El embarazo es una etapa de numerosos cambios fisiológicos y hormonales que pueden influir en la respuesta del cuerpo a los alérgenos. Las alergias, que afectan a más de un 20 % de la población en países desarrollados, son un conjunto de enfermedades cuyos síntomas se desarrollan cuando una persona entra en contacto con una sustancia que la desencadena. El origen de una reacción alérgica no está en el agente que la produce, sino en el propio individuo, debido a una predisposición individual frecuentemente hereditaria, denominada atopía. La inmunoglobulina E (IgE), un tipo de anticuerpo, reconoce y se une a los alérgenos, induciendo la liberación de mediadores químicos, como la histamina, que producen la respuesta inflamatoria y los síntomas típicos.
Aunque el hecho de estar embarazada no supone un factor de riesgo para desarrollar enfermedades alérgicas, tampoco ofrece protección, lo que significa que las mujeres gestantes tienen las mismas probabilidades de presentar alergias que el resto de las mujeres de su edad. Aproximadamente una de cada cinco mujeres embarazadas padece algún tipo de alergia.

Impacto de las Alergias en el Embarazo y la Fatiga
Durante el embarazo, las mujeres alérgicas pueden experimentar una intensificación de sus síntomas debido a los cambios hormonales. Alrededor de un tercio de las futuras mamás encuentran que sus síntomas de alergia tienden a empeorar, mientras que otro tercio permanece igual y otro tercio mejora. Este comportamiento es curioso y se repite en embarazos sucesivos.
Las zonas que más comúnmente se ven afectadas por las alergias son el sistema respiratorio alto (rinitis, conjuntivitis alérgica) y bajo (asma alérgica), la piel (dermatitis atópica, urticaria) y, cada vez con mayor frecuencia, el sistema digestivo frente a ciertos alimentos (esofagitis, colitis).
Los síntomas, aunque parezcan leves como ojos hinchados, picazón, mucosidad y lagrimeo, suelen afectar la calidad del sueño. La rinitis alérgica puede causar apneas del sueño, lo que se traduce en un sueño no reparador y se suma al cansancio habitual del período de gestación, contribuyendo significativamente a la mala calidad de vida en esta etapa.
Rinitis Alérgica vs. Rinitis del Embarazo
Los síntomas más frecuentes de la rinitis alérgica son el picor, los estornudos y la mucosidad acuosa, asociados a menudo a la obstrucción nasal. Los alérgenos responsables, conocidos como aeroalérgenos, producen los síntomas al ser inhalados; los más frecuentes son los pólenes y los ácaros, seguidos de los epitelios de animales y los hongos.
Durante el embarazo, puede aparecer una inflamación de la mucosa nasal sin infección ni causas alérgicas, conocida como rinitis del embarazo (también llamada rinitis vasomotora o gestacional). Esta afección, que afecta a un 20% o 30% de las embarazadas y hasta un 39% según otros estudios, se debe a la vasodilatación de los vasos sanguíneos y al aumento del volumen sanguíneo, inducida por las hormonas. Los síntomas son similares a los de la rinitis alérgica, con congestión nasal, estornudos y moqueo, y pueden comenzar en cualquier momento del embarazo, aunque a menudo en el primer trimestre. Suele desaparecer a las dos semanas después del parto.
Para diferenciar entre la rinitis alérgica y la congestión del embarazo, si predominan síntomas como la picazón y los estornudos notables, es probable que se trate de una alergia. Si estos no son prominentes, la congestión nasal podría estar más relacionada con los cambios hormonales del embarazo.
Asma en el Embarazo
El comportamiento del asma bronquial durante el embarazo sigue la "regla de los tercios": un tercio de las mujeres mejoran, otro tercio empeora y el tercio restante permanece igual. Curiosamente, este patrón se repite en embarazos sucesivos. Sin embargo, a mayor gravedad del asma o peor control, mayor es el riesgo de que esta empeore durante el embarazo. Además, en estos casos existe un mayor riesgo de complicaciones como preeclampsia, hiperémesis gravídica, hemorragia vaginal, aborto espontáneo, bajo peso al nacer y parto pretérmino.
Es fundamental mantener la medicación que controla el asma, preferiblemente los corticoides inhalados, sobre los que existe amplia documentación de su seguridad en el embarazo (grupo B). El objetivo es mantener el asma bajo control para reducir el riesgo de exacerbaciones y complicaciones. Las reagudizaciones del asma deben tratarse de forma convencional para minimizar el riesgo para la madre y la hipoxia fetal, utilizando fármacos beta-adrenérgicos de acción corta para síntomas agudos. Es tranquilizador saber que, al momento del parto, solo el 10% de las mujeres asmáticas presenta problemas respiratorios relevantes.

