El envejecimiento activo, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen” (OMS, 2002), se presenta como un marco fundamental para entender el ciclo vital de todas las personas. Sin embargo, el proceso de envejecimiento en individuos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) constituye un área de investigación y práctica clínica aún poco explorada. Tradicionalmente, la atención se ha centrado en etapas tempranas como la infancia y la adolescencia, periodos en los que suelen realizarse los diagnósticos y aplicarse los apoyos de mayor intensidad.
No obstante, en las últimas décadas se ha observado un incremento significativo en la proporción de personas con TEA que alcanzan la edad adulta y la vejez. Esta tendencia plantea un desafío crucial: anticipar las necesidades específicas para promover un envejecimiento saludable y garantizar la mejor calidad de vida posible, especialmente ante la posibilidad de un deterioro más temprano que en la población general.
El envejecimiento en personas con TEA no solo afecta al individuo, sino también a su entorno de apoyo. El plano social, a menudo marcado por un aislamiento progresivo e involuntario, la pérdida de figuras familiares relevantes o de personas que cumplían funciones de apoyo, puede incrementar las probabilidades de experimentar ansiedad y depresión en la vejez. Esta realidad subraya la necesidad de reflexionar sobre cómo acompañamos a las personas con TEA a lo largo de todas sus etapas vitales, reconociendo que cada una trae consigo oportunidades y necesidades únicas para quienes viven en el espectro y para quienes les acompañan.

Desafíos y Necesidades en el Envejecimiento de Personas con TEA
La falta de conocimiento sobre el proceso de envejecimiento en personas con discapacidad, incluyendo aquellas con TEA, ha sido un énfasis constante en diversos sectores de la discapacidad durante décadas. Las personas con discapacidad en proceso de envejecimiento son atendidas, frecuentemente, por familiares que también son personas mayores. Según la OMS (2015), el envejecimiento activo, participativo, saludable y satisfactorio es un derecho inherente a toda persona.
En España, muchas personas diagnosticadas con TEA son relativamente jóvenes y aún no han alcanzado edades muy avanzadas. Paralelamente, el número de personas que reciben un diagnóstico de TEA en la edad adulta aumenta cada año. Se observa un mayor consenso en la detección de indicadores físicos de envejecimiento, así como deterioros sensoriales, problemas de movilidad y una lentitud generalizada en el funcionamiento personal.
Los informantes en diversos estudios aprecian una reducción en los niveles de hiperactividad y una actitud más tranquila, con menos dificultades de autorregulación. Sin embargo, se identifican también indicadores relacionados con el bienestar emocional y la salud mental, como la depresión, la ansiedad y el estrés. Asimismo, se detectan cambios en los procesos cognitivos, incluyendo un enlentecimiento motor en respuestas inmediatas y procesos de aprendizaje, y posibles pérdidas de habilidades comunicativas.

