La Placenta: Información Completa sobre su Embriología, Estructura y Función

¿Qué es la Placenta?

La placenta es un órgano que se desarrolla durante el embarazo dentro del útero. Es un órgano fetomaterno con dos componentes principales: una parte fetal, que se desarrolla desde una porción del saco coriónico, y una parte materna, que deriva del endometrio, la membrana mucosa que recubre la pared uterina. La placenta y las membranas placentarias (amnios y corion) son fundamentales para el desarrollo y la evolución del embarazo.

Formación y Desarrollo de la Placenta

Fecundación e Implantación Embrionaria

El embarazo comienza con la fecundación, un proceso que consiste en la fusión de los gametos haploides (22X o 22Y) masculino y femenino. Este proceso se produce normalmente en la porción ampular de la trompa uterina y da lugar a la formación de un cigoto. Después de la fecundación, el embrión comienza a dividirse, de forma que de una célula pasa a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho, y así sucesivamente.

A partir del día 3 del desarrollo embrionario se empieza a formar el blastocisto, la estructura embrionaria necesaria para que pueda tener lugar la implantación en el útero y, por tanto, el embarazo. Para ello, el embrión tiene que pasar de estar compactado a tener una estructura con una cavidad interna y dos grupos celulares bien diferenciados.

La implantación embrionaria consiste en el proceso por el cual el embrión se adhiere a la pared interna uterina conocida como endometrio, siendo capaz de penetrar en el útero. Alrededor del quinto o sexto día después de la fecundación, cuando el embrión se implanta en el endometrio, se pueden distinguir claramente dos capas: el trofoblasto y la masa celular interna.

De la masa celular interna derivarán todos los tejidos que formarán el embrión. En concreto, se produce la transformación de la masa celular interna del blastocisto en un disco embrionario, el cual es el inicio de todos los tejidos y órganos.

Diagrama de las etapas tempranas del desarrollo embrionario y la implantación del blastocisto

Desarrollo del Trofoblasto y el Corion

Las células que forman el trofoblasto darán lugar a la placenta y al cordón umbilical. Estas células, a su vez, se van a diferenciar durante la segunda semana de embarazo en dos capas celulares: una interna denominada citotrofoblasto y otra externa denominada sincitiotrofoblasto.

Para que tenga lugar la implantación del embrión, el sincitiotrofoblasto es el encargado de digerir el endometrio mediante enzimas proteolíticas. En este proceso se van a romper los vasos sanguíneos del endometrio y se va a producir una rápida invasión por parte del sincitiotrofoblasto.

Una vez completada la implantación embrionaria, los vasos sanguíneos de la madre quedarán totalmente conectados con el sincitiotrofoblasto. Toda esta unión de vasos entre el embrión, la madre y el sincitiotrofoblasto dará lugar a una estructura llamada corion. Esta estructura, junto con la pared mucosa del útero, formará la placenta. De este modo, se establecerá una circulación útero-placentaria gracias a la formación de vellosidades profundas, las cuales se ramifican.

El desarrollo temprano de la placenta se caracteriza por la proliferación rápida del trofoblasto y el desarrollo del saco coriónico y las vellosidades coriónicas. Al final de la tercera semana, se ha establecido la disposición anatómica de las distintas estructuras necesaria para los cambios fisiológicos que han de producirse entre la madre y el feto. Al final de la cuarta semana se desarrolla una compleja red vascular en la placenta que permite el intercambio de gases, nutrientes y productos metabólicos de desecho entre la madre y el feto.

La formación de la placenta suele tener lugar en la segunda semana de embarazo y continúa evolucionando hasta el tercer o cuarto mes de gestación. Llegado este momento, la placenta está formada por completo, pero puede sufrir algunos cambios hasta que termine el embarazo.

Anatomía y Estructura de la Placenta

La placenta suele presentar una forma circular y discoide. Al final de la gestación, tiene un diámetro aproximado de 22 cm, un espesor central de 2.5 cm y un peso de alrededor de 470-500 gr, aunque este peso no contempla las membranas ni el cordón umbilical. La espesura placentaria es generalmente proporcional a la edad gestacional. Además, en la placenta se distinguen una superficie fetal o placa coriónica y otra materna o placa basal.

Diagrama de la placenta mostrando la cara fetal con el cordón umbilical y la cara materna con los cotiledones

Cara Fetal (Placa Coriónica)

La cara fetal de la placenta, también conocida como placa coriónica, está cubierta por el amnios o membrana amniótica, que le confiere una apariencia brillante. Debajo del amnios se encuentra el corion, una membrana gruesa continua con el revestimiento de la pared uterina.

