Aunque la frase "andrei es un cigoto muerto en un tarro" pueda sonar enigmática y de origen contemporáneo, su resonancia evoca profundas raíces en las creencias populares sobre la vida, la muerte y la vulnerabilidad, especialmente la de los niños. En la tradición gallega, existe un concepto ancestral conocido como "el aire" o "el aire de difunto", una afección de múltiples orígenes que puede tener consecuencias devastadoras para la salud física y mental, a menudo simbolizando una interrupción o un deterioro de la vitalidad, particularmente en los más indefensos como los infantes. Este artículo explorará la compleja red de supersticiones, síntomas y rituales asociados a "el aire", proporcionando un contexto cultural para entender expresiones que aluden a la fragilidad de la vida.
El Concepto de "El Aire": Una Afección Ancestral
El aire (o sombra) es un mal que puede afectar a todo tipo de personas, aunque quienes lo padecen con mayor frecuencia son niños y aquellos que ya están sufriendo algún otro tipo de enfermedad. Es una creencia popular que se refleja en expresiones como: "Este niño es muy delgado y se ve muy pequeño, a ver si tendrá aire". Este mal va más allá de la mera delgadez o altura, afectando tanto física como mentalmente.
Síntomas y Manifestaciones
- Síntomas físicos: A la delgadez y baja estatura se agregan la falta de color y la fatiga física.
- Síntomas mentales: Incluyen letargo y fatiga mental, y en algunos casos, falta de habla.
La sabiduría popular gallega incluso tiene un refrán que subraya la importancia de la vitalidad física: "Si es ghordo y colorado, es ghuapo", utilizado en las tierras de Mazaricos.

Orígenes y Tipos de "El Aire"
Cuando se dice que alguien tiene aire, podemos referirnos a un mal de diferentes orígenes. Estos pueden ser:
- El aire de las hembras: Proviene de un animal en celo, de una mujer que haya dado a luz (puerperio) o con la menstruación. Este tipo de aire lo cogen principalmente los niños y los enfermos cuando están cerca de las hembras de cualquier animal durante el período de apareamiento, o cerca de una mujer en período menstrual o durante el puerperio.
- El aire de los animales muertos.
- El aire de los difuntos: Considerado el más peligroso de todos.
"El Aire de los Muertos": El Peligro Mayor
Cuando una persona va a un funeral o a un velatorio de un fallecido, puede regresar con el aire de los muertos. Como si fuera un virus, es posible que este aire no la afecte directamente, pero puede ser un vector para que se transmita principalmente a cualquier niño o persona enferma. Es en estos casos donde el contagio se interpreta como una enfermedad que el difunto transmite al vivo para reparar algún mal que se le haya hecho al muerto.
La Muerte en la Cultura Gallega y el Origen de la Creencia
El origen de la creencia en el aire parece estar estrechamente relacionado con la forma particular en que la cultura gallega trata la muerte. Hasta hace poco, era común velar a los muertos en la propia casa del fallecido, una proximidad que hoy en día se ha ido alejando de la vida cotidiana. Es posible que desde esta cercanía el pensamiento colectivo haya dado lugar a la creencia de que el espíritu del fallecido podría interferir con el cuerpo de los vivos, conociéndolo como "el aire". Existen historias en las que se afirma haber escuchado ruidos provenientes de las habitaciones del difunto, haber visto el cuerpo del difunto después del entierro, o lo peor de todo, que algún niño o persona con problemas en la familia enfermara gravemente.

Síntomas y Efectos Específicos en Niños
En la comarca de Moraña, aún sobrevivía la creencia ancestral de que el trayecto de la vida a la muerte era un intervalo especialmente dramático. En estos casos, el alma del difunto quedaba presa entre dos planos, el terrenal y el trascendente, lo que suponía un peligro para personas susceptibles, como los niños. Si el alma de un pariente no culminaba su viaje al otro mundo, empezaban a suceder hechos anormales en la vivienda familiar. A los pocos días, el niño pequeño de la casa comenzaba a mostrar signos de enfermedad: languidecía, no comía, sus lloros eran continuos y poco a poco se iba consumiendo en un deterioro progresivo que ni los médicos ni los sacerdotes sabían paliar. Esta visión lúgubre puede ser la base para expresiones que evocan una vida estancada o perdida, como la del "cigoto muerto en un tarro", simbolizando una vida sin desarrollo ni vitalidad plena debido a estas influencias negativas.
