El mundo del rejoneo y la cultura ecuestre española ha lamentado profundamente el fallecimiento de Álvaro Domecq Romero, quien murió a los 85 años de edad en los albores de un martes, 18 de noviembre. Su partida ha sido una estocada para los aficionados, pero, sobre todo, para su numerosa familia. El rejoneador y ganadero jerezano será siempre recordado por sus hazañas tanto dentro como fuera del albero.

Fallecimiento y Luto en Jerez
Jerez de la Frontera, su localidad natal, decretó dos días de luto oficial con las banderas del Consistorio a media asta en señal de respeto y reconocimiento. La alcaldesa de la ciudad, María José García-Pelayo, expresó su pesar, comunicando que "hoy es un día muy triste para Jerez porque perdemos parte de nuestra historia y de nuestras raíces". En nombre del pueblo de Jerez, envió sus condolencias a la familia y amigos de Álvaro Domecq Romero, destacando su legado como Hijo Predilecto de Jerez y Medalla de Andalucía.
Raíces y Formación de una Leyenda Ecuestre
Álvaro Domecq Romero era hijo del también renombrado rejoneador y ganadero Álvaro Domecq Díez y de María Josefa Romero. Heredó de su padre todo el conocimiento necesario sobre equitación y tauromaquia, lo que le permitió convertirse en un profesional de gran reputación. Vivió de su oficio durante muchas décadas, habiendo debutado en 1959 en la malagueña plaza de Ronda. Tras una exitosa carrera, se retiró en 1985 en la plaza de Jerez de la Frontera.
Un hito fundamental en su vida fue la fundación, diez años antes de su retirada (en 1975), de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre. Este proyecto, nacido del germen de su espectáculo ‘Cómo bailan los caballos andaluces’ presentado por primera vez en 1973, se convertiría en una institución de prestigio mundial. En aquel año, recibió de manos de S.M. El Rey D. Juan Carlos I, entonces Príncipe de Asturias, el premio ‘Caballo de Oro’.
Trayectoria Profesional y Reconocimientos
El Rejoneador: Hazañas en el Albero
A lo largo de un cuarto de siglo de trayectoria, Álvaro Domecq Romero obtuvo numerosos éxitos tanto en España como en México. En los años 70, formó parte, junto a Ángel y Rafael Peralta y José Manuel Lupi, de la generación conocida como "Jinetes del apoteosis". Uno de sus logros más destacados fue la salida por la Puerta Grande de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid el 28 de mayo de 1983. En esa memorable ocasión, obtuvo "una oreja" en solitario y "una oreja" por colleras, alternando con Manuel Vidrié, Joao Moura y Javier Buendía, para lidiar toros de la ganadería de Antonio Ordóñez Araujo.

El Maestro Ecuestre y Ganadero
Como jinete, Álvaro Domecq Romero logró numerosos premios en distintas disciplinas, incluyendo doma vaquera, doma clásica y acoso y derribo. Mantuvo viva y exitosa una de las ganaderías de toros bravos más reconocidas, como la Torrestrella. Su arrojo lo llevó también a emprender la aventura de una bodega con su nombre, la antigua de Pilar Aranda, distribuyendo sus vinos por 85 países. También apadrinó a sus sobrinos Luis y Antonio en sus alternativas y confirmaciones en Las Ventas de Madrid, demostrando su compromiso con el futuro del rejoneo.
Es importante destacar que Álvaro Domecq Romero es tío de Antonio Domecq Domecq, también un reconocido caballero rejoneador.
Distinciones y el Orgullo Jerezano
Su compromiso con su tierra fue reconocido en múltiples ocasiones. Fue Hijo Predilecto de Jerez y recibió la Medalla de Andalucía. También fue nombrado Director Honorífico de la Real Escuela que él fundó, entidad a la que, tras un período de ausencia, retornó por la que él mismo consideró su "puerta grande", la que siempre se mereció.
La Medalla de Andalucía, que recibió hace más de un año, hizo justicia a una persona que se sentía jerezano "por los cuatro costados" y ejercía de ello, enorgulleciéndose de serlo. Con sus caballos, que él llamaba "el Señor de la Majestad del equino", llevó el nombre de Andalucía a todas partes del mundo, pues llevar el nombre de Jerez era, para él, llevar el de Andalucía.
Jerez siempre le reconoció su saber estar, su personalidad arrolladora, esa maestría que supo demostrar sobre el caballo, sobre la crianza de su ganado bravo y sobre su propia vida, siempre sabiendo dar el sitio a cada uno, como lo hacía en la Hermandad de la Redención, a la que estuvo tan unido en los últimos tiempos por su vinculación con la Obra Salesiana.
Vida Personal y Desafíos Familiares
La década de los noventa fue particularmente difícil para Álvaro Domecq Romero debido a varias tragedias personales. En 1991, sus cuatro sobrinas -María José (21), Valvanera (15), Esperanza (13) y Patricia (11)-, hijas de su única hermana Fabiola Domecq y su marido Luis Fernando Domecq Ybarra, fallecieron en un trágico accidente de coche, junto a su profesora Manoli Puerto Galindo. Seis años después, en 1997, falleció la matriarca familiar, María Josefa Romero, seguida por el patriarca, Álvaro Domecq Díez, en 2005. Su hermana Fabiola murió en 2020, dejando viudo a su marido, Luis Fernando Domecq, quien, aunque emparentado lejanamente, compartía apellidos con ella.
Álvaro Domecq no tuvo hijos, pero no murió solo. Era muy querido en Jerez, un cariño que se manifestó en el luto oficial de la ciudad. Su vida personal también estuvo marcada por su profunda vinculación con la Obra Salesiana y la Hermandad de la Redención. Su familia, a través de su padre Álvaro Domecq Díez, ayudó muchísimo en la construcción del Oratorio Festivo, aportando todos los emolumentos de una temporada taurina entera. Esta unión lo llevó a ser hermano y padrino de la coronación litúrgica de María Santísima Madre de la Iglesia, Auxiliadora del Pueblo de Dios, de la que su mujer es camarera honoraria.

El Legado de Don Álvaro: De 'Alvarito' a Maestro
Reflexionando sobre los múltiples éxitos y momentos culminantes en su vida, desde la creación de la Real Escuela hasta sus triunfos en los ruedos de España y México, o incluso la expansión de su bodega, lo más importante en la vida de Álvaro Domecq Romero fue su capacidad de sobreponerse a la carga de la leyenda de su padre, Álvaro Domecq Díez, para mantenerla viva e incluso agrandarla. Su gran obra fue trascender de ser "Alvarito" a convertirse en Don Álvaro Domecq Romero a secas, siendo reconocido por sus propios méritos, y no solo por los de su progenitor, quien fue una figura inmensa en el mundo del caballo y de la política, ámbitos de los que Álvaro hijo se mantuvo alejado.
Aquel "Alvarito", como se le conocía cariñosamente, terminó siendo Don Álvaro por sus obras, sus inquietudes, sus triunfos, sus logros, sus conocimientos, sus enseñanzas y por ser un "señor" desde que se levantaba hasta que el día fenecía. Esa fue, en esencia, su gran obra.