¿Qué es el Colecho? Definición y Perspectiva Evolutiva
Al escuchar el término colecho, puede que a muchos les resulte una palabra nueva. Sin embargo, no es un concepto novedoso cuando se comprende que se trata de la práctica que ejecutan muchos padres al dormir cotidianamente con sus hijos. No existe un acuerdo universal sobre si el colecho tiene lugar por dormir en la misma cama o simplemente por compartir habitación.
Los mamíferos, de manera natural, suelen dormir juntos en un mismo lugar, es decir, adultos y cachorros. El ser humano es, de esta especie, el animal más indefenso después del nacimiento, lo que implica que requiere del cuidado de otro individuo para poder sobrevivir. Dicha necesidad de cuidado y atención se extiende a la noche. En consecuencia, debido a la presencia de algunos trastornos del sueño y las necesidades de los pequeños, junto a las demandas sociales y laborales que los adultos tienen a cargo, se busca en el colecho una solución para descansar (Ugarte y Pin, 2012).
El término colecho está compuesto por el sufijo “co”, que significa estar a un lado o con alguien, mientras que la terminación “lecho” se refiere al lugar de descanso. Así pues, es la rutina habitual y no esporádica de dormir padres e hijos por la noche. Según la literatura inglesa, el término co-sleeping se utiliza como sinónimo de bed sharing. Sin embargo, la Sociedad Canadiense de Pediatría sostiene que el colecho no implica, específicamente, dormir en la misma cama, sino que se produce si la madre, mientras duerme, tiene al niño a una distancia capaz de alcanzarlo con facilidad.
La Importancia del Sueño en el Desarrollo Infantil
Dormir es una función vital para el funcionamiento óptimo del ser humano en todas las etapas de la vida. Forma parte de la rutina tanto de niños como de adultos. Concretamente en la infancia, el dormir es fundamental, ya que durante la noche se producen modificaciones hormonales, bioquímicas y metabólicas indispensables para un desarrollo adecuado. En referencia a los aspectos psicológicos, ocurren cambios en los procesos mentales, se consolida la memoria a largo plazo, se olvida el material inútil y se da la restauración cerebral. Asimismo, si un niño no duerme bien por la noche, repercutirá negativamente en su curva de crecimiento.
El National Sleep Foundation (2015) postula cuánto debe dormir un niño para un óptimo desarrollo. No solo es importante que exista la cantidad de horas de sueño mínimas para asegurar el descanso, sino que deben respetarse. Es necesario evitar el exceso de sueño debido a las consecuencias negativas que pueden generarse.
| Edad | Horas de sueño recomendadas | Consecuencias del exceso de sueño |
|---|---|---|
| 0 a 3 meses | 14 a 17 horas | Negativas en el desarrollo cognitivo y emocional si supera las 18 horas. |
| 4 a 11 meses | 12 a 15 horas | Disminución del tiempo de contacto con el entorno, repercusión negativa en el sistema psíquico y emocional si es mayor. |
| 1 a 2 años | 11 a 14 horas | Negativas a nivel cognitivo, emocional y social si aumenta, al ser una etapa de mucha interacción. |
| 3 a 5 años | 10 a 13 horas | Mayor predisposición a la obesidad si duermen menos de 9 horas. |
| 6 a 13 años | 9 a 11 horas |

Ventajas y Desventajas del Colecho
La decisión de practicar el colecho depende de cada familia. Existe un debate sobre si es una práctica beneficiosa o perjudicial para el desarrollo del niño, incluso entre científicos. Quienes están a favor de que los bebés duerman en la misma cama de sus padres, señalan como mayor ventaja el hecho de que esta práctica favorece la lactancia materna, además de una mejor calidad de sueño para el niño y de que se fortalecen los vínculos emocionales entre los padres y el bebé. Por eso, el colecho se considera uno de los factores claves de la crianza con apego.
Por su parte, los detractores de esta práctica enfatizan que multiplica las probabilidades de que el bebé padezca el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). El Grupo de Trabajo para el Estudio y Prevención de la Muerte Súbita Infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEP), a través de estudios epidemiológicos, relaciona que el colecho aumenta la probabilidad de muerte súbita en el lactante, es decir, la aparición sorpresiva e inesperada de una parada cardíaca en un individuo aparentemente sano (Rivera et al., 2012). Sin embargo, como el colecho favorece el mantenimiento de la lactancia materna y esta a su vez "tiene un efecto protector frente al SMSL", la AEP tampoco contraindica esta práctica. Debido a todas estas cuestiones, los expertos apuntan que, una vez que manejan toda esta información, "la decisión sobre la práctica del colecho debe ser de los padres".