Alergias Alimentarias y a Medicamentos
La mujer alérgica a alimentos debe extremar las precauciones durante la gestación. Es un falso mito que las alergias alimentarias mejoren durante el embarazo. Existe riesgo de reacción anafiláctica, con problemas para la madre y el niño, si la madre se expone al alimento alergénico. Aunque la placenta produce entre 500 y 1.000 veces más de la enzima DAO (diaminooxidasa), encargada de degradar la histamina extracelular, el riesgo persiste.
No se ha comunicado que el riesgo de reacciones alérgicas con medicamentos esté aumentado durante el embarazo. Sin embargo, se han publicado casos de reacciones anafilácticas graves por alergia a medicamentos en mujeres gestantes, como la succinilcolina, las penicilinas, el hierro, la ranitidina y el látex. En estos casos, aunque la madre suele evolucionar favorablemente, el feto puede sufrir daño cerebral por falta de riego sanguíneo debido a la hipotensión materna. La gravedad del daño cerebral fetal dependerá de la magnitud y duración de la hipotensión materna. El uso de adrenalina, necesaria para salvar la vida de la madre, también puede contribuir al daño cerebral fetal por su potente efecto de constricción de los vasos sanguíneos cerebrales.
Con frecuencia, la urticaria crónica mejora durante la gestación, disminuyendo la necesidad de medicación, aunque en pocos casos puede empeorar.
Manejo de las Alergias Durante el Embarazo
El tratamiento de las enfermedades alérgicas se basa en tres pilares: los medicamentos, las vacunas antialérgicas (inmunoterapia específica) y el control ambiental. Es crucial priorizar el bienestar de la madre sin riesgo para el bebé, ya que cualquier enfermedad materna no controlada supone un doble riesgo.
1. Control Ambiental y Evitación de Alérgenos
Esta es la forma más segura y efectiva de tratamiento. Las medidas de control ambiental y de evitación de alérgenos deben intensificarse durante el embarazo. Cuanto menos se exponga la mujer embarazada a las sustancias que le producen alergia, menos síntomas presentará y menos fármacos necesitará. Algunas recomendaciones incluyen:
- Planificación: Si se planea un embarazo, es importante conocer las alergias existentes para tratarlas y evitarlas durante la gestación.
- Ventilación: Ventilar la casa, evitando las horas de mayor concentración de polen (entre las 5 y las 10 de la mañana).
- Humo: Evitar el consumo de tabaco, tanto activo como pasivo.
- Polen: Permanecer en interiores cuando los niveles de polen son altos. Si se sale, usar gafas de sol envolventes. Al regresar a casa, quitarse los zapatos, lavarse manos y cara, y cambiarse de ropa para evitar la dispersión del polen.
- Ácaros del polvo: Limpiar la casa regularmente (o buscar ayuda, ya que la embarazada con alergias no debería encargarse de la limpieza). Usar aspiradoras con filtro HEPA, trapeadores húmedos o paños de microfibra para evitar levantar polvo. Es aconsejable usar fundas y colchones resistentes a los ácaros y lavar la ropa de cama semanalmente con agua caliente.
- Mascotas: Informar a amigos con mascotas sobre la alergia antes de visitarlos.
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2. Medicamentos para la Alergia
La valoración del riesgo de usar un medicamento durante el embarazo es compleja, dependiendo de la capacidad intrínseca del fármaco de producir daño fetal, la fase del embarazo, la dosis y la duración del tratamiento. Se debe evitar el empleo de medicamentos si no son absolutamente imprescindibles, principalmente durante el primer trimestre, cuando el embrión se está formando.
Durante el embarazo, se producen cambios como un mayor volumen de plasma circulante, un aumento del volumen de sangre, una disminución de la concentración de proteínas para el transporte de medicamentos y un incremento de la filtración del hígado y los riñones. La capacidad de filtración de los riñones aumenta en un 50%, lo que produce una eliminación más rápida de los fármacos. Por ello, se recomienda optar por formulaciones de uso tópico (nasal, ocular, cutáneo o bronquial) en lugar de uso sistémico (oral, intravenosa, intramuscular o subcutánea) siempre que sea posible.
Existen varias clasificaciones para asignar la seguridad de un medicamento durante el embarazo, generalmente distinguiéndose 5 categorías, de más segura a menos segura. Es crucial consultar a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Tipos de Medicamentos y su Seguridad en el Embarazo:
- Antihistamínicos: Bloquean la histamina y son eficaces en el control de los síntomas. No todos pueden usarse durante el embarazo debido a la falta de datos de seguridad. Sin embargo, la loratadina y la cetirizina (antihistamínicos orales de segunda generación) se consideran seguros para el embarazo, según múltiples estudios. Se deben evitar los antihistamínicos combinados con descongestivos. El dimenhidrinato (Biodramina) para tratar la cinetosis también se acepta. Se pueden emplear durante el segundo y tercer trimestre si es imprescindible.
