La gestación por subrogación de vientres es una práctica que ha ganado visibilidad en los últimos años, a pesar de la ausencia de una legislación específica que la regule en muchos países. En su esencia, la maternidad subrogada es un proceso médico donde una mujer gesta un embrión en su cuerpo, ya sea propio o de donantes, y asume el compromiso contractual de entregar al recién nacido a una persona o pareja intencional. En esta práctica, se produce una profunda disociación entre quien gesta y quien ejercerá la función materna o parental, un escenario que abre debates fundamentales sobre la libertad, el uso del cuerpo y las relaciones humanas.
Este texto propone una mirada psicoanalítica sobre las implicaciones de esta práctica en la constitución psíquica del bebé, el cuerpo y la vivencia emocional de la mujer gestante, así como el lugar simbólico de la madre receptora. Asimismo, busca generar un espacio de reflexión y cuestionamiento a los derechos que están en juego entre las partes involucradas, reconociendo que el avance tecnológico ha transformado no solo la vida de las personas, sino también el propio derecho.
La Disociación Afectiva en la Mujer Gestante
La mujer gestante pone su cuerpo al servicio de un proyecto parental ajeno, muchas veces mediado por acuerdos legales o incluso por necesidades económicas. El acto de concepción deja de ser íntimo y sexual para convertirse en una práctica médica, en el contexto de un consultorio, acompañada por la firma de un contrato que a medias oficia de ordenador para todas las partes, inscribiendo así el deseo, la desvinculación y la contratación. Este proceso modifica profundamente la relación de la mujer con la maternidad, porque el hijo ya no es el resultado de un encuentro íntimo, sino del recurso a un acto médico-técnico.
La psicoanalista Françoise Dolto desarrolló el concepto de "imagen inconsciente del cuerpo" para referirse a la representación subjetiva y simbólica que cada persona tiene de su cuerpo. Aunque no desee ejercer la maternidad, el cuerpo de la mujer gestante experimenta los cambios, los movimientos y las sensaciones propias de gestar una vida. Para Dolto, el cuerpo habla incluso antes del lenguaje. Así, el hecho de que el bebé no se quede con la gestante puede provocar una fractura en esa imagen corporal, especialmente si el entorno social y afectivo no valida ni reconoce su experiencia.

Una mujer que lleva en su vientre a un bebé que sabe que tendrá que entregar a otra persona al nacer es muy probable que desarrolle mecanismos comparables a los que se dan en situaciones de negación del embarazo. ¿Qué madre va a unirse al bebé que nunca ha deseado para sí, que sabe que lleva en su vientre con la intención de separarse de él al nacer? La madre de alquiler ejerce un "trabajo", con la exigencia de respetar el contrato: el de entregar un bebé, entero y sano. De hecho, incluso en casos de gestación "altruista" se ha reportado que gestantes expresan: "disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal".
La mujer que se ofrece para ser madre subrogada potencialmente podría ser explotada, puesto que, en muchos casos, perteneciendo a la clase social más baja, conciben el servicio prestado como uno de los pocos modos para mantenerse. Una mujer que deja en manos de otra la espera de "su" bebé se está privando de una parte de sí misma, y lo sabe, lo siente en todo su ser. Esto la confronta con sentimientos de impotencia y humillación, de incapacidad para concebir y dar a luz de forma natural, sufriendo tratamientos invasivos y dolorosos; además de culpa y miedo a dejar de querer al hijo que tanto desea pero que tanto le hace sufrir. La Asociación Española de Bioética ha señalado la ruptura del vínculo de apego generado con el hijo durante su gestación y la obligación de tener que entregarlo al dar a luz, lo que implica una presión psicológica para asumir desde el inicio que el hijo no es suyo.
Impacto en el Desarrollo Psicoafectivo del Niño
El psicoanalista argentino A. Rascovsky postuló que la vida psíquica del ser humano comienza en la etapa intrauterina, en la que el feto no es un ser pasivo, sino un sujeto en formación que recibe inscripciones afectivas desde el cuerpo materno. El útero opera como el primer continente psíquico, un espacio donde comienzan a gestarse los primeros trazos de la subjetividad. Entonces, ¿qué sucede cuando esa madre no ejerce deseo materno ni proyecta identificaciones sobre ese hijo? Esta ausencia simbólica podría dejar una huella inconsciente, una especie de "vacío afectivo" intrauterino, pues el feto no necesita solo alimento y oxígeno, sino también una carga afectiva que le ofrezca huella emocional.
