El misterioso nacimiento de los dragones de Komodo

Los dragones de Komodo (Varanus komodoensis) son criaturas excepcionales y el lagarto más grande del mundo. Pueden crecer hasta 3 metros de largo y llegar a pesar hasta 90 kilogramos en estado salvaje, mientras que en cautividad pueden superar los 160 kg. Son animales carnívoros y carroñeros, depredadores más poderosos de las islas en las que habitan, gracias a su agudo sentido del olfato, que les permite detectar presas a distancias de hasta 12 kilómetros. Su saliva es altamente venenosa, impidiendo la coagulación de la sangre de sus víctimas, lo que hace de su mordedura una de las más temibles. A pesar de ser animales de sangre fría, estos colosales lagartos pueden aumentar su metabolismo a niveles cercanos a los de los mamíferos, lo que les otorga una gran velocidad y resistencia. Su reproducción es ovípara.

Historia y descubrimiento de los Dragones de Komodo

A pesar de su imponente tamaño, el varano o dragón de Komodo pasó inadvertido para la ciencia hasta principios del siglo XX. Habita una serie de pequeñas islas al este de Java y de Bali, conocidas como las islas menores de la Sonda, administradas por Indonesia. Entre estas islas se encuentra Komodo, una isla de roca volcánica y densos bosques tropicales con una extensión de 390 kilómetros cuadrados.

Inicialmente, la isla de Komodo estaba deshabitada. Sin embargo, a principios del siglo XIX, fue utilizada por el sultán de la cercana isla de Sumbawa para desterrar a convictos y oponentes políticos. Además, la isla era visitada ocasionalmente por cazadores y buscadores de perlas de otras partes de Indonesia, quienes comenzaron a hablar de una enorme criatura, una especie de monstruo con aspecto de cocodrilo pero que habitaba en tierra firme, al que llamaron boeaja darat (cocodrilo de tierra).

Los rumores sobre la existencia de estos animales llegaron a oídos de Peter Ouwens, director del Museo Zoológico y Jardines Botánicos de Java, cerca de Yakarta, la actual capital de Indonesia. En 1910, Ouwens contactó con el gobernador de la isla de Flores, J.K.H. van Steyn van Hensbroek, un entusiasta naturalista que viajaría a Komodo en 1912 para recolectar el mayor número posible de pruebas. Escuchó testimonios de varios buscadores de perlas y encontró una piel de uno de estos grandes lagartos en una choza, concluyendo que no se trataba de un cocodrilo, sino probablemente de una especie de varánido de gran tamaño. Incluso llegó a cazar un ejemplar, enviando su piel y una foto a Ouwens. Poco después, Ouwens envió a la isla a un trabajador del Museo Zoológico, quien regresó a Java con cuatro especímenes vivos, uno de ellos adulto.

A pesar de que el interés por el dragón de Komodo decayó en años posteriores a causa de la Primera Guerra Mundial, dicho interés revivió con la expedición realizada por W. Douglas Burden en 1926. Fue Burden quien acuñó el término "dragón" a finales de los años veinte para referirse al animal. Su expedición incluso inspiró la película King Kong. Burden llevó al Zoo del Bronx (Nueva York) los primeros ejemplares vivos de la especie que serían expuestos fuera de Asia.

Esta especie no solo habita la isla de Komodo, también se encuentra en otras islas cercanas, como Rinca, Padar, Gili Motang, Gili Dasami y algunas zonas costeras de la isla de Flores, todas ellas pertenecientes a las islas de la Sonda menores, en el archipiélago indonesio.

Características físicas y hábitos

Aunque los machos tienden a un mayor tamaño que las hembras, no hay grandes diferencias morfológicas entre ambos sexos. Los juveniles son de color predominantemente verde con algunas partes negras y amarillas, mientras que los adultos tienen un color más uniforme, variando de marrón a rojo grisáceo. Su cuerpo está completamente cubierto por duras escamas. Poseen un cuello largo y la cola es grande y muy musculosa. El hocico es redondeado y el cráneo flexible, con dientes afilados y aserrados de hasta 2.5 cm de longitud. Su lengua bifurcada, larga y amarillenta recuerda mucho a la de las serpientes.

El dragón de Komodo se alimenta principalmente de carroña, aunque también cazan activamente presas de diferentes tamaños, como peces, roedores, serpientes, aves, cabras, cerdos, ciervos, jabalíes, búfalos de agua, e incluso dragones de Komodo de menor tamaño. Los juveniles se alimentan de insectos, geckos, huevos, aves y ocasionalmente pequeños mamíferos. Tienden emboscadas a las presas de mayor tamaño y les asestan un mordisco en las extremidades traseras. Si la presa no muere por el ataque inicial, el dragón sigue al animal herido hasta que fallece debido a la pérdida de sangre o infección.

Utilizan su lengua para percibir los olores, ayudándose del órgano de Jacobson, que analiza la información de la lengua y señala la dirección de la presa potencial. Los dragones de Komodo tienen 60 dientes afilados que se reemplazan constantemente. Sus dientes les permiten arrancar grandes trozos de carne que tragan enteros.

