El brutal asesinato de la abuela y la tía de Fito Páez y su impacto en su vida y música

El 7 de noviembre de 1986, un suceso trágico conmocionó a Rosario y marcó a fuego la vida de Fito Páez. En un viejo caserón de la calle Balcarce 681, donde residían dos ancianas desde hacía más de 50 años, se descubrió una escena de horror. El marido de Fermina Godoy, una empleada doméstica de 33 años, al no recibir respuesta tras llamar a la puerta, forzó la entrada y encontró muerta a su esposa, aferrada a un trapo de limpieza, junto a las dos ancianas que habitaban la casa: Josefa Páez y Belia Zulema Ramírez de Páez, ambas consideradas como las "mamás postizas" del músico.

Las víctimas presentaban heridas profundas: Josefa Páez, de 80 años, y su prima Belia Zulema Ramírez de Páez, de 76 (abuela paterna de Fito), habían sido atacadas con un estilete. Fermina Godoy, la empleada doméstica, había sufrido un disparo en la cabeza y se encontraba embarazada.

Fotografía de Fito Páez junto a su abuela Delia y su tía abuela Pepa en Rosario, año 1965.

En aquel momento, Fito Páez se encontraba en Río de Janeiro, de gira, promocionando su segundo álbum, "Giros". La noticia del asesinato de sus seres queridos lo golpeó profundamente. La madre del músico había fallecido cuando él tenía tan solo ocho meses, y su abuela y tía habían sido pilares fundamentales en su crianza, llenando ese vacío. La reacción inicial del artista fue devastadora: un cuarto de hotel destrozado, whisky y Lexotanil se convirtieron en su refugio ante lo impensable.

La escena del crimen revelaba la brutalidad y la rapidez con la que actuó el asesino. Además de la radio encendida, se observaron otros indicios de la sorpresa: un bolso tejido con compras desparramado a los pies de Josefa, una alfombra a medio retirar y la enceradora enchufada. Todo esto ocurría a tan solo 100 metros de la Jefatura de Policía de la Regional 2.

El misterio y la investigación inicial

La identidad del asesino era un enigma. No se encontraron huellas dactilares ni indicios de robo de objetos de valor, salvo algunas "chucherías". La policía detuvo inicialmente al marido de Fermina Godoy y a una pareja allegada a los Páez, pero fueron liberados pocas horas después al no encontrarse pruebas concluyentes.

Fito Páez regresó de Brasil y se presentó en la seccional tercera, en medio de un gran revuelo mediático. Al hablar con el comisario, aportó detalles sobre la rutina de las mujeres y sus vínculos. A la salida, visiblemente afectado, expresó su frustración ante la atención de la prensa: “Ojo, loco, al primer zarpe me voy. En mis recitales no aparece nadie y ahora están todos”, manifestó a un camarógrafo.

Al evocar a sus "madres", como llamaba a su abuela y tía, Fito compartió su dolor: “Mi abuela y mi tía eran las personas que más quise. Para mí eran como dos madres. No puedo creer esta cosa loca que ha ocurrido. No la entiendo. Es muy poco lo que puedo decir, con todo el lío que tengo en el mate. Vine a contar cómo vivía mi familia en su casa, porque puede servir a la investigación; a contar cómo vivían esas maravillosas mujeres”.

El abogado Albino Stefanuolo y su representante, Fernando Moya, brindaron apoyo al músico en esos difíciles momentos. Para diciembre, se determinó que dos de las mujeres habían sido asesinadas antes del mediodía, y que Josefa había sido atacada al regresar de hacer unas compras. Sin embargo, la resolución del caso aún estaba lejos.

Impacto artístico: "Ciudad de pobres corazones"

Mientras la investigación avanzaba lentamente, Fito Páez debía continuar con su agenda. A mediados de diciembre, participó en la presentación de "La, la, la", junto a Luis Alberto Spinetta, en el Estadio Obras. En este concierto, Fito presentó un tema nuevo, "novísimo" según la crónica de Clarín, titulado "Ciudad de pobres corazones". Esta canción, nacida de la urgencia del dolor, marcó el inicio de un proceso creativo transformador.

Portada del álbum

Tras la presentación, Fito viajó a Tahití. A su regreso, a principios de febrero, en una entrevista con Clarín, confesó que ya tenía en mente su próximo disco, concebido como una forma de terapia: “Después del horror me empecé a dar manija y compuse, que era lo único que podía hacer”.

El disco, que ya tenía su orden de canciones definido antes de viajar a grabar a Brasil, comenzaba con una "pompa fúnebre" y finalizaba con un tema sobre la necesidad de seguir adelante a pesar del dolor. Fito describió el álbum como "un bajón, pero loco sería que no fuese así. Es un disco urgente, como el dolor, me lo quiero sacar de encima lo antes posible”. La apertura, "Pompa bye bye", se mantuvo como una marca indeleble del espanto.

En aquella entrevista, Fito Páez plasmó su estado anímico: “Soy un animal herido, que se relame las heridas y a lo mejor no quiere que lo vean. Como decía Borges, lo que me une a la vida no es el amor, sino el espanto”.

El giro del caso y la captura del asesino

El caso parecía encaminarse a quedar impune hasta agosto de 1987, cuando un giro inesperado por el azar reabrió la investigación. Una travesti de Rosario, identificada como Paola, fue detenida y se le hallaron joyas pertenecientes a la abuela del músico. Paola señaló a su amante, Walter De Giusti, de 24 años. El joven fue arrestado junto a su hermano Carlos, de 19, y confesó los crímenes.

La confesión de Walter De Giusti reveló una escalada de violencia. No solo había asesinado a las tres mujeres en el caserón de Balcarce, sino que, un mes antes, había matado a otras dos mujeres en la zona sur de Rosario, en Garay al 1000. Allí, había atacado brutalmente a Angela Cristofanetti de Barroso, de 80 años, y a su hija Noemí, de 31.

Lo más impactante fue que, apenas semanas después de cometer los cinco asesinatos, Walter De Giusti había ingresado a la Policía en diciembre de 1986. Al momento de su detención, era un agente en la subseccional 15 de la localidad de Esther. En su domicilio se encontró un grabador que Fito había regalado a su abuela Belia.

Fito Páez, al conocerse la resolución del caso, reflexionó: “No puedo calificarlos. Son locos, pero todos estamos locos. Yo tengo mis rollos y ellos los suyos. Los conocía desde hace muchos años, eran vecinos”, declaró, haciendo una venia para una fotografía junto al jefe de la Policía de Rosario, Deolindo Pérez.

Fito Páez - Biography Channel - 2009

Condena y repercusiones

Walter De Giusti fue condenado a reclusión perpetua, aunque posteriormente su condena fue reducida a 24 años y siete meses de prisión. En 1998, con informes médicos que confirmaban que había contraído VIH en la cárcel y padecía ceguera, se le concedió la prisión domiciliaria. Sin embargo, en junio de ese mismo año, la prensa descubrió que violaba constantemente las condiciones de su arresto, lo que llevó a su regreso a la cárcel, donde falleció en 1998.

El caso de los asesinatos de la abuela y la tía abuela de Fito Páez, junto con la empleada doméstica, tuvo un profundo impacto en la carrera y la vida del músico. La tragedia se convirtió en un motor para su creatividad, dando lugar a obras cargadas de dolor, reflexión y resiliencia. La serie biográfica "El amor después del amor" en Netflix narra uno de los capítulos más oscuros de su vida, evidenciando cómo el arte puede surgir incluso de las experiencias más desgarradoras.

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