El Altruismo en la Primera Infancia: Una Investigación Clave

El comportamiento prosocial, definido como aquella conducta voluntaria destinada a beneficiar a otro, puede incluir actitudes como ayudar, compartir, reconfortar o ser voluntario. Aunque algunas formas de este comportamiento emergen temprano en la niñez, otras involucran procesos cognitivos, sociales y regulatorios que maduran a lo largo del tiempo. Los científicos especializados en desarrollo han descubierto que niños menores de tres años ya muestran sentimientos de culpa y ofrecen ayuda a sus compañeros, así como manifestaciones de altruismo a esta misma edad.

Antecedentes: La Prueba del Malvavisco

La prueba del malvavisco tal vez es el estudio más famoso y polémico de las ciencias sociales. El experimento, realizado en los 70 y dirigido por el psicólogo Walter Mischel, de la Universidad de Stanford, probó que los niños son capaces de resistir la tentación de comer una chuchería de inmediato si se les dice que esperar les hará ganar un premio más grande. Este estudio también demostró que los niños capaces de esperar una recompensa mayor obtendrían, en un futuro, mejores resultados en diversos aspectos de su vida.

Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿qué pasaría si un extraño quisiera hacerse con la misma chuchería? ¿Renunciarían los niños a esa gratificación solo por altruismo?

Esquema de la prueba del malvavisco mostrando un niño frente a una golosina

El Estudio Clave: Altruismo en Bebés

Pues resulta que sí, al menos según un estudio del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro (I-LABS) de la Universidad de Washington. Esta nueva investigación, publicada el 4 de febrero en la revista Scientific Reports del grupo editorial de Nature, comprobó que el altruismo podría comenzar en la infancia y que las experiencias sociales tempranas podrían modelar esos comportamientos desde que somos bebés.

Rodolfo Cortés Barragán, investigador posdoctoral del I-LABS y autor principal del estudio, señaló la importancia de estudiar el altruismo porque "es uno de los aspectos más distintivos del ser humano" y "una parte importante del tejido moral de la sociedad". Explicó que los adultos nos ayudamos los unos a los otros cuando vemos a alguien necesitado, incluso si hay un coste para uno mismo, y que el estudio buscó observar las raíces de esto en bebés.

Metodología del Experimento

El experimento se llevó a cabo con casi 100 bebés de 19 meses a los que se les ofrecieron pedacitos de frutas apetitosas, como fresas, bananos, arándanos y uvas, aptas para niños. Los investigadores querían comprobar si los bebés eran capaces de actuar más allá de su propio interés ante una de las necesidades biológicas fundamentales: la comida.

En una primera fase del estudio, uno de los investigadores (hasta entonces desconocido para los niños) mostraba a los pequeños pedacitos de fruta que fingía soltar sin querer. Después, extendía las manos, indicando que quería los trozos de vuelta, pero sin pedirlo verbalmente. El investigador mantuvo una expresión totalmente neutral durante la prueba, sin estímulos verbales como "¿puedes pasarme la comida?", "gracias" o "por favor", ni comunicación facial, lo que permitió que los bebés actuaran con la mayor libertad posible. Una mesa bloqueaba el acceso del investigador, dejando a los bebés el camino despejado para quedarse con la comida.

Fotografía de un bebé de 19 meses en un laboratorio, con un adulto mostrando una fruta

Resultados Inesperados: Altruismo Incluso con Hambre

De los bebés que participaron en esa primera fase, el 58% devolvieron las frutas al investigador en lugar de comérselas. Pero los investigadores quisieron dar un paso más: ¿reaccionarían los niños con la misma generosidad si tuvieran hambre? Se razonó que el altruismo solo tiene sentido si implica generosidad a costa de algún beneficio personal.

Para ello, repitieron el experimento con otros bebés durante la hora de la merienda, cuando probablemente tenían más hambre. El resultado de esa segunda fase fue que, incluso en estas condiciones, un 37% de los bebés hambrientos recogieron la fruta, la miraron ansiosamente y se la regalaron a los adultos que fingieron tener problemas para alcanzarla. Los bebés tenían el camino despejado para escapar con la comida, y no recibieron ningún estímulo verbal o facial.

