Curiosidades y Anecdotas sobre Canciones de Cuna

Las canciones de cuna, o nanas, son un vínculo universal y ancestral que acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Para calmar a los bebés siempre ha resultado efectivo cantarles, por lo que pueden considerarse uno de los primeros géneros musicales que hayan existido. Esta costumbre es tan antigua y extendida que bien se podría escribir una historia de la humanidad a través de sus nanas.

Es un hecho demostrado que existe un «común denominador» de todas las culturas que se mantiene desde nuestra etapa prehistórica como especie. La canción cobra vida cuando cae la noche. Se acurruca bajo las mantas, se acomoda en los pliegues de unos brazos que acunan, en habitaciones del mundo entero. Un coro invisible de cuidadores llena la noche de música para un público infantil, cantándoles nanas.

En estas canciones breves con las que se arrulla, mece y balancea a los pequeños, cerca del corazón, se crea la más importante conexión que vivirá el bebé. La nana o canción de cuna es un tipo de canción popular que se ha transmitido oralmente de generación en generación, en la que se pueden encontrar muchas de las primeras palabras que se le dicen al niño pequeño. Su finalidad esencial es que el destinatario concilie el sueño, produciéndose su interpretación, en la mayoría de las ocasiones, cuando el niño no se quiere dormir o tiene dificultades para conciliar el sueño.

La combinación del ambiente íntimo en que se desarrollan, el ritmo físico de la cuna o los brazos, la melodía, los silencios y el ritmo de compases, consiguen embelesar al niño y convencerle de que duerma. Esta sencillez comunicativa se enriquece con múltiples elementos literarios, variedad de personajes y motivos, y un tono imperativo y a la vez cariñoso que incita al bebé a dormir. Las canciones de cuna vinculan al cuidador con el bebé, pero también cuentan historias que nos unen con nuestro pasado y nuestros congéneres. Como describe Bayartai Genden, la nana es «el intercambio de dos almas». Las nanas forman parte del tejido con el que los cuidadores crean los espacios seguros necesarios para que florezcan los sueños, buscando en ellas no solo dormir, sino sentir ternura.

Representación de una madre acunando a su hijo en un contexto histórico

Los Orígenes Milenarios de las Nanas

La primera nana de la que se tiene constancia fue entonada por los sumerios y se encuentra escrita en cuneiforme sobre una tablilla de arcilla. Se trata de una composición singular, la única conocida de este estilo en el Próximo Oriente antiguo. Hace cuatro milenios, un antiguo babilonio escribió una canción de cuna que una madre le cantaba a su hijo. Esta tablilla, fechada alrededor del año 2000 a. de C., se encuentra grabada en una pequeña tabla de barro que cabe en la palma de la mano. La escritura cuneiforme, una de las primeras formas de escritura, debió ser transcrita con cuidado por un escriba babilonio con un estilete hecho de caña en lo que actualmente es Irak.

El registro completo más temprano de una nana, la babilonia, comienza así: «Pequeñito que estás en la casa oscura». Habla de un dios lar que, irritado por el llanto de un bebé, exige llevárselo. Richard Dumbrill, director del Consejo Internacional de Arqueomusicología de Oriente Próximo de la Universidad de Londres, quien ha traducido del acadio la tablilla de 4.000 años de antigüedad, apunta que «no se andaban con contemplaciones. Y es que, no lo olvidemos, estamos hablando de una época brutal. La vida humana no valía nada».

La Doble Cara de las Canciones de Cuna: Amor y Miedo

A pesar de que probablemente el niño se dormía, el mensaje de la nana babilonia no es muy tranquilizador. Se trata de una reprimenda al bebé por despertar al dios de la casa con sus llantos, lo que tendría consecuencias. Los temas que asustaban a los niños eran típicos de las canciones de cuna de esa época. «Quieren decirle al niño que ha hecho mucho ruido, que despertó al demonio, y si no se calla de inmediato, el demonio se lo comerá». De hecho, muchas de las canciones de cuna que se cantan hoy en día también tienen un trasfondo oscuro.