Komodo: Tierra de Dragones (documental completo)

El misterio de la saliva y el veneno

Un estudio de 2009 liderado por Bryan G. Fry encontró que estos animales poseen glándulas venenosas en su mandíbula inferior, segregando varias proteínas tóxicas capaces de provocar en la presa la pérdida de consciencia, descenso de la presión sanguínea, parálisis muscular, hipotermia y un efecto anticoagulante de la sangre. Bryan Fry pone en entredicho la creencia de que las bacterias contenidas en la boca del dragón causan la muerte de su presa por infección.

El científico estadounidense cree que la víctima muere desangrada horas después de la mordedura, debido a los efectos del veneno. Según este investigador, las bacterias que causan la infección del animal herido se encontrarían en las aguas cálidas y con heces estancadas donde las presas se refugian. Por tanto, la fuente de la infección sería medioambiental y no la saliva del varano. No obstante, otros investigadores opinan que "el descubrimiento de las glándulas del veneno ha llevado a infravalorar el papel de las secreciones orales de los reptiles y a una interpretación errónea de la evolución de estos animales".

Alimentación y digestión

Los varanos de Komodo son capaces de tragar grandes trozos de comida expandiendo su garganta y su cráneo flexible. En cada comida pueden llegar a ingerir hasta el 80% de su peso corporal. Luego se sitúan en un lugar soleado para acelerar la digestión. Los dragones adultos pueden mantenerse con una sola comida al mes, ya que tienen un metabolismo lento. Una vez terminan la digestión, regurgitan la llamada "pelota gástrica", formada por los dientes, cabellos y cuernos de la presa ingerida, cubiertos por una mucosidad maloliente segregada en el estómago del lagarto.

Sentidos

Estos animales tienen un sentido de la vista pobre, siendo capaces de ver a distancias de no más de 300 metros. Asimismo, su sentido del oído es poco desarrollado. Sin embargo, poseen un muy buen sentido del olfato, utilizando su lengua para percibir los olores ayudándose del órgano de Jacobson.

Territorio y depredadores

Los varanos de Komodo viven en territorios de unos dos kilómetros cuadrados, que no defienden de competidores, por lo que es usual que estos territorios se solapen. Excavan nidos en los que se refugian por la noche y cuando el día es muy caluroso. Los dragones adultos no sufren depredación al estar en la cúspide de la cadena alimentaria de su ecosistema. Sin embargo, los juveniles son ocasionalmente depredados por adultos de su propia especie, algunos mamíferos y aves.

Reproducción

Reproducción sexual

La forma habitual de reproducción de estos animales implica el apareamiento entre macho y hembra y la fertilización del óvulo. Las hembras son fértiles a partir de los nueve años de vida aproximadamente y los machos a partir de los diez. El apareamiento ocurre entre julio y agosto y la puesta de los huevos se realiza en septiembre, evitando así los meses más calurosos. Eclosionarán entre siete y ocho meses después, cuando han cesado las lluvias y los insectos son abundantes, en una madriguera excavada por la hembra o en un nido abandonado por otros animales. Los dragones de Komodo recién nacidos no reciben cuidado de sus padres y trepan inmediatamente a los árboles cercanos para escapar de ser presa de dragones adultos u otros depredadores. Las crías miden aproximadamente 37 cm de largo y pasan sus primeros tres o cuatro años en los árboles hasta alcanzar aproximadamente 1.2 m de longitud. Alcanzan la madurez alrededor de los cinco años de edad.

Partenogénesis: El nacimiento sin macho

Esquema de la partenogénesis en dragones de Komodo

En un sorprendente descubrimiento en 2006, la comunidad científica se asombró al saber que las hembras de esta especie son capaces de reproducirse sin entrar en contacto con ningún macho. Este hecho fue descubierto en animales cautivos en dos zoológicos ingleses. Una hembra del zoo de Chester que nunca había convivido con un macho puso 11 huevos, de los que ocho contenían embriones en desarrollo. Inicialmente, los investigadores pensaron que los huevos fertilizados tenían padre, ya que algunos reptiles tienen la capacidad de retener el esperma en su interior durante años.

Los dragones de Komodo tienen un sistema de determinación cromosómica del sexo distinto al de los humanos. En esta especie, el sexo heterogamético es la hembra (WZ), mientras que el macho es homogamético (ZZ). Este sistema también se da en aves, muchos insectos y otros lagartos. Cada óvulo de una hembra de varano de Komodo contiene un cromosoma Z o un cromosoma W.

En la partenogénesis, un óvulo se desarrolla sin previa fecundación por parte de un macho. Sin embargo, para generar un embrión viable, el material genético del óvulo debe duplicarse. La otra mitad del ADN es aportada por un cuerpo polar, una especie de pequeño óvulo que se forma durante el proceso de ovogénesis y que contiene una copia del ADN igual que la del óvulo. Todas las crías que nacen por partenogénesis en esta especie son machos, ya que los huevos con dotación genética WW no son viables.