Dentro de las desventajas, se destaca que son tres veces más frecuentes los despertares nocturnos en los niños que duermen en la misma cama que sus padres, en comparación con quienes duermen en su propia cama (Martín et al., 2017). Además, no es aconsejable que el niño duerma en medio de sus dos padres, ya que puede ser apretado o, en el peor de los casos, ahogado por mantas o almohadas.
Pautas para un Colecho Seguro
Si se decide aplicar la práctica del colecho, es crucial tener ciertas consideraciones para garantizar la seguridad del bebé. El colecho accidental es muy común, por lo que la seguridad es lo primero. Algunas recomendaciones importantes son:
- Posición del bebé: Cuando acuestas a tu bebé, debes ponerle siempre boca arriba, en una superficie firme y sin almohadas ni edredones.
- Superficie firme y limpia: El colchón debe ser firme, con sábanas bien ajustadas. Nada de camas de agua o colchones suaves.
- Sin elementos mullidos: Retira todas las almohadas y mantas pesadas de la cama.
- Sin huecos: Utiliza barreras bien diseñadas para evitar que tu bebé pueda caer de la cama o quede atrapado. Asegúrate de que no haya huecos entre el colchón y el cabecero o piecero donde tu bebé pueda quedar atrapado.
- Lactancia: Se ha observado una gran reducción en el riesgo de asfixia cuando el bebé ha tenido lactancia materna por al menos 2 meses.
- Evitar sustancias: No consumir alcohol ni fumar.
- Consenso parental: Que haya un consenso previo por parte de los progenitores.
Si la seguridad es una preocupación, pero se desea seguir practicando el colecho, una excelente alternativa es la cuna de colecho. El colecho, ya sea en la misma cama o utilizando una cuna de colecho, puede ser una opción maravillosa para muchas familias. Sea cual sea la decisión, lo más importante es que funcione para ti y tu familia.

El Dilema de la Transición: ¿Cuándo Finalizar el Colecho?
Si se practica colecho, es lógico que en algún momento surja la pregunta: ¿Cuándo debe el niño empezar a dormir solo? ¿Cuándo dejar de hacer colecho? Lo natural y más conveniente es responder "cuando todos quieran". De igual manera que en el momento de plantearse dormir con el bebé se haga de forma natural o se llegue a un consenso, lo normal es que para dejar de hacerlo se haga de la misma manera. Es importante en cualquier caso respetar las decisiones de cada familia e internamente de cada miembro para que todo fluya armónicamente y no haya ninguna clase de problema.
Se puede dejar de hacer colecho cuando se quiera, si bien es verdad que la edad del bebé va a influir de alguna manera en cuándo hacerlo, sobre todo cuando es muy pequeño. Con el paso del tiempo, el acceso a la información existente y la difusión de las experiencias de muchas familias al respecto, es menor la presión que se sufre por dormir con los hijos. Sin embargo, es cierto que todavía hay muchos núcleos familiares y sociales en los que sigue sin estar bien visto dormir juntos una vez el bebé va superando algunas edades. Tristemente, hay mucha gente que carga al pequeño con la culpa, acusándolo de ser caprichoso o de estar jugando con los sentimientos de sus padres. No solo esto, sino que además a los padres se les juzga por ser demasiado permisivos y por ceder ante lo que mucha gente cree que se trata de un chantaje emocional, cuando lo que sucede en realidad es que un bebé de un año sigue necesitando estar en contacto con sus padres, y más si cabe con su madre si todavía sigue lactando.
😴 MEDITACIÓN para DORMIR PROFUNDAMENTE (Transición al Sueño)
Edades Comúnmente Discutidas para el "Descolecho"
- Antes de los 3 meses: No es aconsejable que el bebé duerma solo en una habitación aparte. Los factores para determinar que al menos hasta esa edad el pequeño deba estar lo más próximo a sus padres durante la noche tienen que ver con el riesgo de padecer el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL), que tiene más probabilidades de ocurrir entre los 2 y 4 meses de vida. Dormir con el bebé puede ayudar a sus padres a detectar que algo va mal y pueden atender al niño más rápidamente. También existen riesgos de atragantamiento por regurgitación de la leche, y estando con él, es más fácil despertarse y atenderle que si se encuentra en una habitación aparte.
