Manuel Huelva Esteban, conocido artísticamente como El Niño de las Coles, ha sido una de las figuras más emblemáticas y entrañables de la ciudad de Algeciras. Más allá de su trayectoria en los ruedos, fue un símbolo del barrio de La Bajadilla, recordado por su cercanía, su alegría inagotable y un corazón inmenso que lo convirtió en parte esencial del alma algecireña.

Trayectoria taurina: valor frente a la técnica
Su apodo artístico, El Niño de las Coles, tendría su origen en su oficio como vendedor de hortalizas en la plaza de abastos de Algeciras, aunque también se ha relacionado con una película homónima de 1934. Durante las décadas de los 60 y 70, desarrolló una carrera como novillero caracterizada por ser irregular pero profundamente humana.
En el ruedo, no destacaba por su técnica, sino por una valentía temeraria y un arrojo que rozaba el peligro. Manuel Flores, al rememorar su carrera, lo describió como un torero "precipitado y temerario". Sus actuaciones, que a menudo combinaban elementos cómicos -como torear sobre una silla o desde una motocicleta- con la seriedad de quien se siente torero hasta la médula, dejaron huella en plazas de municipios como Chiclana, San Roque, Tarifa y San Fernando.
A pesar de sus dificultades, nunca perdió la dignidad. Su estilo inconfundible, con el sombrero y el pañuelo rojo al cuello, fue inmortalizado por artistas y fotógrafos, incluyendo al japonés Tomoyuki Hotta, quien residió en la localidad. Su vida estuvo marcada por una lucha constante, pero siempre utilizó la alegría como escudo ante las adversidades.

El papel del referente vecinal y "la pata del Coles"
Más allá del mundo taurino, Manuel Huelva demostró ser un firme defensor de su comunidad. A finales de los años 80, se convirtió en un referente vecinal al enfrentarse a la administración para evitar el derribo de su vivienda y la de sus vecinos ante la construcción de la ronda de circunvalación de Algeciras.
Su lucha fue tan persistente que logró cambiar parte del trazado original de la vía a su paso por la calle Aguamarina. Los técnicos municipales llegaron a bautizar esa modificación del plano como "la pata del Coles". Su negativa a abandonar la casa que él mismo había construido con sus propias manos y su tenacidad en el Ayuntamiento, donde reclamó durante nueve meses, fueron fundamentales para salvar el conjunto de viviendas.
Como símbolo de su arraigo, mantuvo en su parcela un oratorio dedicado a la Virgen del Carmen, que aún hoy persiste, integrado en la mediana de la carretera como testimonio de su resistencia y devoción.

Un símbolo de la identidad algecireña
Tras su partida, el alcalde de la ciudad, José Ignacio Landaluce, expresó las condolencias municipales, destacando que Algeciras perdía a un hombre valiente tanto en los ruedos como en la vida. Manuel Huelva Esteban no solo fue un torero peculiar, sino un ejemplo de lo que en la zona se denomina "buena gente".
Incluso en sus últimos años, debilitado por los achaques de la edad, conservó la gallardía que siempre lo definió. Su legado perdura como un ejemplo de sencillez, pasión y humor, siendo recordado como aquel hombre que, con su pañuelo rojo, supo darle capotazos a las dificultades hasta el último momento.