Antonia Brico: Pionera de la Batuta Contra las Barreras de Género

Antonia Louisa Brico (Róterdam, 1902 - Denver, 1989) fue una renombrada directora de orquesta y pianista neerlandesa que, desde el silencio de su trayectoria, revolucionó el mundo de la música. Fue la primera mujer en dirigir la Berliner Philharmoniker y la New York Philharmonic Orchestra. Durante décadas, luchó incansablemente para hacerse un lugar entre los grandes de la música clásica, pero su destreza como directora chocó siempre con su condición femenina. La prensa, los altos cargos de varias orquestas y la marginación social y laboral de las mujeres, propias de la sociedad que la vio crecer, le denegaron el reconocimiento que merecía. El talento de Antonia Brico no estaba ligado al género y su excelencia no estaba solo reservada para hombres, allanando el terreno para todas las mujeres que han seguido sus pasos hasta hoy.

Retrato de Antonia Brico joven

Orígenes y Primeros Pasos Musicales

Antonia Louisa Brico nació en Róterdam el 26 de junio de 1902. De sus padres biológicos se sabe muy poco, por no decir que no se tiene ningún dato real. A los pocos días de nacer fue adoptada por el matrimonio de los Wolthuis, quienes la rebautizaron como Wilhelmina Wolthuis. Cuando tenía cinco años, los Wolthuis emigraron en 1907 hacia los Estados Unidos, instalándose en la ciudad de Los Ángeles. Allí, una joven Antonia (Wilhelmina) empezó a recibir clases de piano. De niña tuvo la costumbre de comerse las uñas hasta que un doctor le prescribió tomar clases de piano para evitarlo. Acostumbraba los domingos ir al parque a escuchar la banda del pianista Paul Steindorff.

En 1919, cuando se graduó del instituto de educación secundaria, supo que era una chica adoptada. Marchó de su casa y olvidó a sus padres adoptivos para no volver a tener contacto con ellos nunca más. Se matriculó en la Universidad de California en Berkeley para estudiar artes liberales. Acabó la carrera en 1923, después de cuatro años haciendo de asistente de Paul Steindorff, pianista y director (en aquel momento, de la Ópera de San Francisco) que se convirtió en su primer mentor musical. Sus aspiraciones pasaban por la enseñanza y la dirección de orquesta, pero apenas pudo acceder a la primera; en la época, la dirección no era un trabajo para mujeres.

Formación en Europa y Debut Histórico

De este modo fue cómo, reclamando su nombre originario (Antonia Brico), emigró a Nueva York para estudiar piano con uno de los pianistas más influyentes del momento, Sigismund Stojowski (1870-1946). Lo hizo durante dos años. El año 1926, Antonia Brico viajó a Hamburgo, donde Karl Muck (quien había sido director de la Boston Symphony Orchestra) dirigía ya la filarmónica de la ciudad. Armada con una carta de presentación, consiguió que Muck, uno de los directores de orquesta más aclamados del momento, se convirtiera en su mentor musical. Brico fue una de las muy pocas alumnas que tuvo Karl Muck (estudió con él durante cuatro años), y además fungió como asistente, de forma que su aprendizaje fue completo y continuo. Este enfoque integral le permitió una formación exhaustiva.

En 1930, con 28 años, Antonia Brico debutaba como directora, y no lo hacía con una batuta cualquiera: dirigió la Orquesta Filarmónica de Berlín, convirtiéndose así en la primera mujer en hacerlo. Además, la crítica del concierto fue extraordinariamente buena. El Allgemeine Zeitung afirmó: «Miss Brico ha demostrado dotes sorpresivas e inequívocas como directora.» Posteriormente, realizó una gira con varias orquestas por Polonia, Alemania y los Balcanes. Dirigió también la Filarmónica de Hamburgo, la Orquesta Sinfónica de San Francisco y la de Los Ángeles, aunque solo como invitada.

Antonia Brico dirigiendo una orquesta en los años 30

Retorno a Estados Unidos y la New York Women's Symphony

A pesar de las buenas críticas de Berlín, Brico no disfrutó de la misma aceptación en Estados Unidos, donde había vuelto buscando un trabajo estable como directora titular de orquesta. En las pruebas que hizo para ser residente en la Orquesta Sinfónica de Los Ángeles, fue rechazada. Es así como, durante el periodo de 1930-1932, Brico volvió a aventurarse en Europa, donde su talento era más considerado.