- Corticoides Tópicos Nasales: Reducen y controlan la inflamación en la nariz. Aunque no hay muchos estudios publicados sobre su administración nasal durante la gestación, la budesonida se considera la más segura para mujeres con síntomas de alergia moderados a graves. También los corticoides en general se pueden usar en el segundo y tercer trimestre.
- Vasoconstrictores (Descongestionantes): Se utilizan para tratar la congestión nasal, pero no mejoran el picor, los estornudos ni la mucosidad. Los aerosoles nasales descongestivos son problemáticos, y algunos estudios apuntan a un riesgo de defectos de nacimiento con su uso.
- Estabilizadores de los Mastocitos: Son medicamentos que reducen la inflamación al impedir la liberación de las sustancias químicas que la causan.
- Fármacos Biológicos: Una nueva clase de fármacos para el asma, la urticaria crónica y la dermatitis atópica. El omalizumab es el primero que se comercializó y tiene mayor experiencia de uso en el embarazo. El registro EXPECT (desde 2006), que incluye a 250 mujeres gestantes tratadas con omalizumab, no ha mostrado una mayor tasa de malformaciones fetales, parto prematuro ni gestaciones fallidas en comparación con mujeres asmáticas no tratadas.
Es importante resaltar la necesidad de evitar la automedicación durante el embarazo. Incluso los medicamentos de venta libre pueden no ser inocuos para la embarazada o el feto.
3. Inmunoterapia (Vacunas Antialérgicas)
La inmunoterapia o vacunación con alérgenos es el único tratamiento que busca disminuir la sensibilidad a las sustancias a las que se es alérgico, para conseguir una tolerancia progresiva a la exposición al alérgeno. Si la respuesta es buena, la enfermedad desaparece o los síntomas disminuyen significativamente. Consiste en la administración de dosis crecientes del alérgeno hasta una dosis de mantenimiento, que se continúa durante tres a cinco años.
Las guías nacionales e internacionales recomiendan mantener las dosis de inmunoterapia en la mujer embarazada, siempre y cuando la vacuna se estuviera tolerando bien antes del embarazo. Sin embargo, no debe iniciarse la inmunoterapia durante el embarazo debido al riesgo de anafilaxia.
Prevención de Alergias en el Bebé y Lactancia Materna
Las enfermedades alérgicas tienen una alta carga familiar: los niños nacidos de ambos progenitores alérgicos tienen una probabilidad de ser alérgicos del 40-60%; si uno de ellos lo es, del 20-40%; y del 5-16% si ninguno de los progenitores es alérgico. Se cree que los síntomas de alergia durante el embarazo no influyen en que el bebé desarrolle alergias, pero la genética y la dieta materna sí son factores importantes.
La prevención primaria intenta evitar el desarrollo de una enfermedad antes de que aparezca un marcador biológico. Aunque los factores son múltiples, algunas medidas científicamente probadas pueden modificar la composición de la microbiota del bebé de riesgo alérgico:
- Dieta Materna: Una dieta sana rica en frutas y verduras, pescado y vitamina D. Estudios han encontrado que madres que consumían muchos alimentos con vitamina D (lácteos, cereales, pescado, huevos, champiñones) reducían el riesgo de rinitis alérgica en sus hijos. Las dietas de evitación de alérgenos durante el embarazo no previenen las enfermedades alérgicas.
- Prebióticos: Azúcares que sirven de sustrato para que las bacterias del tracto gastrointestinal sobrevivan y se multipliquen. Existe un bajo nivel de certeza sobre su capacidad para reducir el riesgo de sibilancias y alergia alimentaria.
- Probióticos: Microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud. El comité de expertos de la WAO sugiere su empleo en mujeres gestantes y en lactancia de bebés de alto riesgo alérgico, así como en los propios bebés, por el beneficio neto en la prevención del eccema atópico.
- Vitamina D: En modelos animales, la forma activa de la vitamina D (calcitriol) posee efectos sobre el sistema inmunitario que podrían regular el desarrollo de algunas enfermedades alérgicas.
La lactancia materna es altamente recomendable para aumentar la inmunidad del niño. Los estudios epidemiológicos confirman que amamantar puede disminuir el riesgo de desarrollar eccema atópico, asma y rinitis alérgica en el bebé. La madre alérgica puede y debería dar el pecho, salvo contraindicación obstétrica. No obstante, se debe tener en cuenta que algunos medicamentos para las alergias pueden pasar al bebé a través de la leche materna y ser perjudiciales. En caso de que la madre no pudiera suspender el tratamiento, se debería considerar interrumpir la lactancia.

Recomendaciones Generales
El embarazo es una etapa delicada en la que es fundamental buscar atención médica especializada. Ante cualquier síntoma de alergia, es importante acudir a un especialista para un diagnóstico adecuado y para que indique qué medicamentos pueden consumirse. Se recomienda llevar un registro de los síntomas para identificar los alérgenos específicos que afectan. Nunca se debe recurrir a la automedicación.