El corion contiene los vasos coriónicos que, a su vez, son continuos con los vasos del cordón umbilical. Surgiendo desde el corion están las vellosidades coriónicas, las cuales contienen una red de capilares fetales, permitiendo un área máxima de contacto con la sangre materna.

El cordón umbilical, que es la conexión entre la placenta y el feto, se inserta en una posición ligeramente excéntrica en la placa coriónica.

Cara Materna (Placa Basal)

La cara materna de la placenta, o placa basal, es una cara artificial que surge de la separación de la placenta de la pared uterina durante el parto. Esta cara está compuesta por la decidua, un endometrio modificado o especializado (el revestimiento mucoso del útero) que se forma en preparación para el embarazo. Esto le da un aspecto rojo oscuro, similar a la sangre, a la cara materna de la placenta.

También son visibles en la cara materna de la placenta pequeñas regiones de elevaciones denominadas lóbulos o cotiledones placentarios (aproximadamente de 10 a 40), los cuales están separados por surcos. Dentro de la placenta, los surcos corresponden a los septos placentarios.

La Decidua: Componente Materno Crucial

La decidua es el endometrio del útero de una mujer gestante. Es la capa funcional del endometrio que se separa del resto del útero tras el parto. Las tres regiones de que consta la decidua se denominan de acuerdo con su relación con el lugar de implantación del embrión:

  • Decidua basal: Es la parte de la decidua situada profundamente al producto de la concepción (embrión y membranas) que forma la parte materna de la placenta.
  • Decidua capsular: Es la parte superficial de la decidua que cubre al producto de la concepción.
  • Decidua parietal: Corresponde al resto de la decidua.

En respuesta a los niveles crecientes de progesterona en la sangre materna, las células del tejido conjuntivo de la decidua se alargan y toman una coloración pálida a la tinción, denominándose células deciduales. Estas células se alargan porque acumulan glucógeno y lípidos en su citoplasma. Los cambios celulares y vasculares que sufre la decidua como resultado del embarazo se denominan en conjunto reacción decidual.

Muchas células deciduales degeneran cerca del saco coriónico en la región del sincitiotrofoblasto y, junto con la sangre materna y las secreciones uterinas, proporcionan una buena fuente de nutrición para el embrión. Las regiones deciduales, claramente reconocibles ecográficamente, son importantes para hacer el diagnóstico precoz del embarazo.

Funciones Vitales de la Placenta

La placenta juega un papel esencial durante el embarazo y es el principal lugar de intercambio de gases y nutrientes entre la madre y el feto. Es responsable de proporcionar nutrición y oxígeno al feto, así como de remover el material de desecho y el dióxido de carbono. Los nutrientes y el oxígeno pasan a través de la placenta desde la sangre materna a la fetal, mientras que las sustancias de desecho y el dióxido de carbono lo hacen desde la sangre fetal a través de la placenta hasta la sangre materna.

Además, la placenta protege al feto de infecciones y otras alteraciones maternas, mientras colabora en el desarrollo del sistema inmune fetal.

Infografía sobre las funciones de intercambio de la placenta y la barrera placentaria

Barrera Placentaria

La placenta es responsable de crear una separación entre las circulaciones materna y fetal, conocida como barrera placentaria. Esta barrera no puede ser atravesada por moléculas grandes ni, por tanto, por células sanguíneas.

Sin embargo, sí permite el intercambio de sustancias por varios mecanismos. Entre los principales se encuentran la difusión simple (que permite el intercambio de iones como cloro, sodio, potasio, etc.) y la difusión facilitada (que permite el paso de glucosa de la madre al feto y de lactatos del feto a la madre). Cabe destacar que estos mecanismos no utilizan energía para su proceso.

La barrera placentaria también puede ser atravesada por algunos tipos de anticuerpos (los IgG), por lo que el feto queda inmunizado frente a aquellos antígenos para los que reciba anticuerpos de la madre.

