La infiltración de microplástico en el tejido placentario ha generado una profunda preocupación en la comunidad científica, exigiendo una reevaluación de los mecanismos inmunitarios de la autotolerancia. Investigadores como el Dr. Antonio Ragusa y sus colaboradores del Ospedale S. Giovanni Calibita Fatebenefratelli en Roma, Italia, han liderado estudios pioneros en esta área.

Primeros Hallazgos y Evidencia Científica
Un estudio piloto observacional, publicado en la revista Environment International, empleó microespectroscopia Raman para analizar placentas de seis mujeres con embarazos fisiológicos. El objetivo era detectar la presencia de microplástico. Los resultados revelaron la identificación de un total de 12 fragmentos de microplástico en el tejido de cuatro de las placentas analizadas. Específicamente, se encontraron 5 fragmentos en el lado fetal, 4 en el lado materno y 3 en las membranas corioamnióticas. Este hallazgo inicial sugirió que los microplásticos tienen la capacidad de alcanzar todos los niveles del tejido placentario.
Los 12 microplásticos identificados eran pigmentados. De ellos, tres se determinaron como polipropileno teñido. Los otros nueve fragmentos contenían pigmentos utilizados en una variedad de materiales, incluyendo cubiertas, pinturas, adhesivos, yesos, pinturas de dedos, polímeros y cosméticos, así como productos para el cuidado personal.
La Dra. Elisabeth Restrepo, una de las científicas que lideró una investigación posterior en Colombia, comunicó a Cambio que en todas las muestras analizadas, tanto del lado de la madre como del feto y en el cordón umbilical, se encontraron estos polímeros. En su estudio, se halló la presencia de microplásticos en más de 200 placentas humanas.
Investigadores de la Universidad Nacional, sede Manizales, la Universidad de Caldas y el Hospital Universitario de Caldas confirmaron la presencia de microplásticos en placentas humanas, demostrando que la exposición a estos materiales comienza incluso antes del nacimiento.
Un estudio más reciente, publicado en 2024, analizó 62 placentas humanas y encontró microplásticos en todas las muestras. El polietileno, utilizado habitualmente en la fabricación de bolsas y botellas de plástico, representó el 54% de los microplásticos detectados. Además, un 10% correspondía a cloruro de polivinilo (PVC), un material que contiene cloruro de vinilo, una sustancia química tóxica y clasificada como carcinógena.
El Dr. Matthew Campen, catedrático del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la UNM, informó que la concentración de microplásticos en las 62 muestras de placenta analizadas oscilaba entre 6.5 y 790 microgramos por gramo de tejido. El polímero más prevalente fue el polietileno (54%), seguido por el cloruro de polivinilo (PVC) y el nailon (cada uno alrededor del 10%).
Mecanismos de Entrada y Preocupaciones de Salud
Aún no se ha aclarado completamente el mecanismo por el cual los microplásticos entran en el torrente circulatorio y logran acceder a la placenta. Los investigadores sugieren que la vía de transporte más probable es un mecanismo de absorción y translocación de partículas, similar al descrito para la interiorización desde el tubo digestivo. Sin embargo, la presencia de microplásticos en la placenta podría afectar el embarazo de diversas formas, como la inmunidad, la señalización del factor de crecimiento, la comunicación materno-fetal y el tránsito de varios tipos de células y macrófagos.
Andrea C. Gore, Ph.D., de la University of Texas, señala que los microplásticos son ubicuos en el entorno y se pueden detectar en el tejido humano y en la vida silvestre. La detección de microplásticos en la placenta es preocupante por dos motivos principales: en primer lugar, los microplásticos pueden ser sustancias químicas que produzcan alteraciones endocrinas o pueden concentrar otras sustancias endocrinas. En segundo lugar, aunque el número de partículas detectadas en algunos estudios sea pequeño, su presencia misma es motivo de alarma.
Los científicos sospechan que los microplásticos podrían interferir con funciones críticas del embarazo, como el intercambio de nutrientes, el equilibrio hormonal y la respuesta inmunológica. Además, muchos microplásticos contienen aditivos químicos o pueden actuar como portadores de contaminantes tóxicos, lo que agrava su posible impacto en la salud del feto.
El informe "Plásticos, EDC y salud" de la Endocrine Society e IPEN describe evidencia científica que respalda los vínculos entre los aditivos de los plásticos y los impactos en la salud del sistema endocrino. Los disruptores endocrinos más estudiados son los bisfenoles y los ftalatos, que pueden interferir en los procesos regulados por los estrógenos y andrógenos, generando disfunciones reproductivas como reducción de la fertilidad, aborto e infertilidad.
