El Guadalfeo, antiguamente conocido como Sierpe, es un río de la provincia de Granada, en Andalucía (España), con una longitud de 71 kilómetros. Discurre desde la falda sur de Sierra Nevada hasta la Vega de Motril y Salobreña, en cuyo término municipal desemboca en el mar Mediterráneo.

El Nacimiento del Guadalfeo
El Curso Alto de un río es la parte más cercana a su nacimiento, en la montaña. El río Guadalfeo nace en el Parque Nacional de Sierra Nevada, específicamente de la unión de dos cursos de agua más modestos: el río Chico y el río Grande. Estos se forman a una altitud de 2500 metros en las vertientes meridionales del Tajo Colorado (2900 m). El río Chico tiene su origen en el ventisquero de las Cabras, mientras que el río Grande nace en los prados del Puerto, separados ambos por la loma de Enmedio.
De manera más general, el Guadalfeo nace en la zona de la Sierra de los Bérchules, en la Loma de las Albardas, la cual está situada entre el Peón del Puerto (2.758 m) y el Cerro del Gallo (2.913 m). Como señala Madoz, "tiene su origen en Sierra Nevada, de varias fuentes que nacen en el puerto del Rejón".

Curso y Denominaciones del Río
Al unirse el río Chico y el río Grande, forman el curso que los lugareños conocen como río Bérchules. Cuando el río pasa por el pueblo de los Bérchules, allí le llaman Río Grande de los Bérchules. Más abajo, a su paso por el pueblo de Cádiar, se le denomina Río Cádiar, a partir de donde ya se conoce como Guadalfeo.
Posteriormente, el río sigue su camino hacia Almegíjar y Torvizcón, discurriendo entre ambos pueblos. Al llegar al término de Órgiva, se le denomina frecuentemente Río Grande o de Órgiva. Mantiene este nombre hasta pasar la población y recibir al río Ízbor, momento en el que toma nuevamente, y ya de forma definitiva, el nombre de Guadalfeo. El río Ízbor, también llamado en el pasado Santo, Grande o Albuñuelas, recoge a su vez las aguas del Valle de Lecrín y los laderos de Sierra Nevada.

Afluentes Principales
El Guadalfeo se alimenta de una gran cantidad de arroyos y ríos menores que confluyen en él a lo largo de su curso. Entre sus afluentes más importantes se encuentran:
- Los arroyos Jubiles y Nieles.
- El río Poqueíra.
- El río Trevélez.
- Los arroyos Seco y Chico.
- El río Ízbor, que a su vez recoge las aguas de los arroyos Dúrcal, Torrente, Melegís, Talara, Lanjarón y Tablete.
Características y Caudal
El Guadalfeo es un río de régimen irregular, lo que significa que su caudal varía mucho durante el año, de unas estaciones a otras, debido a su carácter torrencial y nivopluvial. Sus aguas dependen en gran medida del deshielo y de las tempestades que reciben las montañas granadinas. Al principio, en su curso alto, es un río con poca agua, por lo que decimos que su caudal es escaso.
Su caudal medio es de 6,65 m³/segundo. Sin embargo, pese a su escasa longitud, la fuerza de las aguas y su capacidad de erosión y arrastre crean, en su trayecto último, una fértil vega y un pequeño delta. En sus crecidas, las aguas se precipitan con una violencia muy notable, arrastrando una gran cantidad de agua y de piedras. Antiguamente, en el río podían verse nutrias y truchas.
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Curso Bajo y Desembocadura
El Guadalfeo nutre los campos de la fértil Vega de Órgiva y continúa, siempre en dirección Suroeste, hasta encajonarse entre las sierras de Lújar y Guájares, por donde el río transcurre por un estrecho y vertical corredor, hoy aprovechado por la autovía que une Granada con su costa. Desde que el río se aleja de Órgiva, su cauce transcurre por las localidades de Vélez de Benaudalla, Lobres y Salobreña, donde desemboca a escasos kilómetros del casco urbano.
La vega de Motril y Salobreña, que el río riega con sus aguas cubriéndola de perpetuo verdor, se asienta sobre un abanico deltaico o delta anastomosado (Braided Fan-Delta). Este se caracteriza por un río trenzado en el que su cauce se transforma en una red de canales separados por islas temporales. Las acequias que desembocan en las playas de Salobreña y Motril se corresponden en realidad con el trazado de los canales del delta, que a lo largo de la historia han ido cambiando de posición.
Cambios Históricos en el Cauce
Durante buena parte de la Edad Media, el canal principal del Guadalfeo discurría por la propia Salobreña, y su parte baja, conocida como la Pontanilla, se corresponde con ese trazado. La violencia de las crecidas y la colmatación de materiales provoca que, desde que se documentan los cambios del río, su curso no sea el mismo en los últimos kilómetros.
Madoz apunta que "hasta 1790 corría desde Pataura al Sur Suroeste, concluyendo al pie de Salobreña; después varió al Este por un nuevo canal que siguió hasta el 5 de enero de 1821, en cuya noche volvió a romper a su izquierda, abriéndose desde Pataura el cauce que hoy tiene, destruyendo más de 7.000 marjales de labor". Tras el encauzamiento del río, quedó aislada una playa entre la desembocadura actual y la de río Seco, conocida como playa de la Cagadilla.

Impacto de la Presa de Rules y Estado Actual
Este problema histórico de las crecidas y los cambios de cauce, que afecta a la agricultura de la zona y a menudo pone en riesgo a los pobladores, se solucionó de forma definitiva en 2003 gracias a la puesta en funcionamiento "no exenta de polémica medioambiental" de la presa de Rules, en el término municipal de Salobreña.
No obstante, tras la construcción de la presa de Rules, el desvío de agua a las acequias y los trasvases a otras cuencas limítrofes, el tramo final del río ha quedado completamente seco durante más de diez meses al año. Esta situación impacta negativamente a especies protegidas que sufren esta situación, como el galápago leproso y la anguila.
Según investigaciones recientes, bajo la desembocadura del Guadalfeo existen dos acuíferos: el superior (acuífero libre) sufre contaminación de tipo intrusión marina debido a la drástica reducción del caudal final del río, y el inferior (acuífero confinado) presenta características termales aptas para la explotación.
La Belleza y Fortaleza del Guadalfeo en la Historia
El Guadalfeo es un río corto, encajonado, violento y cenagoso, cuyas profundas gargantas despiertan la admiración de quienes las transitan. Así, los historiadores árabes recogen que Alfonso I de Aragón, al atravesar con sus huestes en 1126 sus angosturas, exclamó a su comitiva: "¡Oh, qué gentil sepultura, si hubiera quién desde lo alto nos echase tierra encima!".