Por ejemplo, «Balancéate, balancéate, balancéate», comienza diciendo una canción del pueblo Luo de Kenya, antes de volverse amenazante: «al niño que llora se lo comerá una hiena», algo que puede ser una realidad en algunas partes del país. Llama poderosamente la atención la constante invocación a seres a los que el niño teme o a la ausencia de la madre, la primera aproximación literaria que tendrá el pequeño a lo que nombra y a la vez libera el miedo.

Según Sally Goddard Blythe, autora de varios libros sobre desarrollo infantil, la noche siempre ha estado asociada con la oscuridad y el miedo, y eso explica de alguna manera los temas amenazantes de algunas canciones de cuna. Sin embargo, asegura que todas las canciones de cuna, incluso las que dan miedo, «están enraizadas en el amor, la ternura y el cuidado». Dentro de las canciones de cuna hemos reflejado no solo nuestros mayores temores, sino al mismo tiempo nuestras oraciones, nuestras esperanzas y nuestras garantías.

La nana como amenaza -duérmete o verás lo que es bueno- es común a todas las culturas. Abundan los monstruos, a cual más pavoroso, al acecho para llevarse y comerse a los niños que se resisten a dormir. El horror de estas visiones no alcanza a las mentes demasiado tiernas para comprenderlo, pero para los niños mayorcitos las nanas son un medio importante de instilar una visión del mundo. La nana islandesa «Bíum, Bíum, Bambaló» adquiere visos terroríficos cuando aparece un rostro en la ventana. Y «Rock-a-Bye, Baby», una de las canciones de cuna más conocidas de los países anglófonos, versa sobre una cuna que se precipita desde la copa de un árbol con el bebé dentro, aunque una versión actual concluye con palabras de consuelo: «Tranquilo, bebé / Mamá está cerca».

Nanas y los orígenes evolutivos de la música.

Impacto Educativo y Terapéutico

Además de ayudar a que los bebés se duerman, las canciones de cuna también tienen fines educativos. Cantar junto a un niño pequeño es una manera efectiva de enseñarle nuevas palabras y sonidos, explica Colwyn Trevarthen, profesor de psicología infantil de la Universidad de Edimburgo. Durante años, Trevarthen ha estudiado cómo las madres interactúan con sus hijos en los primeros meses de vida, y su investigación apunta que los bebés tienen una cualidad musical innata y un sentido del ritmo excelente. «Es increíble como el bebé responde con sonidos y gestos, a menudo al mismo ritmo de los sonidos de la madre. El niño y la madre agarran el ritmo, como si fueran músicos de jazz improvisando», señala.

Las nanas también sirven de terapia para las madres. En los años 20 del siglo pasado, el poeta español Federico García Lorca, quien estudió las canciones de cuna de su país, destacó las características poéticas y la profundidad de la tristeza de muchas de ellas. La teoría de Lorca, con la que muchos investigadores concuerdan hoy en día, es que una de las funciones de las canciones de cuna es ayudar a que la madre pueda vocalizar sus propias preocupaciones y miedos. Así, las nanas no solo se usan para dormir, sino que, cuando el chiquillo ya anda y comprende las palabras, sirven para contarle algo que debe entender.

Laura Cirelli, profesora de psicología del desarrollo en la Universidad de Toronto, investiga el trasfondo científico de las canciones maternas. Ha descubierto que, cuando una madre entona una canción de cuna, los niveles de estrés descienden no solo en el bebé, sino también en ella misma. Cirelli concibe el cantar nanas como una «experiencia multimodal» compartida por madre e hijo: «No es solo que el bebé oiga una música. Es estar en brazos de su madre, tener su cara muy cerca, sentir su oscilación cálida y suave».

Zoe Palmer, músico que trabaja en un proyecto de canciones de cuna en el Hospital Real de Londres, explica que «algunas te cuentan la historia del país o cómo se debe vivir la vida, como un consejo para los niños».

