Hasta 1970, solo hubo nueve catedráticas más (Guil y Flecha, 2015, p. 138).

El cargo de mayor rango en la gestión universitaria es el rectorado. Elisa Pérez Vega fue la primera mujer en acceder al cargo de rectora de una universidad española (la UNED) en 1982. En el curso 2001-2002, el porcentaje de rectoras frente a rectores era del 5,79%, cifra que se incrementó al 13,5% en el curso 2010-11 y superó el 20% en 2020.

Profesiones en el DLE antes de 1984

De las 6 profesiones estudiadas en este apartado, en 4 se había incluido la forma femenina antes de la edición de 1984: profesora (1832), doctora (1843), catedrática (1925) y licenciada (1925). Destaca que en las fechas de inclusión de estos femeninos, no había profesoras ni doctoras en el mundo universitario, de la misma manera que tampoco había catedráticas. En el caso de las licenciadas, en 1925 la cifra oscilaba entre el 3,5% y el 4,6%. En cuanto a "maestra", lo que tardó en incluirse fue el significado acorde con su desempeño. Respecto a "rectora", el porcentaje en la edición en que se incluyó era solo del 5,79%.

Continuando en el ámbito de la educación, las titulaciones universitarias relacionadas con Magisterio (Infantil y Primaria) presentan la mayor presencia femenina, con el 75,5% de mujeres según datos del INE para el curso 2016-2017, y ya entre 1982 y 1990 eran el 71% (Vicente de Foronda, 2013). En pedagogía, María de Maeztu (1882-1948) es considerada una de las grandes pioneras en España, al igual que María Soriano Llorente (1900-1996), pionera de la Educación Especial, y Carmen Gayarre Galbete (1900-1996), fundadora de la Fundación Gil Gayarre. La referencia al femenino "pedagoga" se incluyó en el Diccionario como entrada aparte en la edición de 1984, y desde la edición de 1992, se encuentra con desdoblamiento de género: "pedagogo, -a".

La mujer en las Humanidades

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En otras ramas del conocimiento, la especialización ha sido una característica principal en los últimos tiempos, resultando en la multiplicación de titulaciones. Por ejemplo, hasta mediados del siglo XX, existían estudios únicos en Filosofía y Letras, divididos en varias secciones. Esto dificulta encontrar mujeres pioneras universitarias en una disciplina concreta (como filología) hasta mediados del siglo XX, ya que los campos de especialidad no estaban tan delimitados como en la actualidad.

Las primeras mujeres licenciadas en Filosofía y Letras fueron Matilde Padrós y Ángela Caraffa de Nava, quienes comenzaron sus estudios en 1887 (Guil y Flecha, 2015, p. 130) y se doctoraron en 1892 y 1893, respectivamente.

Pioneras en Filosofía

Hasta hace no mucho, los estudios humanísticos se concentraban en la carrera de Filosofía y Letras, por lo que, aunque hubo mujeres que estudiaron esta carrera, no se dedicaron posteriormente a la filosofía. No obstante, la figura que destaca como pionera en este campo en España es María Zambrano (1904-1991), quien comenzó a ejercer a finales de los años 20. Además de ella, hay otras pioneras como María Aurèlia Capmany (1918-1991) o Aquilina Satué Álvarez, doctorada en Filosofía en 1958 (Guy, 2020). La presencia de mujeres en los estudios de esta materia siguió aumentando, hasta llegar a los años 1982-1990, en los que la media de mujeres licenciadas alcanzó el 61,8% (Vicente de Foronda, 2013: 76). Relacionada con la filosofía, se encuentra la Antropología, donde figuran pioneras como María Cátedra Tomás, Teresa del Valle o Carmen Díez Mintegui, cuyas carreras comenzaron en los años 70 del siglo XX.

Pioneras en Historia, Geografía y Arqueología

Entre las pioneras en el campo de la historia, a pesar de no tener titulación oficial, se encuentra Mercedes Gaibroisy Riaño (1891-1960), cuya labor de investigación se desarrolló a principios del siglo XX, poco antes de que María del Pilar Corrales Gallego, Matilde Moliner Ruiz, Amada López de Meneses y María Luisa González Rodríguez se licenciaran en Historia en los años 20 (Camino Rodríguez, 2018). En relación con la Historia, no se puede obviar a la teresiana María Dolores Gómez Molleda (1922-2017), primera catedrática de Historia en España en 1967 por la Universidad de Santiago. Dentro de los estudios en geografía, destaca Rosario Miralbés Herrera como la primera mujer catedrática de Geografía en España en 1967 por la Universidad de Santiago de Compostela (Guil y Flecha, 2015 p. 138). Por otro lado, Encarnación Cabré Herreros (1911-2005) está considerada la primera arqueóloga española. Se graduó en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid en 1933 y se especializó en Arqueología.

Pioneras en Filología y Lingüística

Otra de las secciones de la antigua Filosofía y Letras era la filología, con todas sus especialidades, lo que dificulta encontrar pioneras dedicadas exclusivamente a esta disciplina. Destaca la figura de María Goyri (1873-1954), quien trabajó principalmente temas relacionados con el romancero. En las diversas ramas, se pueden citar como pioneras a Carmen Codoñer (1936-) o Elvira Gangutia (1937-) en Filología Clásica; Elena Catena (1920-2012), María Vaquero (1937-2008) o Carmen Boves (1930-) en Filología Hispánica. El número de mujeres se incrementó en los años posteriores, con una media de licenciadas entre 1982 y 1990 del 72,8% (Vicente de Foronda, 2013).

La propia filología actual tiene muchas especialidades y subespecialidades. Una de ellas es la fonología, donde cabe destacar a María Josefa Canellada (1912-1995), quien colaboró con Tomás Navarro Tomás en el Laboratorio de Fonética del Centro de Estudios Históricos entre 1933 y 1939. Realizó su tesis sobre el bable, compaginando estudios en fonología y dialectología. Otra especialidad es la lexicografía. Si se piensa en pioneras españolas que hayan realizado un diccionario, seguramente se piense en María Moliner (1900-1981) con su Diccionario de uso del español, publicado en 1966. Sin embargo, es menos conocido que 67 años antes (en 1899), Luisa Lacal de Bracho publicó un Diccionario de la música, técnico histórico, bio-bibliográfico (Quilis, 2019).

Incorporación de profesiones al DLE: Humanidades

Si en los años 50 el 69,9% del alumnado ya eran mujeres, se puede considerar la edición de 1970 del DLE como la que marcaría la fecha de la incorporación de la mujer al mercado laboral. Las profesiones que aparecen en la edición de 1970 o anteriores son, por orden de inclusión del femenino: historiadora (1803), etimologista (1884), bibliotecaria (1914), egiptóloga (1925), teóloga (1925), filóloga (Supl. 1970) y fonóloga (1970). Las dos profesiones del siglo XIX, historiadora y etimologista, estuvieron documentadas con anterioridad a la llegada de mujeres dedicadas a estos campos. En el caso de bibliotecaria, la inclusión se produce un año después de que la primera mujer aprobara una oposición, lo que también denota un adelanto, al igual que en el caso de egiptóloga. La aparición de mujeres teólogas en España comienza tímidamente a finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo XX, por lo que su presencia en el DLE también es anterior a su presencia social. Las profesiones de filósofa, antropóloga, geógrafa, arqueóloga, dialectóloga y lexicógrafa, entre otras, se incorporaron al DLE en 1984.

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