Numerosas demostraciones de la neurociencia ponen de relieve la importancia biopsicológica del periodo prenatal para el niño. Estas primeras etapas de la vida representan el suelo básico en el que se siembran las primeras experiencias sensoriales, relacionales y emocionales inconscientes, bien con connotaciones de unidad, ternura y alegría, bien con distancia, desapego o confusión emocional. El feto posee una competencia sensitiva y afectiva muy fina y desarrollada, captando los impulsos relacionales, los deseos, los pensamientos y el estado psicológico de la madre que lo lleva; el contexto y la atmósfera del embarazo distan mucho de serle indiferentes. El estrés extremo generado en el recién nacido en caso de separación materna deja una huella duradera vinculada a la ansiedad de separación.
Cómo mejorar la ANSIEDAD por SEPARACIÓN: ayuda a tu bebé para que no llore tanto
Digamos que el embrión está injertado en el cuerpo y el corazón de la madre que lo lleva, en una malla relacional muy íntima. Este tiempo en el útero es esencial para el bebé y tendrá una influencia duradera en sus vidas. En contextos de subrogación, cuando el cuerpo gestante es reemplazado inmediatamente por otra figura materna, puede haber una ruptura perceptual: el bebé no encuentra los patrones sensoriales -voz, latido, temperatura- a los que fue habituado intraútero.
La idea de que los recién nacidos son como una tabla de cera en la que todo está por escribir, que ya pensó Aristóteles, es muy antigua. Sin embargo, estudios e investigaciones confirman que lo que se vive en el útero deja una huella que durará de por vida y que en muchos aspectos condicionará la salud física y emocional, y su desarrollo cerebral. Así, organizar una maternidad y un parentesco escindido desde la concepción hasta después del nacimiento, carga al niño con un bagaje psicoafectivo marcado por rupturas, pérdidas y confusión afectiva, y lo sumerge en una situación de filiación borrosa.
Si una mujer, una madre, por la razón que sea, puede decidir no vincularse al bebé que espera, el niño no puede hacerlo, ya que el proceso que crea este vínculo de apego entre el bebé y la madre es un "reflejo" programado de supervivencia. El bebé gestado por subrogación, al igual que todos los de nuestra especie, espera encontrarse al nacer con la mujer que le ha gestado y que para él es su única madre. Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves cuanto más prolongada es la separación, en lo que se conoce como la herida primal.
En el debate en torno a la gestación subrogada, es urgente volver a situar al niño pequeño en el centro. Por su propia naturaleza, todo embrión, feto y recién nacido es vulnerable; es "el niño sin voz". "Fabricar" un niño para otra persona significa correr el riesgo de generar todo tipo de sufrimientos, como conflictos emocionales, patología relacional, diversos trastornos somáticos y cognitivos, así como secuelas sociales. Es probable que este conflicto intrapsíquico permanezca con el niño durante toda su vida, con abrumadores interrogantes identitarios y existenciales.
Las situaciones rebuscadas y complejas creadas por la técnica de la procreación anuncian un verdadero caos emocional y estados psicológicos fragmentados en la vida de algunos de estos niños, a pesar de ser queridos. ¿Es posible crear intencionadamente situaciones de ruptura filial y de pérdida humana al comienzo de la vida de un niño, desdibujar deliberadamente los vínculos de filiación y crear así riesgos programados de sufrimiento de todo tipo?
La Madre Receptora y la Construcción de la Maternidad
La madre que recibe al bebé sin haberlo gestado también transita un proceso subjetivo complejo. La gestación, más allá de su dimensión biológica, suele funcionar como una etapa de apropiación simbólica del rol materno. Cuando esta etapa se omite, la madre receptora puede enfrentarse a una sensación de "desfasaje identitario" respecto de su lugar materno. En muchas mujeres, aparecen fantasías de robo o de usurpación, como si al no haber pasado por el embarazo, se cuestionara su legitimidad como madre.
La llamada a la maternidad es fuerte para una mujer. Ante la infertilidad o la esterilidad, en muchas ocasiones, la mujer se sume en un sentimiento de carencia esencial que puede ser difícil de soportar. La posibilidad de concebir el hijo deseado, para uno mismo, fuera de uno mismo y sin uno mismo, plantea la pregunta: ¿deja psicológicamente indemne a la mujer? ¿Llenará el niño a cualquier precio y a cualquier coste el vacío de la misma manera?
