Placentofagia: Beneficios, Riesgos y la Perspectiva Científica

La placentofagia, la práctica de ingerir la placenta después del parto, es un fenómeno observado en casi todos los mamíferos placentados, ya sean carnívoros o herbívoros, a excepción de los humanos. Tradicionalmente, se creía que esta práctica animal era una estrategia para ocultar las pruebas del parto y evitar atraer a los depredadores. Sin embargo, investigaciones crecientes, como las de Cristal (1991), Sánchez (2008) y Soyková-Pacherová (1954), sugieren que la placenta podría tener una función extrauterina esencial.

Esquema de la placentofagia en mamíferos no humanos

La Placenta: Un Órgano Vital con Múltiples Funciones

La placenta es un órgano complejo y único en el cuerpo humano, con una "fecha de caducidad" determinada. Actúa como la interfaz entre la madre y el feto, siendo vital para el desarrollo de este último y la protección del embarazo. Una placenta sana pesa aproximadamente medio kilo y un cordón umbilical tipo mide unos 55 centímetros de largo.

Después del nacimiento del niño, comienza el periodo de alumbramiento, donde el útero continúa contrayéndose para que la placenta se desprenda de la pared uterina y sea expulsada junto con la bolsa amniótica.

Otros Usos de los Tejidos Placentarios

En los partos medicalizados que tienen lugar en las sociedades desarrolladas, la placenta es eliminada siguiendo las precauciones establecidas para los residuos biológicos. Sin embargo, debido a su riqueza en ácido hialurónico y colágeno, podría ser utilizada en la industria cosmética. Además, el cordón umbilical es un importante reservorio de células madre del feto para su posible uso en medicina regenerativa, incorporando la sangre de cordón umbilical como fuente de progenitores hematopoyéticos en trasplantes.

Métodos de Preparación y Consumo de la Placenta Humana

La moda de la placentofagia humana se ha extendido peligrosamente por Estados Unidos y Europa. Una forma común de preparar la placenta para ingerirla es colocarla dentro de una cápsula, similar a una píldora. Para ello, la placenta se cocina al vapor y se deshidrata, o bien se procesa cruda. También se sabe que algunas personas comen la placenta cruda, cocida o en batidos y extractos líquidos. Diversos contenidos en redes sociales mencionan todo tipo de opciones de preparación: cocida, cruda, encapsulada, en batido.

Supuestos Beneficios y la Falta de Evidencia Científica

Los defensores de la placentofagia atribuyen numerosos beneficios a su consumo, desde evitar la depresión posparto hasta equilibrar las hormonas, aumentar la energía, mejorar la producción de leche y proporcionar nutrientes importantes como el hierro. Algunas de las hipótesis planteadas son:

  • Es rica en vitamina K, lo que podría disminuir el riesgo de hemorragia en la madre y el recién nacido, dado que los bebés humanos y la leche materna tienen bajas concentraciones de esta vitamina durante los primeros días tras el parto.
  • Podría mejorar el estado emocional de la madre después del parto debido a la reposición de hormonas presentes en la placenta, lo que podría reducir la depresión posparto, que afecta hasta a un quince por ciento de las mujeres.
  • Los partidarios defienden que su consumo evita la depresión posparto por las cantidades residuales de oxitocina.

A pesar de estas afirmaciones, la realidad es que no existen evidencias científicas sólidas de que comer la placenta ofrezca beneficios para la salud humana. No hay estudios científicos serios de ninguna naturaleza que avalen la placentofagia en humanos. El “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists” (RCOG) ha declarado que no hay ninguna justificación médica para esta práctica, señalando que los animales ingieren su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no existen razones para hacerlo.

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos previenen frente a los vendedores de cápsulas de placenta que realizan afirmaciones médicas sin demostración científica. Todo lo publicado hasta la fecha sobre sus beneficios, incluyendo su efecto en la lactancia materna, son especulaciones y no conclusiones basadas en estudios clínicos controlados.

Según Laura Garcés, miembro de la Comisión de Sanidad del CODiNuCoVa, "no existe evidencia clínica científica sólida que demuestre beneficios significativos para la salud materna derivados del consumo de placenta". La dietista-nutricionista Júlia Farré añade que, aunque algunas madres afirman sentirse con más energía o experimentar mejoras en el estado de ánimo, estos beneficios son subjetivos y podrían deberse al efecto placebo, sin haber sido confirmados por estudios clínicos.

La Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) también indica que la placentofagia "no tiene beneficios clínicamente probados y puede implicar riesgos", y no recomienda esta práctica, afirmando que "ningún nutriente ni hormona placentaria se retiene en cantidades suficientes después de la encapsulación de la placenta para ser potencialmente útiles para la madre después del parto."

Algunos estudios en ratas demuestran que estos roedores mejoran sus niveles de analgesia y el umbral del dolor tras comerse la placenta, pero no hay extrapolación científica a humanos. Además, la investigación animal, aunque proporciona conocimientos, no es representativa de los seres humanos; por ejemplo, no existe un modelo animal adecuado para la depresión posparto humana.

