La historia del biberón, un invento cotidiano pero esencial en la crianza y sobre todo en la alimentación infantil, tiene un recorrido interesante que abarca miles de años de innovación y adaptación cultural. La necesidad de alimentar a los bebés con algo distinto a la leche materna se remonta a la antigüedad. Desde que hay bebés en el mundo, ha habido madres que amamantan a sus hijos, aportándoles nutrientes básicos y esenciales. Y también ha habido bebés que han sido alimentados por biberones, cuando sus madres no han podido darles el pecho.
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Los Orígenes Más Antiguos y la Necesidad de Alternativas
"Se habla de una era de oro en la que todo el mundo daba el pecho, y esa época nunca existió", afirma Suzanne Barston, autora de "Biberones: Cómo la forma en que alimentamos a los bebés ha terminado definiendo la maternidad y por qué no debería ser así". Durante siglos, cuando una madre moría en el parto o no podía amamantar, la lactancia quedaba a cargo de una nodriza, aunque había otras que optaban por darle mamadera.
"Hay evidencia arqueológica que llega hasta la antigüedad de la existencia de distintas clases de biberones y otros métodos de alimentación alternativos", señala Ellie Lee, directora del Centro de Estudios Culturales sobre el Rol de los Padres de la Universidad de Kent, en Reino Unido. En ese entonces, como ahora, la lactancia no era siempre una opción. "Si una mujer tuvo un parto difícil, si se enfermó luego, si no tiene leche o si tiene un absceso... son muchas las razones de salud que pueden hacer que una madre no esté en capacidad de amamantar", explica Nora Doyle, profesora invitada de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos.
Primeras Evidencias Arqueológicas
Los registros más antiguos provienen de excavaciones arqueológicas en Europa y Asia, donde se encontraron vasijas de cerámica pequeñas con forma de animales y un tubo en el extremo, datadas en el período neolítico (entorno al 2000 a. E.C.). Los primeros biberones se remontan al 5000 antes de Cristo. Así lo establece un reciente estudio, según el cual los bebés prehistóricos eran alimentados con leche animal utilizando unos recipientes de arcilla, que se fueron implantando durante las Edades de Bronce y de Hierro.

En la región de Baviera (Alemania) se descubrieron varios recipientes de arcilla, de unos 5 a 10 cm de ancho, en tumbas infantiles datadas alrededor del 5.000 a. C. Estos vasos presentaban una boquilla muy estrecha por la cual se puede succionar líquido. Estos pequeños vasos podían haber servido para alimentar a adultos y ancianos enfermos, pero su tamaño era lo bastante pequeño como para caber en las manos de un bebé. Un grupo de investigadores liderados por la Universidad de Bristol (Reino Unido) se propuso estudiarlos para constatar si se trataba de la primera evidencia de biberones prehistóricos del Neolítico. El estudio confirmó que contenían leche de rumiantes de ganado domesticado (ovejas o cabras). Este hecho, combinado con la presencia de los recipientes junto a restos infantiles, constata que se usaron para alimentar a los bebés, ya sea para sustituir a la leche humana o durante el destete, como alimento suplementario.
“Sabemos que los vasos de arcilla utilizados para alimentar o destetar a los niños aparecen por primera vez en el período Neolítico en Alemania hace unos 7.000 años y luego se vuelven más comunes en la Edad de Bronce y Hierro en Europa”, explica a Sinc Julie Dunne, autora principal del estudio que publica la revista Nature e investigadora de la Universidad de Bristol. Hasta ahora los alimentos para reemplazar la leche materna en las dietas de los bebés en los tiempos prehistóricos no se conocían completamente. Las tumbas son parte de un gran complejo de cementerios de la Edad del Hierro en el valle inferior de Altmühl en Baviera. El primero abarca 99 entierros en 72 tumbas y el último 126 entierros. La tumba infantil número 80 en Dietfurt-Tennisplatz contenía una inhumación orientada de este a oeste de un niño pequeño (de cero a seis años), del cual solo se conservaron partes del cráneo y huesos largos. El primer recipiente de alimentación se colocó a los pies del niño, con un pequeño brazalete de bronce que se hallaba donde habría estado su brazo izquierdo. La tumba 65 en Dietfurt-Tankstelle comprendió la inhumación de un niño de un año de edad, colocado extendido sobre su espalda, con la cabeza orientada hacia el sur y los brazos doblados sobre la parte superior del cuerpo. La segunda vasija analizada, con forma de tubo pequeño, se encontró dentro de un recipiente depositado en la cadera derecha. Ambos vasos eran de tamaño similar, unos 50 mm de diámetro, aunque el recipiente I tiene una boquilla mucho más corta.

