La gestión emocional no siempre es sencilla, especialmente en etapas donde existe una mayor inmadurez y los jóvenes carecen de los recursos y competencias personales para superar situaciones difíciles. Es normal y sano sentir emociones poco placenteras, pero a veces atravesamos momentos donde nos sentimos realmente desbordados. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de responsabilidad y amor.

Identificación de señales de alerta en la adolescencia
La adolescencia es una etapa de grandes cambios y desafíos. Muchas madres y padres tienden a pensar que los problemas son "solo una etapa", pero es fundamental estar atentos a cambios significativos en el comportamiento o estado emocional de los hijos.
- Cambios en el estado de ánimo: Altibajos emocionales, irritabilidad espontánea o pasar de la alegría a la ira de forma abrupta.
- Pérdida de interés: Desgana en actividades que antes disfrutaba sin causa aparente.
- Conductas desafiantes: Aumento de peleas, discusiones continuas o desafíos constantes a la autoridad.
- Cambios físicos: Alteraciones en el apetito, el peso o dificultades en la conciliación del sueño (dormir demasiado o insomnio).
- Síntomas limitantes: Problemas de ansiedad, depresión, TDAH o conductas de riesgo que afectan su bienestar.
Según la Base de datos clínicos de atención primaria (BDCAP), el trastorno de ansiedad es el problema de salud mental más frecuente, afectando al 6,7% de la población. Asimismo, se estima que uno de cada 20 menores tendrá un episodio depresivo antes de los 19 años.
Salud mental en adolescentes- Prevenir, detectar, atender
Cómo abordar la negativa del adolescente a recibir terapia
Lograr que un adolescente acepte ir a terapia puede ser difícil. Es común que sientan que "son así", que la terapia no funciona o que pedir ayuda es vergonzoso. Los adolescentes necesitan sentir que tienen control e independencia; por ello, es esencial darles la oportunidad de explicar cómo se sienten.
Estrategias para el diálogo
- Escucha activa: Genera un entorno de confianza desde la infancia para que expresar emociones no sea una "operación de riesgo".
- Enfoque colaborativo: Pregúntale qué le gustaría obtener del tratamiento, centrándote en sus prioridades (tareas, relaciones, metas personales) en lugar de imponer las tuyas.
- La terapia como entrenamiento: Compara la terapia con un entrenador deportivo, alguien que ayuda a desarrollar nuevas habilidades para alcanzar el éxito, no alguien que juzga sentimientos oscuros.
- Participación familiar: A veces, si toda la familia trabaja en el asunto, se reduce la presión sobre el adolescente.
El papel de la intervención profesional
Si tu hija se niega, no fuerces la situación. La intervención indirecta es una herramienta eficaz donde los padres, orientados por un profesional, modifican comportamientos ineficientes en casa para suavizar las dinámicas rígidas.
Pasos recomendados para los padres:
- Consulta previa: Acude a la consulta a solas para conocer al profesional y recibir pautas sobre cómo actuar en casa.
- Elección compartida: Si el adolescente ha tenido malas experiencias previas, permítele participar en la búsqueda de un nuevo terapeuta para que se sienta cómodo.
- Cuidado personal: Cuidar de un adolescente en un momento difícil puede ser agotador; es vital que también te ocupes de tu propio malestar emocional.
| Aspecto | Recomendación |
|---|---|
| Frecuencia inicial | Habitualmente semanal, pasando a quincenal o mensual según el progreso. |
| Objetivo | Adaptar el tratamiento a las necesidades individuales y el desarrollo del menor. |
| Enfoque | Científico, profesional y centrado en la relación de confianza. |
Recuerda que la salud mental de tu hija es tan importante como su salud física. Si crees que necesita ayuda, no dudes en buscar a un profesional titulado que pueda ofrecer un plan terapéutico individualizado y adaptado a vuestra situación familiar.