El río Gállego (Galligo en aragonés) recibe su nombre por su lugar de procedencia, históricamente asociado a Francia (la Galia). Nace en el Col d'Aneu, muy próximo al collado del Portalet, a una altitud de 2.200 metros sobre el nivel del mar (msnm).
Aunque su origen se sitúa en el Pirineo axial, en el puerto del Portalet, en la cabecera del valle de Tena (Huesca), el río surge ya en sus primeros metros modificado. Nace completamente enterrado en hormigón debido a los comercios y otras edificaciones construidas a 2.000 metros de altitud en la frontera con Francia. Además, en sus kilómetros iniciales, varios de sus manantiales naturales fueron alterados por las ampliaciones de las pistas de esquí de Formigal, la carretera y el nuevo aparcamiento, lo que compromete su esplendor natural desde el inicio.
Descripción Geográfica y Recorrido General
El río Gállego discurre en su totalidad por territorios pertenecientes a la Comunidad Autónoma de Aragón. Nace a 2.200 msnm y desemboca a 180 msnm, después de un recorrido que supera por muy poco los 200 kilómetros. Su cuenca hidrográfica tiene una superficie de 4.020 km², presentando una forma alargada en dirección norte-sur.
Este río, uno de los importantes de la cuenca media del Ebro, con el que confluye tras 215 km de recorrido, presenta una enorme diversidad y complejidad a lo largo de su curso. Esta complejidad es consecuencia de su funcionamiento como sistema fluvial, caracterizado por intensos estiajes y fuertes crecidas, así como por la presencia de embalses e importantes derivaciones. Contribuye también a esta diversidad la gran variedad natural de las tierras que atraviesa, desde la zona axial pirenaica hasta la zona central de la Depresión del Ebro.
La pendiente del cauce del Gállego varía significativamente según la zona. Mientras que la pendiente media es del 1%, en la cabecera se encuentran pendientes cinco veces mayores, alcanzando un carácter torrencial que provoca deslizamientos de las laderas. En los cursos medio y bajo, las pendientes disminuyen a un rango del 0,4 al 0,5%.

Tramos del Río y su Hidrografía
Valle de Tena y Primeros Embalses
En su cabecera, el río Gállego recorre el Valle de Tena de norte a sur, atravesando municipios como Sallent, Panticosa y Biescas. En esta sección, existen dos importantes embalses hidroeléctricos: el de Lanuza y el de Búbal. Estos embalses son tristes ejemplos del abandono forzoso de pueblos que, en muchos casos, nunca llegaron a inundarse. Aguas arriba de Biescas, en este tramo inicial de montaña, se encuentra el campo sin muerte para la pesca, considerado excelente para el inicio de la temporada.
El Tramo Medio: De Sabiñánigo a La Peña
A la altura de Sabiñánigo, el río comienza a girar en dirección oeste, atravesando las sierras prepirenaicas hasta la localidad de Triste, donde de nuevo es embalsado por la presa de La Peña. Es en el tramo entre Búbal y Sabiñánigo donde el río goza de una mayor libertad, siendo una zona declarada Lugar de Interés Comunitario (LIC) por los importantes bosques de ribera que alberga, vestigio de una vegetación más abundante en el pasado.
Sin embargo, al llegar a Sabiñánigo, el río Gállego ha sufrido uno de los impactos más severos. Entre 1975 y 1989, la empresa Inquinosa vertió sus residuos de fabricación de lindano, un pesticida peligroso y muy tóxico, directamente al río. Este punto representa el foco de contaminación más importante de Aragón. Los lodos tóxicos resultantes se acumulan en los fondos del embalse de Sabiñánigo, extendiéndose también al pantano de La Peña, que hoy está colmatado y no cumple su función de embalse, haciendo extremadamente costosa y compleja su recuperación. Dada la presencia de estos lodos, se recomienda no ingerir los peces pescados en la zona.
Los Mallos de Riglos y Proyectos Futuros
Aguas abajo de las zonas afectadas por la contaminación, el río Gállego recupera parte de su majestuosidad al discurrir entre los Mallos de Riglos, asombrosas paredes rocosas que alcanzan casi 400 metros de caída libre. Este espacio, un Reino de los Mallos, es un escenario impresionante y único en Europa, de gran valor turístico y ecológico. Los Mallos, formaciones geológicas que pueden superar los 275 metros de altura con grandes paredes verticales o desplomadas, ofrecen vistas increíbles al navegar a sus pies en barca de rafting.
A pesar de su valor, justo en este tramo está proyectado el embalse de Biscarrués, otra gran infraestructura que, de construirse, afectaría muy gravemente al último tramo libre y natural del río Gállego en media montaña, con un coste estimado de cerca de 100 millones de euros.

El Curso Bajo: Hoya de Huesca hasta el Ebro
Pasados los Mallos y al llegar a las puertas de la Hoya de Huesca, el río encuentra el pequeño embalse de Ardisa. Este embalse es el inicio de nuevos impactos, ya que desde él se deriva agua al pantano de la Sotonera, construido fuera del cauce del río. Esta agua está destinada a regar el enclave natural estepario más importante de Europa, Los Monegros, lo que implica su modificación y potencial destrucción.
Más adelante, a la altura de Almudévar, están proyectadas nuevas y grandes infraestructuras que eufemísticamente se denominan “balsas laterales”. Estas son, en realidad, gigantescas presas de más de 100 hectómetros cúbicos de capacidad. Aunque no se construyen en el propio cauce del Gállego, al detraer agua, lo secan e impiden un régimen natural de avenidas. Además, esta agua se destinaría igualmente a la destrucción de Los Monegros.