Estos vasos presentan diversas formas, algunos tienen pies o cabeza y formas de animales imaginarios. Vasos similares han aparecido en otras culturas prehistóricas de Roma y la antigua Grecia, así como en diversos lugares del mundo. El acto de introducir la leche animal en la dieta de un bebé probablemente tuvo efectos negativos en su salud y pudo haber hecho que enfermaran. “Los vasos en sí mismos probablemente eran difíciles de limpiar y presentan riesgos de exposición a infecciones potencialmente mortales para bebés, como la gastroenteritis”, dice Halcrow.
Evolución del Biberón a Través de las Eras
Antigüedad y Renacimiento
En la antigüedad, se alimentaba a los bebés con jarras de cerámica con una boca larga, un objeto que muchas veces se enterraba junto al bebé en su tumba. En la época del Renacimiento, los europeos usaban cuernos de vaca a los que les añadían pezones de cuero. También durante el Imperio Romano existían pequeñas vasijas especialmente diseñadas para almacenar la cantidad de leche necesaria para alimentar al bebé durante el día. En el Renacimiento, aunque hubo mayor atención a la salud y la higiene, los avances en la alimentación infantil fueron lentos. En el siglo XVI, Enrique II de Francia dio un importante impulso al biberón creando la fábrica de Saint Porchaire, donde se producían biberones que alcanzaron la consideración de auténticas obras de arte. Objetos de porcelana o cerámica decorados con todo tipo de filigranas, de los que se conserva algún ejemplar en el Museo del Louvre de París. Al margen de estas piezas artísticas, los biberones más utilizados eran los elaborados con esponja o de cuero, aunque el más popular de todos era el de ubre de vaca.

Edad Media: Biberones Artesanales y Alimentos Primitivos
Durante la Edad Media, se usaban cuernos de animales como biberones, adaptados con boquillas de tela. Más adelante, en la Edad Media, se incorporó un cordel a modo de colgante para atar al cuello de los lactantes, quienes se alimentaban de leche mezclada con licor de azúcar. La mujer medieval ya intuyó que la leche humana tiene todos los nutrientes que el niño necesita para sobrevivir y crecer, que la leche materna era como la misma sangre de la madre, con todas las sustancias capaces de dar protección y defender al recién nacido contra males y enfermedades. También comprendió esta mujer que la relación afectiva creada entre madre e hijo durante la lactancia, es inigualable además de indestructible, entendiendo que en esto consistía que el niño estuviera bien cuidado, y el niño creciera seguro sintiéndose amado y protegido.
El sentido común incorporado a los vestigios históricos nos hace suponer que las mujeres pronto llegaron a la conclusión de que la alimentación artificial sería la mejor solución para sacar adelante al recién nacido ante la eventual muerte de la madre. También serviría en el caso de una retirada prematura de la leche materna o ante una malformación de los pezones. Pero todo ello exigía un medio que pudiera sustituir el pecho de la madre. Se dieron otras ocasiones que en las que también se propició la lactancia artificial, generalmente fueron los criterios defendidos por otros, los que incitaban a no dar de mamar ni durante los dos o tres primeros días de vida, ni durante el embarazo. La razón esgrimida era que tanto los calostros como la leche de mujer embarazada resultaban nocivos e indigestos para la criatura. Tampoco ante un parto múltiple, se aceptaba socialmente la lactancia materna, la razón esgrimida era el dar de mamar a más de una criatura.
En todas las circunstancias descritas los bebés tenían que ser alimentados mediante lactancia artificial. Aquí es donde surge el equivalente medieval del biberón, en el ámbito doméstico. Se describe como un cornete o cucurucho, cuerno de vaca taladrado que se carga gracias a una “cabrita” esto es, un pequeño recipiente-vaso tubular, con cuello más o menos largo que hace las veces del biberón para niños bastantes mayores, porque ellos pueden sujetar el objeto y saben regular su succión. Para rellenar el cornete se recomienda recurrir, salvo en aquellos casos en los que se utiliza la leche de mujer extraída manualmente, a la leche animal, y preferentemente la de cabra, por ser más digestiva que la de vaca, de ahí el nombre a los vasos largos con cuello tubular. El biberón-cornete con cuello puede ser manufacturado en terracota, en estaño o en vidrio. Un tratado de ginecología del siglo XIII, escrito en el sur de Francia, “Los infortunios de Dinah”, señala que se hará beber al niño destetado “en un recipiente de vidrio que termina en forma de pezón y que se llama nad” término hebreo que el traductor transcribe por ablandado, por entumecido, pero que es posible que se refiera al cornete- biberón.
Pero lo más frecuente, por su facilidad, era fabricarlo en cuerno de animal, para lo que primeramente hay que vaciar un cuerno de vaca y taladrar o perforar la parte más distal y delgada. Ahora su interior vacío se puede ocupar con la ubre y pezón de la vaca. Para prolongar el buen estado del pezón y hacerlo duradero, se debe guardar mientras no se utilice, manteniéndolo sumergido en agua, de esta manera se mantendrá durante meses enteros sin sufrir ninguna alteración. Antecedentes domésticos utilizados para la lactancia artificial durante la edad media, fueron también los rodillos. Objetos similares a las mangas de pastelería actuales, en cuyo cuello se introducían un trozo de esponja natural que cubierta con una telilla o lienzo fino, servía para que el niño succionara a través de ella. Ciertos hospicios conservaron este método.

