La alimentación durante la adolescencia es fundamental para asegurar un crecimiento y desarrollo adecuados. Por ello, es crucial que los profesionales de la salud, especialmente los pediatras, conozcan los requerimientos nutricionales específicos de esta etapa para establecer recomendaciones precisas para sus pacientes.
Adquiere una importancia aún mayor en situaciones especiales como el embarazo y la lactancia en la adolescencia, así como en el caso de jóvenes deportistas. En estas circunstancias, la alimentación debe cubrir no solo las necesidades del estirón puberal y el desarrollo sexual, sino también los requerimientos del feto para un desarrollo óptimo, los de la madre para una lactancia materna adecuada y los del deportista para afrontar las exigencias del ejercicio físico.
Nutrición en la Adolescencia: Un Período de Mayores Demandas
Durante la adolescencia, las necesidades nutricionales aumentan significativamente debido al estirón puberal y el desarrollo sexual. La alimentación debe ser la adecuada para cubrir estas demandas, lo cual se vuelve aún más crítico cuando se presentan situaciones que incrementan los requerimientos por sí mismas.
El Embarazo en la Adolescencia
El embarazo en la adolescencia es una de estas situaciones especiales, que a menudo no es planificado y se asocia a múltiples riesgos para la madre y el feto. Si la alimentación no es la adecuada, madre y feto competirán para cubrir sus requerimientos. Las necesidades nutricionales de las embarazadas están incrementadas en comparación con las de la mujer sana no embarazada, lo que supone un aumento de las necesidades energéticas, de vitaminas y minerales.
El estado nutricional previo al embarazo y durante el mismo es un factor determinante de la salud materna, fetal y neonatal. Las niñas que afrontan un embarazo antes de completar su crecimiento completo tienen requerimientos nutricionales mayores que las mujeres adultas embarazadas, ya que se crean dos tipos de demandas: las del feto y las de la madre que aún está creciendo. Las demandas de las adolescentes que ya han madurado serán menores.
La edad ginecológica (diferencia entre la edad cronológica y la edad de la menarquia) puede usarse como un indicador indirecto de crecimiento potencial. Así, una adolescente embarazada con una edad ginecológica ≤ 2 años probablemente se encuentra en fase de crecimiento y tendrá requerimientos nutricionales mayores que una adolescente que haya completado su crecimiento.
Otras situaciones que pueden incrementar el riesgo nutricional de las adolescentes incluyen dietas vegetarianas estrictas, delgadez u obesidad marcadas, deportes de competición o trastornos de la conducta alimentaria. Aunque el embarazo puede motivar a algunas adolescentes a mejorar sus dietas, también es un momento propicio para promover hábitos saludables en general.
Nutrición en adolescentes embarazadas
Riesgos y Prevención
Los embarazos en la adolescencia se asocian a tasas mayores de nacimientos de niños con bajo peso, partos prematuros y mortalidad neonatal. La nutrición preconcepcional y de los primeros meses del embarazo es crucial para el nacimiento de niños sanos. Se estima que aproximadamente el 50% de los casos de defectos del tubo neural pueden prevenirse con una adecuada ingesta de ácido fólico desde unos meses antes de la concepción y durante los primeros meses de gestación. Las estrategias de prevención primaria, dirigidas a mejorar la salud nutricional de las adolescentes en general, son útiles para fomentar hábitos alimentarios saludables y lograr un crecimiento y peso adecuados en este grupo de edad.
Necesidades Energéticas, Macronutrientes y Micronutrientes
Las necesidades de energía de las adolescentes gestantes son mayores que las de las mujeres de la misma edad no embarazadas, aunque difíciles de determinar. Las recomendaciones actuales sugieren un incremento de la ingesta energética media en unas 100 kcal/día en el primer trimestre y 300 kcal/día durante el segundo y tercer trimestre del embarazo, nunca menos de 2000 kcal/día. Al menos el 50% de las calorías deben provenir de los carbohidratos, promoviendo el consumo de cereales, frutas y verduras, evitando el consumo excesivo de azúcar que puede aumentar el riesgo de niños de bajo peso para la edad gestacional.
La ingesta de fibra (25-35 g/día) es positiva para aliviar el estreñimiento y las hemorroides, y debe ir asociada a un aumento en la ingesta de líquidos.
Las necesidades de proteínas aumentan durante el embarazo, requiriéndose un incremento de unos 10 g/día sobre los 45 g/día recomendados para adolescentes. Un bajo nivel socioeconómico, un consumo deficitario de energía o una dieta sin productos de origen animal son factores de riesgo para una ingesta inadecuada. Alrededor de dos tercios de las proteínas totales deben ser de origen animal por su alta calidad biológica.