Recientemente, en BIOPARC Fuengirola, se vivió un momento histórico con la unión y posterior puesta de una pareja de Dragones de Komodo. En el Zoo de Chattanooga de Tennessee (EE. UU.), una hembra de dragón de Komodo tuvo tres crías sin la ayuda de un macho, a través de reproducción asexual. Las pruebas de ADN han revelado que la hembra produjo descendencia por sí misma. Las crías, que ya cuentan con seis meses, han sido llamadas Onyx, Jasper y Flint y están creciendo rápida y saludablemente.

Investigación genética y evolución

Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto de Gladstone, en colaboración con científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y el Zoo Atlanta, obtuvo la primera secuencia de alta resolución del genoma del dragón de Komodo, ofreciendo una nueva idea de cómo evolucionaron hasta convertirse en los gigantes lagartos que son en la actualidad.

"Comenzamos con este proyecto hace 9 años, pero antes de nada, lo primero que necesitábamos era secuenciar su genoma", declara Benoit Bruneau, autor principal del estudio. "Hasta el momento, ya habíamos secuenciado el genoma de tortugas, serpientes, cocodrilos y aves, pero el genoma de la rama de la familia de los varánidos, a la que pertenecen los dragones de Komodo, permanecía aún incompleto".

Para obtener sus primeros resultados, el equipo de Bruneau y Katherine Pollard, directora del Instituto Gladstone y coautora del estudio, analizó el ADN de dos dragones de Komodo del Zoo de Atlanta llamados Slasher y Rinca. Utilizaron una combinación de múltiples tecnologías para obtener una secuencia súper profunda y de alta calidad. Una vez que los científicos tuvieron la secuencia, usaron varias herramientas computacionales para compararla con la de otros reptiles e identificar qué hace que el genoma del dragón de Komodo sea único. Los resultados se publican en la revista especializada Nature Ecology & Evolution en un artículo titulado "A high-resolution, chromosome-assigned Komodo dragon genome reveals adaptations in the cardiovascular and chemosensory systems of monitor lizards".

Adaptaciones únicas

Los investigadores buscaron cambios en el genoma que ayudaron al dragón de Komodo a adaptarse a su entorno, un proceso evolutivo conocido como selección positiva. Un hallazgo notable fue que esta selección positiva ha dado forma a varios genes involucrados en la función de las mitocondrias, los orgánulos celulares implicados en la respiración celular y altamente relacionados con el control de las funciones musculares.

"Nuestro análisis mostró que en los dragones de Komodo, muchos de los genes involucrados en la forma en que las células producen y usan la energía han evolucionado hacia formas que aumentan la capacidad aeróbica del lagarto", declara Abigail Lind, investigadora postdoctoral en el laboratorio de Pollard. "Estos cambios probablemente sean clave para la capacidad del dragón de Komodo para lograr un metabolismo cercano a los mamíferos".

Los lagartos generalmente no son conocidos por su alta capacidad aeróbica, lo que implica que se agotan rápidamente después de esfuerzos físicos. "Sin embargo, por trabajos previos sabemos que los dragones de Komodo son capaces de mantener una actividad aeróbica intensa, como nadar, correr o caminar distancias extremadamente largas", explicó Lind. "Nuestro estudio mostró que el secreto está en estas adaptaciones mitocondriales, lo que les permitió aumentar su actividad cardíaca. Esto nos permite comprender cómo estos animales pueden hacer lo que habíamos estado observando".

Además, los investigadores descubrieron que los dragones de Komodo, junto con algunos otros lagartos, tienen un número inesperadamente grande de genes que codifican sensores químicos conocidos como receptores vomeronasales. Estos receptores forman parte de un sistema sensorial sofisticado que permite a estos animales detectar hormonas y feromonas. Este tipo de detección está involucrado en una variedad de actividades, incluyendo reconocimiento de parentesco, elección de pareja, evasión de depredadores y detección de presas. El equipo también encontró que muchos de estos genes son únicos para cada especie de lagarto, lo que aumenta la posibilidad de que los receptores vomeronasales del dragón de Komodo puedan funcionar de maneras muy específicas.

En un futuro próximo, Bruneau y su equipo esperan usar sus hallazgos para investigar cómo los genes que controlan la formación del corazón de vertebrados han cambiado a lo largo de la evolución, ya que la mayoría de los reptiles tienen solo un corazón de tres cámaras, mientras que los mamíferos tienen cuatro cámaras.

Conservación

El varano de Komodo se encuentra catalogado como especie vulnerable en la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). La población actual del dragón de Komodo se estima entre los 5.000 y los 6.000 ejemplares y, a pesar de que más de la mitad viven dentro de los límites del Parque Nacional de Komodo, todos los estudios elaborados durante las últimas décadas indican una disminución progresiva en los efectivos y en el área de distribución. En 1980 fue creado el Parque Nacional de Komodo para proteger a la especie, abarcando las islas de Komodo, Rinca y Padar, así como otras más pequeñas de la zona.

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