La placenta: funciones, mitos y el impacto de la alimentación durante el embarazo

La placenta es un órgano fetal transitorio que desempeña un papel crucial en la salud y el bienestar tanto del feto como de la madre. Funcionalmente, sostiene el crecimiento del bebé, aporta oxígeno y nutrientes, y se encarga de la eliminación de productos de desecho. Además, actúa como una barrera que protege al feto de gérmenes indeseados.

Esquema anatómico de la placenta y su conexión con el feto a través del cordón umbilical

El proceso de expulsión de la placenta

Tras el nacimiento del bebé, comienza la fase de alumbramiento. Una vez que la mujer ha dado a luz, experimenta contracciones mínimas que ayudan a desprender la placenta del cuello del útero para que se desplace por el canal de parto. Este proceso puede tardar entre 10 y 60 minutos. La oxitocina, conocida como la «hormona del amor», es la responsable de reanudar las contracciones necesarias para su salida. Factores como la tranquilidad, un ambiente cálido y el contacto piel con piel con el recién nacido favorecen la producción natural de esta hormona, facilitando el alumbramiento.

La placentofagia: mitos y realidades

Se denomina placentofagia al hecho de ingerir la placenta tras el parto. Aunque la mayoría de los mamíferos placentarios practican esta conducta, su adopción en humanos ha generado un intenso debate científico.

Supuestos beneficios y riesgos

  • Argumentos a favor: Algunos defensores sugieren que la placenta, rica en vitamina K y hormonas, podría prevenir la depresión posparto, reducir el sangrado, mejorar el estado de ánimo y favorecer la producción de leche.
  • Postura científica: No existen estudios científicos sólidos que respalden estas afirmaciones. Por el contrario, organizaciones como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han advertido contra el consumo de cápsulas de placenta debido al riesgo de transmisión de bacterias peligrosas, como el Streptococcus del grupo B, que pueden causar infecciones graves tanto en la madre como en el recién nacido.
Infografía comparativa sobre los riesgos de la infección bacteriana por consumo de placenta

Impacto de la alimentación materna en la placenta y el feto

La alimentación durante el embarazo no solo afecta el estado nutricional de la madre, sino que influye directamente en el desarrollo del feto a través de la placenta. La evidencia actual destaca la importancia de la calidad de los alimentos ingeridos:

Alimentos ultraprocesados y ftalatos

Investigaciones recientes han demostrado que las dietas ricas en alimentos ultraprocesados están relacionadas con una mayor exposición a los ftalatos. Estas sustancias químicas, presentes en envases y envoltorios, pueden atravesar la barrera placentaria y llegar al torrente sanguíneo fetal, con posibles repercusiones en el desarrollo.

El papel de la fructosa

El consumo elevado de fructosa, presente en refrescos azucarados y productos industriales con sirope de maíz, puede provocar estrés oxidativo en la placenta. Esto reduce la presencia de hemo oxigenasa 1 (HO-1), una molécula protectora antiinflamatoria y antioxidante. La deficiencia de este agente se ha vinculado con complicaciones gestacionales como la preeclampsia y problemas de salud en el recién nacido.

Recomendaciones dietéticas Alimentos a evitar
Frutas y verduras (ricas en ácido fólico) Carnes, pescados y huevos crudos
Aceite de oliva y frutos secos Pescados con alto contenido en mercurio (atún rojo, pez espada)
Lácteos (aporte de calcio) Bebidas estimulantes, energéticas y alcohol

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En última instancia, la salud del feto depende de un entorno uterino óptimo, donde la placenta actúa como un guardián cuya funcionalidad puede verse comprometida por agentes externos y decisiones dietéticas. La ciencia subraya la necesidad de una nutrición basada en productos naturales, evitando el consumo de sustancias procesadas que puedan alterar este delicado equilibrio biológico.

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