La grasa es un nutriente indispensable que proporciona energía (aproximadamente el 30% de la energía ingerida), ácidos grasos esenciales para el desarrollo del sistema nervioso fetal y participa en el transporte de vitaminas liposolubles. Las grasas deben ser principalmente ácidos grasos mono y poliinsaturados, provenientes de aceite de oliva y girasol, margarina, nueces y pescado azul.
La ingesta hídrica es otro aspecto importante; las necesidades de líquidos aumentan durante el embarazo, y la ingesta de agua en adolescentes es generalmente baja. Los requerimientos de la mayoría de micronutrientes aumentan durante el embarazo y la lactancia, hasta un 30-70% más que los de las mujeres de su misma edad.
Las adolescentes gestantes son un grupo de riesgo para determinados micronutrientes como el hierro, especialmente aquellas que inician el embarazo con bajos depósitos debido a su reciente crecimiento, estirón puberal o menarquia. La necesidad de hierro se duplica, alcanzando su máximo en el tercer trimestre, por lo que se debe promover el consumo de alimentos ricos en hierro (especialmente de origen animal) y en vitamina C para mejorar su absorción.
En relación con el calcio, durante el embarazo se transfieren al feto aproximadamente 25-30 g, mayormente en el tercer trimestre. Las ingestas diarias recomendadas para el calcio durante el embarazo no se incrementan con respecto a las adolescentes no embarazadas, pero son mayores que en otros momentos de la vida, ya que la adolescente embarazada tiene mayor necesidad para su propia consolidación ósea y la del feto. Para alcanzar la recomendación de 1.300 mg de calcio/día, se precisan al menos 4 raciones de lácteos al día (200-250 ml de leche, 125 g de yogur o 30-40 g de queso fresco/requesón).
La vitamina D favorece la absorción de calcio y ayuda a su depósito en los huesos. La principal fuente es la exposición solar, y su deficiencia puede llevar a hipocalcemia neonatal, retraso en el crecimiento y osteomalacia materna.
Una deficiencia materna de vitamina A puede comprometer el crecimiento fetal. Las fuentes alimentarias más ricas en vitamina A son hígado, yema de huevo, productos lácteos, margarina, mantequilla y cereales fortificados.

Lactancia Materna en la Adolescencia
La lactancia materna es la forma más adecuada de alimentación para los recién nacidos, aunque ser madre adolescente es un factor de riesgo para no realizar una lactancia materna exclusiva o que esta sea de corta duración. Es fundamental tener en cuenta que durante la lactancia no se debe consumir alcohol, tabaco ni otras drogas, ya que pasan a la leche materna y pueden afectar al recién nacido. Diversos estudios han detectado que el volumen de leche producido por madres lactantes fumadoras es significativamente menor al de no fumadoras.
Los requerimientos de ingesta energética durante la lactancia aumentan, junto con un incremento en la necesidad de ingesta hídrica y diversos nutrientes. Durante los primeros meses, parte de la energía se obtiene de las reservas de grasa acumuladas durante la gestación, pero la madre lactante debe incrementar su ingesta calórica en 450-500 kcal/día respecto a la dieta de una mujer no gestante. Es crucial que este incremento provenga de alimentos ricos en nutrientes y no de snacks, dulces o bollería.
Existe un incremento en las necesidades de proteínas proporcional al paso de estas a la leche materna, sugiriéndose un aporte suplementario de 10-14 g/día durante los primeros seis meses de lactancia, y más adelante. Los ácidos grasos esenciales y el ácido docosahexaenoico (DHA) juegan un papel trascendental en la formación del sistema nervioso y la retina del neonato. El aporte de estos ácidos grasos en la dieta al final del embarazo puede afectar la composición de ácidos grasos de la leche materna.
Factores que Influyen en el Inicio y Duración de la Lactancia en Adolescentes
Los datos nacionales indican que el 60% de las mujeres menores de 20 años inician la lactancia materna, en comparación con casi el 80% de las mujeres mayores de 30 años. Factores perinatales como la prematurez, el parto por cesárea, el trabajo de parto y las complicaciones en el nacimiento y bajo peso al nacer pueden reducir la capacidad de la madre para iniciar y mantener la lactancia materna.
Las adolescentes que iniciaron la lactancia materna eran más propensas a tener la intención previa de amamantar si tienen parejas que desean que amamante, si habían ingerido alcohol antes del embarazo y si tuvieron complicaciones en el parto. Las complicaciones experimentadas por las adolescentes probablemente se atribuyen a un mayor apoyo por parte del personal clínico en el hospital y por una mayor estancia hospitalaria, durante los cuales pueden recibir más apoyo para iniciar la lactancia. El apoyo adicional de las enfermeras puede propiciar un aumento de las probabilidades de iniciar la lactancia materna entre esta subpoblación de adolescentes, por mayor atención durante el puerperio.