La intervención de la técnica modifica intensamente el cuerpo de la mujer, así como el espacio privado de la pareja. La acción técnica induce en la mujer una fuerte resonancia psíquica que no se experimenta en la maternidad natural. Por tanto, lo que se modifica es principalmente todo el espacio íntimo relacional, carnal y privado, el cual desaparece en favor de un contexto médico "desafectado" (sin afecto), en el que el material genético se extrae y manipula en las asépticas manos de genetistas y técnicos de laboratorio anónimos.
Consideraciones Éticas y Filosóficas: La Mercantilización del Cuerpo y la Vida
Desde una perspectiva filosófica, la subrogación de vientres abre debates fundamentales sobre el significado de la libertad, el uso del cuerpo y la relación humana. Michel Foucault ha reflexionado sobre cómo los cuerpos son administrados y regulados por estructuras de poder. Desde esta óptica, el niño nacido por subrogación no es simplemente el producto de un acuerdo, sino el resultado de un entramado de vínculos humanos que plantea dilemas éticos. Esto podría dar paso a la mercantilización o comercialización del proceso, afectando la dignidad, igualdad y libertad de las partes intervinientes.
El tratamiento económico de la maternidad subrogada comercial varía sensiblemente. En California, el precio del proceso oscila entre 70.000 y 120.000 dólares, donde la madre gestante suele percibir unos 2.700 dólares al mes. En Georgia, el precio oscila entre 25.000 y 50.000 dólares, y en Ucrania, el precio medio es de 37.000 dólares. Esta realidad comercial ha generado un fenómeno emergente, denominado "turismo reproductivo", basado en la mercantilización del cuerpo de las mujeres.

Cualquier Estado que permita que los promotores del mercado de la reproducción humana trabajen incansablemente para legalizar la venta de niños a través de madres de alquiler es cómplice de la violencia médica, psicológica y económica que se ejerce sobre las mujeres y los niños. Es urgente consagrar en el derecho internacional la prohibición de la gestación por sustitución para proteger a las generaciones futuras de un mal desastroso que afecta actualmente al sector reproductivo. Las profundas carencias, las dolorosas pérdidas sufridas y las penas de los adultos nunca deben servir de pretexto para "utilizar" la vida de un niño como objeto de consuelo y reparación. La vida de un niño se recibe, no se toma ni se fabrica artificialmente para satisfacer las necesidades de los adultos; es fundamentalmente un don. La realización de los proyectos, deseos y fantasías de los adultos tiene lugar ahora sin directrices morales ni límites éticos, lo que sugiere que el sentido común humano también ha abandonado la escena individual y colectiva.
Marco Legal y la Filiación
La filiación es un vínculo que une a los hijos con sus progenitores, con el despliegue de deberes y obligaciones. Este vínculo puede ser biológico o por adopción, naciendo por nacimiento, adopción o reconocimiento. Desde la Antigüedad, el matrimonio y la familia fueron fundamentales para la supervivencia de la sociedad, garantizando la existencia del género humano y permitiendo el desarrollo integral de la persona.
Los romanos ya establecieron la filiación como un derecho por parte de los padres hacia los hijos, que conllevaba obligaciones e implicaciones jurídicas. La maternidad, en las fuentes jurídicas romanas, hacía alusión a la madre biológica, lo que fijaba el "status" jurídico del recién nacido. En contraste, la paternidad era reconocida dentro del matrimonio, sin la misma certeza. Así, la filiación materna se revestía de un punto de vista jurídico consecuencia de la capacidad natural de gestar, de una evidente y real certeza.
En la actualidad, la filiación se ha ido desvinculando del matrimonio debido a dos cuestiones: la menor importancia del matrimonio civil, que implica que las personas pueden mantener relaciones sexuales y concebir sin estar casadas; y la admisión del matrimonio civil entre personas del mismo sexo, que impone la desvinculación estructural entre matrimonio y procreación. Sin embargo, con la maternidad asistida, estos criterios se ven afectados por la intervención de un tercero que presta el vientre. Con la maternidad subrogada, existe solo el deseo de ser madre, a lo cual el derecho se cuestiona si es suficiente. Esto puede dar paso a violaciones de los derechos fundamentales de las partes intervinientes, afectando la dignidad, igualdad y libertad.

