La cuestión de cuándo comienza la vida humana es un punto clave tanto moral como teológico, que se refiere específicamente a la naturaleza del feto (del latín "descendencia"). La valoración que tengamos del feto determinará nuestra actitud hacia el aborto. Es imperativo que los cristianos, que confiesan a Jesucristo como Señor y desean vivir bajo la autoridad de Su verdad, justicia y compasión, no sean meramente pragmatistas, sino que se pregunten qué principios están en juego. Se rechaza como absolutamente falso y abominable el argumento de que el feto es solo un bulto de gelatina, una masa de tejido o una malformación en el útero materno que puede ser extirpado y destruido como un diente o un tumor.
La base escritural más sólida para esta postura se encuentra en el Salmo 139, donde el autor se maravilla ante la omnisciencia y omnipresencia de Dios, y durante su meditación hace importantes afirmaciones acerca de la existencia prenatal. Aunque el Salmo 139 no pretende ser un tratado de embriología, abunda en imágenes poéticas y lenguaje figurado.
El Salmo 139 y la Formación de la Vida
El Salmo 139:16 es una hermosa declaración del conocimiento íntimo y el cuidado soberano de Dios sobre nuestras vidas: "Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos". Aquí, David expresa la participación de Dios en nuestra creación y propósito. La frase "Tus ojos vieron mi embrión" enfatiza la omnisciencia de Dios, indicando que Dios nos ve y nos conoce antes de que nuestros cuerpos se formen, confirmando Su presencia en los primeros momentos de nuestras vidas y extendiendo Su visión a todas las etapas de nuestra existencia, incluida la prenatal.
El hecho de que Dios vea nuestro embrión también revela Su intencionalidad al crearnos. El Salmo 139:13 dice: "Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre". El acto de hacer o entrelazar es un proceso deliberado; ningún aspecto de nuestra formación es accidental. Dios diseña nuestros cuerpos, y también diseña nuestros talentos, dones y propósitos. En Efesios 2:10, Pablo escribe: "Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas".
Tres Pilares Bíblicos sobre la Vida Prenatal
El Salmo 139 destaca tres verdades esenciales que nos ofrecen una perspectiva bíblica fundamental:
1. La Creación
La primera verdad se refiere a la creación. El versículo 13 afirma: "Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre". Se emplean dos metáforas familiares para ilustrar la capacidad creativa de Dios: el alfarero y el tejedor. Dios es como un artesano experto que "creó" (o mejor dicho "formó"), tal como un alfarero modela la arcilla. El mismo pensamiento se repite en Job 10:8, donde Job afirma que las manos de Dios lo "hicieron" y lo "formaron" o lo "plasmaron". La otra figura es la del tejedor que lo ha "tejido" (v. 13). Asimismo, Job afirma: "Me vestiste de piel y carne, y me tejiste con huesos y nervios" (10:11). En consecuencia, el salmista prosigue: "yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras" (v. 14).
El término hebreo traducido como "cuerpo" en algunos contextos se refiere literalmente a una sustancia ósea o esqueleto. David describe la obra de Dios con la hermosa metáfora de Dios bordándolo. La palabra que David eligió, bajo la inspiradora influencia del Espíritu Santo, está bien traducida como "embrión". Es una palabra que, literalmente, significa "masa" o "instrumento en formación" y es la mejor palabra que David pudo usar para describir algo de lo que todavía no se sabía mucho y ni siquiera se tenía una palabra para ello. Es más, este mismo término traducido como "entretejido" es el mismo término hebreo que aparece en Éxodo, cuando Moisés describió la costura de las cortinas para el Tabernáculo.
Un autor escribió acerca de este patrón: “Lo conocemos como ADN”. Otro autor señaló: “Cuando David escribió en el Salmo 139:15 que estábamos entretejidos como si nuestra forma estuviera cosida en un patrón minucioso y hermoso, en realidad describió el asombroso proceso de crecimiento embriónico, ahora descubierto por la biología molecular moderna.”