En 1933 Brico debutaba como directora de orquesta en la ciudad de Nueva York, donde se había establecido. Lo hacía ante la Musicians' Symphony Orchestra (una de las orquestas americanas más prestigiosas del momento) en el Metropolitan Opera House. Las críticas fueron extremadamente buenas. The Pictorial Review destacó: «Con solo tres ensayos, la señorita Brico hizo que la orquesta tocara como no lo había hecho nunca hasta entonces.» Sin embargo, el clima de la época era extremadamente machista, y el tenor solista, John Charles Thomas, rehusó actuar en un tercer concierto temiendo que una mujer directora le robara el protagonismo.

De hecho, una de las iniciativas más innovadoras en la trayectoria de Antonia Brico es la creación, en 1934, de la New York Women's Symphony, una orquesta formada solo por mujeres. Después de otro intento fallido de encontrar trabajo como directora residente, Brico la fundó para reivindicar a la mujer como instrumentista y música, como individuos que podían tocar perfectamente el corno inglés o el trombón. La tarea social de un proyecto como este no pasó desapercibida; Antonia contó con el prestigioso apoyo de Fiorello La Guardia, en aquellos momentos alcalde de Nueva York, y de Eleanor Roosevelt, primera dama del país. Posteriormente, Brico abrió su orquesta a músicos hombres, renombrándola Orquesta Sinfónica de Brico.

Eleanor Roosevelt y Antonia Brico conversando

El Reconocimiento Parcial y la Persistente Discriminación

La década de 1930 fue la década de oro para Antonia Brico. En 1938 -probablemente a raíz del renombre que le dio su papel al frente de la Women's Symphony- se convirtió en la primera mujer de la historia que dirigía la New York Philharmonic Orchestra. Fue en el Lewis Stadium, en un concierto encabezado por la primera sinfonía de Sibelius, que volvió a recibir muy buenas críticas. El mismo año Brico tomaría las riendas de una producción operística, Hansel y Grettel de Humperdinck, que estrenó en la New York Hippodrome Opera. También fue invitada a dirigir la San Francisco Bay Region Symphony Orchestra.

Pero no todo el mundo estaba de acuerdo con el ascenso social y cultural de Antonia, por el hecho de que era una mujer. Dos de los máximos encargados de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, Charles Guggenheimer y Arthur Johnson, publicaron artículos en la revista Time criticando sistemáticamente a todas las mujeres directoras que la orquesta invitaba. Frases como «el problema con Antonia Brico es que ha nacido cincuenta años demasiado pronto», o «es una desgracia que una mujer dirija esta orquesta», se encuentran entre las más célebres de los críticos de la revista norteamericana. Aún con todos los éxitos, la directora continuaba sin poder acceder a un lugar permanente en una orquesta; todos los proyectos mencionados hasta el momento fueron simples encargos o promovidos por ella misma. Siempre como invitada, en ninguna como directora titular. Antonia Brico ejemplifica esta falta de interés en todo aquello liderado y protagonizado por la mujer en la primera mitad del siglo XX.

DOCUMENTAL. Música clásica, capítulo 1. Nacionalismo y modernidad 1900 - 1960

Etapa en Denver y el Olvido

En el año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Antonia Brico se trasladó a Denver, lejos del clima enrarecido de Nueva York que, a pesar de haberle dado la oportunidad de mostrar su talento en numerosas ocasiones, no la acogió definitivamente. En Denver, Brico enseñó piano y dirigió tantas orquestas como pequeños contratos le ofrecieron. En paralelo, y como había tenido que hacer siempre, fundó sus propios pequeños proyectos. Entre los más destacados, la consolidación de la Bach Society y, en una segunda versión de la orquesta de Nueva York, la creación de la Women's String Orchestra (o Women's String Ensemble).

Durante los años cuarenta Antonia desarrolló su carrera alrededor de Denver, aunque fue invitada a dirigir a Nueva York en varias ocasiones. El año 1945, con el fin de la guerra, Brico fue rechazada por primera vez como candidata a la dirección permanente de la Orquesta Sinfónica de Denver. En 1946, Brico volvió a Europa, donde su talento, según se sabe, era más reconocido. Dirigió en Suecia, en Austria y en Holanda, y Sir Adrian Boult la invitó al Royal Albert Hall de Londres. Allá dirigió la Orquesta Sinfónica de Londres, y Jean Sibelius, quien ya la había visto dirigir en los Estados Unidos durante los años treinta y que estaba presente en la sala, quedó maravillado.