En España, la gestación subrogada está legalmente prohibida. La Ley de Reproducción Humana Asistida de 2006 determina que "será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero". Legalmente, se entiende que es madre quien da a luz, y el contrato de gestación por sustitución es nulo de pleno derecho en el ordenamiento jurídico español; no está prohibido en sentido estricto, simplemente, no tiene ningún efecto. El derecho español, no obstante, otorga una respuesta legal a la situación de los hijos nacidos de un contrato nulo, permitiendo al padre biológico determinar la filiación del niño y a su cónyuge adoptarlo.
Internacionalmente, el debate es complejo. En marzo de 2004, Canadá promulgó la “Ley canadiense sobre la procreación asistida”, que prohibía la maternidad subrogada remunerada. En Nigeria, la proliferación de "Baby factories" ha adquirido tintes dramáticos, revelando instituciones ilegales frecuentemente ligadas a redes de explotación humana. En España, los hijos nacidos por maternidad subrogada en el extranjero pueden ser registrados en consulados y posteriormente en España. El Tribunal Supremo ha dictaminado que impedir a niños nacidos en el extranjero solventar su filiación vulnera sus derechos, sugiriendo que el niño pudiera figurar como hijo biológico de un miembro de la pareja y adoptivo del otro.
En Italia, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló la decisión de retirar a unos padres la custodia de un niño nacido por gestación subrogada con el que no tenían vínculo biológico, fundamentando que hay que anteponer el derecho del bien del menor a cualquier otro. A nuestro juicio, en relación con los niños nacidos por gestación fuera del país de los padres contratantes, cualquier decisión jurídica adoptada debe tender a buscar su propio bien.
Impacto en la Identidad del Niño y el Derecho
La Constitución de la República de 2008 consagra el derecho a la identidad, nombre y ciudadanía. La identidad personal es un problema filosófico y psicológico fundamental que busca comprender quién es cada ser y su origen. Para Sigmund Freud, se buscaba comprender qué hace a cada ser diferente. El ADN permite determinar quién es alguien en el sentido biológico, pero el genoma no da cuenta de quién es una persona en un sentido más profundo. Toda persona tiene una identidad forjada por la genética, pero también por los relatos afectivos y la historia familiar que dan sentido a la pregunta: “¿de dónde vengo?”.
El artículo 33 del Código de la Niñez y Adolescencia consagra el derecho a la identidad e indica la responsabilidad del Estado de resguardarlo. El registro de nacimiento, un acto jurídico, garantiza la identidad, nombre, filiación, cultura y nacionalidad a un individuo. Dada su relevancia, es necesario que este acto se apegue a principios de equidad, universalidad e inmediatez. El registro de nacimiento va de la mano con el derecho de identidad y abre las puertas a los demás derechos, implicando tener un nombre, apellido, nacionalidad y ser identificada como persona.
Todo ser humano necesita sentirse parte de una historia familiar. La familia biológica "vive" en cierto modo dentro de nosotros y nos permite forjarnos una identidad. Todo ser humano tiene la necesidad vital de sentirse vinculado a una familia, a una doble genealogía, materna y paterna. Las heridas psicológicas provocadas por separaciones, miserias y desgracias de la vida son situaciones de sufrimiento hoy bien conocidas. Las situaciones rebuscadas y complejas creadas por la técnica de la procreación anuncian un verdadero caos emocional y estados psicológicos fragmentados en la vida de algunos de estos niños, a pesar de ser queridos. Aunque las costumbres y la cultura cambian, las necesidades básicas de los niños no han variado desde hace miles de años. Su situación de extrema vulnerabilidad requiere cuidados especiales y protección desde el primer desarrollo de sus células. Somos nosotros, los adultos, quienes debemos cuidar de ellos y permanecer adaptados a sus necesidades, no al revés.
Riesgos Médicos y Dilemas Éticos en la Práctica
Salud de la Gestante y del Niño
Un problema que sí se puede plantear al recurrir a la gestación subrogada es que en ocasiones se pueda detectar algún tipo de discapacidad durante el embarazo o tras el nacimiento. Además, los riesgos médicos físicos asociados a la fecundación in vitro incluyen bajo peso al nacer y prematuridad, con tasas significativamente mayores en estos casos.