El ADN humano, nuestro genoma personal, está repleto de al menos cuatro millones de interruptores que residen en pequeños fragmentos de ADN. Durante años, los científicos pensaron que muchos de estos fragmentos de ADN eran inútiles, creyendo que hasta el 97 por ciento del ADN humano no tenía ninguna función aparente. Sin embargo, en septiembre de 2012, un equipo de 440 científicos de 32 laboratorios de todo el mundo hizo un descubrimiento sorprendente: a medida que estos científicos profundizaban más que nunca en este tema, descubrieron un sistema complejo que controla los genes. En solo dos años lograron determinar que el 80 por ciento de este "ADN basura" no es basura, después de todo. Está activo y tiene el propósito de controlar cómo se comportan realmente las células, órganos y otros tejidos. Esta información sobre cómo seríamos formados, en qué nos convertiríamos, cómo nos veríamos y sonaríamos, en qué seríamos buenos, qué nos gustaría hacer y qué no, y cómo glorificaríamos a nuestro Dios creador de mejor manera, proviene de un diseño divino. David, sin tener idea del ADN, responde a esta pregunta en el Salmo 139:17: "¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!" La complejidad del patrón debe significar que Dios tuvo pensamientos complejos y detallados sobre nosotros mientras creaba nuestro patrón único.
2. La Continuidad
El segundo factor que el salmista destaca es la continuidad. En el presente, es un adulto, pero echa una mirada al pasado hasta el tiempo en que aún no había nacido. Hace referencia a sí mismo antes y después de nacer con los mismos pronombres personales "yo" y "mí", pues es consciente de que durante su vida pre y posnatal era la misma persona. Reconoce en su vida cuatro etapas: la primera (v. 1) "tú me has examinado" (el pasado); la segunda (vv. 2, 3) "tú conoces todas mis acciones;... ¡sabes todo lo que hago!" (el presente); la tercera (v. 10), "me guiará tu mano" (el futuro); y la cuarta (v. 13), "tú me hiciste en el vientre de mi madre" (la etapa prenatal). En las cuatro etapas se refiere a sí mismo como "yo". Aquel que piensa y escribe ya de adulto tiene la misma identidad personal que el feto que estaba en el vientre de su madre. No reconoce ninguna discontinuidad entre su ser pre y posnatal.
Varios otros pasajes bíblicos se refieren a los niños por nacer de la misma manera que a los niños fuera del vientre. Por ejemplo, a Juan el Bautista se le llama "bebé", usando la misma palabra griega para un niño pequeño, mientras todavía está en el vientre (Lucas 1:41-44). Otro ejemplo se encuentra en el anuncio del nacimiento de Sansón, donde el Ángel del Señor le dio instrucciones a la madre sobre cómo cuidar al niño en el vientre.
3. La Comunión o Pacto
La tercera verdad que el salmista expresa es la comunión, pues reconoce una relación personal y muy particular entre Dios y él mismo. Es el mismo Dios que lo creó quien ahora lo sustenta, lo conoce y ama, y quien por siempre lo sostendrá firmemente. El Salmo 139 es quizás la declaración más radicalmente personal del Antiguo Testamento sobre la relación individual de Dios con el creyente. La relación "yo-tú" se expresa en casi todas las líneas. Más importante que la relación "yo-tú" es el reconocimiento de la relación "tú-yo", de que Dios lo conoce, lo rodea, lo sostiene (vv. 1-6), y de la fidelidad del pacto de Dios por el cual nunca lo abandona ni lo deja ir.
Quizás "pacto" resulte más adecuada que "comunión", ya que esta última implica una relación recíproca, mientras que el salmista da testimonio de una relación que Dios ha establecido y que Dios sostiene. Se trata de un pacto unilateral o pacto de "gracia" que Dios inició y que Dios mantiene, pues Dios nuestro Creador nos amó y se relacionó con nosotros mucho antes de que nosotros pudiéramos responderle en una relación consciente. Por lo tanto, lo que nos hace personas no es el hecho de que conozcamos a Dios, sino que Él nos conoce a nosotros; no que lo amemos a Él, sino que Él ha derramado Su amor sobre nosotros.
