Karmele Marchante, una de las figuras más conocidas del mundo del corazón y el periodismo español, nació en la localidad tarraconense de Tortosa en 1943. Hija de un coronel de infantería, su nacimiento en Tortosa marcó el inicio de una vida llena de transformaciones personales y profesionales.
Una Infancia Marcada en Tortosa
La infancia de Karmele Marchante en Tortosa ha sido descrita por ella misma como "muy triste". Vivía en una gran casa familiar en la calle Sant Blai, un lugar donde su abuela regentaba la conocida tienda Casa Barrobés. Sin embargo, ni el espacio ni la relativa comodidad material lograron compensar una niñez marcada por la soledad. La periodista recuerda no haber tenido amigas, cumpleaños ni regalos, lo que la llevó a afirmar que realmente no tuvo una infancia en el sentido tradicional. Esta etapa de su vida está documentada en sus memorias, donde relata sus experiencias desde la niñez y la adolescencia.

El Entorno Familiar y la Ausencia de Afecto
El padre de Marchante, militar de ideología franquista, nunca se adaptó a Tortosa ni a su entorno cultural. La periodista ha explicado que su padre no soportaba oír hablar catalán, llegando incluso a propinarle golpes si la escuchaba conversar en catalán con sus compañeras de colegio. Más allá de la violencia física, Marchante subraya la ausencia total de afecto, afirmando que su padre nunca le dio una muestra de cariño ni de estima. Estas difíciles experiencias, incluyendo los maltratos de su padre y la falta de caricias de su madre, forjaron un carácter fuerte en Marchante. Con la perspectiva del tiempo, ella reconoce el aprendizaje de esa etapa: "Fue una infancia triste, pero me hizo una mujer fuerte".
Formación Académica y la Transformación de "Carme" a "Karmele"
Desde muy joven, Karmele Marchante demostró tener un talento innato para las letras, lo que la llevó a decantarse por el periodismo. Ella no quiso saber nada del mundo militar y eligió estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra, en Pamplona. En aquel momento, esta era la única universidad privada donde se impartía la carrera y estaba vinculada al Opus Dei.
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Durante sus estudios en la Universidad de Navarra, se produjo una anécdota que marcaría un punto de inflexión en su identidad. Preocupada por la cantidad de Cármenes en su aula (un total de cinco incluyéndola a ella), Marchante decidió preguntar cuál era la versión de su nombre en euskera. Fue entonces cuando una compañera, de origen vasco, le reveló que en el País Vasco a las Cármenes se las llama Karmele. Así, de forma natural, en la Universidad de Navarra nació la "Karmele" que conocemos hoy, dejando atrás a "Mari Carmen" en Pamplona y adoptando un nombre que simbolizaba una identidad más reivindicativa, alineada con su visión del mundo.
Sin embargo, su creciente implicación en el activismo político y social acabó provocando su expulsión de la Universidad de Navarra, un evento que la obligó a continuar sus estudios en Barcelona. En aquel mismo otoño, justo cuando empezó el segundo curso de periodismo, fue expulsada de la facultad mediante una carta a sus padres, aunque no se detallaron los motivos exactos. Tras este suceso, y harta de la situación, se fue a Inglaterra a aprender inglés, aunque también pasó por Alemania, Italia, Dinamarca, Holanda y París, antes de regresar a su tierra natal, Cataluña, para reingresar en la universidad de periodismo, esta vez en la Universidad de Barcelona (UB).
Primeros Pasos en el Periodismo y la Contracultura
Tras su formación, Karmele Marchante inició su carrera profesional desempeñándose como enviada especial freelance para agencias en Londres y los países escandinavos. Posteriormente, trabajó en París para la UNESCO, donde tuvo que mudarse. En sus inicios también fue corresponsal en varios países para el programa Informe Semanal (TVE).
Desde mediados de los años 70, Marchante fue una figura clave en la contracultura catalana, ayudando a fundar las revistas promotoras de este movimiento, como Ajoblanco y Star. Dirigió esta última durante sus últimos años, hasta 1980. Paralelamente, trabajó como redactora para el diario catalán Tele/eXpres y, en 1981, se estrenó como actriz con un pequeño papel en la película "Manderley".
En la década de los 80, Marchante regresó a España, instalándose en Barcelona, donde se dedicó al mundo de la cultura en radio y prensa, además de realizar reportajes para el mítico Informe Semanal. Más tarde, desembarcó en Madrid formando parte del equipo de informativos de TVE, y realizó secciones culturales para RNE. En 1983, comenzó a cubrir la prensa del corazón como conductora de la sección encargada de ello en el magazine 'La tarde', especializándose poco a poco en la crónica social para revistas como Interviú o Época. Fuera del ámbito del corazón, en 1986 formó parte del programa de entretenimiento 'Segundos fuera'.