La lírica popular española de tradición infantil abarca un vasto repertorio de composiciones, entre las que las nanas ocupan un lugar primordial. Estas canciones de cuna, transmitidas oralmente de generación en generación, son las primeras manifestaciones poéticas y musicales que un niño recibe, incluso antes de que se establezca un diálogo formal entre el adulto y el bebé. Su función principal es inducir al sueño, pero su riqueza radica en la capacidad de la arrulladora (madre, tía, abuela o nodriza) para infundir afecto, valores y, en ocasiones, pequeños temores que forman parte del desarrollo infantil.
Clasificación y Contexto de la Lírica Infantil
El concepto de "infantil" en la lírica popular
Una clasificación rigurosa de las composiciones de la Lírica Popular Española de Tradición Infantil requiere una determinación y valoración del concepto «infantil». Es difícil precisar barreras cronológicas absolutas para lo infantil. Se entiende como «infantiles» las composiciones líricas de carácter popular que son de uso exclusivo del niño, o aquellas en las que él representa o asume el papel esencial. Esto incluye desde las nanas que mecen el sueño y adoctrinan la receptividad en la cuna, hasta las coplillas para nombrar partes del propio cuerpo, repartos de tareas en retahílas, aleluyas, refranes, adivinanzas, juegos de palabras, trabalenguas, canciones de juegos, corros, ruedas y combas, y romances adaptados a la emotividad infantil. Todo ello supone un entrenamiento en pequeñas dimensiones, un ensayo para iniciarse en el mundo de los adultos.
Es cierto que los niños han imitado o hecho suyos textos que no nacieron en su ambiente, pero el niño ha sido quien, tras esa apropiación, ha posibilitado la pervivencia del texto. Contrariamente, los adultos han usado, o aún usan, sin saberlo casi siempre, canciones que tienen su origen en el mundo infantil.
Tipos de composiciones en el Cancionero Infantil
El Cancionero Infantil es una manifestación de Lírica Popular, de tradición infantil, cuyas composiciones, ejecutadas por los niños, permanecen vivas a través de las variantes, siendo patrimonio exclusivo -o, al menos, mayoritario- de ellos, aunque hay casos que, por sus especiales características, requieren intervención de los adultos (por ejemplo, las nanas o los primeros juegos mímicos). La clasificación propuesta agrupa las composiciones por «tipo», es decir, cada grupo lo constituyen composiciones que tienen existencia independiente respecto a los demás, porque se usan en contextos diferentes y con finalidad distinta.
1. Las Nanas o Canciones de Cuna
La nana es un género de madres, tías, abuelas y nodrizas que ejercen, singular y apasionadamente, el emotivo papel de «arrulladoras». Las nanas son canciones populares, de transmisión oral, en las que podemos percibir casi las primeras palabras que se le dicen al niño pequeño. Se incluyen en los primeros momentos de la vida del infante, desde su nacimiento hasta que empieza a expresarse oralmente con cierta autonomía, aunque su práctica se extiende a niños mayores que juegan a dormir a sus muñecos. La sencillez comunicativa de la nana, donde un emisor (el adulto) transmite un mensaje directo, breve y conciso a un destinatario (el niño) del que no se espera contestación, no impide la aparición de elementos que la enriquecen literariamente, como el apoyo en personajes secundarios para reforzar el contenido del mensaje e incitar al sueño.
Ciudad Jara – Las Nanas de Jara (per valencianes) amb Pep Gimeno, 'Botifarra'
2. Adivinanzas
El género de las adivinanzas es uno de los más difundidos del Cancionero Infantil. Se define como un «ejercicio intelectual» o una «ingeniosa descripción en verso, de un mensaje que el receptor debe descubrir». Su riqueza radica en la variedad de temas que trata, lo que hace necesaria una clasificación temática, a pesar de la dificultad que ello conlleva. Las adivinanzas son atractivas para los niños, incluso si no entienden algunas significaciones, y son un recurso valioso en el aprendizaje escolar para el desarrollo de capacidades intelectivas, la imaginación y la fantasía. Su lenguaje se caracteriza por juegos de palabras, metáforas, paradojas y la ausencia sistemática del sujeto.
3. Juegos Mímicos
Entre los juegos mímicos y las canciones escenificadas hay elementos coincidentes, como el apoyo gestual o escénico y un ritmo de interpretación muy marcado. Sin embargo, se diferencian en el emisor: en los juegos mímicos, el adulto es el emisor y el niño el receptor, asumiendo este último el papel de emisor con el tiempo. Son tonadas que el adulto canta al niño muy pequeño, ejecutando con él, o junto a él, una acción o un juego con un componente lúdico esencial y, a menudo, un deseo implícito de enseñar movimientos elementales como giros de mano o palmadas.