Producción Hormonal

Otra de las funciones de la placenta es sintetizar hormonas y factores de crecimiento, las cuales son fundamentales para el metabolismo del bebé y de la madre. La producción hormonal por parte de la placenta tiene lugar en torno a la semana 12 de embarazo. Las principales hormonas producidas por la placenta son:

  • Gonadotropina coriónica humana (hCG): Secretada por el sincitiotrofoblasto a partir del día 5 o 6 después de la fecundación, alcanza su concentración máxima en el segundo mes. Es la hormona coriónica o más popularmente conocida como beta hCG.
  • Lactógeno placentario humano o somatomamotropina coriónica: Hormona proteica similar a la prolactina, producida en el sincitiotrofoblasto en la primera semana del embarazo. Alcanza su concentración máxima en la semana 36. Mantiene el suministro constante de glucosa estimulando la lipólisis materna por manipulación de las concentraciones y la sensibilidad materna a la insulina. Promueve el crecimiento del feto, la lactancia y la producción de otras hormonas como la prolactina.
  • Estrógenos: El más abundante es el estriol, además de estrona y estradiol formados a partir de la progesterona.
  • Progesterona: La placenta también segrega progesterona, junto con relaxina y otras hormonas femeninas (GnRH, TRH, inhibina, etc.).

¿Cómo funciona realmente la placenta?

El Cordón Umbilical: Conexión Vital

El cordón umbilical es el nexo entre la placenta y el feto, estableciendo una conexión vital entre ambos. Su composición consta de dos arterias que salen del feto en dirección a la placenta y una vena que sale de la placenta hacia el feto. Para conectar el embrión y la envoltura trofoblástica se forma el denominado pedículo de fijación, que se convertirá posteriormente en el cordón umbilical.

No existe intercambio directo de sangre entre la madre y el embrión; todo se realiza a través del corion y el cordón umbilical. Estas estructuras sirven también de filtro, ofreciendo protección al feto frente a posibles agentes dañinos que estuvieran presentes en la sangre materna. La formación de la placenta y del cordón umbilical tiene lugar al mismo tiempo, donde la unión de los capilares placentarios formará los tres vasos sanguíneos que componen el cordón umbilical.

Diagrama detallado del cordón umbilical con sus vasos sanguíneos

Membranas Fetales: Amnios y Corion

La bolsa amniótica está formada por la membrana interior o fetal, el amnios, que contiene el líquido amniótico y el feto, y la membrana externa, el corion, que contiene el amnios y es parte de la placenta. Dentro de esta bolsa se encuentra el embrión o feto, además del líquido amniótico, el cual aumenta en volumen a medida que el feto crece. Las membranas fetales, junto con la placenta, son expulsadas del útero poco después del nacimiento, denominándose secundinas.

Morfologías Variadas y Condiciones Placentarias

Frecuentemente pueden ser encontradas morfologías variadas de la placenta. Un ejemplo es una placenta bilobulada, donde este órgano está separado en dos lóbulos de tamaño parecido. La incidencia estimada de esta condición es baja y no supera el 4% de todos los embarazos.

Además de las anomalías del desarrollo, la placenta también puede estar afectada por un sinnúmero de condiciones médicas. Un ejemplo es la placenta previa, que consiste en la implantación de la placenta sobre el orificio cervical. Esta condición generalmente se presenta como una hemorragia vaginal sin dolor en el tercer trimestre de embarazo.

La corioamnionitis corresponde a la inflamación aguda por infección de las membranas placentarias (amnios y corion), que son aquellas que rodean al feto, la cual también puede afectar a la placenta y al líquido amniótico. Esta se debe al ascenso de bacterias desde el tracto urinario ya sea por una rotura prematura de membranas, trabajo de parto prolongado o infección de vías urinarias. Los síntomas son variados y pueden afectar tanto a la madre como al feto, presentando irregularidades en el ritmo cardíaco y la presión arterial. La madre puede presentar también fiebre y secreción vaginal fétida.

Imágenes o esquemas de placenta bilobulada, placenta previa y corioamnionitis

Placentación en Embarazos Gemelares

En embarazos gemelares, es muy importante la corionicidad. En el caso de los embarazos bicoriales, los vasos sanguíneos de cada feto no están unidos entre sí, sus placentas están completamente separadas y son de mejor pronóstico que los monocoriales. Los gemelos dicigóticos, que representan el 70-75 % de todos los embarazos gemelares, se originan de una ovulación doble.

Los gemelos monocigóticos, que representan el 25-30% de todos los embarazos gemelares, se originan de la división de un huevo fecundado. En la gestación monocorial solo hay una placenta, de la que cada feto dispone de un territorio vascular propio, pero existe una zona intermedia o ecuador vascular en la que se establecen conexiones vasculares o anastomosis interfetales por las que los fetos intercambian sangre.

Diagrama comparativo de la placentación en embarazos gemelares monocoriales y bicoriales

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