Alimentación Complementaria y Prácticas Peligrosas
El recurso al biberón (como contenido) o a la sopa, que se llamaba entonces “papilla”, se extendió no solamente en los casos de ser inexcusable la lactancia artificial. Se admitía dar biberón para evitar que los primeros dientes hiriesen el pecho de la madre, o simplemente cuando el bebe lloraba insistentemente. En este sentido, el Libro de los medicamentos simples nos revela que las mujeres del lugar hacían dormir a sus hijos con la ayuda de simientes de adormidera blanca mezcladas con su propia leche. "No hay duda de que la leche materna no era el único alimento que se les daba a los niños" señala Wickes en su publicación, que compila las evidencias más tempranas de formas alternativas a la lactancia materna. Lo que ingerían depende de la época y de la cultura. Los bebés de la Grecia antigua eran alimentados con vino y miel, mientras que a los niños indios de seis meses en el siglo II d. C. se les daban "vino diluido, sopa y huevos". En EE.UU., la leche de burra era, a menudo, una alternativa adecuada a la leche materna.
La práctica de mamar de un animal, cómo los mellizos Rómulo y Remo de la mitología romana, también era una alternativa. Se abandonó porque era difícil de limpiar. El sustituto más común a la leche materna era la panada, una mezcla acuosa de dudoso valor nutritivo. "Para ser honestos, alimentaban a sus niños con cosas muy raras", explica Doyle. "Leche, harina, mantequilla derretida o una sopa de carne. Era una mezcla peculiar de cosas líquidas a las que a veces le añadían un poco de pan". Esto tenía un precio: "Muchos niños alimentados así solían morir", dice Doyle. Como resultado surgió la fórmula. "Solía ocurrir que si una mujer no podía amamantar, su niño no tenía grandes perspectivas. La fórmula fue un regalo del cielo", explica Barston.
Siglos XVIII y XIX: Higiene y Producción en Masa
El siglo XVIII marcó un cambio significativo en la historia del biberón con el uso de recipientes de vidrio, más higiénicos y fáciles de esterilizar. Durante el siglo XIX, la Revolución Industrial permitió la producción en masa, haciendo los biberones más accesibles. En los siglos XVIII y XIX se usaban pequeñas vasijas decoradas con complicados patrones en peltre o plata. En 1845, Elijah Pratt patentó la primera tetina de goma, marcando un avance crucial. El biberón dejó de ser un objeto artesanal y se convierte en un producto fabricado en serie y a gran escala.

Los biberones descritos hasta el momento de cerámica, vidrio o plata estaban fabricados en una sola pieza y resultaba muy difícil, por no decir imposibles, de limpiar. Con este fin, Édouard Robert diseñó un biberón que supuestamente aportaba más seguridad, aunque no lo logró. El biberón, que consistía en un tubo largo provisto de un frasco en su interior y un tapón perforado por el que pasaba un conducto externo de caucho conectado a una tetina, terminó convirtiéndose en el “biberón asesino” por lo complicado de limpiar el conducto de caucho, que resultó ser un auténtico nido de microbios. Preocupados por dar respuestas a la alta mortalidad infantil, algunos médicos empezaron a hacer pruebas para diseñar modelos nuevos, más higiénicos y, de paso, mejorar la calidad de la leche.
Siglo XX y Biberones Modernos
El siglo XX trajo avances radicales en la seguridad de los biberones gracias a mejoras en la esterilización y la invención del caucho vulcanizado. En la primera mitad del siglo XX, la leche condensada era la opción de preferencia de las mujeres occidentales que no daban pecho. La aparición de los biberones esterilizados en los 50 sumado a la preferencia cultural por lo nuevo y científico provocó un incremento en el uso de leche de fórmula. Y esto, a su vez, acarreó un cambio profundo en la salud de los bebés que no eran amamantados. "Ahora no hay problemas -en el sentido de la seguridad- asociados a la alimentación por biberón", explica Lee. "Lo que se les daba a los bebés los enfermaba. Ahora, ninguno se enferma (por eso)", acota.
A principios de los años 50, el modelo “Bib49” introdujo el innovador sistema del aro enroscado. El frasco siguió siendo de cristal y de forma cilíndrica, pero provisto de un cuello enroscado al que se fijaba un aro que sostenía la tetina. En aquel momento, el biberón todavía no llevaba capuchón y el aro, inicialmente fabricado en baquelita, pasó rápidamente a ser de plástico. Las marcas Mont Blanc y Remond fueron las primeras en utilizar este sistema. España se incorpora más tarde a fabricar biberones y adopta los materiales más adecuados, que reproduce de modelos europeos. No obstante, la industria incipiente apuesta por este mercado y varias empresas alimenticias coordinan su estrategia fabricando biberones, a la vez que buscan nuevos productos lácteos.