4. Canciones Escenificadas
Estas composiciones se acompañan de una mínima acción que se representa o mima, ya sea en rueda, comba, en filas, en grupo o al columpio. La mutabilidad y la adopción de cantos no dirigidos expresamente a los niños son características de este género. Un hecho histórico importante es la frecuencia con que han aparecido «canciones de comba» o «de rueda» formadas a partir de romances populares. Incluyen canciones con ritmos musicales concretos que funcionan como soporte temático de juegos o acciones escenificadas de carácter grupal, a menudo narrando una historia.
5. Oraciones
La clasificación de las oraciones en el Cancionero Infantil Español es compleja debido a la necesidad de diferenciar las de específica tradición infantil de las que exceden esa condición. Un ejemplo es el villancico, que, aunque tiene contenidos religiosos particulares, su transmisión se debe a una tradición social más amplia. La personalidad del Cancionero Infantil dificulta su ordenación, y el cuidado debe ser especial al delimitar lo «infantil» y lo «tradicional».
6. Retahílas o Fórmulas para Echar a Suertes
Muchos juegos infantiles requieren «sortear» previamente quién se queda o quién se libra. Para ello, se han usado variadas fórmulas a lo largo de los años, como «cara y cruz» con una moneda, «la china» escondida en una mano o «la paja» (una más larga y otra más corta). Como en otros géneros de la lírica popular infantil, el sin sentido por el sin sentido, el placer emocionante de la palabra, es un componente clave.
La Nana como Expresión de Afecto y Mecanismo de Inducción al Sueño
El rol de la arrulladora y la función de la nana
La nana es uno de los pocos géneros del Cancionero Infantil en que el papel de emisor lo representa un adulto. La sencillez comunicativa de la nana, en la que un emisor (el adulto) transmite un mensaje (directo, breve y conciso) a un destinatario (el niño) del que no se suele esperar contestación, no es impedimento para que aparezcan elementos que, literariamente, la enriquecen. Sirva como ejemplo que el emisor se apoya en determinados personajes -que tienen una función secundaria- para reforzar los contenidos de su mensaje, es decir, para incitar al niño a que concilie el sueño. La madre protectora, la madre refugio, la madre cuna, la madre amor es la que conducirá al niño hacia el sueño tranquilo con la voz y la música de la nana.
Sentimientos y personajes en las nanas
Las nanas reflejan sentimientos encontrados: ternura y enfado, nerviosismo y paciencia, soledad y compañía, alegría y tristeza, carencias y regalos, pero por encima de los cuales siempre es perceptible el amor materno-filial. La frecuente presencia de la madre, las citas a la ausencia del padre, las referencias a diversos quehaceres hogareños (lavar, planchar, cocinar) y el constante recuerdo del amor que los padres sienten por su hijo confieren a las nanas un especial tono afectivo, muy familiar, potenciado por el uso de abundantes diminutivos («nanita», «casita», «chiquitín») y estribillos rítmicos y machacones que crean una sensación de arrullo (A la ro, ro, ro; A la nea, nea; Ea, ea, ea; Arrorró, arrorró; Ea la ea, ea la ea).
El adulto-varón, cuando es citado, suele estar ausente, bien porque ha salido de viaje, bien porque está trabajando.
El tono imperativo y la figura del "coco"
El tono afectivo no es el único; el tono imperativo, que induce al niño a conciliar el sueño rápidamente, es igualmente importante y se conserva vivamente en muchas nanas. A menudo, lo familiar y lo imperativo se unen. Sin embargo, existe también la tradición explícita de amenaza en otras nanas, como la del "coco".
La tradición del coco, un personaje que no aparece en muchas nanas españolas, pero cuya existencia popular está muy extendida, asociada siempre al género de la nana, es un ejemplo. La fuerza mágica del coco reside en su «desdibujo», nunca aparece, aunque ronde las habitaciones. Es una abstracción poética que genera un miedo cósmico. En lenguaje de niños, vale por "figura que causa espanto". El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua lo define como «fantasma que se figura para meter miedo a los niños». Corominas también acepta la definición académica y afirma que es una voz de creación expresiva que pertenece originariamente al lenguaje infantil, con el significado de “objeto esférico”, “argalla”, “cabeza”, etc.