- En torno a los 6 meses: Suele ser otra de las edades que psicológicamente se acepta como válida para empezar a pasar a los niños a dormir en su propia cuna en un espacio aparte de la habitación de sus padres. Son muchos los profesionales y médicos pediatras que recomiendan hacerlo a esta edad, a menudo porque se asocia el hecho de empezar a dormir solo con la edad a la que un bebé puede empezar a comer otros alimentos además de la leche materna. No obstante, tampoco parece que sea este un argumento de peso si el bebé sigue alimentándose a partir de esa edad con leche materna o biberón.
- El año de edad: Suele ser otra de las "fechas tope" que uno asocia mentalmente a "ir haciéndose mayor". Sin embargo, no hay mucho de cierto en que un niño con un año sea lo suficientemente mayor como para dormir solo y toda la noche de golpe. Muchos niños con esa edad todavía son lactantes y aún tienen despertares nocturnos, así que, si todos están a gusto durmiendo juntos, no hay motivo real para cambiarlo a una cuna independiente a esta edad específica.
- Más allá del año y el fin de la lactancia: Para algunas personas, practicar colecho con niños mayores de un año parece ser algo raro, inusual o incluso poco sano. Lo cierto es que muchos más padres de los que se puede pensar colechan con sus hijos una vez superada esta edad, y suele ser porque para ellos es la única forma en la que realmente consiguen tener un sueño reparador y de calidad. El fin de la lactancia es otra etapa que algunos marcan como idónea para trasladar al bebé a una habitación aparte. Sin embargo, no es un factor determinante, ya que un niño puede dejar de tomar el pecho y seguir necesitando sentirse protegido durante la noche. Además, si se practica lactancia a demanda y continuada, sigue siendo idóneo (y lo más cómodo) dormir juntos o al menos muy próximos.
Estrategias y Consideraciones para una Transición Respetuosa
Lejos de establecer una edad límite, lo más lógico es dejar que las cosas sucedan de forma natural. Existen muchos factores que pueden determinar que un niño deje de usar una cuna de colecho o que deje de dormir en la cama con sus padres, como el espacio disponible, que puede llegar a un punto en el que el niño haya crecido tanto que resulte incómodo dormir todos juntos. Este podría ser un buen argumento para plantearse trasladarle a otra habitación, aunque si se ha dormido siempre con él, es muy probable que al principio vuelva algunas noches a la cama, porque, aunque parezca una tontería, esa cama es para él también la suya.
Como todos los cambios, puede ser difícil al principio, pero lo ideal es hacerlo de forma paulatina para que la transición no se convierta en un desastre. La fase de transición de la cuna de colecho o de compartir colchón a una cuna independiente o a la cama propia requiere de ciertas dosis de paciencia, mano izquierda y, sobre todo, comprensión. Al final, se trata de prestar atención a las necesidades de cada uno y de escuchar cuidadosamente lo que a cada uno le pide el cuerpo en cada momento.
Se pueden ir incorporando hábitos distintos a los rutinarios poco a poco, como ir separando unos centímetros la cuna cada noche un poco más, o dejar una luz tenue encendida cuando el niño esté solo en su nueva habitación, o recostarse unos minutos con él hasta que se quede dormido. Dar pequeños pasos suele ser más efectivo que provocar cambios drásticos, y no solo para el niño. Está demostrado que, una vez su hijo abandona la cama que comparten, son los padres quienes terminan por echarle en falta, y a veces les cuesta más acostumbrarse a esa nueva situación de lo que creían.
Estivill (2020) propone en primer lugar explicarle que cambian los hábitos nocturnos, que dormirá en una cama fuera del cuarto de los padres, pero que, de creerlo necesario, cualquiera de los dos acudirá si lo necesita. Es probable que puedan producirse berrinches por la noche previos a la hora de ir a dormir. En consecuencia, como padres, se debe estar atentos a estas conductas y no ceder ante el cansancio de todo el día, ya que se necesita de la constancia de los adultos para que este hábito nocturno se instale en los más pequeños. Además de los berrinches, pueden aparecer dolores (de estómago, de cabeza) donde se pida la atención parental durante la noche como medicina.
Finalmente, una última recomendación recae en hacer una recompensa de fichas en la que el niño pueda visualizar su progreso. Esto consiste en una hoja o pizarra donde haya una clara división por día y el resultado de cómo durmió el pequeño. Es decir, se pondrá una cara feliz si el niño logra dormir solo en su cama por la noche y una cara triste si necesita cambiarse de cama a la de sus padres. Al final de la semana, esta conducta será reforzada con una gratificación que el pequeño disfrute.