Otros Pasajes Bíblicos que Afirman la Vida Prenatal
Otros pasajes bíblicos expresan el mismo sentido de continuidad personal por gracia divina. En los libros de la sabiduría del Antiguo Testamento se expresa la convicción de que Dios fue "El que en el vientre me hizo a mí" (Job 31:15; Salmo 119:73) y "el que me sacó del vientre", y quien por lo tanto "desde el vientre de mi madre" ha sido mi Dios (Salmo 22:9-10; 71:6).
Los profetas también compartían esta creencia, ya sea con respecto al individuo como, por ejemplo, Jeremías: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones" (Jeremías 1:5), o al "siervo de Jehová" (a quien el Señor formó y llamó en el vientre de la madre, Isaías 49:1, 5) o, por analogía, a la nación de Israel (Isaías 44:2, 24).
El Nuevo Testamento parece resumir todos estos conceptos y expresarlos de modo muy gráfico y sublime en el Evangelio de Lucas. Cuando María visitó a su prima Elisabet, el niño saltó de gozo en su vientre al oír el saludo de María, y Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!" (Lucas 1:41-42). Poco más adelante repite: "Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre" (Lucas 1:44). El niño en el seno de Elisabet, Juan el Bautista, no solo se encontraba vivo en el seno de su madre, sino que ya tenía configurada toda su persona tal como se desarrollaría en el futuro, y por ende su misma vocación. Al mismo tiempo, reconoce también la persona de Jesús, quien se encontraba aún en el seno de su madre María.
Otro texto se encuentra en la carta de San Pablo a los Gálatas: "Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia" (Gálatas 1:15). Probablemente la alusión al Salmo 139 es muy clara, ya que San Pablo bien lo conocía.
Embarazo mes a mes [Fecundación y desarrollo de embrión a feto, y a bebé]
La "Vida al Primer Aliento" y su Refutación Bíblica
Algunos argumentan, basándose en Génesis 2:7 ("Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente"), que la vida comienza con el "primer aliento". Sin embargo, este pasaje describe cómo Adán llegó a tener vida, no cómo comienzan todas las vidas humanas. Si la creación de Adán describiera la forma en que todas las personas llegan a existir, entonces se debería creer que uno primero debe ser formado del polvo de la tierra y luego Dios debe soplar personalmente en las fosas nasales, lo cual no es el caso.
Además, este argumento es falaz porque los bebés respiran en el útero, aunque no de la misma manera que lo harán fuera de este. Los bebés toman oxígeno e intercambian dióxido de carbono a través de la sangre de su madre por el cordón umbilical y la placenta. Los pulmones de los bebés también trabajan, tomando y sacando líquido amniótico durante meses antes del parto. Antes de que Dios soplara en su nariz, Adán era un bulto de tierra con forma humana, que carecía de vida. En contraste, los bebés no nacidos en el útero responden a la luz y al sonido (particularmente la voz de su madre), aprenden los rudimentos del lenguaje, se chupan los pulgares y los puños, juegan con los dedos de los pies e incluso con el cordón umbilical, y patean, se estiran y se dan vueltas. Es evidente que un bebé no nacido y el cuerpo formado, pero aún no vivo, de Adán no son análogos.
Aquellos que afirman que la Biblia dice que la vida comienza en el primer aliento están torciendo las Escrituras para apoyar una agenda. Esas personas no aman genuinamente la Palabra de Dios, ni buscan agradar y honrar a Dios en su interpretación y aplicación de ella. Más bien, esas personas ya han rechazado a Dios y Su Palabra como la autoridad y están buscando un "texto de evidencia" asequible para justificar sus propias creencias y acciones pecaminosas.
