Una convulsión es un cambio repentino y temporal en la actividad eléctrica y química del cerebro, que puede alterar el comportamiento, los movimientos, las sensaciones o el nivel de conciencia. Es fundamental distinguir entre episodios aislados y trastornos crónicos, ya que no todas las convulsiones indican una condición médica permanente.
Diferencia entre convulsión y epilepsia
La epilepsia es un trastorno cerebral caracterizado por una predisposición a padecer crisis epilépticas recurrentes (dos o más convulsiones no provocadas con un intervalo de al menos 24 horas). Una sola convulsión que no vuelve a ocurrir no se clasifica como epilepsia.

Tipos de convulsiones en la infancia
Las crisis se clasifican según la región del cerebro donde se inician y cómo se propagan:
Convulsiones focales
Se originan en un área específica del cerebro:
- Con alteración de la conciencia: El niño no es consciente de su entorno y puede realizar movimientos repetitivos (automatismos) como chasquear los labios o frotarse las manos.
- Sin pérdida de conciencia: El niño está alerta pero puede experimentar alteraciones emocionales, visiones, olores extraños o movimientos espasmódicos en una extremidad.
Convulsiones generalizadas
Afectan a todo el cerebro desde el inicio:
- Crisis de ausencia: Episodios breves (menos de 15 segundos) donde el niño parece estar soñando despierto o distraído.
- Tónico-clónicas (gran mal): Pérdida de conciencia, rigidez muscular (fase tónica) seguida de sacudidas violentas (fase clónica).
- Atónicas: Pérdida repentina del tono muscular, provocando caídas.
- Mioclónicas: Sacudidas musculares rápidas y breves.

Causas y factores desencadenantes
Cuando las convulsiones no están asociadas a la fiebre, pueden deberse a múltiples factores:
- Lesiones cerebrales: Traumatismos, cicatrices tras infecciones o malformaciones congénitas.
- Trastornos metabólicos: Niveles anormales de glucosa, calcio o sodio en sangre.
- Factores genéticos: Afecciones hereditarias o mutaciones genéticas.
- Otras causas: Tumores cerebrales, accidentes cerebrovasculares o uso de sustancias.
Diagnóstico médico
El proveedor de atención médica realizará una evaluación integral que incluye:
- Historia clínica detallada: Antecedentes familiares y descripción del episodio.
- Electroencefalograma (EEG): Registra la actividad eléctrica cerebral. Puede realizarse en vigilia, sueño o mediante monitoreo prolongado (video-EEG).
- Pruebas de imagen: Resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC) para identificar lesiones estructurales.
- Análisis de laboratorio: Estudios de sangre, orina y, en casos específicos, punción lumbar para descartar infecciones.
Neurologo Pediatra En Guadalajara Dra. Giselle/ ELECTROENCEFALOGRAMA ¿PARA QUE SIRVE?
Tratamiento y manejo
El objetivo principal es mejorar la calidad de vida eliminando las crisis y minimizando los efectos secundarios:
- Medicamentos anticonvulsivos: Son el pilar del tratamiento. Es vital seguir las indicaciones exactas, ya que olvidar una dosis puede desencadenar una crisis.
- Cirugía: Considerada en casos de epilepsia resistente a fármacos, donde se localiza un área específica del cerebro responsable de las crisis.
- Dieta cetogénica: Una opción terapéutica supervisada, rica en grasas y baja en carbohidratos, eficaz en ciertos casos refractarios.
- Estimulación del nervio vago (ENV): Un dispositivo similar a un marcapasos que ayuda a reducir la frecuencia de las crisis.
Primeros auxilios: ¿Qué hacer durante una crisis?
Ante una convulsión, la prioridad es la seguridad:
- Mantenga la calma y no intente sujetar al niño ni introducir nada en su boca (es un mito que puedan tragarse la lengua).
- Coloque al niño en posición de seguridad (de lado) para despejar la vía aérea.
- Retire objetos cercanos con los que pueda golpearse.
- Si la convulsión dura más de 5 minutos, o si es la primera vez que ocurre, busque atención médica de emergencia (911).
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