Factores Clave para un Envejecimiento Saludable
El informe "Envejecimiento en el Trastorno del Espectro Autista: una revisión crítica" (Vidriales et al., 2016) identifica la intervención especializada y la promoción de hábitos saludables desde etapas tempranas como factores esenciales para reducir la necesidad de medicación en la edad adulta. La seguridad económica y patrimonial se considera un aspecto prioritario, al igual que el soporte afectivo y emocional, especialmente ante situaciones adversas como la pérdida de familiares o figuras de apoyo, y cambios vitales que puedan afectar la estabilidad.
Dado que la familia es la principal fuente de soporte, surge la preocupación sobre quién facilitará los apoyos a la persona con TEA en el futuro, cuando los familiares ya no puedan hacerlo. El acceso a un diagnóstico diferencial preciso y especializado es fundamental para el reconocimiento de apoyos, aunque paradójicamente, influye en la invisibilidad del envejecimiento de personas con TEA debido a diagnósticos tardíos en la edad adulta.
Una preocupación esencial para las familias y el colectivo con TEA es dónde y cómo vivirán una vez iniciado el proceso de envejecimiento. Existe un consenso generalizado en que la persona con TEA debe envejecer en el entorno en el que siempre ha desarrollado su vida, para mantener relaciones y vínculos sociales que proporcionen bienestar.
La inclusión social de las personas con TEA en edades avanzadas es un indicador esencial del disfrute de la igualdad de oportunidades y de los derechos fundamentales. El propio colectivo demanda una oferta flexible y variada de actividades de ocio y subraya la trascendencia de compartir momentos y espacios con otras personas adultas con TEA para intercambiar experiencias y sensaciones como forma de apoyo.
Envejecimiento Cognitivo en el TEA: ¿Existen Diferencias Significativas?
Existe un debate sobre si el envejecimiento cognitivo difiere significativamente entre la población con TEA y la población general. El envejecimiento cognitivo es un proceso natural que afecta a todos los organismos, manifestándose en una reducción de la velocidad de procesamiento de la información, posibles afectaciones en la memoria de trabajo, lentitud en la realización de tareas y en las funciones ejecutivas, así como en los procesos atencionales, con mayor dificultad para mantener la concentración.
Históricamente, la atención al autismo o la discapacidad intelectual ha tenido un abordaje excesivamente medicalizado. Las personas que han enfrentado situaciones complejas de vida, polimedicación y comorbilidades, no solo pueden presentar una menor esperanza de vida, sino también un mayor deterioro cognitivo en comparación con la población general.
Estudios longitudinales, como el que analizó el desarrollo del Cociente Intelectual (CI) y el lenguaje durante 40 años, han mostrado que la mayoría de las personas con TEA experimentaron mejoras o desempeños estables desde la niñez hasta la adultez media (Howlin y Magiati, 2017). Investigaciones más recientes, centradas en personas con autismo de bajo nivel de apoyo (anteriormente conocido como Síndrome de Asperger), sugieren que no existen diferencias reseñables en el envejecimiento cognitivo en comparación con la población general.
Si bien en el autismo se observan diferencias de neurodesarrollo, no hay evidencia de neurodegeneración. Las conclusiones preliminares apoyan la teoría de la no diferencia en cuanto al envejecimiento cognitivo, aunque es crucial acotar los escenarios y muestras de estudio. El primer estudio longitudinal de este tipo (Torenvliet et al., 2023) es relevante y marca un punto de partida para futuras investigaciones. Es importante destacar que las muestras de estos estudios suelen corresponder a personas con autismo de grado 1.

Intervenciones y Bienestar en la Vejez con TEA
Actualmente, se están llevando a cabo los primeros estudios sobre el envejecimiento de personas con TEA, incluyendo aquellas con discapacidad intelectual asociada. Se reconoce el beneficio generalizado del agua y los ejercicios acuáticos para la salud física y emocional. Las personas con TEA y discapacidad intelectual asociada, que a menudo presentan problemas de movilidad o físicos derivados de estereotipias motrices, se mueven con mayor libertad en el agua, observándose una reducción considerable de sus niveles de ansiedad.
Un proyecto planteado consiste en sesiones diarias de intervención terapéutica acuática, dirigidas por profesionales con formación específica en autismo y natación para personas con discapacidad. El equipo ha implementado una herramienta interna para la detección y seguimiento de casos de deterioro prematuro. En el primer trimestre de 2024, se observó a 95 personas (28 mujeres y 67 hombres), consolidando el sedentarismo como el indicador de mayor riesgo, especialmente entre mayores de 40 años y aquellos valorados en situación de envejecimiento prematuro. Fomentar planes de vida activos e impulsar la actividad física adaptada es uno de los principales retos.
Se ha investigado la prevalencia e incidencia de la demencia de inicio temprano en adultos con TEA (Vivanti et al., 2021). La intervención especializada y la promoción de hábitos saludables desde edades tempranas se consideran factores clave para reducir la necesidad de medicación en la edad adulta y mejorar la salud general de las personas con TEA a lo largo de su vida.
"LA ANSIEDAD: COMPAÑERA DE VIAJE DE LAS PERSONAS CON TEA" | MARÍA LLORENTE (#CIAS17)
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