Torsión ovárica: causas, síntomas y tratamiento urgente

La torsión ovárica, también conocida como torsión anexial, es una emergencia ginecológica crítica caracterizada por el giro del ovario -y en ocasiones de la trompa de Falopio- sobre su pedículo vascular. Este giro compromete inicialmente el drenaje venoso y linfático, provocando congestión y aumento del tamaño ovárico, lo que puede progresar hasta interrumpir el aporte arterial y causar necrosis (muerte del tejido).

Esquema anatómico mostrando la torsión del ovario sobre sus ligamentos y la interrupción del flujo sanguíneo.

Causas y factores de riesgo

La torsión puede aparecer sin una causa claramente identificable, pero es más frecuente cuando existe una lesión anexial que aumenta el volumen o modifica la movilidad del ovario. Los principales factores que predisponen a esta afección incluyen:

  • Quistes ováricos y masas benignas: Son los desencadenantes más habituales. El mayor factor de riesgo es tener un quiste grande (5 cm o más).
  • Tratamientos de fertilidad: La estimulación ovárica mediante gonadotropinas aumenta el riesgo debido al crecimiento de folículos.
  • Embarazo: Especialmente en etapas tempranas, donde la presencia del cuerpo lúteo puede actuar como un tensor.
  • Hiperlaxitud ligamentosa: Anatomía que facilita la movilidad excesiva del ovario.
  • Edad: Es más común en mujeres en edad reproductiva, aunque puede ocurrir en niñas, donde a veces se produce por una longitud excesiva de los ligamentos.

Aunque la actividad física intensa no es una causa directa demostrada, puede actuar como un factor precipitante en un ovario predispuesto.

Síntomas clínicos

El síntoma cardinal es un dolor pélvico o abdominal de inicio brusco, habitualmente unilateral y de intensidad moderada a severa. Otras manifestaciones frecuentes incluyen:

  • Náuseas y vómitos (presentes en el 47-70% de los casos).
  • Dolor intermitente, causado por episodios donde el ovario se tuerce y destuerce parcialmente.
  • Sensación de masa pélvica o malestar general.
  • Fiebre, que suele asociarse con una evolución avanzada o necrosis tisular.

Es fundamental no banalizar el dolor pélvico agudo, ya que su diagnóstico a menudo se confunde con apendicitis, cálculos renales, endometriosis o enfermedad inflamatoria pélvica.

Gráfico comparativo de los síntomas principales: dolor súbito, náuseas y vómitos.

Diagnóstico: importancia de la rapidez

No existe una prueba única que descarte con seguridad el cuadro. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, apoyado en:

  1. Exploración física: Evaluación exhaustiva de los síntomas y antecedentes.
  2. Ecografía transvaginal con Doppler: Es la técnica de elección. Permite visualizar un ovario aumentado de tamaño, edema o la ausencia de flujo venoso/arterial.
  3. Evaluación quirúrgica: La única forma definitiva de confirmar la torsión es mediante visualización directa del ovario durante una intervención.

Tratamiento y pronóstico

El tratamiento es quirúrgico y debe realizarse con la mayor rapidez posible. La laparoscopia es el método de elección, permitiendo destorsionar el ovario y preservar su función endocrina y reproductiva.

Procedimiento Descripción
Destorsión conservadora Se intenta salvar el ovario incluso si presenta un aspecto violáceo, ya que muchos recuperan su función.
Ooforectomía Extirpación del ovario, reservada solo para casos de necrosis irreversible o sospecha de malignidad.

El tiempo es un factor decisivo: cuanto antes se intervenga, mayor es la probabilidad de conservar el ovario. En los casos tratados a tiempo, el pronóstico es excelente y, por lo general, no afecta la fertilidad futura de la paciente.

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