Estos miedos iniciales que la arrulladora infunde en los más pequeños hicieron pensar a Unamuno que “el primer principio sobrenatural que en nuestra conciencia arraigó fue, pues, un principio malo, tenebroso y amenazador, cuya aparición recuerda el timor fecit deos de Estacio. Más tarde el cuarto oscuro se convirtió en el infierno, y del Coco surgieron el demonio y Dios”.

Variantes regionales de los "asustadores"
La costumbre tradicional de asustar a los niños mediante un personaje misterioso se extiende por toda la región extremeña, Europa e Hispanoamérica. El nombre del asustador varía según las regiones y las localidades, e incluso en una misma población puede recibir denominaciones muy diferentes.
- En Puerto de Santa Cruz (Cáceres), se recurre al “bobo”, a “camuña”, al “hombre del saco”, al “tío del sebo”, al “pobre”, al “médico”, a la “bruja coruja” y a la “pantaruja”.
- En el sur de Extremadura, la “pantaruja” y la “marimanta” sustituyen al coco.
- En el norte de Extremadura, suenan más el “cocu” y el “lobu”.
- En Barrado (Cáceres) se escucha: Duermite, niñu, que vieni el lobu, y se lleva a los niñus que duermin pocu.
- En Santibáñez el Bajo (Cáceres) el asustaniños es la “mariquintana”: Si el mi niñu no se duermi llamo a la Mariquintana, pa que se lo llevi lejuh de la su cama.
- Rodríguez Marín considera que en Extremadura entra a formar parte de ese mundo mítico la “manita-tuerta”.
- En Guadalcanal (Sevilla) es el Cancón.
- En Olmedo (Valladolid) al asustador se le ordena de forma despectiva que se marche.
- En Andalucía, el “bute” y la “marimanta”, el “toro”, la “mora”, la “reina mora”.
- En Castilla, la “loba” y la “gitana”.
- En Burgos, la “aurora”.
- En Madrid, sinónimo del coco es la “carcamora” o la “cancamona”.
- En Olmedo del Rey (Cuenca) la amenaza es el lobo.
- En la Montaña alavesa, el coco, las brujas, los enemiguillos, el lobo, la zorra, el morroco.
- Otros asustadores propios del País Vasco son el “momuya”, el “inguma”, el “onentzaro”.
- En Cantabria es el “milano”.
- En Palencia se recurre al “sacamanos”.
- En Asturias además de invocar al “bus”, al “papón” también se arredra a los niños con el “cocu”, por desviación fonética local.
La relación entre sueño y muerte también se da en otras nanas, donde los angelitos son los que vigilan a los niños.
La "Nana Naneta" en la Tradición Valenciana
En el contexto de la lírica popular infantil, la "Nana Naneta" es un ejemplo representativo de cómo estas composiciones han pervivido y se han adaptado a las particularidades lingüísticas y culturales de cada región, en este caso, la Comunidad Valenciana. Aunque el texto proporcionado no incluye la letra específica de "Nana Naneta", se deduce que su existencia se alinea con la tradición de nanas en Lengua Valenciana, siendo transmitida por generaciones.
El miedo es un hecho natural en el ser humano, y los niños pequeños muestran temores ante ruidos estrepitosos, la oscuridad, lo desconocido, los animales o la separación de los padres. A partir de los seis años, aparecen los pesares ante el daño físico, la enfermedad o el escaso rendimiento escolar. En la pubertad, se teme al rechazo de los compañeros. Pero el miedo también es un recurso de autoprotección. Los primeros "canguelos" que el niño recibe se dan en el momento íntimo del arrullo y son suscitados por la arrulladora que los utiliza para provocar el sueño. Es un recurso más de los muchos que usa ante la impaciente labor de dormir al bebé, para ello ha creado una serie de figuras a las que evoca cuando el crío no quiere dormir o se resiste a venir el sueño. Estos intermediarios aparecen en las letras de muchas nanas y han sido utilizados generalmente por numerosas culturas.
En la nana hispánica está contenida la propia dualidad de la vida misma desde sus orígenes, así como los sentimientos que más vivamente han caracterizado al hombre, con sus obsesiones, sus amores, sus miedos y sus esperanzas. La riqueza literaria de la canción de cuna, así como su ininterrumpida transmisión de generación en generación, nos obligan a realizar todos los esfuerzos posibles para evitar que terminen desapareciendo.