Entendiendo la Violencia Filio-Parental (VFP)
La violencia filio-parental (VFP) ha surgido y aumentado en los últimos años como una modalidad de maltrato e intimidación que implica una inversión de los roles y la jerarquía tradicionalmente observados en la violencia intrafamiliar. Fue identificada por primera vez por Harbin y Madden (1979), quienes la denominaron el "síndrome del padre maltratado". Más recientemente, autores como Coogan (2011), Kennair y Mellor (2007), Pereira (2006) y Tew y Nixon (2010) la han definido como un crimen de asalto intencional contra uno o ambos progenitores, con el fin de causar daño físico, psicológico o económico, buscando control y poder sobre las figuras parentales.
Según Eckstein (2004), el abuso hacia los padres a menudo comienza con episodios verbales abusivos que escalan en frecuencia e intensidad con el tiempo, hasta que el abuso verbal se convierte en abuso emocional y psicológico, especialmente cuando los hijos no logran los efectos deseados. Las cifras de VFP han evidenciado tasas de prevalencia que van desde el 4,6% hasta el 21% para el abuso físico en Estados Unidos, Canadá y España (Calvete, Orúe, Gámez-Guadix, 2013; Calvete, Orúe y Sampedro, 2011; Ibabe y Jaureguizar, 2010; Pagani, Tremblay, Nagin, Zoccolillo, Vitaro, y McDuff, 2004; Ulman y Straus, 2003), pudiendo alcanzar el 50% en muestras de adolescentes violentos en otros ámbitos extrafamiliares (Kethineni, 2004). En cualquier caso, las mayores cifras se asocian al abuso verbal-emocional (Calvete, Gámez-Guadix y Orúe, 2014).

En España, el total de denuncias por VFP se ha duplicado en tan solo siete años, pasando de menos de 2.300 casos en 2007 a más de 4.500 en 2013, según datos de la Fiscalía General del Estado. Este problema es cada vez más grave y su prevalencia más alta, pero no ha suscitado el mismo interés que otros tipos de conducta violenta en adolescentes, a pesar de ser un hecho reconocido y penalizado (Margolin y Baucom, 2014; Routt y Anderson, 2011). El aumento de la violencia filio-parental es un hecho objetivo, hasta el punto de ser catalogada como un problema social, con cifras que incrementan cada año. Sin embargo, ni siquiera los datos más pesimistas reflejan fielmente la realidad, ya que el factor emocional -el amor incondicional a los hijos- a menudo impide que padres y madres desesperados visibilicen o denuncien la situación que atraviesan, aunque ha habido un aumento del 70% en denuncias de padres que se atreven a hacerlo.
Comprendiendo los Estilos Educativos Parentales
Los padres y madres juegan un papel fundamental en el desarrollo de sus hijos. Los estilos parentales de crianza influirán en el comportamiento y la personalidad de los más pequeños. Por ello, es de vital importancia prestar atención a cómo educamos y fomentar estilos positivos. Los estilos parentales se refieren a las estrategias educativas que los padres emplean con sus hijos, siendo crucial reflexionar sobre sus posibles consecuencias, tanto positivas como negativas. Las respuestas que los adultos dan a los menores ante cualquier situación, actuación o decisión influirán directamente en la forma de crianza.
Al estudiar los diferentes estilos parentales, existen dos elementos clave:
- El afecto y la comunicación que se tiene con el menor. El niño necesita afecto y apoyo, así como interés para sentirse querido y aceptado.
- Un cierto control y establecimiento de límites. El afecto por sí solo no es suficiente, se requiere también una estructura.

