Succión del dedo en la lactancia prolongada: Comprendiendo y manejando el hábito

La succión del pulgar es un hábito común en muchos bebés y niños, e incluso puede comenzar mientras están en el vientre materno, un gesto que a menudo se capta en las ecografías. Este comportamiento forma parte de un reflejo innato y uno de los sentidos más desarrollados en el recién nacido, proporcionando no solo la nutrición necesaria, sino también placer, sosiego y tranquilidad al lactante. La succión es fundamental para que los niños se sientan confortables y seguros, especialmente en la ausencia de la madre, cuando pueden recurrir a un chupete, un muñeco o, como ya hemos comentado, su propio pulgar.

Este hábito frecuente se observa en más del 80 por ciento de los lactantes en la primera fase de su desarrollo. Generalmente, los niños se chupan el pulgar cuando están cansados, hambrientos, aburridos, estresados o cuando intentan calmarse o dormir. Es una forma natural de autocalmarse y consolarse.

Chuparse el dedo versus el uso del chupete

Es importante diferenciar entre chuparse el dedo y el uso del chupete, especialmente en el contexto de la lactancia. El uso del chupete puede interferir con la lactancia, por lo que no es recomendable antes de las 6-8 semanas de vida, y siempre que la lactancia sea satisfactoria. En caso contrario, su uso debe posponerse hasta que se solucionen los inconvenientes.

Si bien es cierto que el chupete se puede retirar y el dedo no, lo que lo hace más complicado de controlar, la succión del dedo es un hábito que, en la mayoría de los casos, desaparece de forma natural. Además, si se tuviera que elegir entre el dedo y el chupete, el dedo podría ser una opción preferible, ya que el chupete afecta en mayor medida el desarrollo del habla al limitar los movimientos de la lengua, y los niños que lo usan, no solo para dormir, tienen un 33 por ciento más de episodios de otitis.

Cuando la preocupación es innecesaria

No hay que preocuparse demasiado si un hijo se chupa el pulgar. La mayoría de los niños dejan de hacerlo por su cuenta cuando tienen entre 3 y 4 años de edad, encontrando otras maneras de consolarse. Los niños mayores a menudo abandonan este hábito debido a la presión de sus compañeros en la escuela. Sin embargo, si se sienten presionados a parar, es posible que quieran chuparse el dedo aún más, por lo que no se debe castigar ni regañar al niño para que deje de hacerlo.

Está bien que los niños se chupen el dedo hasta que los dientes permanentes empiecen a salir, aproximadamente a los 6 años. Lo idóneo es que los padres observen si el niño más mayor lo hace para aliviar una situación de inestabilidad y angustia, ya que el problema podría residir en el ámbito emocional del niño.

Posibles consecuencias y cómo intervenir

Las posibles consecuencias físicas de chuparse el dedo no difieren mucho de los efectos del uso del chupete. Ambos, si se utilizan con frecuencia, pueden producir problemas de deformidad y problemas de inserción de los dientes definitivos. No obstante, en el caso del dedo, al ser más duro que el chupete, ejerce mayor presión sobre el paladar, lo que conlleva un riesgo de deformidad ligeramente mayor, especialmente si la compresión es constante y prolongada en el tiempo.

La Asociación Dental Estadounidense sostiene que los bebés pueden chuparse el dedo sin que esto cause problemas, ya que la deformación del paladar y la mala inserción de los dientes dependen en gran medida de la fuerza de succión del niño. Si un hijo se chupa el dedo de manera fuerte, se recomienda intentar ayudarle a dejar el hábito alrededor de los 4 años para evitar posibles daños. Si el pulgar del niño se enrojece y se agrieta, se puede aplicar crema o loción.

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Estrategias para ayudar a su hijo a dejar de chuparse el dedo

Ayudar a un hijo a dejar de chuparse el dedo es un hábito difícil de superar, por lo que es crucial empezar a hablar con él sobre suspenderlo cuando tenga 5 o 6 años, especialmente al saber que sus dientes permanentes van a salir pronto. Además, es importante brindarle apoyo si el hábito le causa vergüenza.

  1. Identificar los momentos clave: Si se sabe cuándo el niño se chupa el dedo con mayor frecuencia, se deben buscar otras maneras para que encuentre consuelo y se sienta seguro.
  2. Ofrecer alternativas: Se le puede ofrecer un juguete o un animal de peluche.
  3. Atender las necesidades básicas: Ponerlo a dormir la siesta antes, al notar que le está dando sueño.
  4. Fomentar la comunicación: Ayudarle a que hable de sus frustraciones en lugar de chuparse el dedo para calmarse.
  5. Refuerzo positivo: Felicitar al hijo por no chuparse el dedo.
  6. Buscar apoyo profesional: Pedirle al odontólogo o al proveedor de atención médica del hijo que hable con el niño sobre suspender el hábito y le explique las razones para hacerlo.

Los profesionales de la salud también pueden sugerir:

  • El uso de un vendaje o protector del pulgar para ayudar al hijo.
  • El uso de aparatos dentales si los dientes y la boca del hijo han resultado afectados.
  • La colocación de un esmalte de uñas amargo en la uña del pulgar, asegurándose de que sea seguro para el consumo del niño.

Es importante recordar que presionar al niño para disuadirlo del hábito puede lograr el efecto contrario y que la situación se mantenga. Se debe dejar que el bebé se chupe el dedo durante el primer año de vida e ir reeducándolo poco a poco sin ser demasiado exigentes. Esto implica prestar atención a los momentos en que se chupa el dedo (cuando está aburrido, cansado, tiene miedo, desea dormir) y, si es necesario, distraerlo o ayudarlo en esos momentos para que se olvide, utilizando otros medios para que se relaje.

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