Medidas Preventivas contra "El Aire"
Para evitar coger el aire, lo principal es evitar los lugares donde se encuentran estos espíritus. Por esta razón, los niños y los enfermos deben evitar ir a los velatorios y entierros. Si no es posible evitar estos lugares, y asumiendo el riesgo, todavía hay una manera de evitar el aire a través de ritos de purificación.
Ritos de Purificación y Costumbres Funerarias
- El ahumado: Una forma de ahumarse bien es poner una hoguera en la puerta de la casa y pasar por encima o estar cerca un buen rato, estirando los pies sobre el humo, las piernas, los brazos y todo el cuerpo. Para finalizar el rito, se pasa sobre la hoguera, de lado a lado, haciendo un ahumado completo. La ropa también se ahúma pasándola por el fuego purificador. Por medio de la ahumería, se trata de eliminar el aire del difunto.
- Tapar espejos y atar la boca del difunto: Era frecuente tapar los espejos de la casa cuando había un fallecimiento, y también había que atarle la boca al difunto para que no se le abriese, quizás para impedir que el alma del muerto escapara por su boca y quedara prisionera en la casa.
- Alejar animales: Se echaba a los animales fuera de los establos para evitar que cayesen víctimas del aire del difunto.
- Precaver a los enfermos: Existía la costumbre de levantar y sentar al enfermo cuando un muerto pasaba por delante de la casa, quizás para evitar que este se llevase consigo al enfermo si lo veía tumbado y a punto de morir.
- Tabú para embarazadas: Las embarazadas no podían ir a un entierro, pues corrían el riesgo de coger el "aire de difunto".
Rituales de Curación y el Rol de las Curanderas
Para curar o eliminar el mal del aire, como también se le llama, es fundamental comunicarse con las personas que saben cómo hacerlo: las curandeiras (o curanderos). Estas figuras se encargan de diagnosticar y eliminar el aire. Esta sabiduría se hereda de mujer a mujer y no se aprende por escrito, sino solo oralmente. Solo aquellos con la capacidad de memorizarla tras la primera escucha, "el don", poseen esta habilidad, y no debe ser escrita para que su poder no se pierda.
Proceso Diagnóstico y Ritos Generales
Lo primero que deben hacer estos sabios es asegurarse de que el enfermo tiene el aire y saber qué tipo de aire es. Para esto, en algunos rituales, usan un tamiz, colocándolo de manera que gire mientras recitan un "salmo". Si se confirma el aire, se inicia el ritual. En algunos casos, se santifica o consagra el lugar donde se realizará el ritual, dependiendo de la curandeira y del rito. Algunas plantas son muy importantes; las más comunes son el laurel y la hierba de San Juan. Con estas plantas se hace una hoguera mientras se recitan diferentes letanías, salmos y oraciones. El trabajo de la curandeira adquiere especial importancia cuando el aire es el alma de difuntos que no encuentra el camino al Otro Mundo, ya que la curandeira puede ayudar al alma a encontrarlo.

Rituales Específicos para el "Aire de Difunto"
Los ritos que se discuten a continuación son principalmente para curar el más peligroso de los aires: el aire del difunto. Este mal pertenece a uno de los cinco grupos de "mal do aire" según Vitor Vaqueiro, también llamado aire, aires, enganido, asombramento, arangaño o tangaraño, e incluso a veces identificado con el mal de ollo.
Ritos en el Cementerio y en la Tumba
- Ruego al muerto: Se puede llevar al niño enfermo de noche al camposanto y rogar al muerto que se sospecha responsable del aire.
- Vueltas y promesa: En otros sitios, se dan tres vueltas alrededor de la tumba a la vez que se le hace una promesa al difunto. Luego, en la entrada de la iglesia, se desnuda al niño, se le hace la señal de la cruz tres veces y se le viste con ropa limpia. La ropa vieja se deja en un sitio donde no se pueda conocer su procedencia.
