El queso feta, un pilar de la dieta mediterránea y la cocina griega, ha ganado popularidad global por su sabor único y su versatilidad culinaria. Para millones de viajeros que eligen Grecia como destino, este queso fresco de sabor fuerte es un clásico, a menudo combinado con tomates en la ensalada griega (o Horiatiki). Su presencia se ha extendido a las tradiciones culinarias de muchos países europeos, convirtiéndose en un invitado habitual en nuestras mesas, especialmente en verano.
Sin embargo, a muchos admiradores de este sabroso producto lácteo les ha surgido la pregunta sobre si es, en realidad, un queso saludable: ¿es un queso sano y nutritivo, o hay que consumirlo en pequeñas dosis? ¿Es bajo en grasas, graso o semigraso? ¿El hecho de que sea tan salado lo hace poco saludable? Despejemos estas dudas explorando su perfil nutricional.
Origen y Características del Queso Feta
El feta es un queso fresco, de pasta semidura, elaborado tradicionalmente con leche de oveja, aunque también se produce con una mezcla de leche de oveja y un 30% de leche de cabra. Posee una textura firme y cremosa, un sabor intenso y un color blanco níveo, característico de su preparación especial que consiste en sumergirlo en salmuera cuajada.
Este queso tiene raíces profundas en la historia y la mitología griegas, siendo consumido desde hace siglos e incluso mencionado en la Odisea de Homero, donde se relata que el cíclope Polifemo lo preparaba en su cueva.
Es, sin duda, uno de los quesos griegos más famosos, ocupando una participación del 70% en el consumo total de queso griego. Desde 2002, el queso feta ha sido un producto de Denominación de Origen Protegida (DOP) en la Unión Europea. Esta legislación protege al queso, estableciendo que solo los quesos fabricados en regiones específicas de Grecia -Macedonia, Tracia, Tesalia, Grecia Central Continental, el Peloponeso, Lesbos y la isla de Cefalonia- pueden llevar el nombre de 'feta'. Esta medida defiende y distingue el auténtico feta griego del "pseudo-feta" comercial, de aspecto similar pero elaborado con leche de vaca.
Para garantizar su autenticidad, es mejor comprar queso feta tradicional producido con un 30% de leche de cabra mezclada con leche de oveja de animales que pastan en pasturas de estas regiones específicas. Tras una maduración de 2 meses, el queso feta se vende en bloques sumergidos en salmuera.

Perfil Nutricional del Queso Feta por Cada 100 Gramos
Para comprender la cantidad de grasa saturada y otros componentes, es fundamental conocer sus valores nutricionales detallados por cada 100 gramos de producto:
- Aporte calórico: 264 calorías
- Proteínas: 14-16 gramos
- Grasa total: 20-22 gramos
- De los cuales, grasas saturadas: 14 gramos
- Hidratos de carbono: 2-4 gramos
- Azúcares: 4 gramos
- Fibra: 0 gramos
- Colesterol: 80-100 miligramos
- Sodio: 1100-1200 miligramos (o 1116 mg)
- Calcio: 300-400 miligramos
- Índice Glucémico: 0
- Vitaminas y minerales esenciales: A, K, grupo B (incluida la B12), selenio, zinc, fósforo y riboflavina.
El queso feta es considerado un queso moderadamente calórico, con valores similares a los de la mozzarella, siendo más calórico que la ricotta, pero significativamente menos que muchos quesos curados.