Antonia Brico volvió a los Estados Unidos para quedarse. En 1947, un grupo de músicos amateurs la contactaron para ofrecerle el único trabajo de directora residente que regentó. Se trataba de la Denver Businessmen's Orchestra, una pequeña formación que dirigió hasta el fin de su carrera. Puede decirse entonces que hubo una etapa extensa del siglo XX, que va desde el 1947 hasta 1981, durante la cual Brico se mantuvo en un anonimato casi completo. Dirigía solo cinco conciertos al año con su pequeña orquesta, rebautizada en 1967 por Brico como la Businessmen's Orchestra. Dirigió también la Denver Opera Association, su Women's String Orchestra y la Boulder Philarmonic Orchestra, combinando todas estas actividades con la enseñanza. Su frustración era palpable: «Tengo cinco presentaciones al año. Tengo fuerza suficiente como para tener cinco al mes. Doy clases... pero me siento frustrada. Es como darle un poco de pan a una persona que muere de hambre... Cada vez que escucho el nombre Evgenia Svetlana, muero por dentro...»

El Resurgimiento Tardío a Través del Documental

La vida de Antonia Brico cambió en 1971, cuando Judy Collins, conocida cantante de música folk del momento, decidió grabar un documental sobre su biografía. Judy Collins había estudiado piano de adolescente (durante los años cincuenta) con Brico en Denver, y había mantenido una relación estrecha. Con el afán de dar a conocer su historia, presentó el documental Antonia: a Portrait of the Woman, dirigido junto con Jill Godmilow, en 1974. El trabajo retrata la historia de una mujer que a finales del siglo XX no puede entender cómo la discriminación de género todavía le cortaba las alas de ese modo.

El documental sobre Antonia Brico tuvo un gran éxito entre la audiencia de principios de los años setenta. De hecho, la directora fue protagonista en un escenario donde se hizo patente la ironía del destino. Brico saltó a la fama, literalmente, cuando ya contaba setenta y tres años. En 1975 fue invitada a un festival cuya relevancia todavía hoy es vigente: el Mostly Mozart Festival, en Nueva York. Las entradas para el único concierto programado se agotaron, y se tuvo que programar otro. Es revelador que los dos únicos conciertos con repercusión mediática para la directora se hayan programado durante la última parte de su vida, a pocos años de su jubilación explícita.

Cartel del documental Antonia: a Portrait of the Woman

En 1977 Brico ofreció el último recital, con la Brooklyn Philharmonia, y en 1981 dejó la dirección definitivamente -su vocación pedagógica, sin embargo, todavía permaneció activa un tiempo. La vida de Antonia se tambaleó en 1988 cuando, en una caída, se rompió la cadera, y se extinguió un año después en una residencia de Denver, Bella Vita Towers. Brico falleció en Denver el 3 de agosto de 1989, a los 87 años. La última etapa de su vida, marcada por la intransigencia, el impedimento sistemático y la frustración, al menos le dio esperanza, haciéndola resurgir de las cenizas en un intento de determinados sectores de la sociedad de redimirse.

Vida Personal: Relaciones y la Soltería

Como toda mujer de su época, la sociedad esperaba que Antonia Brico estuviera felizmente casada y con hijos. Sin embargo, Antonia Brico mantuvo relaciones de pareja intensas con varios hombres durante su vida, a pesar de que nunca se casó. Entre ellos, el compositor Jean Sibelius fue uno: la suya fue una relación amistosa desde que se conocieron en 1937 hasta la muerte del compositor en 1957. Sibelius fue la figura que ligaba a Antonia con Europa, donde le aseguraba orquestas como directora invitada. No hay registros o información disponible en las fuentes proporcionadas que indiquen que Antonia Brico tuvo hijos.

Una película biográfica titulada La Directora de Orquesta (The Conductor, 2019), dirigida por Maria Peters, presenta una historia de amor con un gestor de conciertos llamado Frank Thompson. Sin embargo, la propia trama del filme muestra que, a pesar de la relación, la joven Antonia decide priorizar su carrera y su vocación, partiendo a Europa para formarse como directora. Este aspecto cinematográfico resalta su dedicación inquebrantable a la música por encima de las expectativas sociales.

Legado

Es difícil olvidar las amargas reacciones -captadas por Collins en su documental- de una mujer que luchó toda la vida para hacerse un lugar merecido en el complicado mundo de la música clásica. Su historia es un testimonio de empoderamiento y superación, demostrando que el talento y la excelencia no tienen género. Abrió un camino crucial para las futuras generaciones de mujeres en el ámbito de la dirección orquestal, desafiando prejuicios arraigados y demostrando con su destreza que las mujeres podían, y debían, ocupar un lugar central en el podio.

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