La carrera investigadora es un desafío para todo el mundo. En el ámbito de la ciencia, existe un reto particular para las profesionales: intentar compatibilizar dos de las profesiones más exigentes del mundo, ser madre y ser investigadora. Esta situación se agrava a menudo por la falta de estabilidad laboral, lo que genera que la ilusión por la ciencia se mezcle con la preocupación de que las probabilidades no jueguen a favor.
Esta problemática ha llevado a la creación de espacios de encuentro para madres que investigan, especialmente en el campo de la Biodiversidad y sin estabilidad laboral, donde se comparten inquietudes y preocupaciones. Las historias personales revelan la profundidad de los desafíos que enfrentan estas mujeres, desde la toma de decisiones vitales hasta la gestión del día a día.

La Inestabilidad Laboral y su Impacto en la Maternidad
El día a día de una madre trabajadora no es fácil, y en la investigación puede ser aún más complejo. Cuando se suma la inestabilidad laboral, se añade el miedo constante de que la profesión pueda dejar de serlo en cualquier momento. Muchas investigadoras han retrasado su deseo de ser madres, esperando lo máximo y biológicamente recomendable, por el temor de si podrían seguir dedicándose profesionalmente a su pasión: la ciencia.
Algunas han decidido dar un "salto al vacío" y arriesgarse, incluso dos veces, lo que demuestra la intensidad del deseo de conciliar ambas facetas. Sin embargo, al vivir la experiencia, se constata que los miedos no eran infundados y que los desafíos como madres e investigadoras son profundos.
Movilidad Geográfica y Logística Familiar: Un Viaje Constante
La carrera científica a menudo exige una movilidad geográfica considerable, lo que se convierte en un gran obstáculo al añadir la maternidad. Las investigadoras relatan experiencias de vida en múltiples países y ciudades, a menudo sin una red de apoyo familiar cercana:
- Una investigadora relata que su pequeño se gestó casi por completo en Londres entre contratos posdoctorales, pero nació en Canarias, lejos de su familia. Su investigación se centra en entender los mecanismos que generan la biodiversidad y su distribución en el espacio y el tiempo.
- Otra experimentó la maternidad en Portugal, criando a su hijo junto a su pareja sin ayuda familiar, lo que redujo significativamente su tiempo efectivo de trabajo y dificultó actividades como asistir a congresos, donde debía acudir varias veces al día a sacarse leche en un aula vacía. Su interés radica en la ecología y biogeografía de especies terrestres y marinas, estudiando su distribución con sistemas de información geográfica.
- Una ecóloga y biogeógrafa de especies terrestres y marinas tuvo a su primera hija como "polizón" en su barriga mientras se incorporaba como investigadora postdoctoral en el Museo de Historia Natural de Londres. Tras un tiempo, y buscando aún más desafíos, decidió ilusionarse de nuevo con la llegada de su segunda hija.
- Una investigadora que inició su carrera en la Universidad de Stanford, California, vio nacer a su peque mientras comenzaba. En cinco años, vivieron en tres países y gran parte de esa aventura la realizó como familia monoparental, acompañada por su labradora negra. Su investigación estudia cómo afectan los cambios climáticos a la distribución de las especies, incluyendo las extinciones recientes de grandes vertebrados de finales del Pleistoceno.
- Otra investigadora, tras un postdoc en República Checa, consiguió una beca Humboldt y se mudó a Berlín para trabajar en paleontología de vertebrados. Con dos bebés muy pequeños, la movilidad se hizo difícil, teniendo que declinar invitaciones a congresos. En ocho años, se ha mudado 5 veces de ciudad y 3 veces de país.
- Una ecóloga forestal, apasionada por las plantas desde niña, tuvo su primer hijo, Belatz (halcón en Euskera), en 2010 tras estancias en Alemania, Nicaragua y Tenerife. Luego, en Navarra, nació su segundo hijo, Izei (abeto en Euskera), coincidiendo con su incorporación a la Universidad del País Vasco. Afrontó desafíos como amamantar, muestrear en largas jornadas de campo, usar el sacaleches cada dos por tres y viajar a congresos con sus hijos, aprendiendo que "si las plantas son capaces de adaptarse, ¿cómo no vamos a hacerlo las personas?".