Beneficios para la Salud del Queso Feta
A pesar de su contenido graso, el feta es un queso semigraso que se digiere con bastante facilidad gracias a un gran porcentaje de agua. Contiene menos grasa que quesos curados como el parmesano y es rico en nutrientes esenciales:
- Alto en proteínas: Esencial para el crecimiento muscular, la reparación de tejidos y el funcionamiento general del cuerpo.
- Rico en calcio: Apoya huesos y dientes fuertes, contribuyendo a reducir el riesgo de osteoporosis.
- Contiene probióticos: Favorecen la salud intestinal al promover un equilibrio saludable de las bacterias en el intestino.
- Fuente de vitaminas y minerales esenciales: Proporciona vitaminas como la B12, así como fósforo y riboflavina, que apoyan la salud y el bienestar general.
- Opción más saludable: Comparado con otros quesos, el feta es bajo en grasa y calorías, lo que lo convierte en una opción adecuada para el control del peso y la salud del corazón cuando se consume con moderación.
Consideraciones y Posibles Riesgos para la Salud
Aunque el queso feta ofrece varios beneficios, es importante reconocer algunas consideraciones relacionadas con su consumo:
- Alto contenido de grasas saturadas: Con 14 gramos por cada 100 gramos, un consumo frecuente o en grandes cantidades puede elevar los niveles de colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas.
- Alto contenido de sodio: Un aporte de 1100-1200 miligramos de sodio por cada 100 gramos puede contribuir a la hipertensión y aumentar los riesgos cardiovasculares si se consume con frecuencia o en grandes cantidades. Si es necesario, se puede lavar con agua para eliminar el exceso de salinidad.
- Intolerancia a la lactosa: Las personas sensibles a los productos lácteos pueden experimentar síntomas como hinchazón, gases o diarrea.
- Riesgo de contaminación: Existe un riesgo de contaminación con bacterias dañinas como Listeria, especialmente si el queso feta no se almacena adecuadamente o se elabora con leche no pasteurizada.
Cuando se consume con moderación, el queso feta puede ser una valiosa fuente de calcio y proteínas, mejorando las comidas y contribuyendo a la salud ósea y a una dieta equilibrada.
Uso Culinario y Consejos para su Consumo
El uso del queso feta es muy diverso en la cocina. Se emplea como queso de mesa, en ensaladas griegas y en pasteles, especialmente en los platos griegos a base de filo, como el pastel de espinacas (spanakopita) o el pastel de queso. A menudo se sirve con aceite de oliva o aceitunas, y se espolvorea con hierbas aromáticas como el orégano. Tiene un sabor delicioso con aceite de oliva, pimientos rojos asados y nueces, realzando el sabor y el valor nutricional de diversos platos como ensaladas, wraps y productos horneados.
El queso feta sobrante se puede utilizar en una amplia variedad de platos salados. Se puede desmenuzar sobre ensaladas, sopas o tazones de granos para aportar un sabor salado y ácido, o mezclarse en un plato de pasta con verduras y aceite de oliva. También es excelente en platos al horno, donde añade una capa cremosa y ácida. Utilízalo en una quiche o frittata mezclándolo con huevos, verduras y hierbas, luego hornea hasta que esté cuajado. Si tienes mucho queso feta, considera hacer una tanda de spanakopita o usarlo en un vegetal relleno como pimientos o tomates. El queso feta también se puede desmenuzar sobre pizza o panes planos, o mezclarse en un dip con yogur, ajo y hierbas. Para un bocadillo rápido, disfrútalo con aceitunas, pan y un chorrito de aceite de oliva.

Cómo Elegir y Conservar el Queso Feta
Para obtener frescura y sabor, elija queso feta que se venda en bloques sumergidos en salmuera; el feta griego a menudo se considera el más auténtico. Al seleccionarlo, el queso debe desmoronarse fácilmente y tener un sabor ácido y salado característico del feta tradicional. Evite comprar feta seco o demasiado desmenuzable, o queso que haya desarrollado un olor desagradable. El feta bien conservado debe ser cremoso y salado sin ser abrumador.
El queso feta debe mantenerse en el refrigerador, completamente sumergido en salmuera. Guárdalo en un recipiente sellado para preservar su humedad y sabor. Cuando se almacena correctamente, el queso feta puede mantenerse en buen estado durante 1-2 semanas después de abrirlo. Sin abrir, puede conservarse de 3-6 meses. Exponer el feta al aire puede hacer que se seque y pierda su característico sabor ácido, por lo que se recomienda evitar mantenerlo sin salmuera. Asegurarse de que el recipiente esté bien cerrado ayudará a mantener su consistencia cremosa y su sabor.
Un consejo útil: si se te acaba la salmuera original, puedes usar una mezcla de agua y un poco de sal para mantener el queso feta sumergido.
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