El plástico presente en la placenta implica que los disruptores endocrinos pueden atravesar esta barrera fácilmente, alterando vías de regulación celular, mecanismos de inmunidad y la comunicación materno-fetal. Estos efectos pueden conducir a resultados adversos del embarazo, como la preeclampsia y la restricción del crecimiento fetal.
El Dr. Antonio Ragusa describe la situación como "tener un bebé cyborg: ya no está compuesto sólo de células humanas, sino de una mezcla de entidades biológicas e inorgánicas". Se sabe que niveles alarmantes de parabenos, ftalatos y retardantes de llama se detectan en los tejidos de los recién nacidos, los cuales hackean la comunicación hormonal y se relacionan con problemas en el desarrollo neuronal o malformaciones. La exposición intrauterina puede incluso desarrollar enfermedades 50 años después o afectar a la siguiente generación (efectos transgeneracionales).
Los efectos de los disruptores endocrinos en nuestra salud y el medio ambiente
Tecnología y Metodología de Investigación
La investigación para identificar estos contaminantes en las placentas ha utilizado técnicas avanzadas. Inicialmente, se empleó microespectroscopia Raman. Posteriormente, se utilizaron técnicas de microscopía electrónica de barrido y espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier para identificar tanto el tamaño como el tipo de polímero tras disolver y filtrar los tejidos placentarios.
Un estudio más reciente empleó espectrometría de masas de alta sensibilidad para detectar y medir con precisión estas partículas. Otro equipo de investigación utilizó un proceso llamado saponificación, que trata químicamente las muestras para "digerir" la grasa y las proteínas, seguido de centrifugación en una ultracentrífuga. Posteriormente, se aplicó la técnica de pirólisis para calentar el gránulo de plástico y capturar las emisiones de gas, permitiendo identificar los distintos tipos de plástico por sus temperaturas de combustión específicas.
Este nuevo método analítico permite cuantificar adecuadamente la cantidad de microplásticos presentes en los tejidos humanos, yendo más allá de la simple cuenta de partículas visibles al microscopio.
Microplásticos y Partos Prematuros
Un estudio presentado en la reunión anual de la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM) reveló que las placentas de bebés prematuros contienen niveles más altos de microplásticos y nanoplásticos que las de bebés nacidos a término. La investigación, liderada por expertos del Boston Children's Hospital y el HCA Institute, analizó 175 placentas (100 de embarazos a término y 75 de embarazos prematuros).
Los científicos encontraron que las placentas de los bebés prematuros tenían concentraciones significativamente más altas de microplásticos y nanoplásticos. Estos niveles eran mucho más altos que los registrados anteriormente en la sangre humana, lo que llevó a los investigadores a concluir que los plásticos se acumulan en la placenta durante el embarazo y que esta acumulación podría estar relacionada con el riesgo de partos prematuros.
Los resultados sugieren que la acumulación de estas partículas podría estar contribuyendo activamente al riesgo de partos prematuros, y no se trata simplemente de que los embarazos más largos tengan más tiempo para acumular plásticos.

Implicaciones y Recomendaciones
La detección de microplásticos en la placenta representa un serio llamado de atención sobre el alcance de la contaminación plástica en nuestro entorno y nuestra salud. Aunque evitar completamente los microplásticos es prácticamente imposible, existen acciones que los consumidores pueden tomar para reducir su exposición:
- Evitar productos de un solo uso, especialmente los plásticos.
- Elegir envases reutilizables de vidrio o acero inoxidable.
- Consumir alimentos frescos y sin procesar, evitando en lo posible los envasados en plástico.
- Usar filtros en la lavadora para minimizar la liberación de microfibras sintéticas.
- Informarse y exigir medidas a las instituciones para frenar la contaminación por plásticos.
Los científicos advierten que los bioplásticos y plásticos biodegradables, promocionados como más ecológicos, también contienen aditivos químicos similares a los plásticos convencionales y pueden tener efectos de alteración endocrina. Se necesita una acción definitiva a nivel mundial para proteger la salud humana y el medio ambiente de estas amenazas, exigiendo políticas públicas que reduzcan la fabricación de plástico y eliminen la presencia de disruptores endocrinos.
El problema del plástico "no hace más que empeorar", y la trayectoria es que se duplicará cada 10 o 15 años. La preocupación se extiende a todos los animales y plantas, ya que el plástico se encuentra en el aire, el agua, los alimentos y el suelo.
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