Los Cuatro Estilos Parentales Principales
A partir de las diferentes formas de actuar o responder a un niño, los estilos parentales se clasifican en cuatro tipos distintos:
Estilo Democrático
Las características básicas de este modelo de crianza incluyen un alto nivel de afecto y comunicación, combinado con un alto nivel de límites. Aquí, los tutores utilizan el diálogo como herramienta principal para que el niño entienda las acciones, reacciones y las normas establecidas. Pueden llegar a la negociación, ayudando al menor a expresar libremente sus necesidades. Los padres funcionan como guía para mejorar la conducta del niño, siempre desde el respeto y reconocimiento mutuo. El interés es fundamental, ya que en este estilo parental es importante reconocer la individualidad del niño y satisfacer sus necesidades. En el estilo democrático, los hijos demuestran tener un mejor ajuste emocional y de conducta en comparación con otros estilos, siendo habitualmente estables, alegres, independientes y comunicativos.
Estilo Permisivo
Los estilos parentales democrático y permisivo comparten un alto nivel de afecto y comunicación. Sin embargo, en el estilo permisivo, todo cambia cuando nos centramos en la dimensión de las normas y los límites. Aquí, estos tienen un nivel bajo, es decir, presentan poca exigencia y control. Los padres permisivos se alejan del uso de castigos, defendiendo la libertad y la liberación del niño, aunque a menudo presentan sobreprotección. Esto puede tener consecuencias negativas: normalmente los niños educados con el estilo permisivo presentan mayor dependencia y poca obediencia. Por ello, tienen dificultades para interiorizar los valores y pueden llegar a ser inmaduros e impulsivos.
Estilo Negligente
En este estilo, los niveles tanto de afecto como de disciplina son bajos. Los padres se muestran indiferentes respecto a las necesidades del niño, demostrando poca implicación emocional. Tampoco establecen límites ni castigos, siendo completamente pasivos ante el comportamiento de sus hijos. A raíz de esta forma de crianza, los niños pueden presentar problemas académicos y sociales. Este estilo negligente conlleva muchos problemas para el desarrollo del niño y es totalmente negativo.
Estilo Autoritario
A diferencia de los demás estilos parentales, el estilo autoritario se caracteriza por un alto nivel de restricciones y un bajo nivel de afecto. Se trata de un estilo muy restrictivo, en el que no se dan motivos del comportamiento exigido y no se acepta ningún tipo de cuestionamiento. El castigo funciona como principal herramienta de control de la conducta del niño. Los niños educados bajo este estilo pueden presentar problemas emocionales, como baja autoestima o poca confianza en sí mismos.
El Estilo Permisivo y la Violencia Filio-Parental: Evidencia de la Investigación
La investigación ha empezado a desvelar la estrecha relación entre ciertos estilos parentales y la aparición de la VFP. Un estudio reciente que examinó la relación entre las dimensiones de los estilos educativos parentales y la violencia filio-parental, encontró que un estilo educativo basado en crítica y rechazo, así como una forma indulgente y rígida de establecer los límites, se asocia a más conductas de violencia hacia los progenitores. Si bien "indulgente" puede solaparse con el permisivo, la "rigidez" podría indicar una falta de flexibilidad que, combinada con la indulgencia, genera confusión en los límites.
¿Cómo influye mi estilo de crianza en la conducta de mi adolescente?
Profesionales de Servicios Sociales, en un estudio exploratorio sobre sus concepciones de la VFP, identificaron el estilo parental permisivo-sobreprotector como uno de los indicadores familiares que se relacionan con la mayor probabilidad de desarrollo de violencia de hijos a padres. Esto refuerza la idea de que la baja exigencia, la falta de control y la excesiva protección, características del estilo permisivo, pueden generar en los hijos una dificultad para interiorizar valores y límites, propiciando comportamientos inmaduros e impulsivos que pueden escalar a la VFP.
El estilo permisivo, al fomentar la dependencia y la poca obediencia, crea un terreno fértil para la inversión de roles que caracteriza a la VFP, donde el menor asume un poder indebido. Los resultados de estas investigaciones subrayan la importancia de establecer límites claros y consistentes, combinados con afecto y comunicación, para prevenir este tipo de violencia.
Otros Factores y Contextos Relacionados con la VFP
Más allá de los estilos parentales, diversas investigaciones han señalado otros factores que contribuyen a la aparición de la VFP:
- Confusión en la estructura de poder: Finkelhor (1983) postuló que una de las características comunes de las familias donde se producen agresiones a los progenitores es la confusión en la estructura de poder, haciendo que el menor asuma responsabilidades impropias y tome decisiones por toda la familia.
- Hipótesis de la bidireccionalidad o retaliación: Las agresiones de los padres a los hijos pueden contribuir a que estos presenten la misma conducta hacia sus progenitores, con el fin de defenderse, prevenir o vengar el maltrato sufrido (Castañeda, 2014; del Moral, 2013). De hecho, estudios (Ibabe y Jaureguízar, 2011; Kennair y Mellor, 2007) sugieren que muchos de estos menores fueron víctimas de abusos físicos y sexuales por parte de sus progenitores.
- Formas de violencia dentro de la familia: La VFP se ha relacionado con técnicas disciplinarias punitivas o violentas, un bajo nivel de afecto y débiles lazos emocionales entre padres e hijos (Cottrell y Monk, 2004; Pagani et al., 2004).
- Monoparentalidad: No es el divorcio o el tipo de familia monoparental en sí lo que provoca la VFP, sino las consecuencias derivadas, como campañas de difamación de un progenitor contra el ex-cónyuge en presencia del hijo, lo que puede deteriorar la relación filio-maternal (Pagani et al., 2004; Howard, 2011).
- Otros estilos parentales problemáticos: Además del permisivo-sobreprotector, los profesionales identifican el estilo autoritario-violento, el negligente y el confuso como indicadores familiares que aumentan el riesgo de sufrir VFP.
- Características del agresor: Los hijos que ejercen violencia sobre sus padres suelen presentar baja autoestima, baja tolerancia a la frustración, brechas, heridas o traumas emocionales no resueltos, además de desafección y desarraigo emocional con sus familiares.

Necesidad de Intervención y Mejora de la Comprensión
Aunque la investigación sobre la VFP ha experimentado un aumento en los últimos años, con un gran interés en el estudio de los estilos educativos para mejorar la comprensión de esta violencia, la mayoría de los estudios se han realizado con muestras de adolescentes, siendo escasas las investigaciones desde la perspectiva de las propias víctimas. Además, a pesar de la creciente gravedad del problema, los dispositivos y servicios especializados para atender la VFP son aún escasos, recayendo en muchas ocasiones la intervención en profesionales de Servicios Sociales. Es fundamental que estos profesionales conozcan las concepciones y características familiares asociadas a la VFP para una intervención efectiva. Las herramientas para resolver esta problemática deben ser utilizadas desde el amor y la empatía, tanto con los padres como con los hijos e hijas.