La Santidad de la Vida y la Bioética
La Sagrada Escritura posee muchas referencias acerca del valor de la vida humana, especialmente desde su primer momento, desde la concepción en el seno materno. El término hebreo גֹּלֶם (gólem) para "embrión" en Salmo 139:16 ha sido interpretado como "envoltura" o "algo sin forma", pero indica la existencia de una vida en formación. Jeremías 20:17, donde el profeta lamenta: "¡Por qué no me mató en el vientre! Habría sido mi madre mi sepulcro; su vientre me habría llevado por siempre", lejos de ser una expresión de pesimismo, es una clara afirmación metafísica a favor de la vida, indicando que Dios no quiso ese destino para él. Job 31:15, "¿No lo hizo, como a mí, en el seno? ¿No nos formó en el vientre el único (Dios)?", también recalca la formación de la persona en el seno materno.
La bioética es un campo de estudio que a menudo está saturado de una cosmovisión evolucionista y desprovisto de una ética basada en una perspectiva judeocristiana. Filósofos como Peter Singer han generado controversias con puntos de vista que, lamentablemente, son cada vez más aplaudidos. Singer argumenta que los seres humanos no son una forma especial de creación hecha a imagen de Dios, sino solo animales, lo que lo lleva a conclusiones como el derecho de matar a niños con discapacidades o para extraer órganos. Esta filosofía contradice directamente la visión bíblica de que Dios está íntimamente involucrado en la creación y propósito de cada individuo desde la concepción.

El Conocimiento Divino y el Propósito de la Vida
El Salmo 139 nos habla de Dios y de cuatro de sus atributos divinos: su omnisciencia, su omnipresencia, su omnipotencia y su santidad.
1. La Omnisciencia de Dios
Dios conoce absolutamente todo de nosotros en todo tiempo: pasado, presente y aun futuro. Él ha conocido nuestro estilo de vida, entiende nuestros pensamientos, ha escudriñado nuestra vida completa, e incluso conoce lo que aún no hemos dicho. La frase "Delante y detrás me rodeaste" (v. 5) puede referirse a la protección de Dios y a las limitaciones que Él le ponía a David, implicando una cercanía entre Dios y el hombre. Esta verdad provoca asombro por Su grandeza y reconocimiento de las limitaciones humanas.
2. La Omnipresencia de Dios
David reflexiona acerca de la omnipresencia de Dios. Dios está en los cielos, en los infiernos, y en los lugares más remotos. No es posible huir de Dios. Aun la noche más oscura para Dios es como un día en todo su esplendor; Él no está limitado por lo que nos limita a nosotros, trascendiendo el plano físico de las cosas.
3. La Omnipotencia de Dios
La omnipotencia de Dios se ilustra en una de las maravillas más grandes de la creación: la formación de la vida humana. Si bien las galaxias y las estrellas nos hablan del poder de Dios, no hay nada más maravilloso que la formación de una nueva vida en el vientre de una mujer. Dios forma al hombre, y el hombre es creación de Dios. Dios conoce el proceso de formación del ser humano y diseñó toda vida humana, dándole valor. "Mi embrión vieron tus ojos" nos habla de un interés profundo del Creador en la vida humana y de un seguimiento por Su parte de todo el desarrollo de la nueva vida. "En tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que luego fueron formadas" nos habla del diseño inteligente del Señor.
4. La Santidad y Justicia de Dios
En esta última sección, David declara la santidad y justicia de Dios. La paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Ante la revelación de la santidad y justicia de Dios y Su juicio al pecado, David declara su apartamiento y su compromiso a la santidad. Aborrece el pecado y lo que Dios odia. Vemos que David no solo hace un compromiso personal hacia la santidad, sino que reconoce su debilidad y ruega a Dios que lo siga examinando y conociendo, que le pruebe y lo conduzca por el camino correcto.
La verdad hermosa del evangelio no es que el hombre conoce a Dios, sino que Dios conoce al hombre y lo busca para darle salvación. El fundamento en la Sagrada Escritura es muy claro y elocuente: El ser humano en el vientre de la madre es un ser persona, ya querido y elegido por Dios para desarrollar su vocación. Es por eso que Dios, a través de Su Palabra, no quiere que se interrumpa voluntariamente el desarrollo del ser en el vientre de su madre, y no quiere tampoco que nadie lo haga.