- Ritual con Tres Marías: Otro ritual para "quitar o aire", "tirar o aire" o "sacar o aire" al enfermo, es ir en compañía de "Tres Marías" a la tumba del difunto cuyo espíritu atormentaba al enfermo, normalmente a la tumba de la persona que había muerto recientemente en la parroquia.
- Rito nocturno con dos personas y curandeira: Se necesitan dos personas (sin importar su sexo) y la curandeira. Se debe ir por la noche, ya que el rito se realiza a medianoche en la tumba del difunto que afecta al enfermo. Una de las personas agarra al enfermo por el regazo (principalmente si es un niño) al lado de la lápida, sin pisarla. Delante, junto a la lápida y sin pisarla, está la otra persona. La curandeira recita un salmo. La otra persona que recibe al enfermo tiene que repetir la operación y recitar la misma oración. Esto debe hacerse por tercera vez.
- Variante con mujeres y nueve repeticiones: Una variante de este rito es que las dos personas que van deben ser mujeres y la parte de pasar al enfermo se repite nueve veces mientras se recita el salmo.
- Con hierbas mágicas y olivo: En Celtíbera, se menciona que deben ser un hombre y una mujer solteros. El enfermo es llevado en el regazo a un olivo en el cementerio. Se hace una línea del contorno del pie de la persona en la corteza del olivo, que luego se saca. Entran en el cementerio, van a la lápida del difunto del que creen que es el aire, y queman la hierba, la ropa del niño y la corteza del olivo con la forma de su pie, recitando una oración: "Señor/a nombre do difunto, / Señor/a nombre del difunto, Sáqueme o aire de morto deste meniño e déme o de vivo. / Saque el aire del muerto de este niño y deme el aire del vivo. Que o do morto no me conforto, / El fallecido no me consuela, Que o do vivo dáme suspiro."
Otros Rituales y Lugares Sagrados
- Higuera y salmo: Otro rito ocurre girando alrededor de una higuera mientras la curandeira recita el salmo, en el caso de una niña pequeña.
- Mujeres de vida formal: Otro ritual reúne a dos o tres mujeres locales de vida formal, vestidas de negro, mientras la curandeira recita varios Padre Nuestros y Ave María.
- Las tres oliveiras de Saiáns: Las tres oliveiras del atrio de la iglesia de Saiáns también curan el enganido o tangaraño. Para el ritual en Saiáns, un jueves o sábado con plenilunio, deben ir al atrio de la iglesia hombres y mujeres allegados a la familia del doliente. Una de las mujeres lleva al niño, recorriendo el camino en riguroso silencio, y el ritual comienza a las 12 de la noche, momento en que la mujer coloca al niño en posición horizontal, apoyando su pie en una rama del olivo. Los hombres perfilan el contorno del pie con una navaja u otro procedimiento, para posteriormente despegar el pedazo de corteza pisado por la criatura. Mientras, las mujeres intercambian al enfermo rezando una oración a Nuestra Señora en silencio para que el enganido o tangaraño le sea quitado.
- Olivos en otras iglesias: En la Iglesia de Santa Xusta, la forma del pie se marca en el suelo junto al olivo y la tierra se seca. La Iglesia de San Estevo de Couso también curó con el olivo, aunque fue talado por el párroco por considerarse una costumbre pagana.
- La Campa Santa de San Xoán de Roo: La tumba de un párroco, enterrado por cientos de años en la Campa Santa (dentro del templo de San Xoán de Roo en el Concello de Outes), tiene el poder de quitar el aire. La gente va allí y se acuesta sobre la tumba hasta quedarse medio dormida.
- Rama de laurel purificadora: Otro rito consiste en prender fuego a una rama de laurel previamente recogida en el atrio de la iglesia. El rito no tiene que suceder exactamente en la iglesia, pero el laurel sí debe proceder de su atrio.
- Círculo protector en Cee: En Cee, para realizar el ritual de eliminación del aire, se debe hacer un círculo en el suelo (similar al que protege de la Santa Compaña).

Regreso a Casa Post-Ritual
En muchos de estos ritos, se coincide en que al regresar a casa, se debe hacer por un camino diferente al de ida y entrar por una puerta distinta de la que se salió. Si no tienen otra puerta, deben entrar por la ventana, como una forma de romper cualquier vínculo o seguir del "aire".