La duración de la lactancia en adolescentes puede ser notablemente corta, con solo el 11% a los 6 meses, muy por debajo del objetivo del Healthy People 2020 de más del 60% y de las tasas nacionales del 20%. La imagen corporal puede evitar que las jóvenes madres amamanten fuera de sus casas o en circunstancias en las que se sientan incómodas. La lactancia materna exclusiva puede influir en la indecisión que las madres encuentran al creer que la suplementación con una fórmula infantil u otros alimentos complementarios es más fácil que extraerse la leche del seno. La dificultad para lactar es extremadamente importante para tener una lactancia materna exclusiva. Esta relación entre la mayor dificultad y las probabilidades más bajas de la lactancia materna exclusiva destaca la necesidad de apoyo continuo dirigido a las adolescentes, en particular durante las primeras 6 semanas.
Un mayor apoyo social puede dar probabilidades más bajas de iniciación de la lactancia materna. Las parejas y los familiares pueden presionar a la joven madre a interrumpir la lactancia. El aumento del apoyo puede interferir con el estado de la madre como cuidador principal del niño. Una abuela muy involucrada, por ejemplo, puede tener un papel dominante en las decisiones de alimentación infantil y dar lugar a la alimentación con fórmula.
Beneficios de la Lactancia Materna y Riesgos de su Interrupción
Mucho se ha escrito sobre los beneficios de la lactancia materna para la salud física de madre y bebé. Un estudio dirigido por la Dra. Wendy Oddy, del Instituto Telethon de Investigación en Salud Infantil en Australia, ofrece datos interesantes sobre los efectos a largo plazo de la lactancia, incluyendo un efecto positivo sobre el vínculo afectivo y el beneficio del contacto con la madre en los sistemas neuroendocrinos de respuesta al estrés del bebé. El contacto piel con piel y la lactancia temprana en las dos primeras horas después de nacer potencian la sensibilidad de la madre hacia el bebé, la capacidad de autorregulación de este y el apego entre ambos.
Otro estudio ha demostrado que las caricias y el contacto físico en las especies mamíferas tienen efectos biológicos positivos sobre las crías, y entre otros efectos, reducen la susceptibilidad a las adicciones. En un experimento realizado con ratas, se constató que el contacto estrecho de las crías con su madre hace que su sistema inmune aumente la producción de una molécula llamada Interleucina-10, que influye en la respuesta del cerebro ante sustancias potencialmente adictivas.
Nutrición en adolescentes embarazadas
Riesgos para la Salud Infantil Derivados de la Eliminación Prematura de la Lactancia Materna
La eliminación prematura de la lactancia materna, ya sea natural o artificial, provoca una mayor susceptibilidad a infecciones en el lactante, con un sistema inmunológico menos fortalecido. Asimismo, puede causar un incremento de problemas digestivos, debido a que la ausencia de los componentes protectores de la leche materna puede causar más episodios de diarrea y otras molestias.
La falta de nutrientes esenciales presentes en la leche materna puede impactar negativamente en el desarrollo cerebral del menor, potenciando un desarrollo cognitivo más bajo y lento en el infante. Además, existe un mayor riesgo de desarrollar alergias, debido a la exposición temprana del menor a fórmulas artificiales. La lactancia materna es un «escudo biológico y social» que protege a los bebés de enfermedades y genera ahorros económicos significativos.
Perjuicios para la Madre y la Comunidad
Las madres que no amamantan dejan de recibir beneficios físicos y hormonales, lo que aumenta el riesgo de hemorragia uterina posparto, mayor tiempo de hemorragia menstrual, aumento del riesgo de diversas infecciones, de fractura espinal y de cadera posmenopáusicas, de cáncer de ovario y de cáncer de mama (la lactancia disminuye el riesgo en un 4,6 % por cada 12 meses de amamantamiento). Recientemente se ha descrito una disminución del riesgo de artritis reumatoide proporcional al número total de meses de amamantamiento.
La lactancia artificial supone un aumento importante del gasto sanitario y ocasiona un aumento del absentismo laboral de los progenitores. La fabricación, transporte y utilización de sucedáneos genera basura, gasta agua y electricidad y contribuye a la contaminación medioambiental.
Contraindicaciones y Falsas Contraindicaciones
Existen ciertas circunstancias que contraindican la lactancia, como la enfermedad materna por VIH o HTLV I y II, madres dependientes de drogas de abuso, isótopos radiactivos o algunos fármacos quimioterápicos. La galactosemia clásica del lactante también contraindica la lactancia.
