El duelo perinatal, que se refiere a la pérdida de un bebé en cualquier momento desde la concepción hasta el primer año de vida, puede tener repercusiones físicas y psicológicas duraderas para las familias.
La psicología perinatal abarca un gran abanico de cuestiones y aspectos psicosociales que se manifiestan desde que surge la idea misma de concebir un hijo hasta que este cumple aproximadamente los tres años de edad, coincidiendo con el periodo de adquisición del lenguaje. De todos los aspectos abordables desde esta especialidad, el duelo por la pérdida perinatal se caracteriza por ser el de mayor complejidad y carga emocional.
La Invisibilidad Social de la Pérdida Perinatal
A menudo, esta forma de pérdida es menos reconocida y comprendida en comparación con otras formas de duelo, lo que puede llevar a que las personas dolientes sientan aislamiento. Es una pérdida que no tiene nombre. Cuando fallece nuestra pareja nos llaman viudos/as, cuando fallece un padre o madre se nos llama huérfanos/as, en cambio, no existe ninguna palabra en ningún idioma para la pérdida de un hijo o una hija.
Sobrevivir a la muerte de un hijo es ya de por sí un hecho tan contra natura que ni siquiera existe en nuestra lengua un término para definirlo. Hablar de duelo perinatal es hablar de duelo invisible, de duelo desautorizado, ya que en la mayoría de las ocasiones los progenitores que sufren esta pérdida carecen del apoyo y la comprensión necesaria de las personas que les rodean. Familiares, amigos e incluso profesionales de la salud, no saben cómo afrontar y comprender a estos padres y madres que están sufriendo una experiencia devastadora.
El duelo perinatal es un duelo desautorizado y socialmente no aceptado, debido a que, al no haber conocido al bebé, parece que las familias no puedan sufrir por algo "inexistente". Además, la muerte en la infancia es un tema tabú, por lo que no se permite hablar de ello ni se permite estar triste. La cultura de los países occidentales alimenta la huida del dolor. Tratar con la muerte es parte del proceso de aprendizaje de la vida, un proceso natural por el que todos tenemos que pasar y que puede estar presente en cualquier momento de nuestro ciclo vital. Sin embargo, es un tema tabú en la cultura occidental que se intenta evitar con el fin de no enfrentarnos a la temida tristeza y al dolor que conlleva.

Factores que Acentúan la Invisibilidad
Esta situación es difícil de digerir para todos, ya que sus características dificultan la gestión de la pérdida de forma adecuada. Puede ocurrir que por el tiempo del bebé fallecido no pueda ser inscrito en el registro, lo que conlleva que no se considere visto ni reconocido para nadie. También, en la mayor parte de los casos puede no realizarse un ritual de despedida, quizás fomentado por la propia desautorización social de existir. El hecho de que sea un tema tabú hace que se intente ignorar o minimizar a través de palabras y comentarios desafortunados que niegan la posibilidad a los afectados de manifestar su dolor y sufrimiento, como: "tranquila si estabas de pocas semanas", "mejor ahora que más adelante", o "lo que tenéis que hacer es tener otro pronto".
Además, las mujeres se tienen que enfrentar a la subida de leche y a todos los cambios de su cuerpo relacionados con el embarazo y, en algunos casos, el parto. A veces también las mujeres y las familias se enfrentan a tomar decisiones apresuradas sobre si se interrumpe el embarazo, de qué forma se interrumpe, si quieren parto o conocer al bebé, o si quieren hacer ciertos rituales de despedida y guardar objetos y fotos.
Repercusiones y Complejidad Emocional
La pérdida de un ser querido es considerada como uno de los estresores vitales de más alta intensidad (Holmes, 1967), conformando una compleja sucesión de manifestaciones que precisan de un cierto tiempo para ser elaborada. Esta reacción llega a una complejidad extrema y sin precedente cuando se trata de la muerte de un hijo. Como se ha señalado, "En estas pérdidas hay más riesgo de quedarse fijado a un dolor de tipo melancólico, puesto que, lo que se ha perdido pertenece más al terreno de lo ilusorio, de lo imaginado, de lo esperado, pero no de lo vivido".
Las consecuencias y el desgaste que conlleva no atender y resolver un proceso de duelo pueden desencadenar estados de melancolía donde la mecánica del autoreproche, las autodenigraciones, la culpa y el victimismo van haciendo que el yo esté cada vez más empobrecido, perdiendo toda investidura narcisista y pudiendo llegar a la autodestrucción.
El duelo: cambios emocionales que sufre la familia ante la pérdida de un bebé
Haciendo Visible lo Invisible: Avances y Desafíos
Aunque los adelantos médicos y tecnológicos de los últimos tiempos han reducido en gran medida los índices de mortalidad infantil, aún es frecuente que mueran bebés durante el embarazo, al nacer, a los pocos días o incluso meses. La muerte puede tener distintas causas y, aunque es cierto que aquellas que tienen carácter súbito pueden ser más complicadas a la hora de ser gestionadas, la realidad es que ni los padres están preparados para hacer frente al hecho en sí, ni el entorno que los rodea lo está para apoyar, acompañar y reconocer el sufrimiento en este duelo tan especial que precisa de tanta sensibilidad, comprensión, apoyo y empatía.
Afortunadamente, si se analiza el abordaje del duelo perinatal a lo largo del tiempo, podemos observar cambios favorables que nos hacen ser más optimistas: ya las mamás no son sedadas, no se les anima con un nuevo embarazo, y los padres ya no quedan excluidos del proceso de duelo. Por otro lado, los profesionales sanitarios parecen estar más interesados y se están creando guías y protocolos de actuación para estos casos.
Hoy en día, en algunos hospitales se favorece que las familias puedan conocer al bebé y puedan hacer ciertos rituales de despedida como una caja de recuerdos, guardándose objetos como un mechón de pelo, la pinza del cordón umbilical o la huella del pie. Además de poder hacer fotos, favoreciendo la integración de la pérdida y haciéndola real. Los padres tienen también ya la oportunidad de despedirse del bebé, de verlo, de recopilar sus cosas, su huella, cualquier recuerdo, una foto por ejemplo, algo que les permita vincularse con el hijo perdido.

El Arte como Herramienta de Visibilización y Sanación
En 2012, el joven artista eslovaco Martin Hudacek, tras las demandas de ayuda y el escaso apoyo que manifestaban las mujeres que habían sufrido un aborto, decide crear una obra pro-vida: "En Memoria del niño no nacido". Con este trabajo, el autor pretende dar esperanza y sanación al sufrimiento de estas mujeres mediante la representación de este niño de cristal que parece estar calmando y apoyando la decisión de su madre.
El Compromiso de la Psicología Perinatal
Afortunadamente, empezamos a vivir tiempos de cambios y tenemos mucho qué hacer y qué decir. Está en nosotros como psicólogos perinatales fomentar que así sea, estando preparados para acompañar y escuchar sin enjuiciar, con empatía y con respeto.