Gráfico: Mitos vs. Evidencia científica sobre la placentofagia

Riesgos y Preocupaciones Asociados al Consumo de Placenta

Lejos de los supuestos beneficios, el consumo de placenta puede ser perjudicial y se relaciona con riesgos significativos para la salud. La placenta es un órgano que actúa como barrera y filtro durante el embarazo, lo que implica que puede acumular sustancias potencialmente dañinas.

Contaminación Bacteriana y Viral

Una de las principales preocupaciones son las infecciones, ya que la placenta o sus productos procesados (cápsulas) pueden contener bacterias susceptibles de afectar tanto a la madre como al recién nacido si el tejido no se procesa adecuadamente. Las preparaciones habituales no eliminan por completo las bacterias y virus infecciosos que podría contener la placenta.

  • Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos emitieron una advertencia contra la ingestión de cápsulas de placenta.
  • Esta advertencia se basó en un caso en Oregón, 2016, donde un recién nacido desarrolló una infección grave por estreptococo del grupo B (EGB) después de que la madre tomara cápsulas de placenta. Se cree que la madre se infectó a través de la placenta, que dio positivo para EGB, y luego contagió al bebé, quien desarrolló una sepsis neonatal grave y meningitis.
  • También se ha expresado preocupación por el riesgo de contagio de enfermedades como el SIDA, la hepatitis y otras enfermedades transmitidas por la sangre.
  • Los CDC de EE. UU. han identificado el riesgo de erradicación inadecuada de patógenos infecciosos durante el proceso de encapsulación.

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Acumulación de Toxinas y Metales Pesados

Como filtro del feto en desarrollo, la placenta puede absorber toxinas y contaminantes. Podría contener metales pesados u otras sustancias potencialmente tóxicas. Se han identificado en tejidos placentarios tras el parto elementos como selenio, cadmio, mercurio y plomo, además de bacterias, y contaminantes pueden persistir tras la cocción o encapsulación. Para conocer la verdadera calidad placentaria y sus garantías, sería necesario controlar la alimentación y los medicamentos que ha tomado la madre durante la gestación, de manera similar a la producción farmacéutica o alimentaria.

Interferencia Hormonal

Algunos preparados de placenta contienen niveles residuales de estrógenos, progesterona y oxitocina, que podrían interferir con la lactancia, la coagulación o incluso producir efectos adversos en personas sensibles.

Falsa Sensación de Seguridad

El consumo de placenta puede crear una falsa sensación de seguridad, llevando a las mujeres a confiar en la placentofagia como "prevención" natural de la depresión posparto y retrasando el acceso a tratamientos probados y eficaces.

Otros Efectos Adversos Reportados

Aunque la mayoría de las mujeres que participan en estudios sobre placentofagia informan de una experiencia positiva, algunas han experimentado efectos negativos como aumento de calambres uterinos y sangrado vaginal, problemas digestivos, sofocos, lactancia excesiva, aumento de acidez, manchas en la piel y náuseas. Se desconocen los posibles efectos adversos a largo plazo de los elementos tóxicos en las mujeres que consumen la placenta, y la seguridad para las fumadoras no ha sido considerada.

La Placentofagia Humana: Un Fenómeno en Aumento y Objeto de Estudio

A pesar de la falta de evidencia científica, la placentofagia humana está ganando popularidad, impulsada por los medios de comunicación y el apoyo de celebridades. Ejemplos como January Jones o Coleen Rooney, quienes admitieron haber ingerido su placenta encapsulada contra la depresión y la fatiga, han influido en la percepción pública. El aumento de información disponible en internet también es un indicador: una búsqueda de "encapsulación placenta" en YouTube pasó de 97 resultados en 2012 a 5.340 en 2017.

Esta tendencia es vista como un esnobismo en el que el hombre busca absorber el "carácter" de un órgano de excelente reputación que acaba de morir, o como un deseo de hacer algo "natural" o "ancestral". Sin embargo, el comportamiento de los mamíferos no humanos, que comen la placenta por beneficio nutritivo o para evitar depredadores, no es extrapolable a la especie humana.

La placentofagia humana es un campo que apenas se está empezando a estudiar. Investigadores como Daniel Benyshek, Sharon Young y Allison Cantor, junto con Jodi Selander de Placenta Benefits, han realizado estudios tempranos examinando la motivación y experiencias de mujeres que consumen su placenta. Estos estudios, a menudo basados en encuestas (como una realizada a 189 mujeres), sugieren que algunas mujeres reportan beneficios subjetivos como la prevención o cura de la anemia, recuperación acelerada, apego con el bebé y mejoría del sueño. A pesar de los efectos negativos sufridos por algunas, un 98% de las participantes indicaron que volverían a ingerir la placenta, lo que subraya la percepción positiva, aunque no pueda descartarse el efecto placebo.

Aunque aún falta evidencia científica, estos hallazgos tempranos resaltan la necesidad de realizar estudios de investigación controlados para confirmar o refutar las opiniones de estas mujeres.

Recomendaciones Profesionales Basadas en la Evidencia

Ante la falta de beneficios clínicamente probados y los riesgos potenciales, los profesionales de la salud, incluyendo obstetras y dietistas-nutricionistas, no recomiendan la placentofagia.

La recomendación de los expertos es siempre basarse en la evidencia científica actualizada. Es fundamental explicar que no se ha demostrado que tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen otras estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación específica y el descanso.

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