Sin embargo, es importante destacar que no contraindican la lactancia: la infección materna por virus de la hepatitis B o C, la infección materna por citomegalovirus (CMV) en lactantes sanos a término, la tuberculosis activa en la madre (con tratamiento adecuado y profilaxis para el lactante), la fiebre materna (salvo si la causa es una contraindicación), la enfermedad materna que precisa medicación compatible con la lactancia, y el tabaquismo materno (aunque debe desaconsejarse fumar cerca del niño).
La ingesta ocasional de bebidas alcohólicas de baja graduación puede admitirse si la madre no amamanta en las 2 horas siguientes.
La Leche y sus Componentes: Mitos y Realidades

La leche es un alimento interesante desde el punto de vista nutricional, con una baja densidad calórica y una composición nutricional equilibrada. Su consumo no es imprescindible, pero tampoco es perjudicial, y la demonización que se hace de ella en algunos ámbitos es injusta. El calcio es uno de los componentes esenciales de los huesos y los dientes. Cierto es que la leche no es el único alimento que contiene calcio; otros, como las almendras, la col, el brécol o los garbanzos, también lo aportan. A partir de esa edad, puede ser semidesnatada, o se puede consumir yogur natural sin azúcar.
La lactosa es el azúcar natural de la leche. La leche materna tiene casi el doble de lactosa que la leche de vaca o de cabra. Es una molécula con dos azúcares unidos: glucosa y galactosa. Algunas personas con la edad pierden la capacidad de digerir la lactosa, lo que se da entre un 10 a un 20 % de la población en las razas caucasianas. Si esa enzima falla, la lactosa no se digiere y alimenta a las bacterias intestinales, produciendo gas.
No, la leche no produce mocos. Tampoco aumenta el riesgo de padecer asma o rinitis alérgica. Respecto al cáncer, el tema es complejo: consumir leche puede disminuir el riesgo de algún tipo de cáncer y, sin embargo, puede suponer un ligero aumento de riesgo para otros. La leche, en concreto la caseína de la leche, no produce autismo. El consumo de leche para la mayoría de los niños es mucho más beneficioso que perjudicial.
Apoyo a la Lactancia Materna en España: Un Desafío Urgente
España se encuentra en una situación preocupante en cuanto a las tasas de lactancia materna exclusiva (LME), muy por debajo de la media europea y las recomendaciones de la OMS. Solo el 28% de las madres españolas mantienen la LME hasta los 6 meses. Este declive se atribuye a la falta de políticas de conciliación, la malnutrición materna en familias vulnerables y la ausencia de apoyo adecuado.
Los datos de la Fundación Madrina alertan que España está experimentando un crecimiento más rápido en la alimentación con leche artificial en comparación con la leche materna. Este fenómeno se vincula con factores como el nivel educativo de la madre, el uso temprano de chupetes y la separación madre-hijo tras el parto.
La Pobreza Infantil y su Impacto en la Lactancia
España lidera las tasas de pobreza y miseria infantil en Europa, con un índice del 14,7% en diciembre de 2024. Esta pobreza estructural afecta la seguridad alimentaria y la nutrición de las madres, lo que compromete la calidad y cantidad de la leche materna. La malnutrición materna es una causa principal del aumento del uso de leche artificial en familias vulnerables, resultando en una leche natural pobre y escasa.
La carencia de alimentación esencial se traduce en que cada nueva generación está menos preparada física e intelectualmente que las anteriores, con un sistema inmune más débil y un potencial menor desarrollo neuronal, lo que podría explicar el preocupante aumento del deterioro de la salud mental infantil y adolescente.
La Crianza como Inversión
La interrupción prematura de la lactancia materna genera un 35% más de absentismo laboral debido al aumento de enfermedades infantiles y maternas. Países desarrollados han comprendido que la crianza es una inversión, no un gasto, destinando al menos el 7% de su PIB a la infancia. La Fundación Madrina solicita una inversión del 7% del PIB en infancia, una licencia de maternidad de 2 años íntegramente para la madre y un salario base maternal universal, argumentando que es una razón biológica y médica para garantizar un vínculo de apego seguro y sano, fundamental para el desarrollo del menor.
España destina solo el 1,3% del PIB a infancia y maternidad, y los permisos de maternidad no se han actualizado desde 1989, cubriendo apenas 16 semanas frente a las 24 semanas recomendadas para la LME. Además, solo el 3,1% de los hospitales están acreditados bajo la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN), frente al 92% de Noruega.
La presión para reincorporarse al trabajo prematuramente, sin el apoyo necesario para continuar la lactancia, está privando a los bebés de sus beneficios extraordinarios. La Fundación Madrina también alerta sobre el impacto negativo del marketing agresivo de fórmulas infantiles y hace un llamamiento a implementar políticas que prioricen el apoyo a la lactancia materna para garantizar la salud y el bienestar de la infancia.