Rodolfo Cortés Barragán explicó a BBC Brasil que, a pesar de que los niños se hubieran beneficiado y deseaban la comida, aun así la cedieron. Esto demuestra que actuaron de manera altruista. Además, Barragán señala que, a los 19 meses, "los bebés ya tienen mucha habilidad para caminar, agacharse y recoger cosas del piso, y entienden las intenciones de su interlocutor".

El Altruismo Humano Frente a Otros Primates

Según los investigadores, el comportamiento altruista es algo que nos diferencia de los chimpancés, nuestros "parientes" más cercanos. Barragán explica que, durante las investigaciones, él y sus colegas analizaron el trabajo de académicos del mundo animal, concluyendo que los chimpancés son capaces de ser serviciales con sus pares en algunos contextos limitados. Por ejemplo, comparten alimentos de menor valor nutritivo, como tallos y hojas que caen al piso.

Sin embargo, según el material recopilado por los científicos, "entregar comida voluntariamente (a un extraño) es algo virtualmente ausente" en el comportamiento de los chimpancés. "Ellos no están dispuestos a compartir cosas como frutas, algo tan lleno de energía, tan delicioso, nutritivo, dulce e importante dentro de un contexto evolutivo. No hay ninguna evidencia de que un chimpancé le ceda estos objetos tan valiosos", dice Barragán. Para el académico, es probablemente por motivos sociales que somos capaces de ceder algo tan importante como el alimento que suple nuestras necesidades biológicas: el altruismo, dice él, "es una parte importante de nuestro tejido social".

Chimpancés compartiendo alimentos de bajo valor nutritivo

Factores que Moldean el Altruismo Temprano

Los hallazgos de esta investigación no solo dejan ver que los bebés muestran conductas altruistas hacia individuos extraños, sino que también sugiere que las experiencias sociales tempranas pueden dar forma al altruismo. El estudio detectó que los niños que tienen hermanos y que provienen de ciertos entornos culturales eran especialmente propensos a ayudar a un adulto desconocido, lo que indicaría que la expresión de altruismo infantil es maleable.

Un dato curioso que resultó de la muestra de la Universidad de Washington es que los bebés estadounidenses de origen asiático o latino estaban en el grupo con mayor probabilidad de compartir su comida. El investigador explica que estos grupos, en el contexto de EE. UU., son considerados por psicólogos sociales y culturales como culturas que promueven relaciones más armoniosas y empáticas, donde se piensa más en la otra persona. "Es muy posible que, a los 19 meses de vida, esos patrones puedan influir en el comportamiento de los bebés", señala Barragán.

Además, el estudio también observó que tener hermanos cambia el ambiente en casa, dando a los niños más experiencia con otras personas, en cooperación, e incluso compartiendo fruta. "Así que creemos que las experiencias y aprendizajes sociales de los humanos juegan un papel importante en el desarrollo de ese comportamiento", afirma Barragán.

Imagen de niños jugando en un entorno familiar, mostrando colaboración y compartiendo

Implicaciones y Futuras Investigaciones

Para los investigadores, el comportamiento solidario infantil observado en el laboratorio probablemente reflejó la cooperación que los bebés vieron (o no vieron) en sus propios entornos del hogar y comunidad. "Creemos que están sucediendo dos cosas: primero, los niños observando a otras personas -la madre con el padre o con una vecina - y luego, aprendiendo y recordando esas interacciones; segundo, están los juegos infantiles que estimulan el compromiso social, como el juego de escondidas", explica Barragán.

Barragán cree que los niños que están más comprometidos socialmente con sus padres o cuidadores pueden estar mejor preparados para una futura colaboración positiva con nuevas personas. Si bien se necesitan más estudios para progresar en el entendimiento del altruismo, el equipo de investigación continuará buscando más pistas sobre cómo fomentar el comportamiento solidario a medida que los niños crecen y entran en la adultez.

La importancia de la primera infancia

Fomentando el Altruismo

La psicóloga Andrea García Cerdán, de la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción (ANPA), ofrece algunas pautas para lograr que los niños se eduquen en un entorno altruista, generoso y más humano. "Predicar con el ejemplo, ser generoso y animar a tu hijo a serlo también es lo primero, pero también debes explicarle por qué lo haces para que lo entienda y lo procese mejor", explica la experta.

Lo principal, por ahora, es "intentar establecer un ambiente positivo y respetuoso para con los demás, de modo que estemos sintonizados con las necesidades de los otros. Cuando alcanzamos esta empatía, podemos colaborar con otras personas", concluye Barragán.

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