La Madurez Placentaria Grado 2: Qué Significa y Cuándo Preocuparse

Durante el embarazo, las pruebas y ecografías que realiza el ginecólogo son fundamentales para revisar tanto el estado de salud de la madre como el del bebé. Una de las formas más eficaces de hacerlo es a través de las diversas ecografías, las cuales permiten evaluar un órgano vital: la placenta.

¿Qué es la Placenta y Cuáles Son Sus Funciones?

La placenta es un órgano temporal que se desarrolla dentro del útero cuando la mujer está embarazada. Se trata de un órgano unido a la pared del útero, normalmente a la parte superior, lateral, delantera o trasera del útero. Su función principal es otorgarle tanto oxígeno como nutrición al bebé, y también se encarga de deshacerse de los desechos.

La placenta es un órgano que se forma dentro del útero durante el embarazo y que ayuda a nutrir al bebé y a filtrar el exceso de desechos que se van generando durante los meses de gestación. Está compuesta por dos partes principales:

  • Una parte de origen materno, que es la más extensa. Contiene tejido materno, la decidua basal con los vasos y glándulas uterinas, y tejido embriónico.
  • Una parte fetal, cuyo nombre es trofoblasto. Su evolución da lugar a la placa corial.

La Madurez de la Placenta: Entendiendo los Grados

La placenta es un órgano con un ciclo de vida muy corto, ya que dura lo mismo que el embarazo. Por tanto, la madurez de la placenta es su edad, la cual nada tiene que ver con la edad de la mujer. El estado de madurez se mide en cuatro grados según va evolucionando, teniendo en cuenta las calcificaciones intraplacentarias, lo cual se puede observar en las ecografías.

Los grados de madurez de la placenta constituyen una clasificación que se emplea para determinar el momento evolutivo en el que se encuentra dicho órgano, y comprende desde el 0 o grado más joven hasta el III, que es el grado más maduro.

Esquema de la anatomía de la placenta con indicación de las placas basal y corial

Grados de Madurez Placentaria en Detalle (Clasificación de Grannum)

El desarrollo de la placenta suele seguir un patrón uniforme hasta las 20 semanas. Luego, su volumen aumenta según las necesidades del feto. A las veinte semanas se considera un punto crítico en el manejo del embarazo. La clasificación de Grannum, publicada en 1979, estableció los siguientes grados basados en la ecotextura:

  • Grado 0:

    Se caracteriza porque ecográficamente se ven homogéneas la placa basal (cerca del útero) y la placa corial (cerca del feto).

  • Grado I:

    Cuando ya posee pequeñas zonas de color blanco en la ecografía (ecorrefrigentes).

  • Grado II:

    Consiste en las placentas cuya placa basal se identifica en su totalidad y da la impresión de que está separada del miometrio (capa muscular de la pared del útero). En la placa corial se visualiza con un perfil muy ondulado con calcificaciones difusas. La placenta no es homogénea debido a las diferentes ecogenicidades en su espesor por el depósito de calcio.

  • Grado III:

    Son las placentas con gran depósito de calcio a todos los niveles. Tanto la placa basal como la corial aparecen altamente ecorrefrigentes (color blanco). Los tabiques de ambas partes de la placenta ya confluyen y se fusionan entre sí.

Infografía o esquema ilustrando los diferentes grados de madurez placentaria (Grannum 0, I, II, III)

Maduración Placentaria Prematura: ¿Qué Implica una Placenta Grado II Temprana?

Según avanza el embarazo, la placenta va envejeciendo, lo cual entra dentro de la normalidad. Sin embargo, lo que puede ser preocupante es que lo haga antes de tiempo, porque el bebé podría no recibir los nutrientes suficientes. Es entonces cuando se habla de una placenta envejecida o hipermadura.

El diagnóstico de "envejecimiento de la placenta" se utilizó bastante en la década de 1990 y a principios del 2000, causando preocupación entre los médicos y las mujeres embarazadas. Este término ha sido reemplazado por "maduración prematura" o "disfunción" de la placenta. No obstante, y con independencia del nombre que se use, se trata de una condición en la que la placenta no puede realizar algunas de sus funciones antes de que el bebé esté listo para nacer.

En general, el envejecimiento de la placenta es un resultado normal, pues después de todo, solo se necesita durante el embarazo. Pero si los signos del envejecimiento aparecen mucho antes de la fecha de parto, se considera anormal. Cuando una placenta se presenta en el grado II o III antes de la semana 34, puede decirse que está envejecida prematuramente. Esto podría llevar a pensar que el bebé desarrollara una restricción en su desarrollo por insuficiencia placentaria, ya que esta insuficiencia produce, en el feto, hipoxemia y déficit nutricional.

La placenta es el órgano de conexión entre la madre y el bebé, y gracias a ella, un bebé recibe oxígeno y nutrientes. Si una parte importante de los vasos de la placenta se encuentran bloqueados por trombos o calcificaciones, se altera el suministro de nutrientes y oxígeno; lo que puede provocar una ralentización del crecimiento intrauterino (C.I.R.). Debido a la falta de nutrientes, los bebés pueden nacer de forma prematura; y, a causa de la falta de oxígeno, es posible que se produzcan daños cerebrales graves.