Características Universales

Palmer ha descubierto que las canciones de cuna son bastante similares en todas las culturas: «En cualquier parte del mundo las mujeres utilizan los mismos tonos, la misma forma de cantar a sus hijos». Muchas nanas son muy básicas, con unas pocas palabras que se repiten una y otra vez, y comparten ritmos similares. Suelen tener un compás de 6 por 8, dándoles una característica típica del balanceo, explica Sally Goddard, lo cual calma porque replica el movimiento que el bebé experimenta en el vientre de la madre.

Samuel Mehr, director del Laboratorio de Música de la Universidad Harvard, donde se estudia cómo funciona la música y por qué existe, afirma que en todas las culturas las nanas «tienden a aunar características que las hacen reconfortantes o tranquilizadoras». El proyecto de su laboratorio, la Historia Natural de la Canción, descubrió que las personas percibimos rasgos universales en la música, incluso cuando escuchamos canciones de culturas que nos son ajenas. Un estudio con 29.000 participantes demostró que «la población acierta con más regularidad a la hora de identificar canciones de cuna». Además, los bebés se sosiegan igualmente aunque la nana la cante alguien que no es su cuidador habitual o proceda de una cultura distinta a la suya. «Parece existir algún tipo de conexión músico-parental que es al mismo tiempo universal y ancestral, casi atávica. Llevamos una eternidad cantando canciones de cuna».

Viaje y Adaptación: Nanas en Diversas Culturas y Contextos

La Mirada de Federico García Lorca

La famosa conferencia que el poeta Federico García Lorca dio el 13 de diciembre de 1928 en la Residencia de Estudiantes, titulada “Las nanas infantiles”, explica su punto de vista acerca de las canciones de cuna españolas, señalando su especificidad y contrastándolas con las del resto de Europa. Lorca destacó las características poéticas y la profundidad de la tristeza de muchas de ellas, una visión que resuena con muchos investigadores hoy en día.

Retrato de Federico García Lorca

De Migraciones y Resiliencia

El viaje que hacen los diferentes géneros del folklore de un lugar a otro es fascinante. Un ejemplo es el arrorró canario, traído a las islas por los guanches, llevado luego a la península y desde allí a la intimidad de los hogares de América. «Arrorró» significa «niño, no llores» en bereber, y actualmente es el himno de Canarias con la composición de Teobaldo Power.

Las nanas también sirven como un vehículo de resiliencia en situaciones difíciles. Christiana Gmah, quien quedó embarazada a los 13 años, canta canciones a su hija Orinna en su casa en West Point (Monrovia), tras haber sido echada de casa por sus padres. Mona Idrees, que huyó de Siria en 2013, acuesta a su nieto Zaid Abideen en Hatay, Turquía, donde cientos de miles de sirios han encontrado refugio.

Para Jadiya al-Mohammad, la noche siempre ha sido un momento de silencio y alivio de los ruidos del día. Su familia abandonó su hogar en 2013 debido al conflicto y cruzó a Turquía. Las nanas de Jadiya cambiaron con su viaje, convirtiéndose en canciones sobre la guerra. Entonadas en los espacios más privados, estas canciones de cuna son mucho más que un instrumento para dormir; ayudan a crear espacios seguros para los niños, preservando momentos de ternura en un mundo cambiante. Jadiya canta a su hijo Ahmad: «Ay, avión, vuela por el cielo y no ataques a los niños que están en la calle. Sé bueno y pórtate bien con ellos».

Incluso en el contexto de la pandemia de la COVID-19, las nanas demostraron su poder. Elizabeth Streeter, enfermera de Massachusetts, se aisló de sus cuatro hijos para evitar contagios. Por las noches, contenía las lágrimas mientras cantaba a su hijo de tres años su nana favorita por teléfono. Allison Conlon, enfermera intensivista, también se distanció de los suyos y les leía cuentos y cantaba a través de una cristalera, chocando los cinco a su hijo y despidiéndose con un beso.