El Dilema de la Discapacidad y el Aborto Selectivo
Ante la detección de discapacidad, se plantean tres posturas: que la discapacidad sea asumida por los padres contratantes; que no la asuman y trasladen la responsabilidad a la madre gestante, animándola a abortar; o la dificultad de determinar a quién corresponde la decisión de abortar. En la mayoría de las ocasiones, esta decisión se concede a los padres contratantes, pudiendo imponer a la mujer gestante un aborto que puede o no desear.
Un ejemplo paradigmático es el caso "Baby Gammy", donde una pareja australiana contrató a una mujer tailandesa que gestó gemelos; uno con síndrome de Down y otra niña sana. Los padres contratantes se llevaron a la niña sana, dejando al niño con síndrome de Down con la madre subrogada. Problemas similares ocurren si la pareja contratante se divorcia, como en el caso de la niña Manji nacida en la India.
En el caso de maternidad altruista, se concede a la gestante la decisión sobre un hijo discapacitado, mientras los padres contratantes pueden rechazarlo. También pueden surgir dilemas con embarazos múltiples donde no todos los niños son aceptados por los padres contratantes, lo que podría implicar la reducción fetal, una práctica inmoral. Si la madre gestante la rechaza, no tiene otra opción que hacerse cargo de los niños, lo que también es éticamente inadmisible, como en el caso de Brittneyrose Torres, a quien se le pidió una reducción embrionaria tras un embarazo de trillizos no deseados por los contratantes.
Cómo mejorar la ANSIEDAD por SEPARACIÓN: ayuda a tu bebé para que no llore tanto
Otro aspecto controvertido es a quién corresponde legalmente la decisión sobre el aborto. Una postura defiende que la madre gestante no tiene derecho a decidir sobre la vida del niño al no ser su madre genética ni social, pero tampoco hay razones suficientes para atribuir todo el derecho a los padres contratantes. Autores abogan por un "modelo profesional" que valore los derechos y responsabilidades de ambas partes, prevaleciendo el derecho de la madre subrogada y la obligación de los padres contratantes de hacerse cargo del niño si no se recurre al aborto.
Perspectivas y Críticas a la Gestación Subrogada
La Posición de la Iglesia Católica y la Bioética
El Magisterio de la Iglesia Católica se muestra contrario a la maternidad subrogada, afirmando que el niño debe ser fruto exclusivo de la entrega mutua de los esposos, de su amor y fidelidad. Esta práctica "ofende la dignidad y el derecho del niño a ser concebido, llevado en el vientre, dado a luz y criado por sus propios padres; es en detrimento de la familia, una división de la unidad del matrimonio creando una disociación del carácter moral, psicológico y físico". En resumen, la procreación asistida es contraria a la unidad del matrimonio y a la propia dignidad de la persona humana.
Un documento de la COMECE evalúa la maternidad subrogada, mostrando las dificultades éticas derivadas del absoluto control que se ejerce sobre la madre gestante, tanto física como psíquicamente. Esto constituye una forma de cosificación de la madre subrogada, una intromisión en su privacidad y una ruptura del lazo afectivo entre madre e hijo.
La Asociación Española de Bioética ha expresado su opinión contraria a la maternidad subrogada, destacando: que es un negocio lucrativo basado en la mercantilización del cuerpo de las mujeres; que el contrato de gestación es nulo de pleno derecho en el ordenamiento jurídico español; que no existe un "derecho a la procreación" o "derecho al hijo" que justifique la maternidad subrogada; y que los deseos, por loables que sean, deben diferenciarse de los verdaderos derechos, basados en títulos legítimos y en el bien común.
Críticas desde la Izquierda Cultural y Política
Personalidades francesas de la izquierda cultural han publicado manifiestos afirmando que la gestación subrogada debe prohibirse, porque constituye una violación de los derechos humanos de las mujeres y los niños. Sostienen que se basa en la explotación de mujeres desfavorecidas, que el proceso médico supone riesgos para las madres sustitutas, y que "rompe el vínculo materno natural que se establece durante el embarazo". Además, no ven diferencia entre la práctica comercial y la compraventa de niños, concluyendo que "nadie tiene derecho a un hijo". Grupos de políticos de la izquierda europea también se manifiestan en contra de la maternidad subrogada.
tags: #disociacion #afectiva #gestacion #subrogada