El Diagnóstico y el Manejo de la Madurez Placentaria

Los signos de envejecimiento de la placenta se encuentran, con mayor frecuencia, en la ecografía durante el tercer trimestre. Por lo general, estos ultrasonidos solo se recetan a mujeres con embarazos de alto riesgo durante las semanas 30 a 34. Los médicos pueden notar trombosis y calcificación vascular; otras veces hay muerte celular prematura, deshidratación, adelgazamiento (y, con menos frecuencia, engrosamiento) de la placenta. Asimismo, la producción de hormonas también llega a interrumpirse.

Existe una teoría que vincula el desarrollo de complicaciones como diabetes, hipertensión, pielonefritis gestacionales y preeclampsia con el envejecimiento prematuro de la placenta. Es decir, si en la semana 20 la placenta ha alcanzado su primera etapa de madurez, esto ya es motivo de preocupación. Por lo normal, la placenta debe alcanzar el primer grado de madurez para la semana 31, el segundo grado a la semana 36 y el tercer grado en la semana 38. Las desviaciones de este cronograma permiten sospechar un envejecimiento prematuro.

El envejecimiento es un proceso unidireccional que no se puede revertir. Pero con el envejecimiento de la placenta, las cosas son más o menos lo mismo que con el envejecimiento en general: se pueden retrasar o compensar las enfermedades asociadas con el mismo. Por lo tanto, si se identifica un problema, los médicos controlarán de cerca tanto a la madre como al bebé.

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Desmitificando la Clasificación de Grannum: ¿Es la Madurez Grado III Preocupante?

El término coloquial "placenta calcificada o vieja" como equivalente a falta de funcionamiento correcto, es obsoleto y no científico. La clasificación de Grannum mostró su utilidad en relación con la madurez pulmonar fetal, pero se generalizó una idea "intuitiva" que Grannum no había afirmado: que una placenta grado III en las últimas semanas del embarazo debe considerarse un hallazgo no tranquilizador. Esta premisa se considera falsa actualmente.

La clasificación de Grannum alude a la ecotextura morfológica, pero no puede aceptarse automáticamente como indicador de funcionamiento placentario. La presencia de calcificaciones o tabiques placentarios no indica mala función placentaria. Se han realizado investigaciones contradictorias acerca de si la placenta grado III antes de la semana 34 podría ser indicador de más riesgo perinatal, y existen otros tantos artículos que afirman lo contrario.

Por lo tanto, actualmente no se acepta modificar una conducta obstétrica por la sola presencia de calcificaciones placentarias prematuras. Un artículo de revisión lo resume muy bien: "No hay evidencia convincente que sugiera que la maduración placentaria prematura deba usarse para guiar las decisiones obstétricas." La 6ª edición del Tratado de Obstetricia de González-Merlo (2013) afirma que las calcificaciones placentarias son muy frecuentes, sobre todo en gestaciones avanzadas, y se consideran fisiológicas como parte de la maduración normal del tejido.

Es crucial realizar una buena biometría fetal para descartar un feto pequeño para la edad gestacional o crecimiento intrauterino retardado. Además, es necesario evaluar el flujo sanguíneo de la arteria umbilical, así como la adaptación fetal midiendo el flujo de su arteria cerebral media y otros vasos. El estudio de la flujometría Doppler permite diagnosticar o excluir la insuficiencia placentaria.

Placenta Grado 2 en Semanas Tempranas: Experiencias y Dudas Comunes

Muchas mujeres embarazadas se preocupan al recibir un diagnóstico de placenta grado 2 en semanas tempranas, como la semana 32 o 33. Es común leer que tener madurez grado 2 o 3 antes de las 34 semanas podría indicar un probable parto prematuro. Sin embargo, en muchos casos, los médicos no manifiestan preocupación inmediata.

Algunas experiencias compartidas incluyen diagnósticos de placenta grado 2 en la semana 32 o 33, donde los doctores indicaron que todo estaba normal. Incluso hay casos de placenta grado 3 desde la semana 32 con bebés que nacieron a las 39 semanas. Esto subraya la importancia de la evaluación médica integral, que va más allá del solo grado de madurez placentaria. El control del percentil del bebé y un crecimiento armónico son indicadores clave.

Es importante recordar que la placenta al final del embarazo envejece, se calcifica e incluso puede infartarse, proporcionando menos alimento a los bebés, pero esto entra dentro de la normalidad. Un verdadero crecimiento intrauterino retardado (C.I.R.) es aquel que tiene realmente comprometido el aporte sanguíneo y, por tanto, de oxígeno y alimento. Actualmente se detectan demasiados C.I.R. y placentas envejecidas porque se buscan y se encuentran más de lo que deberían.

Importancia del Control Médico y Monitoreo

Si bien una placenta envejecida y/o calcificada por sí sola no es indicativa de cesárea, el parto normal se desencadena por una interacción de factores maternos, fetales y placentarios. Si se detecta una maduración prematura, los médicos controlarán de cerca tanto a la madre como al bebé, especialmente con ecografías Doppler semanales, para asegurar un adecuado aporte sanguíneo y nutrientes.

Aunque se prefiere evitar las cesáreas, no se debe temer si el médico decide que es la mejor opción. Un control médico rutinario es esencial para despejar todas las dudas y garantizar el bienestar del bebé.

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