En Liberia, Patience Brooks, quien tuvo a su primera hija a los 13 años, cría a su hija Marta con «lie-lies», una mezcla de palabras entonadas, scat y ritmos vocales. En Filipinas, Zaijan Villaruel, un niño de 10 años que sale a pescar con su padre, canta a su hermanita Jazzy canciones que ha aprendido en la máquina de karaoke, susurrando las palabras «Tahan na» - «deja de llorar» y «siéntete seguro, siéntete en paz».

Otras Nanas Notables

  • Las Nanas de la Cebolla de Miguel Hernández, cantadas por Joan Manuel Serrat, son un ejemplo icónico de cómo la poesía se convierte en consuelo.
  • La obra “Nanas para dormir a la luna”, de Luisa María Martín y Antonio Suárez, editada por Nubeocho, contiene una de las nanas más bellas y tristes: la que se canta a un bebé que no llegó a nacer.
  • En Japón, las «Itsuki no Komoriuta», o Nanas de Itsuki, eran las canciones de las muchachas que servían como niñeras en las casas de familias acomodadas, con letras que reflejaban la dureza de su destino: «Nadie derramará una lágrima cuando yo muera».
  • En Mongolia, la nana tradicional «buuvei», cuyo estribillo significa «no tengas miedo», es entonada por generaciones. En Ulan Bator, una de las capitales más frías y contaminadas del mundo, esta nana se adapta a la realidad actual. Oyunchimeg Buyanjuu usa sus palabras para proteger y curar a sus hijos de las enfermedades causadas por la contaminación, susurrando palabras curativas entre estribillos.
Mapa de las rutas de migración de nanas o influencias culturales en las canciones de cuna

La Supervivencia de las Nanas en la Era Moderna

A la luz de un teléfono móvil o en el runrún del ritmo urbano, hoy seguimos arrullando a los bebés con canciones de cuna. Todavía hoy, a los bebés les gustan las canciones de cuna para dormir. Las heredamos y las transmitimos, llevándolas a través de las fronteras y creando otras nuevas en el camino. Contienen las huellas de quienes vinieron antes que nosotros y llevarán nuestras huellas mucho después de que hayamos desaparecido.

En la actualidad, hay factores que amenazan la supervivencia de las canciones de cuna, sobre todo la cantidad de aparatos nuevos para entretener y calmar a los niños que lloran y el incremento de la comunicación a través de la tecnología. Sin embargo, se diría que, por el momento, las canciones de cuna siguen vivas, desde Kenia hasta Marruecos, pasando por Reino Unido. El arqueólogo musical Richard Dumbrill cree que hay algo intrínseco en la experiencia de criar a un niño que hará que las canciones de cuna sobrevivan: «Creo que las canciones de cuna pertenecen al instinto natural de la maternidad». Reem Kelani, cantante británica de origen palestino, está de acuerdo: «Es algo universal».

El Carnegie Hall de Nueva York desarrolló el Proyecto Nana, basado en conclusiones científicas que demuestran que las nanas benefician la salud materna, fortalecen los vínculos paternofiliales y potencian el desarrollo infantil. Este proyecto fomenta la colaboración entre músicos profesionales y padres recientes para la composición de nanas personalizadas, propiciando la creación de miles de canciones en distintos países, y llegando a familias a través de hospitales, refugios o centros penitenciarios. Dennie Palmer Wolf, consultora de investigación del Proyecto Nana, afirma que «muchas madres explican espontáneamente cómo recurren a las canciones de cuna para reconstruir el hogar», describiéndolas como «santuarios portátiles». «Al igual que las oraciones o los cuentos tradicionales, puedes llevártelas contigo. No ocupan espacio en la mochila, siempre hay sitio para ellas en el equipaje. Es una manera de establecer continuidad donde esta escasea».

tags: #anecdotas #con #canciones #de #cuna