Las avenidas históricas han modelado el tramo final del Gállego hasta su desembocadura en el Ebro, conformando un bosque de galería reconocido por la Unión Europea por su valor ecológico. Sin embargo, este tramo final no está exento de problemas, ya que le faltan cientos de hectómetros cúbicos de agua extraída para regadío en zonas esteparias de gran valor. El Gállego sufre un último impacto antes de llegar a su desembocadura en Zaragoza, donde una fábrica papelera le arroja vertidos desde hace años, generando malos olores para los vecinos de la ciudad. A pesar de la industrialización de sus alrededores, la desembocadura del río Gállego, incluida en el Bajo Gállego, una Zona Especial de Conservación (ZEC), se mantiene como un ecosistema clave.
Afluentes Principales y Regulación
En su parte alta, el río Gállego recibe sus principales afluentes, que determinan en gran medida su caudal y características. Estos incluyen el río Aguas Limpias (regulado por el pantano de La Sarra), el Caldarés, el Escarra, el Lana Mayor y el Aurín. En la cuenca media y baja, afluentes como el Guarga, el Seco, el Asabón y el Sotón aportan un caudal más escaso.
El curso del río está regulado por una serie de embalses. Además de Lanuza y Búbal (hidroeléctricos), Sabiñánigo (hidroeléctrico), La Peña y Ardisa son embalses de regadío. Del embalse de Ardisa se deriva agua al pantano de La Sotonera a través del canal del Gállego.
Documental Gestión aguas continentales río Aragón y Gállego
Biodiversidad y Valor Ecológico
A pesar de las alteraciones, el río Gállego y sus sotos constituyen un hábitat importante para numerosas especies. Su vegetación de ribera es variada, incluyendo chopos (Populus nigra), álamos blancos (Populus alba), sauces (Salix alba), fresnos (Fraxinus excelsior) y olmos (Ulmus minor).
La fauna también es rica en sus tramos menos intervenidos, con presencia de nutrias, castores, lavanderas boyeras, garzas, buitres y águilas culebreras. La flora local incluye especies como las coronas de rey y las orejas de oso. La geología es otro de sus grandes valores, con los impresionantes Mallos de Riglos, de Agüero y Peña Rueba. Este entorno constituye una intersección de caminos, un lugar fronterizo con un clima biotopo que fusiona elementos del Pirineo y el Mediterráneo.
Historia, Usos y Desafíos Ambientales
La historia del Gállego es un reflejo de las transformaciones que han sufrido muchos ríos españoles. A lo largo del siglo XX, el río fue objeto de múltiples cambios que alteraron drásticamente su régimen fluvial. La construcción de embalses aguas arriba, la creación de azudes y batanes, las derivaciones para riego, la extracción de áridos y su uso como escombrera impactaron significativamente, disminuyendo su caudal en el tramo inferior.
Un aspecto histórico y cultural notable son las Navatas (o Nabatas en Aragonés), declaradas Bien de Interés Cultural Inmaterial por el Gobierno de Aragón. Estas embarcaciones de madera servían para el transporte de troncos, aprovechando el deshielo para descender por el río desde las montañas con fines comerciales. Esta larga tradición fluvial ha dado paso en la actualidad a los deportes de aventura acuáticos.
El Gállego, si bien emblemático, es un ejemplo paradigmático de los males crónicos que padecen muchos ríos españoles, sometidos a presiones diversas y privados de su carácter natural. Ha acumulado un rosario de abusos ambientales, obras innecesarias o mal proyectadas, y decisiones de gestión irresponsables que han degradado su valor ambiental. La falta de cooperación entre administraciones, usuarios y sociedad, esencial en la gestión hídrica, ha sido una constante en el entorno del Gállego. La planificación a largo plazo y el cumplimiento de las normativas de la UE a menudo se ignoran, priorizando objetivos políticos orientados a la construcción de grandes infraestructuras hidráulicas.
Actividades Recreativas y Turismo
El río Gállego posee un inmenso potencial turístico y es reconocido como uno de los mejores ríos de España para practicar rafting. La diversidad de sus rápidos permite adaptar las actividades a diferentes niveles: la parte alta ofrece rápidos de grado III y IV, ideales para emociones fuertes, mientras que la parte baja, con rápidos de grado II, proporciona un paisaje excepcional para paseos en canoa y actividades familiares.
Para la pesca, el Gállego, conocido por la calidad de su pura trucha mediterránea, ofrece cotos como el de Oliván, clasificado como sin captura desde 2017. Este coto es una maravilla para los pescadores, con abundancia de truchas de todos los tamaños. Sin embargo, la pesca en el Gállego, especialmente en las partes superiores, está muy influenciada por la regulación de las presas de Búbal y Lanuza, que modifican por completo el régimen hidráulico. El caudal puede ser muy variable en primavera y verano, haciendo que los niveles sean incompatibles con la pesca. Aún así, en épocas como final de temporada (septiembre y octubre), cuando las presas no turbinan, los niveles se estabilizan, ofreciendo un momento óptimo para la pesca con mosca seca.
Además de la pesca "sin muerte", existen pequeñas porciones del Gállego donde se permite pescar con cebo natural, como el tramo extractivo de Biescas y el de Aurín, aguas abajo del Pont de las Pilas en Sénégüé.