La Fórmula Infantil y la Reducción de la Mortalidad
Al respecto, hay que recordar la contribución de Henri Nestlé, un farmacéutico alemán afincado en Suiza, que en su día había revolucionado el mercado del chocolate. El empresario alcanzó la fama por crear la llamada ‘leche de fórmula’, un compuesto más digerible para los pequeños estómagos de los bebés gracias a que se eliminaba el almidón y el ácido de la harina. Además, la pasteurización o esterilización por calor, que se empieza a aplicar en 1888, permitía destruir todos los gérmenes. A partir de esta fecha la tasa de mortalidad infantil empieza a descender de forma significativa. La lactancia materna ha sido, desde siempre, el modo habitual de alimentar a los bebés. Sin embargo las nodrizas y los biberones también han sido usados desde el comienzo de los tiempos. El uso del biberón, hasta que no se mejoraron substancialmente los sucedáneos de la leche materna y se usaron medidas de higiene, tenía desastrosas consecuencias. A pesar de ello hay datos para constatar su uso desde tiempos muy antiguos.
Afortunadamente, aunque la lactancia materna es la mejor opción posible y cada vez hay más recursos que ayudan a las madres que desean amamantar, es un gran avance que los niños que, por el motivo que sea no pueden ser alimentados con la leche materna o leche de nodriza, puedan hoy recibir una nutrición segura. El debate sobre la leche de fórmula todavía sigue candente. Pero es claro que de todo lo que no es -lo mejor para los bebés, igual de nutritiva que la leche materna, barata- sí es, por sobre todas las cosas, una manera segura de alimentar a los bebés.

Etimología y Denominaciones Regionales
El biberón es una voz francesa derivada del latín “bibere” (beber). La voz francesa “biberón”, que cruzó los Pirineos y se ganó una tilde, está presente en la lengua gala desde principios del siglo XIV, derivada del latín “bibere” (beber). Primero significó “gollete”, más tarde “borrachón” y a principios del XIX, la botellita con un pezón de goma para la lactancia de los críos. El diccionario etimológico de la lengua castellana de Corominas especifica que la palabra biberón proviene del francés biberón, de probable entrada en el léxico castellano hacia el 1883, “gollete” (cuello estrecho que tienen algunas vasijas), derivado del latín bibere "beber"; en francés empezó por ser adjetivo aplicado (S. XV) a gente que bebe mucho.
El Diccionario de la Real Academia Española, en su edición duodécima del 1884 determina que el biberón (del fr. biberón; del lat. bibere, beber) es un “Instrumento para la lactancia artificial, que consiste en una botella pequeña de cristal o porcelana, con un pezón de goma elástica, de teta de vaca o de marfil reblandecido, para la succión de la leche”. En su décima sexta edición, del 1939, detalla: biberón (del fr. biberón; del lat. bibere, beber) es un “Instrumento para la lactancia artificial: es una botella pequeña de cristal o porcelana, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”. Y su vigésima primera del 1992, el DRAE especifica que biberón es un “utensilio para la lactancia artificial: es una botella pequeña de cristal, porcelana u otra materia, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”. Ya iniciado el nuevo siglo, la Academia mantiene la misma definición, enunciándolo como “utensilio para la lactancia artificial que consiste en una botella pequeña de cristal, porcelana u otra materia, con un pezón, generalmente de goma elástica, para la succión de la leche”. (Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española Tomo I.- Vigésima Segunda Edición 2004).
Desde principios del S.XIX se identifica con su significado actual, que varía según la latitud geográfica. Así es conocido como mammadera en Argentina, mamila en México, pepe en Honduras, pacha en Nicaragua y El Salvador o tetero en Venezuela y Colombia.