Perspectivas de Expertos sobre la Edad del Descolecho
Sobre la cuestión de cuándo finalizar el colecho, tampoco existe un consenso generalizado entre los expertos:
- En 2011, el sudafricano Nils Bergman, pediatra de la Universidad de Ciudad del Cabo, fue noticia al recomendar que los niños duerman en la misma cama junto con su madre hasta los 3 años de edad. Basaba sus afirmaciones en un estudio en el que había analizado los patrones de sueño de 16 niños.
- La propuesta de Bergman era "moderada" si se compara con la que, unos años antes, había formulado la psicóloga británica Margot Sunderland. En su libro La ciencia de ser padres (2006), aconsejaba que los niños duerman con sus padres hasta los 5 años, considerándolo "una inversión" a favor del niño.
- El pediatra Carlos González, autor de libros como Bésame mucho: cómo criar a tus hijos con amor, sostiene que así como, por motivos evolutivos, es normal que los bebés lloren cuando se quedan solos, también es "normal" que duerman acompañados. ¿Hasta cuándo? González responde que los niños "hacia los 3 o 4 años aceptan dormir solos si se les pide educadamente".
Más allá de estas opiniones puntuales, la mayoría de expertos en el tema coinciden en que no hay un momento específico que se pueda indicar para todos los casos. "El niño debe comenzar a dormir solo cuando esté preparado para ello", explica la psicóloga Mónica Serrano, especialista en maternidad y crianza con apego. En esta línea, apunta que "el sueño es un proceso evolutivo, en el que están implicados factores fisiológicos, emocionales, sociales y culturales", y que conviene tener en cuenta todos estos aspectos al momento de tomar la decisión. En un sentido, el final del colecho se puede comparar con el final de la lactancia materna, como sugiere la psicóloga Mariela Cacciola, también especializada en crianza respetuosa. Y también se puede optar por acabar con el colecho de un modo "respetuoso", cuando la madre, el padre o ambos miembros de la pareja lo consideren necesario para el niño o para ellos mismos. "Así como la decisión de colechar tiene que ser una decisión familiar, modificar esa situación debe serlo también", señala Cacciola, y "por lo tanto es necesario respetar los deseos de todos".
Experiencias y Desafíos Comunes en el Descolecho
La realidad es que no existe una verdad absoluta, una cifra o una fecha que debamos marcar en el calendario a partir de la cual cambiar nuestra rutina y la del niño. Cada familia es un mundo, y establecer cuándo dejar de practicar colecho intentando generalizar es caer en un error. Es importante superar los tabúes que a veces se nos imponen socialmente y ser capaz de tomar las riendas para decidir por uno mismo qué es lo más conveniente. Si se quiere practicar colecho por mucho tiempo no hay nada de malo en ello.
Muchas familias experimentan que los niños "se van" de la cama parental a diferentes edades, a veces incluso cerca de los 11 o 14 años, o cuando deciden que quieren su propio espacio. Otros mencionan que sus hijos siempre han tenido acceso libre a la cama familiar, independizándose nocturnamente y volviendo en momentos de cambio o vulnerabilidad, como un divorcio.
Una preocupación recurrente entre padres es cuando un niño, incluso mayor (por ejemplo, 11 años), parece "incapaz" de dormir solo, manifestando miedo, dando vueltas por la casa o llorando si se le fuerza a ello. Esta situación genera angustia en los padres, quienes se cuestionan si están haciendo algo mal o si son "culpables" de los problemas de sus hijos, a menudo bajo presión de comentarios externos. Es común que, si hay hermanos, el colecho de uno derive en el de otro, buscando compañía. La intimidad parental también es una consideración importante para muchos.
Algunos padres han optado por métodos graduales, como el "descolecho al revés", donde el adulto duerme en la cama del niño hasta que este se duerme, y luego se retira. Si el niño se despierta, el adulto regresa. Esta estrategia busca darle seguridad al niño, demostrando que no será abandonado y que su necesidad de contacto está cubierta. Se sugiere que es menos traumático para el niño que los padres se muevan a otra habitación, en lugar de "expulsarlos" de donde siempre han dormido.
Es fundamental recordar que la comodidad y el descanso de toda la familia son prioritarios. El niño debe ir superando etapas de crecimiento y desarrollo, y lo que es seguro que va a suceder es que en un determinado momento será él, motu proprio, quien se sienta lo suficientemente independiente y seguro de sí mismo como para querer dormir solo en un espacio para él. Decidir cuándo dejar de practicar colecho solo debe depender de ti, de tus hijos y de vuestro bienestar.