- Una investigadora predoctoral, inmersa en el estudio de la historia evolutiva de la familia Tenebrionidae, dio la bienvenida a su hijo Darío a finales de 2018. Tuvo que reincorporarse al trabajo cuando él no tenía ni cuatro meses y, para una estancia de cuatro meses en Francia, se llevará a su hijo, a sus padres jubilados y a su marido, quien se unirá cuando su trabajo lo permita.

Impacto en la Productividad y las Oportunidades Profesionales
La maternidad puede afectar negativamente la productividad científica, un factor crítico en carreras inestables donde los contratos y proyectos suelen durar poco y tardan en resolverse:
- Una becaria postdoctoral en Portugal notó que los años de intentos de ser madre afectaron su productividad, y el efecto seguramente es mayor ahora que ya es madre.
- Una investigadora en genética de poblaciones, que estudiaba los mecanismos evolutivos en arrecifes de coral del Indo-Pacífico y buceaba en lugares remotos, tuvo que renunciar a proyectos como IP y a viajar a atolones remotos desde que supo que estaba embarazada en 2016. Siente frustración personal por lo poco conseguido a nivel personal y duda si podrá mantener el ritmo para conseguir la ansiada estabilidad profesional.
- Una ecóloga de comunidades, con experiencia en aves acuáticas y dispersores de semillas, se quedó en paro casi un mes antes de tener a su hijo tras finalizar su contrato Juan de la Cierva. Sufrió discriminación en solicitudes de plazas universitarias por su embarazo, con universidades negándose a entrevistarla o descartándola por mencionarlo.
- Una ecóloga, cuya investigación se centra en el efecto del cambio global sobre el funcionamiento de los ecosistemas, pensó que su carrera se acababa con la llegada de su hija Chloe en 2017. A pesar del apoyo familiar, se sintió muy sola y agobiada, ya que su trabajo era el principal sustento. Un contrato Ikerbasque le brindó cierta tranquilidad, aunque su situación aún no es estable.
- Algunas investigadoras han experimentado las "largas jornadas frente al ordenador o los domingos trabajando para acabar el último artículo" como algo del pasado desde que son madres. Esto genera sentimientos de culpa en casa y en el trabajo, y la preocupación de si sus colaboradores notarán el cambio o modificarán sus expectativas.
Madres con carreras profesionales | DW Documental
Redes de Apoyo y Futuro
A pesar de las dificultades, la capacidad de adaptación y el apoyo son cruciales:
- Una investigadora logró defender su tesis en 2013, tras muchos kilómetros entre Madrid y Bilbao, gracias al apoyo familiar después de la llegada sorpresa de su hijo Guille en 2011. Actualmente trabaja en un museo digitalizando colecciones de paleontología, un trabajo que su hijo disfruta cuando lo acompaña.
- Una investigadora que inició su postdoc en el extranjero embarazada de su primera hija, sin red de apoyo en Suiza, logró salir adelante junto a su pareja. Años después, de vuelta en España, embarazada de su segunda hija, pudo dedicarse a criarlas y luego consiguió un contrato Juan de la Cierva.
- Otra, cuyo hijo nació en Alemania durante su postdoc con una beca Marie Curie, se sintió privilegiada por la baja maternal y la posibilidad de paralizar el proyecto. Sin embargo, el regreso al laboratorio y la presión fueron cuesta arriba. Con su segunda hija en España, la baja fue mucho más corta, pero su visión sobre la maternidad y su carrera se tornó más positiva, aunque la situación laboral sigue siendo incierta.
La conciliación en ciencia no es sencilla. La presión por trabajar más horas para conseguir grandes contratos choca con el deseo de no perderse ni un minuto de la infancia de los hijos. La experiencia ha enseñado a muchas que "hay cosas difíciles, pero nada es imposible", y que el apoyo en el trabajo, como espacios para la lactancia, podría marcar una gran diferencia.
